En Tribunales hay malestar con los jueces de Cuadernos porque aceptaron que el artífice de la causa, el chofer Oscar Centeno, no se presentara a declarar como estaba estipulado.
Tanto los jueces Germán Castelli, Enrique Méndez Signori y Fernando Canero que integran el Tribunal Oral Federal n° 7 como la fiscal Fabiana León, reivindicada en los medios como «incorruptible», asumieron con naturalidad que el arrepentido colaborador no declare.
El remisero está bajo un programa de protección de testigos y se acercó a Comodoro Py el jueves custodiado por la Policía de Seguridad Aeroportuaria. Pero no quiso responder preguntas, lo que encendió una luz de alarma en Tribunales, puesto que su testimonio no es uno más.
No sólo lo esperan los dirigentes políticos imputados, como Cristina Kirchner, sino los empresarios que están acusados y necesitan que Centeno aclare lo que en teoría escribió en los cuadernos que se quemaron.
Hay casos como el del empresario Armando Loson, que denunció que parte de las menciones que se hacían sobre él en los cuadernos del chofer habían sido adulteradas.
Germán Castelli, Enrique Méndez Signori y Fernando Canero, los jueces del TOF 7.
El difunto juez Claudio Bonadío justamente les decía a los empresarios acusados que tendrían la posibilidad de aclarar las inconsistencias que había en los escritos en la etapa del juicio. Por eso el silencio de Centeno arroja un manto de sospecha. La pregunta que recorre Tribunales es si Centeno puede hablar y explicar lo que escribió o si siempre siguió un guion.
El caso de Claudio Uberti tampoco aporta transparencia en el proceso: el ex funcionario kirchnerista leyó su declaración y no aceptó preguntas.
Fuentes judiciales aseguraron a LPO que la negativa de Centeno es un disparate que pone en tela de juicio todo el proceso.
El martes, Cristina Kirchner impugnó las actuaciones judiciales de la etapa de instrucción de la causa y apuntó contra Bonadío y el fiscal Carlos Stornelli, a quienes acusó de extorsionar empresarios junto al falso abogado Marcelo D’Alessio para que declarasen contra ella.
El ministro Carlos Bianco volvió a cruzar al kirchnerismo. En un acto en Berazategui el funcionario provincial dijo que «la gente de Quilmes quiere ser de Berazategui», una frase que no cayó nada bien en el distrito gobernado por la camporista Mayra Mendoza.
«Yo me acuerdo cuando era adolescente, en Quilmes a los de Berzategui se los trataba despectivamente, pero hoy la gente de Quilmes quiere ser de Berazategui. En Quilmes la gente dice ‘acá no hay obras como en Berazategui’ y eso tiene que ver con Mussi», dijo Bianco.
La frase del ministro de Gobierno fue polémica, pero tiene su fundamento. Los desarrollos de Quilmes y Berazategui fueron distintos en los últimos años. Mientras Berazategui sostuvo una gestión peronista considerada eficaz a través de Juan José Mussi, Quilmes sufrió varias gestiones con problemas graves como la del peronista Francisco ‘Barba’ Gutiérrez y luego la del macrista Martiniano Molina.
Mayra mantuvo silencio ante la frase del ministro de Kicillof, pero mandó a todo su gabinete a responderle en las redes. «Eso puede decir alguien que eligió vivir en otro lado. No quienes vivimos en Quilmes y trabajamos todos los días para que nuestra ciudad esté mejor», dijo la secretaria de Obras Públicas, Cecilia Soler.
Yo me acuerdo cuando era adolescente, en Quilmes a los de Berazategui se los trataba despectivamente. Pero hoy la gente de Quilmes quiere ser de Berazategui. En Quilmes la gente dice: acá no hay obras como en Berazategui.
«Nos encantaría poder invertir muchísimo más de lo que ya hacemos con fondos propios, pero ahora tenemos que resolver la compra de alimentos y de insumos críticos que recortó el gobierno provincial», dijo la secretaria de Desarrollo Social, Florencia Di Tullio.
«En vez de opinar de los quilmeños, dedíquese a trabajar y gestionar los fondos que aún están pendientes en el Ministerio de Infraestructura PBA para seguir avanzando con las obras en nuestro querido Quilmes», agregó el responsables de Servicios Públicos , Sebastián García.
Pero quizás lo más relevante fue el poste que publicó el Club Atlético Quilmes (CAQ), el más popular en ese distrito del sur del conurbano. «Nada mejor que vivir en Quilmes. Nada mejor que ser de Quilmes», dice un tuit publicado por la cuenta oficial del club con una foto aérea del estadio de Quilmes.
«Argentina va a salir adelante solamente si produce más, si logra crecimiento económico y si genera empleo» dijo el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro quien firmó en Neuquén un acuerdo con su par Rolando Figueroa para impulsar el desarrollo de proveedores vinculados al petróleo y gas en Vaca Muerta.
De la comitiva participaron más de 20 empresas santafesinas junto al ministro Gustavo Puccini. Actualmente unas 350 firmas santafesinas ya participan en actividades vinculadas al sector energético, pero el potencial es mucho mayor.
«Podemos tener más de mil empresas trabajando junto a empresas neuquinas. Ese es el desafío que tenemos hacia adelante», indicó Pullaro. El gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, afirmó este jueves en Neuquén que el crecimiento de la Argentina dependerá de su capacidad para producir, generar empleo y fortalecer el desarrollo industrial, al firmar un acuerdo de cooperación con su par neuquino, Rolando Figueroa, orientado a promover la participación de empresas santafesinas en la cadena de valor del petróleo y el gas en Vaca Muerta.
«Hay un solo camino: Argentina va a salir adelante solamente si produce más, si logra crecimiento económico y si genera empleo», sostuvo el mandatario santafesino durante el acto realizado en la Agencia de Desarrollo Económico de Neuquén.
Hay un solo camino: Argentina va a salir adelante solamente si produce más, si logra crecimiento económico y si genera empleo
La actividad se desarrolló en el marco de una misión institucional y empresarial que incluyó a más de veinte industrias de Santa Fe y al ministro de Desarrollo Productivo, Gustavo Puccini y funcionarios de su cartera.
El convenio firmado entre ambas provincias prevé acciones conjuntas para fortalecer el desarrollo de proveedores, promover la capacitación técnica y facilitar el intercambio de tecnologías, con el objetivo de integrar a empresas santafesinas en el ecosistema energético que se expande alrededor de Vaca Muerta.
El gobernador destacó la identidad industrial del entramado empresario santafesino, caracterizado por pequeñas y medianas empresas de origen familiar que crecieron al calor de la innovación tecnológica y la inversión productiva: «Son industrias que empezaron en un garaje o en un galpón y que hoy tienen cientos de trabajadores. Son empresas que no se olvidan de dónde vienen y que siguen apostando a invertir y a generar empleo en sus comunidades», señaló.
En ese sentido, sostuvo que Santa Fe busca integrarse al crecimiento energético que vive el país sin abandonar su base agroindustrial. «Santa Fe es campo e industria, pero también quiere ser parte de esta nueva etapa que vive la Argentina con el desarrollo de la minería, el gas y el petróleo», indicó.
Pullaro recordó que, con ese objetivo, la provincia creó en 2018 la Mesa de Gas, Petróleo y Minería, un espacio de articulación público-privada para firma santafesinas interesadas en participar de la cadena de valor energética.
«Entendimos que la oportunidad que empezaba a tener la Argentina con Vaca Muerta no podía encontrarnos ausentes. Hoy ya hay muchas empresas santafesinas brindando servicios en el sector, y el desafío es que muchas más puedan sumarse», explicó.
Entendimos que la oportunidad que empezaba a tener la Argentina con Vaca Muerta no podía encontrarnos ausentes. Hoy ya hay muchas empresas santafesinas brindando servicios en el sector, y el desafío es que muchas más puedan sumarse
El gobernador subrayó que la articulación entre provincias será clave para aprovechar el potencial de Vaca Muerta. «Cada región tiene algo para aportar. Neuquén tiene el recurso energético y Santa Fe tiene una gran capacidad industrial y tecnológica. Si logramos asociarnos, vamos a generar desarrollo para ambas provincias y para todo el país», sostuvo.
Según explicó, actualmente unas 350 firmas santafesinas ya participan en actividades vinculadas al sector energético, pero el potencial es mucho mayor. «Podemos tener más de mil empresas trabajando junto a empresas neuquinas. Ese es el desafío que tenemos hacia adelante», indicó.
Por su parte, el gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa, destacó que la articulación entre provincias y el sector privado permitirá potenciar el desarrollo económico del país.» Lo importante es ver cómo parte de toda esa producción la podemos potenciar trabajando con empresas neuquinas asociadas a empresas santafesinas. Cuando eso sucede, ganan las dos partes», afirmó.
Figueroa señaló además que este tipo de acuerdos contribuye a construir un modelo de desarrollo federal basado en el crecimiento de las economías regionales. «Esto es lo que termina construyendo una Argentina diferente: cuando los actores políticos nos asociamos con el sector privado para potenciar el desarrollo de cada provincia», sostuvo.
La agenda de la delegación santafesina continuará con actividades de vinculación empresarial entre firmas de ambas provincias y con una visita al yacimiento Loma Campana, operado por YPF, uno de los principales desarrollos de Vaca Muerta. Allí, funcionarios y empresarios santafesinos tomarán contacto directo con el funcionamiento del polo energético que hoy concentra una de las mayores apuestas productivas del país.
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El intendente Marcelo Orazi participó de la reunión junto a integrantes de la Fundación de Estudios Patagónicos. El objetivo fue interiorizarse del convenio de asistencia técnica en el que se incluye al municipio de Villa Regina en “Puente Circular” un programa integral de desarrollo territorial en la cual se lleva adelante un plan de asistencia…
La apertura de documentos de la Secretaría de Inteligencia del Estado vuelve a exponer el funcionamiento interno de uno de los organismos más oscuros del país. Infiltración, persecución ideológica y burocracia del espionaje: claves para entender el rol de la SIDE en la historia reciente.
Por Alcides Blanco para NLI
El origen de un aparato pensado para vigilar
La reciente desclasificación de archivos de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), difundida a través del portal oficial del Estado argentino, reabre una discusión de fondo sobre el papel que jugó —y en muchos sentidos aún proyecta— el sistema de inteligencia en la vida política del país. Lejos de ser un simple organismo técnico, la SIDE fue, desde su consolidación en la segunda mitad del siglo XX, una herramienta central en la construcción de poder estatal, con capacidad para observar, registrar y clasificar a amplios sectores de la sociedad.
En sus orígenes, la inteligencia estatal se estructuró bajo la influencia de la llamada doctrina de la seguridad nacional, que redefinió el concepto de amenaza. El enemigo dejó de ser exclusivamente externo para convertirse en interno, una categoría amplia y difusa que incluía no solo a organizaciones armadas sino también a militantes políticos, sindicalistas, estudiantes, periodistas e incluso actores culturales. Este cambio no fue menor: implicó que el espionaje dejara de estar orientado a la defensa frente a potencias extranjeras para centrarse en el control de la propia población.
La lógica del enemigo interno y la obsesión anticomunista
Los documentos recientemente publicados confirman con crudeza una característica ya señalada por múltiples investigaciones: la obsesión anticomunista como motor del aparato de inteligencia. La SIDE construyó durante años un mapa ideológico del país en el que prácticamente cualquier actor con capacidad de incidencia podía ser catalogado como sospechoso.
Lo que emerge de estos archivos no es solo la vigilancia sobre organizaciones específicas, sino una lógica mucho más amplia de control social sistemático, donde universidades, sindicatos, medios de comunicación y espacios culturales eran objeto de seguimiento permanente. En ese esquema, la producción de inteligencia no se limitaba a recolectar información, sino que implicaba clasificar, jerarquizar y construir perfiles ideológicos, en una dinámica que preparaba el terreno para la represión.
La amplitud del concepto de “subversión” resulta clave para comprender la magnitud del fenómeno: no se trataba únicamente de combatir a grupos armados, sino de disciplinar a toda una sociedad a partir de la sospecha.
La SIDE durante la dictadura: engranaje del terrorismo de Estado
Durante la última dictadura cívico-militar iniciada en 1976, la SIDE se consolidó como un actor central dentro del aparato represivo. Su función no fue secundaria ni meramente administrativa, sino estratégica: producir la información que permitía identificar objetivos, planificar operativos y coordinar acciones entre distintas fuerzas.
Antes del golpe del 24 de marzo de 1976, el organismo empezó a adecuarse a las tareas clandestinas que se extenderían a gran escala. El 30 de diciembre de 1975, el vicealmirante Aldo Alberto Peyronel –al frente de la SIDE– firmó la resolución secreta 835. Allí disponía que el 1 de febrero de 1976 comenzaría el encubrimiento del personal: toda autoridad debía firmar con nombre de encubrimiento y todos los agentes civiles debían ser mencionados por su nombre de encubrimiento. Quedaba excluido el personal en actividad de las Fuerzas Armadas y de las fuerzas de seguridad.
Las investigaciones del Centro de Estudios Legales y Sociales han demostrado que la inteligencia estatal fue un componente estructural del terrorismo de Estado. La SIDE operaba como un nodo que concentraba datos provenientes de distintas agencias y los redistribuía en función de las necesidades represivas, en un circuito donde la información podía convertirse rápidamente en persecución, secuestro o desaparición.
En ese contexto, la inteligencia no era un paso previo aislado, sino una parte constitutiva del sistema represivo. Sin esa producción sistemática de información, el despliegue de la maquinaria clandestina hubiera sido, en términos operativos, mucho más limitado.
La burocracia del espionaje: cómo funcionaba el control cotidiano
Uno de los aspectos más reveladores de los documentos desclasificados es la dimensión burocrática del espionaje. Lejos de las imágenes espectaculares asociadas al mundo de la inteligencia, lo que aparece es una trama de informes, fichas, seguimientos y registros que dan cuenta de una práctica sostenida en el tiempo.
La SIDE funcionaba a partir de una lógica de acumulación constante de información, alimentada por redes de informantes y por la infiltración en distintos ámbitos sociales. Cada dato, por mínimo que fuera, podía integrarse en un sistema mayor de clasificación, donde las personas eran evaluadas en función de sus vínculos, ideas y actividades.
Este carácter burocrático no le quitaba peligrosidad al sistema; por el contrario, lo hacía más eficaz. La repetición, la sistematicidad y la persistencia en el registro permitían construir perfiles detallados que luego podían ser utilizados por las fuerzas represivas. La inteligencia, en ese sentido, era tanto un archivo como una herramienta activa de persecución.
La larga lucha por abrir los archivos
La publicación de estos documentos es también el resultado de una disputa histórica. Desde el retorno de la democracia, los organismos de derechos humanos reclamaron insistentemente el acceso a los archivos de inteligencia, entendiendo que allí se encontraba una parte esencial de la verdad sobre lo ocurrido durante la dictadura.
Durante décadas, ese acceso fue parcial o directamente negado. Si bien hubo avances, como la desclasificación de documentos militares o la incorporación de archivos provenientes del exterior, los archivos de la SIDE permanecieron como uno de los núcleos más cerrados del Estado.
La apertura actual, aunque significativa, llega entonces como parte de un proceso largo y todavía incompleto. La ausencia de nombres propios en los documentos difundidos y la publicación fragmentaria plantean interrogantes sobre la profundidad real de la desclasificación y sobre cuánto material continúa sin ver la luz.
Memoria, verdad y los límites de la desclasificación
La importancia de estos archivos excede el interés histórico. Su apertura tiene implicancias directas en el proceso de memoria, verdad y justicia, ya que pueden aportar elementos para reconstruir el funcionamiento del aparato represivo y, eventualmente, contribuir a causas judiciales.
Sin embargo, la desclasificación por sí sola no garantiza esos resultados. Los documentos requieren un trabajo de análisis, contextualización y cruce con otras fuentes para transformarse en evidencia útil. De lo contrario, corren el riesgo de quedar atrapados en su propio lenguaje técnico, inaccesibles para la sociedad y limitados en su impacto.
En ese sentido, la discusión no es solo qué se publica, sino cómo se publica y para qué.
Un pasado que sigue interpelando al presente
A casi cincuenta años del golpe de Estado, la apertura de los archivos de la SIDE vuelve a mostrar que el pasado no está cerrado. La historia del espionaje en la Argentina no es simplemente un capítulo archivado, sino una dimensión activa en la comprensión del presente.
La SIDE, como institución, encarna esa continuidad entre secreto, poder y política. Sus archivos, aún incompletos, permiten vislumbrar apenas una parte de su funcionamiento, pero alcanzan para confirmar algo fundamental: que el espionaje interno y la persecución ideológica no fueron desviaciones aisladas, sino prácticas estructurales del Estado.
Lo que queda por delante es, quizás, lo más importante. Porque en esos documentos que todavía no se conocen, en esos nombres que aún no aparecen y en esas historias que siguen sin reconstruirse, se juega una parte decisiva de la memoria colectiva argentina.
La empresa Bioceres anunció que 25 molinos ya procesan el cuestionado trigo transgénico, que va acompañado con el agrotóxico glufosinato de amonio. El Poder Ejecutivo aprobó su comercialización y no estableció obligación de informar qué productos lo contienen. La población de Argentina es la primera, del mundo, en comer alimentos con harina transgénica. La empresa…