El ministro de Seguridad de Llaryora choca a los fiscales tras la muerte de un policía

El ministro de Seguridad de Llaryora choca a los fiscales tras la muerte de un policía

 

El ministro de Seguridad de Martín Llaryora, Juan Pablo Quinteros, salió a cuestionar públicamente decisiones judiciales tras la liberación exprés del vecino que el jueves a la noche, en el marco de un procedimiento policial, asesinó al suboficial Luis Azabal cuando éste ingresaba a la casa del tirador, que era víctima de un asalto.

En un mensaje cargado de tono político, el funcionario sugirió que algunos fallos generan la percepción de que la ley «no se aplica con la misma vara». El vecino involucrado en el crimen es un empresario habilitado para tener armas. De hecho, poseía un arsenal.

Las declaraciones de Quinteros llegaron en un momento particularmente sensible: Córdoba será el lunes sede de una nueva reunión del Consejo Federal de Seguridad Interior, el ámbito que reúne a ministros del área de todo el país.

El encuentro será encabezado por la ministra nacional Alejandra Monteoliva y se espera que también participe el ministro de Interior, Diego Santilli.

En ese contexto, Quinteros publicó una «reflexión personal» en la que se refirió al crimen del suboficial y apuntó contra decisiones judiciales que, según su mirada, debilitan el mensaje de apoyo hacia las fuerzas de seguridad.

 Decisiones tomadas con esta celeridad, en un caso donde murió un policía en servicio, generan una señal inquietante para quienes tenemos la responsabilidad de conducir la fuerza 

«Quiero hacer una reflexión personal tras el asesinato del suboficial principal Luis Alejandro Azabal, un hombre de nuestra Policía que perdió la vida cumpliendo su deber», comenzó el ministro. Y enseguida planteó una de las consignas que suelen repetir los sectores más duros de la política criminal: «El que las hace, las paga».

Pero el corazón de su crítica estuvo en lo que consideró una respuesta judicial demasiado rápida frente a un caso de extrema gravedad. «En este caso, quien comenzó imputado por un delito gravísimo recuperó la libertad en apenas tres horas. Tres horas», remarcó Quinteros.

Cuando un policía (investigado por su accionar) es tratado con presunción de culpabilidad, mientras quien dispara y mata puede recuperar la libertad en cuestión de horas, existe la percepción de que la ley no se aplica con la misma vara 

Sin mencionar al fiscal del caso, el ministro sugirió que esa clase de resoluciones generan desconfianza dentro de la fuerza. «Decisiones tomadas con esta celeridad, en un caso donde murió un policía en servicio, generan una señal inquietante para quienes tenemos la responsabilidad de conducir la fuerza», advirtió.

Quinteros señaló que «cuando un policía (investigado por su accionar) es tratado con presunción de culpabilidad, mientras quien dispara y mata puede recuperar la libertad en cuestión de horas, existe la percepción de que la ley no se aplica con la misma vara».

Quinteros publicó estas declaraciones tras el sepelio del policía abatido; un mensaje directo al Ministerio Público Fiscal. Aunque el Gobierno provincial exhibe una baja «histórica» en los homicidios, en el horizonte asoma un aumento de la conflictividad social y el postergado debate por la prohibición de los cuidacoches («naranjitas»). 

 

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    Sánchez se ha enfrentado a Donald Trump por las tarifas comerciales y el incremento del 5% del gasto exigido por la OTAN, así como por el bombardeo a Irán. Al mismo tiempo, se ha convertido en el «mediador» entre Europa y China.

    Mientras que la derecha, en su radicalización, se ha masculinizado, la izquierda –y especialmente el PSOE– solo gana por el voto progresista de las mujeres. Pero los números de las encuestas empiezan a mostrar que el carisma de Sánchez no puede combatir el descontento. La derecha y la extrema derecha aglutinan el 48,4% de los votos (el 50,7% si se añade la marca del agitador Alvise Pérez), mientras que la izquierda reúne solamente el 37,2%. No gobernaría ni poniendo de acuerdo a todos los aliados actuales. El partido socialista se desplomó electoralmente en diciembre en su principal feudo, Extremadura. En las últimas semanas ha igualado sus peores resultados en Aragón –una vasta comunidad del noreste donde Vox ha duplicado su voto– y todo indica que en los próximos meses ocurrirá lo mismo en Castilla y León y Andalucía, las comunidades autónomas más grandes en extensión de España.

    En su último anuncio antes de Navidad, Pedro Sánchez pidió perdón a las feministas del PSOE –de marcado carácter abolicionista y anti-trans–, cerró filas ante las demandas de un cambio de Gobierno y lanzó un abono mensual de transporte público por 60 € en todo el país. Pero su capacidad legislativa pende de un hilo: el partido de Carles Puigdemont –el líder que proclamó la independencia catalana a través de un referéndum en 2017 y permanece en el autoexilio– ha bloqueado los presupuestos generales y buena parte de la agenda legislativa del Ejecutivo.

    Para mantener el pulso, Sánchez pidió a los ministros medidas sociales que no dependiesen del Congreso y renovar sus gabinetes con expertos en política públicas. Sin embargo, el consenso sanchista pronto se enfrentó a un nuevo varapalo. En noviembre de 2025, el Tribunal Supremo, de mayoría conservadora, anunció la condena penal al fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, por un delito de revelación de secretos y le impuso una indemnización de 10.000 euros al empresario Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso y procesado por fraude a Hacienda. A día de hoy, solo la Fiscalía y la Abogacía del Estado han evitado el asalto de la ultraderecha a la instituciones mediante oscuras técnicas. Pero las garantías democráticas siguen estando en peligro.

    Liderada por Pedro Sánchez, la socialdemocracia española ha vampirizado las instituciones sociales y absorbido las demandas populares solo para gestionar mercados electorales. Y los mercados, como sabemos, son volátiles. Especialmente en tiempos de guerra.

    ***

    Este aura político internacional se fraguó en la primera decisión de Sánchez como presidente, en junio de 2018. Después de que Italia y Malta negaran el asilo a 629 migrantes a bordo del Aquarius, ordenó que el barco fuera acogido en un puerto de Valencia. Se enfrentó al ultraderechista Matteo Salvini –ahora vicepresidente de la República Italiana– y defendió los valores de la libre circulación de personas. Cuatro años después se produjo la «masacre de Melilla», en la que murieron decenas de migrantes por la represión violenta de las fuerzas marroquíes y españolas en el enclave norteafricano del país. Este evento cuestionó la política de gestión de fronteras y la falta de rendición de cuentas del presidente. Por otro lado, tras ser uno de los grandes valedores del pacto migratorio europeo –convenciendo a Giorgia Meloni en un viaje a Roma–, se conoció que el Gobierno abrió dos cárceles de migrantes en África, con cunas para menores.

    Pero las contradicciones políticas no siempre tienen un coste –especialmente cuando escapan al escrutinio mediático. Al igual que Javier Milei en Argentina, con quien se ha enfrentado en distintas ocasiones, Pedro Sánchez utiliza la agenda internacional para galvanizar su base interna y distraer a la oposición. El semanario progresista L’Espresso lo celebra como la «persona del año», y los italianos lo respetan casi tanto como al Papa. Sánchez se ha convertido en el refugio más visible de la imagen liberal del Viejo Continente y de su proyecto primigenio: garantizar la paz mediante el comercio. «Para los padres fundadores, la integración militar y securitaria de Europa era tan o más prioritaria que la integración económica», defendió ante el Consejo Europeo citando a Jean Monnet y Robert Schuman. Su política exterior se ha movido entre denunciar el «genocidio» en Gaza –calificando a Israel como «potencia ocupante» ante el CIJ– y proporcionar a Ucrania equipamiento militar de producción nacional por valor de 1.000 millones de euros anuales; entre defender la financiación a Volodímir Zelenski «por razones morales» y las transferencias de material militar a Benjamín Netanyahu tres meses después de la aprobación del embargo, esta vez invocando «intereses nacionales».

    Pese a sus contradicciones, la dialéctica genocidio no, guerra sí ha situado a Pedro Sánchez como una figura de primer orden. Al contrario que buena parte de la tecnocracia comunitaria, no cree que la «doctrina Monroe» de Trump vaya a beneficiar a la Unión Europea en materia económica o militar. El Gobierno español ha apostado por una política de seguridad «autónoma» de Washington, la construcción de gigantes nacionales como Indra, el desarrollo de sectores estratégicos y la producción nacional de recursos. Sánchez se ha enfrentado a Donald Trump por las tarifas comerciales y el incremento del 5% del gasto exigido por la OTAN, así como por el bombardeo a Irán. Al mismo tiempo, se ha convertido en el «mediador» entre Europa y China, ha impulsado la minería de minerales críticos, abriendo nuevos caminos comerciales hacia África a través de sus relaciones con Mauritania, y ha negociado la no dependencia del gas ruso en acuerdos con Argelia.

    Pedro Sánchez ha conseguido articular una nueva constelación progresista con América Latina, diversificando las relaciones comerciales de la UE hacia bloques regionales distintos a Estados Unidos, y abriéndose a un multilateralismo basado en los derechos humanos.

    Asimismo, los miembros más destacados del Gobierno de Sánchez han orientado a la tecnocracia europea hacia un rol más geopolítico. Nadia Calviño, la ministra de Economía que pilotó la salida de la pandemia absorbiendo en tiempo récord los fondos europeos y reforzando la estabilidad financiera, fue nombrada presidenta del Banco Europeo de Inversiones. Teresa Ribera, exministra de Transición Ecológica y responsable de negociar el «energy price cap» ibérico –el tope al gas que permitió abaratar la factura eléctrica en España y Portugal–, es ahora comisaria de Competencia de la Comisión Europea. Ambas han sido clave en la autonomía europea: Calviño anunció una inversión de 6.500 millones en dos años para alimentar a firmas de defensa, como las españolas, cuadruplicando el gasto del BEI en defensa y canalizando cerca del 5% de su financiación total hacia el sector. «Nos hemos dado cuenta de que no podemos depender enteramente de Estados Unidos para la defensa, ni enteramente de China para la tecnología», declaró en la Conferencia de Seguridad de Múnich. Ribera, por su parte, lidera las sanciones contra las grandes tecnológicas estadounidenses, que este año ascienden a 4.000 millones en multas. Tras abrir una investigación contra Google, afirmó: «No aceptaremos ninguna forma de subordinación en el ejercicio de nuestras funciones».

    Del mismo modo, la diplomacia de Pedro Sánchez ha conseguido articular una nueva constelación progresista con América Latina, diversificando las relaciones comerciales de la UE hacia bloques regionales distintos a Estados Unidos, y abriéndose a un multilateralismo basado en los derechos humanos: ha firmado declaraciones con Gustavo Petro sobre justicia climática, ha coordinado con Gabriel Boric intercambios sobre estrategias de reforma constitucional, se ha alineado con Luiz Inácio Lula da Silva en política industrial y liderazgo del Sur Global –siendo una de las voces más favorables en el acuerdo Mercosur–, y ha retomado la relación con Claudia Sheinbaum para disculparse formalmente por la violencia colonial de la conquista española.

    Sánchez incluso se ha sumado al bloque no alineado en la declaración sobre la intervención estadounidense en Venezuela –con quien mantuvo abiertos canales diplomáticos a través de José Luis Rodríguez Zapatero hasta el final– como «un intento de control gubernamental, de administración o apropiación externa de recursos naturales o estratégicos». Con este mismo fin, la política exterior de Sánchez ha engrasado los presupuestos de cooperación al desarrollo de América Latina, buscando estabilidad y crecimiento en un momento en que muchos países sufren el asedio electoral de la ultraderecha. También ha impulsado que una mujer latinoamericana lidere las Naciones Unidas, demostrando su esfuerzo por reconfigurar la gobernanza multilateral.

    ***

    Pese a la presión privatizadora del mercado durante el último medio siglo, y especialmente desde 2008, las relaciones internas del Estado han facilitado un cierto nivel de comando democrático. En estos años, la economía española es la que más ha crecido entre los grandes países de la eurozona, destrozados por la crisis energética posterior al conflicto militar en Ucrania; el PIB avanzó un 3,5% el pasado año, con la demanda interna y la inversión como motores principales. La reforma laboral, además, ha reducido la temporalidad creada por la austeridad, del 30% antes de la legislatura al 13% actual. El keynesianismo sanchista se ha traducido en mayor recaudación para políticas públicas, con un gasto que rompió la barrera récord de los 700.000 millones en 2024 (la mayoría destinado a las pensiones), en mayor protección para los hogares vulnerables y en la capacidad de ahorro de las familias.

    En un momento en que el posfascismo recorre el mundo occidental, el melodrama barroco de Sánchez ha consagrado un tipo de capitalismo popular que ha sostenido un ciclo político reformista de casi una década: el Ingreso Mínimo Vital para hogares en riesgo severo; una reforma fiscal que combina impuestos a los beneficios extraordinarios de energéticas, banca y grandes fortunas; una reforma del sistema de pensiones que «garantiza la sostenibilidad sin recurrir a grandes recortes»; y un nuevo modelo para los autónomos dirigido a que quienes ganen menos paguen menos, impulsado por Yolanda Díaz, ministra de Trabajo y vicepresidenta segunda del Gobierno tras la salida de Podemos.

    Los antepasados del PSOE integraron a sus coetáneos del Partido Comunista en un nuevo consenso para cumplir con los requisitos de entrada en la UE primero y en la OTAN después. Hoy, Pedro Sánchez ha conseguido hacer lo mismo con los partidos que acumularon su base social tras el 15-M –el movimiento de los indignados de 2011. En este caso, para llevar al país más azotado por la austeridad, junto con Italia, a la cima de la eurozona. La prima de riesgo de ambos países alcanzó en diciembre su nivel más bajo en 16 años, dejando atrás la etiqueta de periferia europea (o PIIGS, el acrónimo acuñado durante la crisis de la deuda para denominar a las «economías frágiles»). Tampoco los indignados ponen en duda la estabilidad del euro: la institucionalización de la política ha vaciado las plazas de su cometido revolucionario. Gracias al sanchismo, ahora todos somos eurocomunistas.

    El bloque histórico de Sánchez ha borrado del mapa al resto de fuerzas sociales que provocaron la mayor crisis de legitimidad del Estado desde la transición: el referéndum de independencia catalán de 2017, conocido como «el procés». Para normalizar las difíciles relaciones de Gobierno con Esquerra Republicana y Junts per Catalunya, los partidos que lo proclamaron, Sánchez ha concedido una amnistía que les perdona los delitos cometidos. También ha presionado a Bruselas para que el catalán, el euskera y el gallego sean lenguas oficiales en la UE.

    El PSOE cogobierna Euskadi y Navarra con los nacionalistas vascos de derecha e izquierda respectivamente. Las transferencias del Estatuto de Gernika –firmado hace 46 años– están a punto de culminarse, delegando nuevas competencias administrativas que incluyen la gestión de la Seguridad Social, la política lingüística del euskera y la de migración. Además, el Gobierno ha puesto fin a las medidas de excepcionalidad con los presos condenados durante las décadas de la actividad armada de ETA.

    Pero, al igual que con Zapatero –que negoció la paz con ETA y aprobó derechos LGTBQ+ antes de sucumbir a la austeridad–, la gestión política de un capitalismo cada vez más turbulento puede hacer descarrilar el proyecto sanchista y poner en evidencia los límites orgánicos de la socialdemocracia: la contradicción entre garantizar las condiciones de acumulación capitalista y el bienestar social.

    ***

    España ha crecido gracias a milagros en política energética que han bajado la factura de los ciudadanos, a mejoras en el mercado laboral que impulsan la demanda interna, a los ingresos turísticos y a los fondos europeos. No obstante, si se rasca la superficie se encuentra un modelo enteramente dependiente de fuerzas de mercado que se está evaporando rápidamente con la reconfiguración del mundo en líneas reaccionarias.

    En primer lugar, el crecimiento económico por sí solo no garantiza una transformación del modelo productivo capaz de traducir los avances a corto plazo en mejoras sostenidas de las condiciones de vida. Esta expansión sigue constreñida por deficiencias crónicas de recaudación y la disciplina impuesta por los marcos de austeridad europeos. La política española es un espectáculo: intervenciones diseñadas para los titulares de prensa, que aumentan los ingresos sin romper el techo de gasto. La regularización de más de 500.000 migrantes por parte de Sánchez –similar a la medida de Zapatero anunciada tras los atentados de Madrid en 2004– ejemplifica esta lógica a la perfección. Como entonces, se trata de una gestión fiscal calculada para incorporar a trabajadores latinos informales al sistema y asegurar la sostenibilidad de las pensiones frente al envejecimiento demográfico. Sin embargo, la economía sigue dependiendo de la explotación del trabajo precario en los cuidados, la hostelería, la agricultura y la construcción.

    Al igual que Javier Milei en Argentina, con quien se ha enfrentado en distintas ocasiones, Pedro Sánchez utiliza la agenda internacional para galvanizar su base interna y distraer a la oposición.

    Asimismo, tras presentarlo como la muerte de la ideología neoliberal y la panacea a todos los problemas estructurales, el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia español –los 160.000 millones en subvenciones y préstamos procedentes de los fondos Next Generation entre 2021 y 2026– solo ha conseguido equiparar la inversión privada en sectores de alto valor añadido (energías renovables, digitalización, industria) con la media europea. Dado que ha respondido a las exigencias de los capitalistas nacionales sin proteger a los sectores más empobrecidos, estos fondos se parecen más a una «revolución pasiva» diseñada para aminorar las posibles situaciones de insurrección social.

    Bruselas entregó fondos a los países del Sur, sumamente endeudados y azotados por la pandemia, para evitar que las periferias volvieran a las calles e iniciaran revueltas populares aún más intensas que las de 2011. Pero la tecnocracia de Sánchez empleó los fondos para salvar a las grandes empresas en un rescate que tendrá un coste similar al de 2008, y que perpetuará el estado de excepción presupuestario. Un informe de un think tank liberal se jacta de que 29.000 de los 32.925 millones concedidos en 2024 fueron a parar a las empresas privadas. Sumando las ayudas indirectas, las compañías españolas recibieron un 68% del gasto social destinado a amortiguar el impacto de la crisis.

    La financiación destinada a apoyar a los sectores esenciales para las personas en situación de pobreza se redujo drásticamente. Solo el 7% se destinó a sanidad, educación y transporte público. El Estado de bienestar descansa sobre los límites de gasto impuestos tras el rescate financiero. Las agendas de 60 pacientes al día de los médicos de familia, la saturación de atención primaria y el colapso sanitario de las urgencias de los hospitales en todo el país se suman a la escasa inversión en educación pública y al crecimiento exponencial del gasto público en enseñanza privada. La política de vivienda, además, ha empoderado a los especuladores antes que a los inquilinos: el precio de la vivienda está en máximos históricos, superando los niveles de la burbuja inmobiliaria, con una subida interanual del 12%. Este es el precio de la integración en la eurozona: BlackRock, Vanguard y Blackstone explotan la arquitectura institucional que obliga a los Estados a los mercados de deuda, financiando soberanos mientras extraen rentas. Si se le añade el 2% en gasto militar de España, la coyuntura solo puede resolverse mediante una nueva forma de austeridad.

    Para justificarlo, el método sanchista ha mutado del keynesianismo pandémico al «neoliberalismo militar», movilizando el gasto en defensa más grande de la historia del país y presentando al sector militar como la única forma de alcanzar la prosperidad económica nacional. Solo en las dos semanas de las Navidades, Defensa adjudicó 15.800 millones a empresas privadas –cuya facturación bate récords históricos en España– para cumplir con la OTAN. Cuando el rearme es el sentido común de nuestro tiempo, poco importan las poses humanitarias ante las cámaras. La sociedad civil queda aturdida y la ultraderecha politiza el malestar. Como si fuera una profecía electoral autocumplida, la lógica securitaria desplaza la deliberación democrática.

    El problema de fondo, avisaba Evgeny Morozov hace años, es la falta de imaginación institucional de la socialdemocracia desde la Tercera Vía –una ideología según la cual el mercado es el único mecanismo posible para responder a los problemas políticos. Hoy, el solucionismo tecnológico sirve como la expresión más contemporánea de ese agotamiento: la promesa de que las apps, las plataformas y las herramientas de inteligencia artificial pueden despolitizar las cuestiones de redistribución y poder. Esta es precisamente la mina política a evitar para desafiar a la ultraderecha, porque cuando los partidos progresistas abandonan la tarea de construir instituciones públicas robustas en favor de parches tecnocráticos, ceden el terreno de la agencia colectiva y la soberanía democrática que la derecha ocupa con mitologías nostálgicas y resentimiento nihilista.

    Y, de nuevo, nadie encarna esta situación como Pedro Sánchez. La estética almodovariana –esa fusión de lo trash del folklore popular con una genuina ambición artística– hoy sobrevive en buena medida a través de las inversiones multimillonarias de Netflix en la industria cultural española. En un momento de austeridad permanente, en que la ideología dominante profesa hacer más con menos, la narrativa transgresora de la España postfranquista se reduce a la promesa de hacer la administración pública más eficiente gracias a las bases de datos de Microsoft. Lo que fue una imaginación política enraizada en la reinvención cultural se ha convertido en una colaboración público-privada.

    ¿La ensoñación de una política industrial innovadora y sostenible, centrada en el desarrollo de los talentos jóvenes? Se ha externalizado a Amazon y Google. España se proyecta como un hub europeo de centros de datos, con inversiones que superarán los 90.000 millones de euros en la próxima década. Tras la pandemia, las plataformas de las Big Tech comenzaron a ser las únicas disponibles para acceder a la educación, la salud y la movilidad. La estrategia de defensa depende ahora de satélites de comunicaciones militares de SpaceX, y el Ministerio de Defensa ha implementado el software de Palantir en el sistema de inteligencia de las Fuerzas Armadas. Los puestos de mando del Estado español han sido silenciosamente entregados a Silicon Valley –y casi nadie se ha percatado.

    El método sanchista ha mutado del keynesianismo pandémico al neoliberalismo militar, movilizando el gasto en defensa más grande de la historia del país y presentando al sector militar como la única forma de alcanzar la prosperidad económica nacional.

    ¿La respuesta del Gobierno? Atacar a Elon Musk en su propia plataforma y prohibir las redes sociales a menores de dieciséis años. Este es el clásico juego de manos de Sánchez: regular los servicios y el acceso a los productos de las plataformas mientras entrega la infraestructura subyacente. Que cualquier adolescente con una VPN pueda saltarse la prohibición revela la lógica operativa del populismo digital: dicotomizar, fabricar al villano, hegemonizar el miedo tecnológico. El gesto es quijotesco más que laclausiano. Los molinos devienen gigantes mientras la alianza estructural entre ultraderecha y Silicon Valley permanece intacta, naturalizada, invisible.

    La tradición de los oprimidos a la que apela la socialdemocracia solo pervivirá en el tiempo si arrebata el control de la narrativa del futuro al capitalismo autoritario. Para ello, debe volver a las raíces del progresismo: un proyecto que abole las jerarquías de raza, género y clase para permitir a cada individuo alcanzar su potencial a través de entornos mediados social e institucionalmente. La creatividad, el devenir y el descubrimiento, dice Morozov, son sus valores nucleares. Europa los ha construido y escalado a través del Estado de bienestar, pero también de instituciones culturales y mediáticas. Si las fuerzas neoliberales están ganando, es porque han logrado posicionar al mercado como la única institución que facilita estos procesos. El objetivo es construir infraestructuras públicas e instituciones sociales para aprovechar el hecho de que todas las personas, en el fondo, inventamos nuevas técnicas y formas de acción para sortear problemas genuinamente desconocidos y acuciantes.

    Estas discusiones más excitantes –así como el arduo trabajo de articular una nueva formación histórica que responda al bolchevismo de Vox y MAGA en sus propios términos– todavía escapan a las capacidades mismas del lenguaje político español. La crisis del sanchismo ha vuelto a poner al país en la casilla de salida: tensionado por la precariedad, ingobernable. Pero esta vez es la ultraderecha –y no la izquierda– la que llega a los territorios rurales y a la clase trabajadora. Los conflictos sociales llegarán. ¿Serán lo suficientemente poderosos como para reconfigurar el orden político, o el establishment bipartidista fabricará otra falsa clausura, instrumentalizando la amenaza fascista? En el 50 aniversario de la muerte de Franco, España está a punto de descubrir si la transición fue realmente completada o simplemente suspendida.

    Esta es una versión traducida y extendida del ensayo del autor publicado originalmente en The Ideas Letter

    La entrada Pedro Sánchez contra el trumpismo se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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  • Alak abrió las sesiones con eje en orden fiscal y progreso social

     

    El intendente centró su discurso en la reconstrucción de la administración municipal, la mejora de la calidad de vida de los vecinos y la rejerarquización de la ciudad como capital provincial, con el orden público como concepto rector. Anuncios de obras y proyectos clave.

    El intendente de La Plata, Julio Alak, dio comienzo este martes al 83° período de sesiones ordinarias del Concejo Deliberante con un discurso enfocado en la reconstrucción del Estado municipal, la mejora de la calidad de vida de los vecinos y el fortalecimiento del rol de la ciudad como capital bonaerense con el orden público como eje transversal de gestión.

    Al comenzar su alocución, y acompañado por concejales, ministros, legisladores, el obispo auxiliar Jorge González, dirigentes sindicales y vecinos, el jefe comunal expresó: «Quiero en primer lugar agradecer a este Concejo Deliberante el valiosísimo aporte que ha hecho a la ciudad sancionando, con inteligencia y valentía, diversas normas de enorme valor que mejorarán y protegerán el desarrollo urbano de la ciudad».

    En ese sentido, Alak mencionó el Plan de Ordenamiento Urbano y agradeció a los nuevos concejales, a los integrantes del departamento ejecutivo, a los trabajadores y trabajadoras municipales y al gobernador Axel Kicillof.

    «Venimos hoy a ratificar nuestra voluntad de trabajar con todos los sectores políticos y sociales, valorando y respetando la diversidad, pero priorizando siempre el interés superior de la ciudad», subrayó el mandatario, y agregó: «Nuestros principios fundamentales son dos: el orden público y el progreso social».

    En la misma línea, Alak recalcó: «A partir de un espíritu de unidad y de los principios de orden y progreso, nos planteamos tres objetivos fundamentales: la reconstrucción de la administración municipal, la mejora de la calidad de vida de todos los platenses y la rejerarquización de la ciudad como capital de todos los bonaerenses».

    Al referirse a la reconstrucción de la administración municipal, Alak remarcó: «En dos años de gestión, le devolvimos al Estado municipal la capacidad operativa que le permite ser una herramienta eficiente y poderosa de transformación».

    Más tarde, hizo alusión a la deuda flotante y consolidada de $20.105 millones que recibió al asumir en diciembre de 2023 y resaltó: «Esa deuda fue cancelada en un año; de esa manera, saneamos las finanzas municipales y dejamos de pagar intereses y redeterminaciones de obras públicas».

    «La gestión nos permitió fortalecer nuestra autonomía financiera. Aumentamos los recursos propios del 45 % al 57 % del presupuesto municipal y superamos, por primera vez en muchos años, los recursos coparticipables», continuó, y afirmó: «Gracias al orden en las cuentas públicas, fuimos una de las pocas administraciones que en el último año lograron superávit financiero y económico».

    En ese sentido, destacó que La Plata no solo tuvo equilibrio fiscal, sino que logró «superávit fiscal que se invirtió en obras públicas», y señaló que esto permitió alcanzar «el máximo reconocimiento otorgado por la consultora internacional Fix». Además, precisó que la calificación «A» posicionó a la capital bonaerense como el municipio mejor ponderado del país.

    Más adelante, el intendente platense aseguró que «la transformación del Estado municipal en una herramienta eficiente permitió mejorar la atención al vecino y la prestación de servicios» y destacó que «el Centro Administrativo Municipal (CAM), ubicado en 48 y diagonal 80, constituye un hito en el proceso de modernización de la gestión local».

    «En el marco de este proceso de mejorar las condiciones de trabajo, el mes próximo inauguraremos las obras de puesta en valor de los cuatro pisos de la torre gubernamental 1 y el subsuelo del Palacio Municipal», anunció.

    Conjuntamente, afirmó que «en asociación con el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la UNLP, elaboramos un Plan Maestro de Modernización y Transformación Digital» y agregó que «con una inversión de $ 2.300 millones, construimos el Centro de Datos Municipal, el data center más grande de los municipios argentinos». Su inauguración está prevista para abril.

    En ese sentido, indicó que el Plan Estratégico de Modernización de la Gestión Pública contempla la construcción de un edificio que «podría financiarse con la venta de propiedades obsoletas y los ahorros de 70 alquileres que hoy paga el Municipio». «Para ello, solicitamos a la Administración de Bienes del Estado Nacional la compra de un sector del predio de Gambier ubicado en 52 y 131. Planificaremos, en la prolongación del eje fundacional, un nuevo Edificio Inteligente para la Administración Municipal», aseguró.

    En materia de seguridad, tras señalar que el sistema de control y operaciones estaba atomizado en tres edificios y dificultaba una supervisión integral, destacó la creación del Centro de Operaciones Municipal (COM) y adelantó: «A partir de mayo, el COM ampliará su capacidad operativa con la incorporación de seis drones, una unidad de monitoreo móvil, 1200 cámaras nuevas de última generación y 100 lectoras de patentes, actualmente en proceso de implementación».

    Asimismo, en el marco del Plan Integral de Seguridad, recordó la creación de «un área específica de análisis criminal» y la adopción de «una estrategia de abordaje interagencial». Además, señaló que se conformó la Mesa de Política Criminal y que el Programa Municipal de Remoción de Vehículos Quemados y Abandonados ya superó los 2.850 rodados retirados de la vía pública.

    En otro apartado de su discurso, el intendente hizo referencia a la crítica situación en la que fue hallado el cementerio municipal al momento de su asunción y señaló que, para revertirla, se construyó un memorial y se impulsó la creación del Ente del Cementerio.

    «El orden de las cuentas públicas, de la planificación territorial y del espacio público es la base del progreso social», continuó Alak, y explicó que «en los últimos años, La Plata creció sin planificación» y «se convirtió en la ciudad con mayor cantidad de asentamientos y villas de emergencia de Argentina».

    Además, cuestionó el avance desordenado de la urbanización y la pérdida de patrimonio. «La falta de reglas claras impactó en la calidad de vida, en la inversión privada y en el cuidado del ambiente», enfatizó, y agregó: «Para desandar ese camino, dimos un paso histórico: con el Gobierno de la provincia de Buenos Aires, las universidades y los colegios profesionales, y en un todo de acuerdo con la ley 8912, asumimos la decisión política de volver a planificar el territorio y en diciembre de 2025 logramos la sanción del Plan Bicentenario de Ordenamiento Territorial».

    «El plan establece hacia dónde y cómo puede expandirse la ciudad», sostuvo, y precisó: «No hay progreso sin orden, y no hay orden sostenible sin una mirada estratégica sobre el territorio».

    Acto seguido, Alak destacó: «Estamos mejorando la vida en los barrios con el Plan 1.000 Cuadras. En ese marco, ya ejecutamos 363 obras con pavimento, 1.038 reparaciones de cuadras pavimentadas y 298 de tierra con trabajos de mejorado y consolidación, una base para futuras pavimentaciones».

    En ese marco, precisó algunas de las obras viales, hidráulicas, educativas y de recuperación de espacios públicos realizadas por la Municipalidad en localidades como Villa Elvira, Arana, Sicardi – Garibaldi, Ignacio Correas, Altos de San Lorenzo, Los Hornos, Lisandro Olmos, Ángel Etcheverry, Abasto, Melchor Romero, San Carlos, El Peligro, Arturo Seguí, Villa Elisa, El Rincón, City Bell, Gonnet, Villa Castells, Hernández, Gorina, Ringuelet, Tolosa y el casco urbano.

    Asimismo, hizo hincapié en importantes mejoras hidráulicas como la construcción de 2.300 metros lineales de conductos pluviales, 70 nuevos sumideros, siete puentes vehiculares y uno peatonal. También mencionó las mejoras en la red pluvial en 652 cuadras de zanjeos, la construcción de 412 cruces de calles y la finalización del conducto hidráulico del arroyo Regimiento y los desagües pluviales de la cuenca del arroyo Maldonado.

    Más adelante, se refirió a las emblemáticas plazas y espacios verdes de la ciudad: «Los espacios públicos y las plazas estaban muy deteriorados. Esto mereció la relocalización de la venta ambulante, con consenso, escuchando al otro. Y logramos relocalizar sin ninguna acción policial a 1.800 vendedores ambulantes».

    «A principios de 2025 inauguramos las plazas del eje de Avenida 7: San Martín, Rocha e Italia», continuó, y enfatizó: «Ya finalizamos la primera etapa del Parque San Martín, donde recuperamos espacio público, y ahora necesitamos lograr que Obras Sanitarias relocalice su estacionamiento, que hoy está ocupando una hectárea y media en el corazón del parque; ya iniciamos la gestión».

    Por otra parte, mencionó la finalización de los trabajos en la Plaza de la Madre en Los Hornos, la nueva plaza Juan Manuel de Rosas en El Peligro, la Plaza República del Perú en El Mondongo y la Plaza Nuestra Señora de Copacabana en Tolosa. Y agregó: «Este año vamos a iniciar la obra de reconstrucción de Plaza España, que es la última del eje de 7, y el parque Mercante en Los Hornos».

    Además, recordó que avanza el proceso de renovación del Parque Saavedra y que se licitó la obra de restauración del Teatro del Lago en el Paseo del Bosque.

    Asimismo, hizo mención a la recuperación del espacio público a partir de la limpieza de grafitis con el programa «Ciudad Limpia». «En un año se hicieron 14.255 limpiezas de frentes de viviendas, comercios, templos religiosos, escuelas, instituciones, clubes y edificios de valor patrimonial», detalló, y adelantó: «Para los próximos seis meses, el plan contempla 4.800 nuevas intervenciones».

    En el eje educativo, el intendente señaló que avanza un proceso de puesta en valor de 200 escuelas en la ciudad. «Se terminaron algunas escuelas y otras se están proyectando», sostuvo, y enumeró algunas de las obras más destacadas, como la Escuela Especial 503 de Gonnet y la primera Secundaria de Ignacio Correas.

    Por otra parte, en materia de salud, el intendente valoró el fortalecimiento integral del primer nivel de atención con avances en la digitalización del sistema, la prevención territorial, la ampliación del acceso a derechos sanitarios y la inversión en infraestructura, producción pública de insumos, campañas epidemiológicas y mejoras en la gestión administrativa.

    «Pusimos en valor los CAPS N° 2, N° 7, N° 15, N° 20 y N° 42 y vamos a iniciar la construcción del nuevo CAPS N° 22 en Ignacio Correas y del Centro de Atención de Salud Municipal ubicado en avenida 60 entre 10 y 11, que concentrará servicios estratégicos».

    Al referirse al alumbrado público, Alak recordó que «al inicio de la gestión el índice de apagado era del 20%». En este marco, y bajo la premisa de que más iluminación pública es más seguridad y mejor calidad de vida, destacó: «Queremos llegar al 3% este año, con la incorporación de 30 mil nuevas luminarias».

    «Al mismo tiempo, mejoramos la red de semáforos con la adquisición de 200 nuevos controladores inteligentes que estamos colocando y monitoreando desde el COM», continuó Alak. Además, recalcó los buenos resultados de la «onda verde» en avenida 44 y adelantó que el sistema se implementará en otros accesos y avenidas.

    Por otra parte, hizo referencia al nuevo Sistema de Transporte Público Urbano de Pasajeros que contempla el Plan de Ordenamiento Territorial para garantizar mayores estándares de eficiencia, regularidad y cobertura del servicio.

    «Ya concretamos la reconstrucción integral de la avenida 44, con la reparación de 380 losas, entre 131 y Ruta Provincial 2, y la puesta en valor de la rotonda de la Ruta 36 y la rambla central. Y este año recambiaremos otras 150 losas que mejorarán aún más la transitabilidad», enumeró Alak.

    Además, el intendente mencionó otras obras estratégicas de infraestructura vial, como la mejora integral del nuevo acceso a la ciudad por diagonal 74 y la nueva bajada de la autopista en 520, a la que se sumará el nuevo distribuidor de tránsito que conectará la autopista con City Bell.

    En la misma línea, sostuvo que «hay una obra que la ciudad se debe a sí misma» y afirmó: «Estamos planificando con la Facultad de Ingeniería de la UNLP la traza para completar el anillo de circunvalación del casco fundacional». «Esa vía, que conecta las avenidas 32, 31 y 72, proyectamos que quede completada con la construcción de la nueva estructura de la avenida 120», amplió, y reflexionó: «Son decisiones de impacto estructural; proyectos que no se agotan en una obra ni en una gestión. Son bases para las próximas décadas».

    En materia productiva, el intendente enfatizó: «Luego de 19 años, regularizamos la situación del Parque Industrial II, avance que permitió entregar en noviembre las primeras escrituras a empresas que llevaban años esperando una definición».

     

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