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Cultura invita a inscribirse en el Registro Municipal de Artistas Reginenses

La Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina recuerda a artistas y a grupo de artistas de la ciudad que se pueden inscribir en el Registro Municipal de Artistas Reginenses que concentra la información de todas las expresiones artísticas existentes.

Deben hacerlo en la página web de la Municipalidad a través del siguiente link: https://municipalidadvillaregina.gob.ar/registro-unico-de-artistas-trabajadores-de-la-cultura-e-industrias-culturales/

Esta herramienta fue creada por ordenanza a partir de una iniciativa impulsada por la Directora de Cultura Silvia Alvarado y resulta una información esencial para la programación de espectáculos públicos y de consulta para producciones privadas.

Esta plataforma permite la carga de datos y también la consulta pública.

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    Cuando Buenos Aires dejó de ser una provincia dentro de la Nación: la guerra que terminó creando la Capital Federal

     

    En 1880, la guerra entre Nicolás Avellaneda y Carlos Tejedor terminó con la federalización de Buenos Aires y cambió para siempre la organización política argentina.

    Por Alcides Blanco para NLI

    El 24 de agosto de 1880, mientras la Argentina todavía intentaba cerrar las heridas abiertas por décadas de guerras civiles, la ciudad de Buenos Aires no era todavía exactamente la ciudad que conocemos hoy. Era, al mismo tiempo, capital de la Nación y capital de la provincia más poderosa del país, una superposición que escondía un conflicto mucho más profundo: quién controlaba el principal puerto, quién administraba las rentas aduaneras y, sobre todo, dónde debía residir el poder efectivo de un Estado nacional que todavía no había conseguido imponerse completamente sobre los intereses de las provincias y sobre el enorme poder económico y político de Buenos Aires. Aquel problema había atravesado buena parte del siglo XIX y volvió a estallar violentamente en 1880, cuando el gobernador bonaerense Carlos Tejedor se levantó contra el proyecto de federalización impulsado por el presidente Nicolás Avellaneda. La confrontación terminó con combates en distintos puntos de la ciudad y sus alrededores, el traslado del gobierno nacional al entonces pueblo de Belgrano y, finalmente, con una decisión que cambió para siempre la geografía política argentina: Buenos Aires dejó de pertenecer institucionalmente a la provincia y pasó a ser la Capital de la República.

    Una capital que pertenecía a dos poderes

    El problema venía desde la organización nacional posterior a la caída de Juan Manuel de Rosas. En 1853, las provincias habían sancionado una Constitución que establecía un régimen federal y disponía que la capital debía ser una ciudad federalizada, pero Buenos Aires se mantuvo separada de la Confederación durante casi una década. La reunificación producida después de Pavón no resolvió completamente la cuestión porque la provincia porteña conservaba un peso económico excepcional derivado de su puerto y de las rentas aduaneras. Durante las presidencias de Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda, el Estado nacional fue construyendo instituciones comunes, un Ejército nacional y un aparato administrativo cada vez más importante, pero la cuestión de la capital continuó pendiente. El conflicto no era meramente administrativo: detrás de la discusión sobre dónde debía funcionar el gobierno se encontraba la disputa por el control de los recursos que permitían financiar al Estado.

    La contradicción resultaba evidente. Buenos Aires era la sede de las autoridades nacionales, pero también era territorio de la provincia de Buenos Aires y estaba gobernada por autoridades provinciales que respondían a intereses propios. En una Argentina donde el puerto porteño concentraba buena parte del comercio exterior, esa situación otorgaba a la provincia una capacidad de presión que ninguna otra jurisdicción poseía. Por eso la federalización de la ciudad significaba mucho más que cambiar un domicilio: implicaba separar el centro político de la Nación del poder territorial de la provincia, otorgando al Gobierno nacional jurisdicción directa sobre el lugar donde funcionaban sus instituciones.

    Cuando Avellaneda avanzó decididamente hacia esa solución, encontró la resistencia del autonomismo porteño. Carlos Tejedor, gobernador de Buenos Aires, se convirtió en el principal opositor al proyecto y comenzó a organizar fuerzas militares, mientras el Gobierno nacional también reforzaba su capacidad defensiva. El enfrentamiento fue adquiriendo una intensidad que hacía cada vez más probable una salida armada. La disputa por la capital, que podía parecer una cuestión jurídica para los historiadores posteriores, estaba a punto de convertirse nuevamente en una guerra entre argentinos.

    Belgrano, capital de emergencia

    La situación llegó a un punto crítico en junio de 1880. Tejedor se preparó para resistir la federalización y el Gobierno nacional decidió trasladar temporalmente sus autoridades fuera de la ciudad. Avellaneda y el Congreso se instalaron en Belgrano, que por entonces era un pueblo ubicado en las afueras de Buenos Aires y que hoy forma parte de la Ciudad Autónoma. El edificio donde funcionaba la municipalidad de Belgrano se convirtió en sede de las instituciones nacionales y allí sesionó el Congreso que terminaría sancionando la ley de federalización. El lugar es actualmente el Museo Histórico Sarmiento y conserva la memoria de aquellos meses en los que un barrio porteño fue, literalmente, el centro político de la República.

    Mientras las autoridades nacionales se refugiaban en Belgrano, la tensión se transformaba en combate. Las fuerzas de Tejedor se enfrentaron con tropas nacionales en distintos puntos del área metropolitana, entre ellos Puente Alsina, Corrales y Barracas, mientras la escuadra nacional bloqueaba Buenos Aires. La magnitud de los enfrentamientos demostró que la cuestión de la capitalización no podía resolverse mediante una simple negociación entre dirigentes: los sectores enfrentados estaban dispuestos a utilizar la fuerza para imponer sus respectivos proyectos de organización nacional.

    La derrota de Tejedor selló el desenlace. El gobernador bonaerense renunció y el proyecto de federalización quedó finalmente liberado de la resistencia armada que había impedido concretarlo durante décadas. El 20 de septiembre de 1880, el Congreso sancionó la Ley 1029, que declaró capital de la República al municipio de Buenos Aires bajo sus límites existentes. La norma estableció además que los establecimientos y edificios públicos situados en la ciudad quedarían bajo jurisdicción nacional, aunque mantuvo determinadas propiedades provinciales y dispuso mecanismos para resolver la transferencia de bienes y competencias.

    El proceso no fue simplemente una victoria militar de Avellaneda sobre Tejedor. Fue la resolución de una disputa que había acompañado prácticamente toda la organización constitucional del país. La ley convirtió una cuestión largamente discutida en una realidad institucional: la Nación tendría por fin una capital que no dependiera políticamente de una provincia.

    El nacimiento de una ciudad que ya no pertenecía a la provincia

    La federalización produjo una consecuencia que muchas veces queda escondida detrás de la fecha y del texto de la ley: Buenos Aires tuvo que dejar de ser la capital de la provincia que llevaba su mismo nombre. La provincia necesitaba entonces construir una nueva sede administrativa y política. El gobernador Dardo Rocha impulsó la creación de una nueva capital y en 1882 fue fundada La Plata, concebida desde el comienzo como una ciudad planificada y monumental destinada a reemplazar a Buenos Aires como capital bonaerense.

    La creación de La Plata demuestra hasta qué punto la federalización alteró el territorio argentino. No se trataba solamente de una modificación de jurisdicciones sobre un mapa: implicaba crear una nueva capital provincial, reorganizar oficinas públicas, trasladar instituciones y redefinir las relaciones entre la provincia y la Nación. Buenos Aires, mientras tanto, comenzó a desarrollar una identidad política propia como capital federal, aunque durante mucho tiempo seguiría siendo también el centro económico, financiero, cultural y demográfico de todo el país.

    La nueva situación exigió además la creación de estructuras específicamente nacionales para administrar el territorio federalizado. En diciembre de 1880, por ejemplo, la Nación recibió la Policía de Buenos Aires y creó la Policía de la Capital, destinada a garantizar el ejercicio de la autoridad nacional sobre la ciudad. El primer jefe fue Marcos Paz, designado por Julio Argentino Roca, quien había asumido la Presidencia el 12 de octubre de ese año.

    La federalización también abrió una nueva etapa política. El Estado nacional pudo consolidar su presencia institucional y avanzar durante las décadas siguientes en la construcción de una administración centralizada, mientras el país ingresaba en un período de crecimiento económico, expansión ferroviaria, inmigración masiva y desarrollo del modelo agroexportador. La etapa que comenzó alrededor de 1880 suele ser presentada como la consolidación del Estado nacional, aunque esa consolidación tuvo también sus contradicciones: el poder político quedó concentrado en una elite estrecha y el Partido Autonomista Nacional dominó durante décadas la estructura institucional.

    La guerra que terminó dibujando el mapa político argentino

    La historia de la federalización de Buenos Aires permite entender que la construcción del Estado argentino estuvo lejos de ser un proceso pacífico y lineal. Durante décadas, la disputa entre Buenos Aires y las provincias había enfrentado proyectos económicos y políticos diferentes, y la cuestión de la capital condensaba todos esos conflictos. Quién controlaba Buenos Aires tenía una importancia que excedía ampliamente a la ciudad, porque significaba controlar el principal centro económico del país, el puerto y buena parte de las herramientas materiales necesarias para ejercer el poder nacional.

    Por eso resulta significativo que la ley que finalmente convirtió a Buenos Aires en Capital Federal haya sido sancionada después de una guerra interna. El edificio donde hoy funciona el Museo Histórico Sarmiento recuerda justamente esa circunstancia: durante algunos meses, el Estado argentino tuvo que abandonar su sede habitual porque la ciudad que debía ser capital era, al mismo tiempo, el territorio de un gobernador que se rebelaba contra el poder nacional.

    A partir de entonces, la relación entre Buenos Aires y la Nación quedó definitivamente transformada, aunque no desapareció la tensión entre el poder concentrado en la capital y el resto del territorio. La Argentina que surgió de 1880 consiguió construir un Estado nacional mucho más fuerte, pero también consolidó una estructura territorial profundamente centralizada alrededor de Buenos Aires, una característica que continuaría generando debates durante todo el siglo XX y que todavía forma parte de las discusiones sobre federalismo, distribución de recursos y concentración económica.

    La paradoja histórica es que la federalización buscaba resolver el problema de Buenos Aires como poder autónomo y terminó convirtiendo a la ciudad en el centro indiscutido de la Nación. La provincia perdió su capital histórica y recibió una nueva; el Estado nacional obtuvo jurisdicción sobre la ciudad, pero Buenos Aires comenzó a concentrar una influencia política, económica y cultural todavía mayor. La guerra de 1880 puso fin a una etapa de enfrentamientos por la organización territorial del país, pero también dejó instalada una pregunta que la Argentina nunca terminó de resolver completamente: cómo construir un verdadero federalismo cuando la capital concentra una parte tan extraordinaria del poder.

    Aquel 24 de agosto de 1880, por lo tanto, no debe recordarse solamente como una fecha dentro de la larga lista de efemérides nacionales. Fue uno de los momentos en que la Argentina terminó de decidir dónde estaría su corazón político y, al hacerlo, también definió buena parte de su estructura territorial para el siglo siguiente. Buenos Aires dejó de ser la capital de una provincia para convertirse en la capital de todos, pero el precio de aquella solución fue una concentración que todavía hoy marca la vida nacional. La historia de la federalización no es solamente la historia de cómo se resolvió una vieja disputa entre porteños y provincianos: es la historia de cómo nació una Argentina políticamente unificada que, desde entonces, nunca dejó de discutir cuánto poder debía vivir en su capital y cuánto debía regresar al resto del país.

     

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  • La Di Tella reconoce que la encuesta que le dio bien a Milei puede tener un «error muestral»

     

    Luego de los datos de julio que encendieron alarmas, en Casa Rosada festejan una mejora en el nivel de confianza expuesto en el índice mensual de la Universidad Torcuato Di Tella. Sin embargo, el aumento del 6,4% respecto de julio está apalancado por un dato llamativo que motivó una aclaración en el propio informe.

    En el segmento de jóvenes de 18 a 29 años, el índice de confianza registró una suba del 66,3 por ciento, un cambio sideral con respecto a julio, cuando había caído 23 puntos y se presentaba como el nivel más bajo entre todas las franjas etarias relevadas.

    «Es probable que parte de este abrupto cambio provenga del error muestral, ya que el segmento joven es el que contiene el menor número de casos y, por tanto, el de menor precisión estadística», advirtieron en la Escuela de Gobierno de la Di Tella.

    Más allá de la mejora respecto de julio, el informe expone que el índice de confianza disminuyó 2,8 por ciento en términos interanuales y 16,5 por ciento desde el fin del año pasado

    Ávidos de datos favorables, en el Gobierno no repararon en esa aclaración e instruyeron a su granja de trolls a levantar la mejora respecto de julio. «La confianza sube como pedo de buzo» fue el denominador común de los libertarios en redes.

    Eso, a pesar de que el mismo informe expone que el índice de confianza disminuyó 2,8 por ciento en términos interanuales y 16,5 por ciento desde el fin del año pasado.

    El 57 por ciento dice que votaría un cambio total de gobierno

    La necesidad de Casa Rosada de apoyarse sobre números positivos se refuerza en un contexto donde recientes encuestas marcan que cerca del 60 por ciento dice que votaría un cambio de Gobierno.

    El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que se confecciona desde noviembre de 2001 es un estudio que mira de cerca el círculo rojo, se hace en base a una encuesta de opinión pública a nivel nacional y se mide en una escala de 0 a 5.

    En agosto, el ICG fue de 2,06 puntos. Pero, pese a esa recuperación de agosto, el promedio del ICG durante la gestión Milei cayó a 2,36 puntos, su registro más bajo.

    Alarma en la Rosada porque se desploma la confianza de los jóvenes en el Gobierno

    Aunque en menor medida que en la franja etaria más joven, en el segmento de personas en 30 y 49 años también se dio una suba significativa del índice de confianza de un mes a otro (14%).

    «Varias de estas categorías habían presentado los mayores aumentos en junio y concentrado las mayores caídas en julio, lo que sugiere que estos altibajos podrían deberse al error muestral más que a cambios reales en los parámetros de interés», agregó el informe. 

     

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  • Última noche de Maratón Cultural

    Esta noche se cerrará la segunda edición del programa ‘Maratón Cultural’ que tuvo a Regina como sede. Las actuaciones podrán seguirse a través de las siguientes redes sociales:  en www.facebook.com/MunicipioDeVillaRegina, en www.facebook.com/CulturaRN y en You Tube “Río Negro Cultura”. La grilla de presentaciones de hoy domingo es: 18,15 horas: Agrupación Piel Morena 18,30 horas: Alexis…

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  • LAS SOMBRAS DE LOS APLAUSOS

    ¿Qué pasaría si las manos desaparecen y las sombras de los aplausos continúan aplaudiendo? ¿Qué pasaría si la piedra del aplauso ve como las manos se esconden para siempre? Es así que comenzó a suceder, primero fueron los dedos, quienes retenidos en la mismísima nebulosa digital, y sin darse cuenta, iban borrando de a poco…

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  • El Gobierno ahora busca sumar a los radicales de la provincia a la alianza con el PRO

     

    Como correlato del encuentro de este jueves en Casa Rosada, el PRO y La Libertad Avanza (LLA) preparan una mesa política provincial para comenzar a discutir la estrategia electoral a 2027 en la que también aparece la UCR en los planes.

    Fuentes al tanto de la negociación señalaron a LPO que Karina Milei se muestra permeable a un acuerdo con los radicales, a los fines de no repetir el escenario de 2025, donde el juego de la UCR bajo el sello de Somos dividió el voto antiperonista y habilitó el triunfo de Fuerza Patria en secciones clave del interior bonaerense.

    Dentro del gobierno libertario calculan que un acuerdo amplio implicaría que LLA llegue a las elecciones con cerca de 50 municipios aliados, número ambicioso para el que no solo suman a intendentes PRO y UCR, también a vecinalismos dentro de los que incluyen a San Miguel y , también, a Tigre.

    Karina Milei se muestra permeable a un acuerdo con los radicales, a los fines de no repetir el escenario de 2025, donde el juego de la UCR bajo el sello de Somos dividió el voto antiperonista y habilitó el triunfo de Fuerza Patria en secciones clave del interior bonaerense.

    En 2025, con un comité de contingencia que no apaciguó las diferencias en términos de esquemas de alianzas, la estructura radical conformó Somos con lilitos e, incluso, con dirigentes PRO que no cerraron bajo las condiciones de Karina.

    Ahora, la UCR bonaerense tiene una nueva conducción ungida en unidad pero que ya expuso grietas en la convención provincial del último sábado, cuando el sector referenciado con el ex intendente de Trenque Lauquen, Miguel Fernández, pegó el portazo en medio de la disputa por el control de la Junta Electoral partidaria y armó el espacio «Construir».

    Intendentes radicales niegan un acercamiento a Kicillof y uno ya se lanzó para la Gobernación

    «Usaron la convención para hacer un posicionamiento, todo muy premeditado», señalaron fuentes cercanas a la conducción partidaria a cargo de Emiliano Balbín, alineado al senador Maximiliano Abad.

    Desde ese sector, salieron al cruce de Fernández posteando fotos del ex candidato a vice de Grindetti junto a Gabriel Katopodis. «En el sector de Miguel siempre hay señales de entendimiento con Axel», dijo un encumbrado dirigente radical a LPO.

    En esa línea, fuentes del Comité Provincia de la UCR aseguran: «No nos vemos en una alianza con el peronismo, nos vemos en un frente de cambio con todo lo que no sea peronismo». Es ahí donde se muestra receptivos a mantener conversaciones con los libertarios para explorar un acuerdo electoral a 2027.

    Por lo pronto, no dudan en definir como «un error» el frente Somos en 2025. «Era mejor ir solos. Hay radicales que no nos votaron porque no sabían que estábamos ahí», agregan a la vez que sostienen que el objetivo a corto plazo es «tener un candidato radical en cada municipio» para, desde esa base, negociar arriba.

    Como sea, lo concreto es que el sector de Fernández, que ya evidenció su rechazo a acordar con los libertarios en 2025, es integrado por alrededor de una docena de intendentes.

    En medio de eso, en el PRO, el jorgemacrismo impulsa la incorporación de los radicales a un frente opositor amplio que compita contra el peronismo en la provincia pero que también le dé músculo a los intendentes amarillos para plantarse en la negociación frente a Karina.

     «Hay que trabajar en el acuerdo para que en los municipios donde gobierna el PRO sean respetados y acompañados. Si no hay una instrucción ordenadora de arriba se complica, eso es un tema de negociación», dijo a LPO un intendente PRO 

    Es que, por lo pronto, el diálogo no arrancó y hasta los propios intendentes del PRO ven las negociaciones en estado embrionario y, antes de sentarse a discutir, lo primero que exigen es que los libertarios no desafíen sus liderazgos territoriales.

    «Hay que trabajar en el acuerdo para que en los municipios donde gobierna el PRO sean respetados y acompañados. Si no hay una instrucción ordenadora de arriba se complica, eso es un tema de negociación», dijo a LPO un intendente PRO que detalló que, desde la semana próxima, comienzan las reuniones seccionales del partido para trabajar en el armado.

    «Mínimamente, van a tener que respetar los distritos gobernados por el PRO», dijo otro jefe comunal consultado, que reclama a los libertarios «un compromiso que se cumpla». La referencia no es sólo en términos electorales, también en lo relativo al acompañamiento de la gestión, donde varios intendentes amarillos acusan a los libertarios de pararse como opositores en el Concejo.

     

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