Con el primer curso de coctelería se inició el sábado el ciclo de capacitaciones denominado ‘Sabores del Valle’ organizado por la Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina.
Con el cupo de participantes superado, la primera clase presencial se desarrolló en el Social Resto Bar en el horario de 16 a 18. Los 25 participantes pudieron aprender sobre fundamentos básicos de la coctelería y el rol del bartender de la mano de la capacitadora Graciela Vidal, reginense que ha trabajado en el rubro turístico gastronómico de Chile, Costa Rica y México.
Con elementos como frascos, exprimidores, tapitas de jarabe, entre otros, los participantes elaboraron sus propios cócteles en los que el jugo de manzana Fruggina fue el protagonista principal: “Apple Boom” y “Manzanita del Valle”
Cabe destacar que el curso se desarrolla con clases virtuales en la plataforma educativa municipal y clases presenciales en los distintos comercios gastronómicos de la ciudad.
Todos los martes, en homenaje a la vieja revista El Gráfico, Anfibia y Lástima a nadie, maestro analizan cada semana de la Copa del Mundo.
Cuán importante será la influencia de la digitalidad en el arte que el último poema del Indio Solari fue un audio de WhatsApp nunca enviado. “Lionel, compatriota, habla Indio (sin el artículo). Acá soy uno más que te quiere saludar, que te quiere aplaudir. Has sido un tesoro deportivo argentino. Dios y el Diablo te dieron una destreza inimaginable (…) ¿Qué tal si ganás un campeonato del mundo más? Estás para eso, viejo. Estás para eso”.
“Postdata: qué tal si ganas un campeonato del mundo más? Estás para eso, viejo… estás para eso” Indio Solari, 2026. pic.twitter.com/hDXSi2ZtLF
El Indio murió en las vísperas de esta Copa del Mundo y no verá si Leo logra o no su presagio. Jorge Luis Borges, igual o mejor artista, aunque más aburrido, falleció en el medio del Mundial de México, jugado en 1986. Su muerte cumplió estos días cuarenta años, como los está cumpliendo la gesta que consagró a Diego Armando Maradona.
Los caminos de los héroes pueden tener conexiones, cuatro décadas después. Se puede encontrar parecidos, trazar contrastes, tirar paredes.
Si seguimos con Borges, esa copa maradoniana fue el aleph de los mundiales. Messi nos hace entender que vivir solo cuesta vida. Quizás los ídolos son como la poesía. Decía Borges, sobre ella: “Sabemos lo que es, pero no podemos definirla”.
Mi genio amor
En su texto “Lionel Messi, autor del Quijote” (2007), Juan Sasturain comparaba un gol de Messi por Copa del Rey con el tanto de Maradona a los ingleses. El joven del Barcelona había eludido a tantos jugadores rivales como Diego, desde la misma posición y realizando casi las mismas gambetas. Copia y calco. Sasturain usó a Pierre Menard, que en la literatura borgeana quería escribir exactamente la misma novela que llevó a la inmortalidad a Miguel de Cervantes. Messi empezaba a hacer lo propio con esa gesta que hoy cumple cuarenta años.
Las similitudes van solas. Ambos zurdos, capitanes, ganadores, escribas de un mundo mejor con cada una de sus gambetas. Comprometidos, los dos, con el liderazgo de sus equipos. La humildad de los genios que son buenos servidores y malos amos. Campeones mundiales sub 20 (1978 y 2005), cada uno también sabe cuánto pesa la Copa del Mundo de mayores (1986 y 2022). Ambos debutaron en la selección ante Hungría con edad juvenil: Maradona a los dieciséis y Messi a los dieciocho. Diego quedó afuera del corte del que hubiera sido su primer Mundial (1978) y Lionel no: jugó el 2006 y convirtió un gol en su debut contra Serbia y Montenegro, con “Pelusa” mirando desde la tribuna. Los dos perdieron una final del mundo contra Alemania con una camiseta azul y con imágenes icónicas. Messi relojeando el trofeo dorado mientras caminaba para recibir el premio al mejor jugador del certamen; Maradona lagrimeando con la medalla de plata en el pecho. Llorar es decir.
Una triste curiosidad acompaña su línea de tiempo. Messi nació en junio de 1987, un año después de México 86. Diego, por su parte, falleció en noviembre del 2020, ocho meses antes de la Copa América 2021, el comienzo de la seguidilla de trofeos de Messi. Nunca uno vio campeón del mundo al otro.
Las diferencias suelen encontrarse en el campo político. El compromiso de Maradona lo colocó como pionero de la Italia pobre contra los perfumes chic de Milán, Turín y Roma. Su filosa lengua marcó a varios enemigos, entre ellos, el entonces jefe de la FIFA, João Havelange, y el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush (hijo). Mostraba un habitual andar por las causas populares. Es evidente que Messi no es de ese palo. Nobleza obliga: la mayoría de los jugadores son más como Lionel que como Diego.
Volvamos a las coincidencias. Los dos tuvieron técnicos absolutamente cuestionados que acallaron a la “opinión pública” con victorias. Carlos Bilardo llegó al Mundial 86 en el foco de las críticas: hasta el presidente Raúl Alfonsin lo quiso sacar de su cargo. La situación de Lionel Scaloni no puso en tensión a ningún gobierno, pero la enorme mayoría del periodismo lo encontraba “inexperto” hasta su primer título. No somos vigilantes; cada uno sabe lo que dijo.
Hasta en las cábalas podemos ver cosas que siguen, cuarenta años después. En 1986, Carlos “Chino” Tapia se afeitó sin que eso fuera necesario antes del partido con Inglaterra. Hoy, su homónimo Claudio Fabian, “Chiqui”, toma mate con algunos de los jugadores en la previa de cada encuentro. Ricardo Giusti guardó caramelos dentro de un pozo en un rincón del Estadio Azteca: el hecho había nacido como un eventual resguardo ante las altas temperaturas y terminó por convertirse en ritual. Estas revelaciones, y otras más, son puestas de manifiesto en el libro El Partido de Andrés Burgo, que sirvió de base para el largometraje del mismo nombre que acaba de estrenarse en cines. Hoy Leandro Paredes y Rodrigo De Paul siguen probando caramelos en el medio de la cancha cuando el equipo llega al estadio.
Messi y Maradona tienen, además, sus héroes secundarios. La actuación de Diego contra Inglaterra fue memorable, pero podría haber terminado mal si en el minuto 87´ Julio “Vasco” Olarticoechea no sacaba una pelota casi en la línea del arco propio con la parte de atrás de su cabeza. “La nuca de Dios”. Todavía podríamos preguntarnos cómo estaría Messi hoy, pero más importante, cómo estaríamos nosotros hoy, si la jugada de Randal Kolo Muani hubiera terminado en gol y no en la famosa atajada del “Dibu” Martínez en Qatar 2022.
Borges habló de “máxima expresión de belleza” en referencia a la poesía. Messi y Maradona son como la poesía. Yo no me caí del cielo.
Pausa. Sin hidratación, ni espacios publicitarios de apuestas online: ¿cuántas veces será aludido Borges en el texto? Con el perdón de la audiencia, las que considere el cronista. Seguimos.
Cuarenta años no son una eternidad, pero casi. Alguna vez Borges dijo que en la eternidad hay belleza. Messi. Maradona. Las tensiones de los ídolos, la valentía de los héroes, la pausa de los normales, lo bello de la poesía. La expectativa latente de que el mundo puede cambiar y de que nos merecemos que cambie. Messi. Maradona. La vida misma.
Nike es la cultura
“Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. El fútbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman”. Borges y su amigo Adolfo Bioy Casares tienen un cuento llamado Esse Est Percipi (Ser es ser percibido). Es el único sobre fútbol. En la historia, Honorio Bustos Domecq, que nació en Pujato como Lionel Scaloni, recibe una noticia impactante: el fútbol no existe, son solo actores para la publicidad y el negocio.
A veces la realidad se acerca a la ficción: el deporte existe, pero el del business ya no es él.
En 1986 ya se prefiguraba un mundo en el que las transmisiones televisivas ordenaban al fútbol, y no al revés. Maradona y Jorge Valdano, entre otros jugadores, se quejaron del horario de los partidos, que se disputaban al mediodía del verano mexicano para priorizar el prime time europeo. Se les dijo “callense y jueguen”.
Hoy parece todo al revés, pero es lo mismo. El famoso hydration break no es contra el calor: persigue la finalidad de recaudar. Un trabajo periodístico reciente de Gonzalo Finlez (Filo News), con datos del Wall Street Journal, estima que esta nueva modalidad permite siete horas más de espacio publicitario, con 832 spots y una ganancia de entre 166 y 333 millones de dólares sólo en Estados Unidos. Exprimir cada centavo. Por su parte, en suelo argentino, el periodista Diego Genoud reveló lo que genera la privatización de los partidos del Mundial. La TV Pública sólo retransmite a cuenta gotas y le sale más caro al Estado argentino, que le paga 410 mil dólares por partido a DirecTV, del Grupo Werthein. En Qatar 2022 el costo era de 250 mil por encuentro.
Dentro de ese entramado digital se nos aparece un Maradona hecho con inteligencia artificial incitando a apostar y varios jugadores de la Selección, como Messi, promocionando a petroleras, marcas de cerveza y locales de comida rápida. Dice la doctora en comunicación Yamila Heram en su texto “Por qué el Mundial sigue siendo un fenómeno televisivo en plena era del streaming”: “En primer lugar, resulta difícil escapar de la publicidad omnipresente con la cara de Messi. Todo tiene un aire de semejanza; durante estos meses previos va construyéndose una narrativa épica, sufrida y pasional que recubre con un halo comercial las más diversas opciones cotidianas. (…) El Mundial nos conecta con ese placer por el juego, por el deporte y por la grupalidad. El fútbol nos conecta con algo de esa infancia y ese deporte que se jugaba en la calle, en el barrio, en el club, en la playa y en cuanto potrero se podía encontrar. Pero ahora todo parece cambiar. Del juego propiamente dicho a las apuestas online; así, el mayor sponsor de este deporte pregona un negocio que trae consecuencias de escala global. Del placer por jugar a la adicción a ´jugar´”.
La consultora Sustantiva publicó el pasado fin de semana un estudio sobre esta cuestión. Según esta empresa, el 72% de las personas que se manifestaron en redes sociales sobre el Maradona con IA mostraron indignación. De esa miel no comen las hormigas.
Salando las heridas
En su cuento “Juan López y John Ward” (1985), Borges describe a dos jóvenes enfrentados en la Guerra de las Malvinas (1982). Podrían haber sido amigos, o ni siquiera conocerse: terminaron enterrados. Jorge Luis no cantó con nosotros “Muchachos”, porque murió treinta y seis años antes. Y porque no le hubiera gustado. Vale, igualmente, razonar lo obvio: Juan López sería un pibe de Malvinas.
Resulta imposible separar a Maradona de esa temática. El partido entre Argentina e Inglaterra, que ayer cumplió cuarenta años, estuvo atravesado por esa contienda. Al revés del Indio, vencidos vencedores. Dice Lucas Zalduendo, en La selección de los valientes, publicado recientemente: “Para el pueblo argentino representó una revancha simbólica que transformó el fútbol en un abrazo de desahogo nacional. También lo fue para las antiguas colonias británicas. Habitantes de India, Bangladesh y Pakistán pudieron ver, desde el televisor de su casa, cómo la corona británica se arrodillaba ante los pies de un futbolista tercermundista”. El apoyo que a veces encuentra el fútbol argentino en esos países contiene raíces profundas. El lujo es vulgaridad.
En El Partido, Andrés Burgo dio a conocer la historia de Hector Rebasti, uno de los 9.804 soldados argentinos trasladados a las islas para la contienda bélica. Era arquero y entrenaba con el plantel profesional de Huracán cuando partió para Malvinas. No retomó su carrera nunca más. Entrevistado por el autor, Rebasti dijo lo siguiente: “Cuando cayó Puerto Argentino, con otros compañeros seguimos peleando: dos de ellos murieron por no querer rendirnos. Esa derrota me afectó mucho, me sentí culpable, y el partido contra Inglaterra lo viví como agua fresca, como otra oportunidad, como si estuviera otra vez en la guerra. Miraba el partido y me sentía en combate”.
Lo de Messi, claro está, es menos explícito. Mucho menos. Pero a veces la cultura popular se apropia de relaciones que, a simple vista, parecen ajenas. En este país hay una masiva canción que dice, en sus estrofas, “los pibes de Malvinas que jamás olvidaré” y “alentándolo a Lionel”.
Hay una ausencia en esta relación simbiótica. Algo que aleja a Diego de Messi. Una pieza que no encaja en el rompecabezas. Por razones del azar, Lionel jamás disputó un partido contra Inglaterra. El último encuentro entre Argentina y el conjunto británico fue un amistoso de noviembre del 2005, con un joven Messi de 18 años suspendido en la tribuna.
Me pregunto si podríamos cruzarnos con los ingleses en esta Copa del Mundo, cuarenta junios después. Los simuladores virtuales dicen que sí, que sería en semifinales si ambos lideran su grupo y ganan los duelos de eliminación directa. Tengo la certeza de que sería un partido más parecido al de México 86 que a los encuentros de Francia 98 y Corea Japón 2002. No tengo claro el por qué, pero se siente una hinchada y un tiempo más maradoniano. Indago en la duda sobre si estaríamos o no preparados como hinchas para un encuentro de esas características. Con el mejor del mundo de nuestro lado, con los odiados piratas del otro. Me convenzo de que no lo sé. Las Malvinas son argentinas.
Esos dolores dulces
Bioy Casares escuchó cómo en un quiosco de Ayacucho y Alvear un joven le dijo que su amigo se había muerto. Noticias de ayer. Extra, extra. Adolfo encaró hacia adelante con una suerte de tristeza desafiante. “Seguí mi camino sintiendo que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges”.
Ese sábado 14 de junio fue el único en diecinueve días sin partidos mundialistas de México 86. Fue la jornada de descanso entre el cierre de la primera ronda, que finalizó el día 13 con los partidos del grupo E, Escocia-Uruguay (0 a 0) y Dinamarca-Alemania Federal (2 a 0), y el comienzo de los octavos de final, abiertos el 15, con Bélgica-URSS (4 a 3) y México-Bulgaria (2 a 0). Vaya homenaje para el Borges anti-fútbol. Un minuto de silencio era poco: hubo todo un día.
Aquella primera fase de la Argentina de Bilardo fue sólida: terminó invicta y en el primer puesto. Dos victorias y un empate. Este último, 1 a 1, ante la Italia campeona del mundo, con el debut goleador de Maradona haciendo de lo cotidiano algo icónico: diagonal hacia afuera, saltito con la marca encima, caricia, balón lento y cansino acomodándose al lado del palo derecho de Giovanni Galli. Nueva Roma, te cura o te mata.
Esta primera ronda del 2026 tiene sus sobresaltos, como siempre. Los primeros minutos contra Argelia y el segundo tiempo contra Austria mostraron adversidades. Nadie dijo que era fácil. No obstante, lo esencial es visible a los ojos: dos victorias contundentes, con buen volúmen de juego y superioridad ante sus rivales. Un Messi desorbitante. Con cinco goles en dos encuentros se convirtió en el mayor goleador de la historia de este torneo: dieciocho tantos en cinco mundiales y dos partidos. El equipo quedará primero en su grupo y es uno de los mejores equipos de la primera rueda.
Los primeros partidos mundialistas son traicioneros. En las once copas del mundo de los últimos cuarenta años, Argentina salió “mejor tercera” en 1990 y 1994, quedó afuera en Corea-Japón 2002, clasificó con un gol ante Nigeria en el minuto 86 en Rusia 2018, perdió el primer encuentro del 2022. No es poco estar como estamos.
En 2026 se juegan el doble de partidos que en 1986, porque participan el doble de equipos: cuarenta y ocho contra veinticuatro. Las primeras rondas construyen en nosotros una sensación holística de fútbol permanente. Generan adicción y necesidad. Eso es lo curioso: en algún momento empezamos a extrañar al Mundial. El primer día sin partidos, que será el 8 de julio, nos generará el vacío del fin. Como aquel 14 de junio, con Bioy Casares preparándose para vivir en un mundo sin Borges. Las despedidas son, en definitiva, esos dolores dulces.
Me gusta más que el rock
“El fútbol es popular porque la estupidez es popular”, Borges dixit, con la fineza del distinto y la maldad soberbia del distinguido. Jorge Luis, como ya dijimos, llegó a decretar el fin del fútbol en su cuento co-escrito con Bioy Casares. Hay algo curioso en la fecha elegida. Los autores dicen que el último episodio real de este deporte se dio el 24 de junio de 1937, cincuenta años exactos antes del nacimiento de Messi, que vio la luz ese mismo día de 1987 en Rosario.
Borges falleció en Suiza. Antes de su partida, frecuentaba la calle Corrientes. El poeta Roberto Alifano caminaba por allí junto a él cuando escuchó a una persona que gritaba desde un camión. “Borges, sos más grande que Maradona”. El escritor, que alguna vez había declarado “disculpe mi ignorancia” cuando le preguntaron si conocía a Diego, le dijo en privado a Alifano: “Estaría bien si lo gritaran en Estocolmo, tal vez podría influir en los académicos suecos”. A Borges no le dieron el Nobel. Diego no se llevó el balón de oro de 1986, reservado para jugadores europeos.
¿Por qué los ídolos son importantes? Como la poesía, no encuentran en la utilidad su mayor relevancia. Alguna vez Borges se enojó por una duda similar. “Dos personas me han hecho la misma pregunta: ¿para qué sirve la poesía? Y yo les he dicho: bueno, ¿para qué sirve la muerte? ¿para qué sirve el sabor del café? ¿para qué sirve el universo? ¿para qué sirvo yo? ¿para qué servimos? Qué cosa más rara que se pregunte eso, ¿no?”. Los ídolos son como la poesía.
¿Por qué Maradona y Messi? Porque fueron los únicos héroes de nuestros líos, respondería el Indio. Agregamos nosotros: porque generan la expectativa de que el mundo, en un par de minutos u horas, puede ser mejor de lo que es ahora. Un pueblo entero tuvo mejor vida a las dos de la tarde (horario mexicano) del 22 de junio de 1986, cuando terminaron los cuartos de final contra Inglaterra, que al mediodía de ese mismo día, cuando todo era nerviosismo. Teníamos mil elucubraciones sobre el debut de la selección en esta Copa del Mundo: en poco más de una hora y media y con tres goles ante Argelia, Messi cambió todas las dudas por sonrisas, como quien entrega y recibe figuritas para un álbum mundialista en Parque Rivadavia.
La definición puede darnos sensación de precisión, pero muchas otras solo implica límites. Cuarenta junios después, el paso de los años es parte del paisaje. En ese mes de 1986 murió Borges y brilló Diego. En este junio se fue el Indio y Messi renueva su contrato con la belleza. Los ídolos, perdonen la repetición, son como los poemas. “¿Qué es el tiempo? —se preguntó Borges, cerrando una conferencia con una cita de San Agustín—. Si no me preguntan qué es, lo sé. Si me preguntan qué es, no lo sé. Pienso lo mismo de la poesía”.
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La nueva economista jefe del FMI nació en Tucumán, se formó en la universidad pública de su provincia, obtuvo un doctorado en Harvard y terminó en la cúspide de la tecnocracia global. Silvana Tenreyro asumirá en agosto como consejera económica y directora del Departamento de Investigación del Fondo. En Washington la presentaron con el idioma prolijo de los organismos: excelencia académica, liderazgo intelectual y experiencia en política económica. Pero el apellido Tenreyro trae otra historia. Una que no entra fácil en un paper.
Tenreyro será una de las voces centrales del Fondo en un momento sensible para la Argentina. El organismo informó que reemplazará a Pierre Olivier Gourinchas y que asumirá el 10 de agosto. Kristalina Georgieva la definió como «globally respected economist» y destacó su experiencia en bancos centrales, academia e instituciones internacionales. El cargo no es decorativo: desde allí se ordena la mirada técnica del Fondo sobre inflación, crecimiento, deuda, comercio, crisis externas y programas de estabilización.
El currículum impresiona. Se recibió de economista en la Universidad Nacional de Tucumán en 1997. Después hizo una maestría en Harvard en 1999 y el doctorado en 2002. Sus directores fueron Alberto Alesina, Robert Barro y Kenneth Rogoff. No se fue por el kirchnerismo, como podría ordenar rápido alguna sobremesa porteña. Se fue antes. A los pocos meses de graduarse ya estaba en Massachusetts. La crisis de 2001 la encontró afuera, mirando desde Harvard el derrumbe de la convertibilidad y el país en llamas.
Antes había estudiado en el colegio Santa Rosa de Tucumán y había trabajado como asistente de investigación de Víctor «Turco» Elías, uno de los economistas tucumanos más reconocidos. La Gaceta la presentó en 2017 como una «chica 10» tucumana cuando fue designada en el Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra. En esa nota se recordaba que había obtenido uno de los mejores promedios en la UNT y que ya tenía experiencia en bancos centrales.
Su carrera después tuvo escala global. Fue economista de la Reserva Federal de Boston entre 2002 y 2004. En 2004 entró a la London School of Economics. Fue lecturer, reader, profesora y desde 2025 ocupa la cátedra James E. Meade. Integró el Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra entre 2017 y 2023. También fue miembro externo del comité del Banco Central de Mauricio entre 2012 y 2014, visitante académica del Banco Central Europeo y parte del grupo asesor externo de la directora gerente del FMI desde 2023.
Tenreyro será una de las voces centrales del Fondo en un momento sensible para la Argentina. El cargo de economista jefe del FMI no es decorativo: desde allí se ordena la mirada técnica del Fondo sobre inflación, crecimiento, deuda, comercio, crisis externas y programas de estabilización.
La lista sigue. Fue presidenta de la European Economic Association entre 2021 y 2022. Es fellow de la British Academy, de la Econometric Society y de la Royal Economic Society. En 2023 recibió la distinción de Comandante de la Orden del Imperio Británico por sus servicios a la economía. Ganó el premio Yrjö Jahnsson en 2021, el Birgit Grodal en 2022 y el Bernhard Harms en 2025. Tiene publicaciones sobre política monetaria, comercio internacional, volatilidad, desarrollo, Brexit, dominancia del dólar, fragmentación comercial e inflación.
Su producción no es la de una economista de manual. Trabajó sobre cómo la política monetaria se transmite a la economía real. Es decir, cómo una tasa no queda encerrada en una planilla: pega sobre empleo, salarios, producción y demanda. En una entrevista con Martín Kanenguiser, en Infobae, dijo que su objetivo era entender «cómo se transmite la política monetaria a la economía real». También marcó que las rigideces salariales son clave para explicar el efecto de una baja de tasas sobre empleo y producción.
En esa misma conversación defendió «la apertura al comercio internacional» como una vía para diversificar shocks domésticos. Su argumento fue que las economías más ricas y abiertas tienden a ser «menos volátiles» porque tienen más compradores, más proveedores y tecnologías más variadas. También sostuvo que, en una crisis, las políticas monetarias y fiscales óptimas son contracíclicas, y que idealmente debería verse una «expansión fiscal y monetaria». Un razonamiento bastante menos lineal que el reflejo pavloviano de cortar gasto ante cualquier incendio.
La propia Tenreyro explicó alguna vez por qué estudió economía. Dijo que quería trabajar en políticas para combatir pobreza, desigualdad, desempleo e inflación. Y dejó una frase que ahora toma otro peso: «mi abuelo, desaparecido en el 76, era también economista». Ese abuelo era Juan Eduardo Tenreyro, funcionario del gobierno peronista de Amado Juri en Tucumán.
Los registros de organismos de Derechos Humanos ubican a Juan Eduardo Tenreyro Díaz como detenido desaparecido. El Parque de la Memoria consigna que fue secuestrado el 24 de marzo de 1976 en San Miguel de Tucumán, que tenía 64 años y que era contador público nacional. Según consta en la Comisión Bicameral de Tucumán fue Seecretario de Hacienda de Amado Juri. O sea, era parte del poder constitucional tucumano que Antonio Domingo Bussi vino a arrasar.
La propia Tenreyro explicó alguna vez por qué estudió economía. Dijo que quería trabajar en políticas para combatir pobreza, desigualdad, desempleo e inflación. Y dejó una frase que ahora toma otro peso: «mi abuelo, desaparecido en el 76, era también economista». Ese abuelo era Juan Eduardo Tenreyro, funcionario del gobierno peronista de Amado Juri en Tucumán.
La Comisión Bicameral describió la represión contra el gobierno justicialista de Tucumán como una ofensiva directa contra las autoridades constitucionales. Amado Juri estuvo detenido casi tres años. Funcionarios, legisladores y dirigentes fueron encarcelados, torturados, perseguidos o desaparecidos. En esa lista aparecen Dardo Molina, Juan Eduardo Tenreyro, Guillermo Vargas Aignasse y José Chebaia, entre otros. No fue sólo una cacería ideológica. Fue también la demolición de un elenco político completo.
En noviembre de 2003, el fiscal federal Emilio Ferrer acusó al ex gobernador Antonio Bussi por el secuestro y la desaparición de Juan Eduardo Tenreyro. Bussi ya estaba detenido por la desaparición del ex senador peronista Guillermo Vargas Aignasse. Ferrer sostuvo que el militar tenía una responsabilidad penal «fuera de toda discusión y duda» y pidió además la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final por inconstitucionales.
El operativo contra Tenreyro fue en la madrugada del golpe. Según el expediente, lo secuestraron en su casa de avenida Mitre 224. Los hombres que llegaron se identificaron como policías y se movían en un Ford Falcon. Pocos minutos después apareció personal del Ejército bajo las órdenes del mayor Capitán, con la excusa de cumplir una orden de detención. Para el fiscal, ese grupo no iba a detenerlo. Iba a comprobar que la misión hubiera salido bien.
Juan Gelman reveló un ángulo todavía más oscuro en una contratapa de Página/12 publicada a fines de los noventa. El texto se tituló «Revisiones» y retomó el testimonio de Andrés Francisco Valdez, un preso por delitos comunes que dijo haber actuado como asesor de inteligencia. Gelman escribió que Valdez había viajado a Tucumán enviado por el Batallón 601 y que había quedado bajo las órdenes del coronel Ramón Fernández.
En esa columna, Gelman citó la declaración de Valdez sobre Chebaia, Vargas Aignasse, Dardo Molina y Tenreyro. Según ese relato, Tenreyro fue interrogado el 27 de marzo en la Jefatura de Policía. Valdez dijo que la orden había sido de Bussi y que luego fue «muerto y fondeado». Gelman subrayó además una confusión reveladora: Valdez hablaba del dique «El Acheral», aunque en Acheral no hay dique. La referencia real, escribió, conducía al Cadillal.
Gelman agregó otra hipótesis, más incómoda todavía. En Tucumán, escribió, era «secreto a voces» que Chebaia y Tenreyro habían sido secuestrados por tierras en Taco Ralo con las que terminaron quedándose militares. La represión, entonces, no sólo disciplinaba cuerpos y partidos. También iba a por las propiedades y los negocios.
Ahí está el pliegue de la historia. La nieta de un funcionario peronista desaparecido por Bussi llega a la jefatura económica del FMI. La casa que durante décadas le habló a la Argentina de equilibrio, disciplina y reformas ahora tendrá como principal voz técnica a una tucumana cuya biografía familiar remite al costado más brutal del poder económico y militar.
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