Sociedad

  • Caputo le aviso al banco de los bonistas que el viernes paga: el Central compró USD 83 millones

     

    El Gobierno formalizó el aviso de pago a los bonistas que deberá concretarse el próximo viernes. Cumplió con el trámite administrativo, pero todavía no tiene todos los USD 4.300 millones que deberá depositar.. 

     Este martes el Banco Central volvió a comprar dólares, esta vez por una suma importante: USD 83 millones. Las estimaciones del mercado dan cuenta de un volumen de USD 578 millones operados, por lo que el BCRA compró en forma directa alrededor de un 7% del total, en línea con la nueva política monetaria que impuso el FMI.

     El aviso de pago de Economía fue presentado ante el Bank New York Mellon, representante de los acreedores. Con esa decisión, el Palacio de Hacienda buscó despejar cualquier duda de pago. Pero es una señal al mercado, no una transferencia efectiva. 

    La verdadera historia no está en el anuncio sino en la ingeniería financiera contrarreloj para llegar a los USD 4.300 millones. Por eso las miradas de la City se corrieron de inmediato hacia las fuentes de financiamiento. 

    El Congreso de EEUU advierte que Argentina se enfrenta a un default o una devaluación

    Al cierre de 2025, según los registros oficiales, el Tesoro tenía depositados en el Banco Central USD 1.963 millones. Menos de la mitad de lo necesario para cubrir el vencimiento.  Pero esos depósitos muestran una dinámica inestable. En las últimas semanas del año crecieron con fuerza y luego volvieron a caer. Hubo fuertes variaciones diarias producto de compras y ventas de divisas realizadas por Caputo para frenar el dólar. 

    En el Palacio Hacienda esperan ahora otro ingreso clave. Este martes deberían entrar USD 703 millones por la privatización de las represas del Comahue. Ese monto ayudaría a achicar el bache, pero no lo elimina. 

    Parte del monto se explica por la colocación del bono en dólares AN29, lanzado el 10 de diciembre. Esa fallida emisión permitió captar apenas USD 910 millones a una tasa superior al 9%. Caputo esperaba juntar un piso de USD 1.500 millones. Además tuvo un costo político y financiero: tensó aún más la relación del Gobierno con los bancos locales. En el sistema financiero local admiten que el AN29 fue leído como una señal incómoda. No solo por el esfuerzo que implicó absorberlo, sino porque profundizó los reclamos cruzados.  

    En el Palacio de Hacienda esperan ahora otro ingreso clave. Este martes deberían entrar USD 703 millones por la privatización de las represas del Comahue. Ese monto ayudaría a achicar el bache, pero no lo elimina. Incluso sumando todo, queda un faltante cercano a los USD 2.000 millones. Ahí aparece el tramo más delicado. 

    El secretario del Tesoro, Scott Bessent.

    Una de las opciones en danza es el swap del Tesoro norteamericano, pero esa vía quedó bajo una lupa incómoda tras un informe del Congreso de Estados Unidos. El documento fue lapidario: cuestiona la discrecionalidad en el uso del Fondo de Estabilización Cambiaria y sugiere acortar plazos, exigir reportes casi inmediatos y reforzar el control legislativo sobre este tipo de financiamiento. El mensaje de Washington es inequívoco. Menos margen para acuerdos opacos y más exigencias de transparencia. Incluso se plantea la posibilidad de divulgar los términos y condiciones de los acuerdos con gobiernos extranjeros y evaluar los riesgos que esos programas implican para los fondos involucrados. 

    Sospechan que el Banco Central pagó el vencimiento de Bopreal de USD 1.000 millones con depósitos de las personas

    Con ese telón de fondo, el escenario que gana terreno es un repo con bancos internacionales. Se habla de unos USD 2.000 millones, a tasas muy elevadas y con garantías todavía poco claras. En los despachos circula la versión de un bono bajo legislación local, aunque justamente ese punto genera dudas entre los potenciales prestamistas. 

    En Economía repiten que nadie duda del pago. Y el mercado coincide. El default no está en el escenario base. El problema es el costo. 

    El peor resultado es seguir drenando reservas, que ya acumulan un rojo superior a los USD 16.000 millones. En ese caso, el pago se haría igual, pero a costa de profundizar el deterioro del Banco Central. Ya ocurrió con el Bopreal, cuando se usaron depósitos de la gente

     Los números lo confirman. Las reservas brutas cerraron este lunes en USD USD 44.187  millones, pero las reservas netas siguen en negativo, cerca de los USD 16.000 millones. La diferencia no es contable: es estructural. De ese total, USD 14.000 millones pertenecen al FMI y están bloqueados para uso doméstico; otros USD 18.000 millones corresponden al swap con China, del cual una tercera parte ya fue utilizada. El resto, lo que queda disponible, son los encajes, es decir depósitos en dólares de la gente, que el Central inmoviliza. 

     

  • Un nuevo mapa para el patio trasero

     

    Es el día después de la captura de Nicolás Maduro. Donald Trump da una breve entrevista telefónica a The Atlantic. No deja lugar a dudas: lo de Venezuela no abre una transición democrática. Tampoco reconoce a Delcy Rodríguez como autoridad real. “Nosotros estamos a cargo”. El presidente de Estados Unidos fija el marco: Venezuela es un protectorado donde el petróleo, las carreteras, los puentes, las elecciones y hasta el ritmo de la violencia quedan bajo la órbita de Washington. Llama al hemisferio occidental “nuestro patio trasero”, promete “arreglar países rápido”, imponer “acceso total” a recursos estratégicos y advierte que quien no obedezca enfrentará algo “peor” que Maduro. 

    Trump habla desde su club de golf en West Palm Beach, de excelente humor, y le aclara al periodista que Venezuela puede no ser la última intervención estadounidense. “Necesitamos a Groenlandia”, dice sobre la isla que pertenece a Dinamarca, aliado de la OTAN. El día anterior había amenazado a los presidentes de Colombia, México y Cuba. No mencionó en ningún momento a China. Ese es el significante ausente, lo real no dicho: con Trump no hay medias tintas; cuando no nombra algo, es porque ahí está el corazón del asunto.

    En su primer año de regreso a la Casa Blanca, Trump desplegó en América Latina una política exterior pendenciera a cielo abierto y sin tapujos. Espectacularidad punitiva, disciplinamiento a países, tutelajes a aliados presentados como recompensas, acuerdos precarios y de servilleta y alineamientos forzados. Impuso aranceles a México mientras exigía control de su política migratoria e intervención militar contra los cárteles; recibió a Nayib Bukele en la Casa Blanca que acogió a los inmigrantes deportados en sus cárceles; endureció sanciones y aranceles a Nicaragua; castigó a Brasil con aranceles y sanciones contra el juez Alexandre de Moraes del Tribunal Supremo Federal —luego retiradas— mientras negoció alivios a cambio de acceso a minerales críticos; en Honduras indultó a Juan Orlando Hernández, condenado en Estados Unidos a prisión perpetua por narcotráfico, y respaldó abiertamente al candidato opositor Nasry Asfura que hoy es presidente electo.

    La lista continúa. Exigió a Panamá la salida de empresas chinas del Canal tras amenazar con anexarlo; retiró el reconocimiento a Colombia como socio en la “guerra contra las drogas” y sancionó al presidente Gustavo Petro; en Argentina otorgó un rescate financiero estratégicamente sincronizado para respaldar a Javier Milei antes de las elecciones legislativas; activó un bloqueo petrolero contra Venezuela con impacto directo sobre Cuba, a la que volvió a designar “Estado patrocinador del terrorismo”. Y el 3 de enero, tras 35 ataques previos a embarcaciones en el Caribe y el Pacífico que dejaron 115 ejecuciones extrajudiciales, ordenó el primer bombardeo estadounidense contra un país sudamericano, Venezuela, y capturó a Maduro. El emblema Nuestro hemisferio sintetiza el ideal y el proyecto: una región de Estados vasallos gobernados por premios, castigos y tutela directa de Washington.

    El siglo XIX como manual para gobernar el XXI

    Este ejercicio descarnado del poder de Trump tiene una inspiración. “Todo se remonta a la Doctrina Monroe. (…) Ahora la llaman el Documento Donroe”, señaló  en la conferencia de prensa del 3 de enero. El paso de Monroe a Donroe no es un simple juego verbal, sino el síntoma de algo más profundo: el llamado “Corolario Trump” no revive la doctrina proclamada en 1823 por el presidente James Monroe, la desfigura y la amplifica, revelando la fascinación del presidente por la política exterior estadounidense del siglo XIX y su creencia de que aquel mundo de esferas de influencia rígidas y jerarquías imperiales puede ser restaurado en pleno siglo XXI.

    La Doctrina Monroe, enunciada dos siglos atrás como una advertencia defensiva y preventiva frente a la posible recolonización europea en un contexto de tensiones con Rusia en el noroeste de América del Norte, la restauración monárquica impulsada por la Santa Alianza y el temor a que esas potencias extendieran su control sobre una América Latina recién independizada, fue durante décadas más una declaración simbólica que una política ejecutable. Cuando el Reino Unido ocupó las Islas Malvinas en 1833 violó esta doctrina –pese a las protestas de Argentina— y Estados Unidos se limitó a observar, dejando que Londres consolidara su control.

    Tras la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898 y, sobre todo, a partir del bloqueo europeo a Venezuela en 1902, Washington pasó de intentar evitar interferencias externas a arrogarse el derecho de intervenir activamente para “corregir” a los países de la región. Este giro se cristalizó en el Corolario de Teodoro Roosevelt de 1904, que legitimó la intervención militar ante “conductas incorrectas” o incumplimientos financieros, convirtió a Estados Unidos en gendarme hemisférico, abrió la puerta a más de treinta intervenciones entre 1898 y 1934, se enlazó con el mito del destino manifiesto —la creencia de que Washington está destinado a una expansión continental y a dominar el hemisferio entero—, y transformó la vieja advertencia a Europa en un dispositivo ofensivo de tutela y disciplinamiento regional, frente al cual surgieron respuestas como la doctrina Drago en defensa de la soberanía latinoamericana (1).

    Trump recicla el mismo espíritu de cruzada (2). Admira al Corolario Roosevelt, pero adaptado a la competencia con China: América Latina es un espacio donde Estados Unidos debe impedir la expansión de un rival estratégico. Es una versión contemporánea del “América para los norteamericanos”, ahora formulada como “el hemisferio es parte de nuestra seguridad nacional”. En la nueva Estrategia de Seguridad Nacional —publicada en diciembre de 2025—, la región aparece más subordinada que nunca a la rivalidad con China: no es prioritaria por sí misma, sino por su valor económico, energético, migratorio y geopolítico para sus competidores. El lenguaje de democracia y derechos humanos se desvanece y es reemplazado por una gramática de ventaja económica, control de recursos estratégicos, seguridad fronteriza y alianzas transaccionales. Frente a otros documentos de las últimas décadas, la versión 2025 es abiertamente mercantilista, unilateral y jerárquica: América Latina ya no es un socio a promover, sino una frontera inmediata de seguridad nacional.

    Respecto del ciclo Clinton–Obama, el quiebre es triple: primero, una desideologización liberal que sepulta el discurso de “valores compartidos”; segundo, el reemplazo de la cooperación por el transaccionalismo condicionado, donde Washington premia a los países “capaces y confiables” que abran mercados y recursos; tercero, la regionalización de la competencia con China, que convierte cada iniciativa latinoamericana en un test de alineamiento —si favorece o limita la penetración china en tecnología, energía, minerales críticos o puertos—. De allí se desprenden tres prioridades: contener y desplazar la influencia china en sectores estratégicos (infraestructura, 5G, minerales, energía); reconfigurar los vínculos económicos en favor de empresas estadounidenses, mediante acuerdos bilaterales de nearshoring (relocalización de cadenas de valor dominadas por Washington y definidas por proximidad geográfica) y energía; y blindar la seguridad interna, reforzando control migratorio y presión sobre gobiernos considerados inestables u hostiles. No hay ambición de reconstruir instituciones regionales ni de revitalizar la cooperación: el nuevo esquema apuesta a alineamientos selectivos, puntuales y transaccionales, instrumentalizando antagonismos en la región y obstruyendo mecanismos regionales autónomos —como la CELAC— para sostener la hegemonía hemisférica.

    Trump se propone tejer una red de subordinados regionales —gobiernos MAGA o no MAGA— dispuestos a habilitar la injerencia en sus políticas internas para alinearlas con los intereses estadounidenses. La estrategia premia a gobiernos, partidos y movimientos que aceptan este marco y no descarta pactos instrumentales con actores ideológicamente disímiles si garantizan control territorial, seguridad y cadenas de valor. La prioridad ya no es la democracia, sino una estabilidad “cómoda y tolerable” y la disciplina geopolítica del patio trasero frente a China. 

    En paralelo, impulsa un repliegue militar global para concentrarse en el hemisferio, refuerza la Marina y la Guardia Costera y pone en operación un comando hemisférico de facto y unificado en reemplazo del Comando Sur. Despliega por primera vez casi un tercio de su flota naval en el Caribe para atacar embarcaciones supuestamente “narcoterroristas” en el Pacífico y el Caribe; aplica diplomacia económica con acuerdos basados en premios y castigos para relocalizar cadenas de valor y favorecer a empresas estadounidenses y bloquear competidores; y multiplica intercambios de defensa que incluyen ventas de armas, inteligencia y coordinación sobre políticas migratorias y de seguridad. 

    En conjunto, el Corolario Trump redefine a América Latina como un “espacio tutelado”, subordinado a la preeminencia de Estados Unidos, erosionando el principio de igualdad soberana: reconoce el fin del momento unipolar, asume que Washington ya no puede —ni quiere— ser hegemón global y opta por una hegemonía hemisférica explícitamente transaccional.

    ¿El retorno de las esferas de influencia?

    En una reciente investigación, Bradley Nelson (2025) señala que la política exterior de Trump se apoya en las esferas de influencia, entendidas como regiones, o partes de regiones, en las que las grandes potencias ejercen una influencia significativa —diplomática, económica y militar— sobre las políticas exteriores de otros Estados y, en ocasiones, sobre sus procesos internos. Las grandes potencias buscan estas esferas por los beneficios estratégicos que proporcionan o potencian, como recursos, materias primas, zonas de amortiguamiento, capacidades de proyección de poder y seguridad. (3)

    Nelson sostiene que la Casa Blanca persigue activamente una doctrina de predominio estadounidense en el hemisferio occidental, al tiempo que se retrae de la mayor parte del resto del mundo, cediendo esas áreas al expansionismo de Rusia y China, a cambio de relaciones bilaterales más calmas. El efecto es que Estados Unidos debilita y abandona el orden occidental surgido tras la Segunda Guerra Mundial, que dio lugar a numerosas instituciones, normas y reglas internacionales y que ayudó decisivamente a sostener dicho sistema, en favor de un mundo tripolar —Estados Unidos, Rusia y China— dominado por el poder, la fuerza y la coerción.

    Según esta lógica, Estados Unidos reclama exclusividad sobre el hemisferio occidental —Rusia y China no se meten en Venezuela— y, a cambio, asume implícitamente que no intervendrá directamente en los espacios vitales de sus rivales —Ucrania para Rusia, Taiwán para China—, un esquema en el que cada gran potencia aspira a ser hegemón regional y a impedir que otros lo logren. América Latina se configura así como el área de influencia natural de Estados Unidos, equivalente a lo que Rusia reclama en Eurasia o China en su periferia marítima. Aunque la idea parece sencilla, resulta paradójica: se trataría de un trueque geopolítico de esferas que se perciben como territorios cerrados en un mundo globalizado, atravesado por redes económicas, tecnológicas y financieras interdependientes.

    La Nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NES) de 2025 plasma estas prioridades, situando al Hemisferio Occidental en el epicentro de atención. Allí, el discurso oficial apunta a drogas y migración, pero la preocupación real es China, incluso más que Rusia, mientras se minimiza el apoyo directo a los aliados europeos. Aunque el documento no lo diga, este reordenamiento encaja con la tesis del académico realista John Mearsheimer en The Tragedy of Great Power Politics (2001): Estados Unidos es el único hegemón regional de la historia y busca impedir que otras grandes potencias dominen sus propias regiones, lo que establece un orden de prioridades: primero el Hemisferio Occidental, luego Indo-Pacífico, después Europa, más lejos Oriente Medio y, al final, África (4).

    En coherencia con este marco, la NES exige restaurar la “preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental” y bloquear cualquier intento de competidores extrahemisféricos de controlar activos estratégicos: el hemisferio es “nuestro” y Estados Unidos se reserva el derecho exclusivo de protegerlo. En el Indo-Pacífico, China se reconoce como rival sistémico, pero su contención se plantea como una responsabilidad compartida, presionando a Japón, Corea del Sur, Taiwán, Australia e India para aumentar gasto militar y cooperación. De este modo, la NES no describe, como hacía Mearsheimer, una posición de poder ya consolidada, sino que prescribe cómo debería mantenerse. Sin embargo, no pareciera que este diseño de hegemonía hemisférica rígida, combinado con la externalización de costos en Asia y Europa, pueda sostenerse en un mundo cada vez más policéntrico y post-occidental.

    Como reconoce el propio Mearsheimer, su tesis, el “realismo ofensivo”, no es una creación propia: sus raíces se remontan a la Primera Guerra Mundial y a G. Lowes Dickinson, cuando la disciplina de Relaciones Internacionales surge al calor de la Liga de las Naciones. Parte de la premisa de un sistema internacional anárquico, en el que todos los Estados poseen capacidades ofensivas, desconocen las intenciones de los demás y priorizan la supervivencia, lo que los impulsa racionalmente a maximizar su poder relativo. Predomina así un sesgo revisionista: las potencias insatisfechas tienden a iniciar conflictos porque quienes ganan pueden aspirar a la hegemonía. De esta lógica se deriva que el objetivo óptimo sea convertirse en hegemón regional e impedir que otros lo logren, mediante guerra preventiva y control de esferas de influencia, entre otras herramientas. El conflicto no aparece como una anomalía moral, sino como una consecuencia estructural del sistema (5).

    Esta doctrina del control de esferas de influencia surge primero como práctica histórica de las grandes potencias y luego se teoriza en el marco del realismo clásico de Hans Morgenthau y el realismo ofensivo de Mearsheimer. Su origen moderno se remonta al siglo XIX, cuando imperios europeos y Estados Unidos comienzan a dividir el mundo en zonas de primacía reconocida: el Concierto de Europe tras 1815, la Doctrina Monroe en 1823, la expansión británica en el Índico y el reparto colonial de África en Berlín en 1884-85. Estas esferas no eran sólo territoriales, sino que implicaban control político, financiero, comercial y militar, bajo la premisa de que cada gran potencia debía contar con un “espacio vital” libre de rivales. Durante la Guerra Fría, esta práctica se institucionaliza: el bloque soviético en Europa del Este y la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental son ejemplos canónicos de esferas de influencia reconocidas de facto.

    Para América Latina, el regreso de esta biblia realista ofensiva significa aceptar que no hay lugar para la autonomía de los estados más débiles, ni para el multilateralismo ni para el derecho internacional que pudiera protegerlos. De acuerdo con Mearsheimer, “a Estados Unidos le conviene ser la única potencia hegemónica regional del mundo. No queremos que ningún otro país domine su continente, porque así podrían incursionar en el nuestro sin preocuparse por la geopolítica de su entorno”. Rige entonces la ley del más fuerte.

    El precio de una doctrina mal envejecida

    Aunque Trump pareciera actuar sin freno, la doctrina de las esferas de influencia enfrenta hoy límites estructurales. Su eficacia se reduce porque el orden internacional ya no es solo territorial, sino económico, tecnológico y planetario: las cadenas de suministro globales y la digitalización hacen casi imposible “cerrar” una región frente a un actor externo. A esto se suma la falta de reconocimiento mutuo global: Estados Unidos no respeta la “zona de seguridad” rusa, China no acepta la primacía estadounidense en su periferia marítima y Washington rechaza la presencia china en América Latina. Sin este acuerdo tácito, la doctrina funciona de manera unilateral, generando fricciones y rivalidades más que estabilidad. La estrategia de Trump combina la herencia de la Doctrina Monroe con la lógica moderna de esferas de influencia, pero aplicada a un mundo donde las “zonas exclusivas” son disputadas, porosas y difíciles de sostener; por eso, su viabilidad práctica resulta, en el mejor de los casos, severamente limitada.

    Por otro lado, existen costos inevitables. Mantener a las grandes potencias fuera del hemisferio occidental es complicado: varios gobiernos latinoamericanos pueden buscar cooperación con China, Rusia u otras potencias, aún sin intenciones de desafiar la hegemonía estadounidense. Concentrar recursos en dominar América Latina podría limitar la capacidad de Estados Unidos para contrarrestar rivales en otras regiones y generar resentimiento regional. La estrategia corre el riesgo de transformarse en un auténtico pantano estratégico, donde la búsqueda de estabilidad sin incentivos —“accesos sin zanahoria”— ni consensos termina por socavar la propia preeminencia de Estados Unidos.

    Si bien las potencias buscan estas zonas para protegerse de rivales cercanos, la lógica clásica puede generar dilemas de inseguridad, efectos de escalada, división de bloques enfrentados, alineamientos cruzados y antagonismos irreconciliables. La concepción tradicional de esfera, pensada como control territorial, se ve tensionada por una globalización fragmentada que limita la legitimidad de cualquier intento de dominio exclusivo. Se trata de una doctrina mal envejecida, estructuralmente insuficiente para sostener una cruzada eficaz contra China en el siglo XXI. La interdependencia económica erosiona la lógica territorial clásica. A diferencia de la Guerra Fría, China no necesita bases militares en el hemisferio occidental para influir: controla nodos críticos de comercio, financiamiento, tecnología e infraestructura a través de cadenas de valor globales. Las esferas concebidas como zonas geográficas cerradas resultan inoperantes frente a redes transnacionales de producción, finanzas y datos.

    Además, la doctrina sobrestima la coerción unilateral. Parte de la premisa de que un hegemón regional puede excluir rivales de su área vital, pero hoy los Estados medianos tienen mayor margen de maniobra que en el siglo XIX o la Guerra Fría; México, Brasil, Argentina, Colombia o Chile pueden diversificar alianzas y negociar entre potencias rivales, practicando diplomacia de “hedging” (cobertura) o de equilibristas con agencia propia, aprovechando oportunidades de ambas potencias. Exige más de lo que puede, pues padece de un déficit de legitimidad: la doctrina presupone obediencia, pero en contextos democráticos, poscoloniales y policéntricos, donde la imposición externa genera resistencia, desgaste de élites aliadas y costos reputacionales crecientes.

    En suma, se trata de una práctica que privilegia el poder duro y subestima el poder blando y la gobernanza. China compite no solo con coerción, sino con financiamiento, infraestructura, transferencia tecnológica, promesas de desarrollo y respaldo a espacios multilaterales; la mera negación de accesos no genera alternativas creíbles ni reemplaza el atractivo estructural de Pekín. La lógica de la hegemonía regional asume, además, que Estados Unidos puede replegarse sobre su hemisferio y externalizar costos en otras regiones, cuando la competencia con China es sistémica y simultánea: atraviesa Asia, América Latina, África, Europa y el ciberespacio. En este contexto, no existe “retaguardia segura” en un orden global poblado por actores estatales y grandes empresas tecnológicas con alcance transnacional y con riesgos de escala planetaria.

    La cruzada estadounidense contra China no fracasa por falta de voluntad geopolítica, sino porque intenta librarla con manuales del siglo XIX y buena parte del XX —inflación de amenazas, intervenciones cruentas, tutelajes y ahora bombardeos, invasiones e imposición de protectorados— frente a un competidor que opera con redes, interdependencias y penetración capilar del siglo XXI. Resulta casi irónico que, al seguir al pie de la letra el manual del realismo ofensivo —mantener a Estados Unidos como amo absoluto del hemisferio occidental y vigilante de que ningún rival domine otra región—, Washington acabe atrapado en su propio pantano, incapaz de cumplir cualquiera de las dos metas.

    1. Luis María Drago, canciller de Argentina entre 1902 y 1903 durante la presidencia de Julio Argentino Roca, formuló en respuesta al bloqueo naval de Gran Bretaña, Alemania e Italia en 1902-1903 a Venezuela: sostenía que ningún país extranjero podía usar la fuerza para cobrar deudas soberanas en la región, defendiendo así la soberanía latinoamericana frente a potencias extranjeras.
    2. Malacalza, B. (2025). Las cruzadas del siglo XXI: Cómo la colosal disputa entre China y Estados Unidos está transformando América Latina (y nosotros no nos enteramos). Siglo XXI Editores.
    3.  Nelson, B. (2025). Donald Trump’s Spheres of Influence Strategic Doctrine. Journal Of Global Strategic Studies: Jurnal Magister Hubungan Internasional, 5(1), 1-27.
    4. Katz, M. N. (2025, 19 de diciembre). The Mearsheimer logic underlying Trump’s National Security Strategy. E‑International Relations. 
    5. Ulloa, A. (2021). Realismo estructural. En J. A. Schiavon et al. (Eds.), Teorías de las relaciones internacionales en el siglo XXI. México, CIDE.

    La entrada Un nuevo mapa para el patio trasero se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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    EEUU admite que el “cártel de los soles” no existe y deja expuesta la obsecuencia de Bullrich

     

    La propia justicia estadounidense reconoció en las últimas horas que el llamado “Cártel de los Soles” nunca fue una organización real. La admisión dinamita uno de los pilares con los que Washington justificó la captura de Nicolás Maduro y deja en evidencia el seguidismo acrítico del Gobierno argentino, que llegó a declarar “terrorista” a un ente que hoy EE.UU. reconoce como inexistente.

    Por Roque Pérez para NLI

    Durante años, Estados Unidos construyó una narrativa judicial y mediática alrededor del supuesto Cártel de los Soles, presentado como una estructura narcoterrorista organizada, jerárquica y liderada por Nicolás Maduro. Esa figura fue utilizada para imponer sanciones, escalar la confrontación con Venezuela y, finalmente, respaldar la detención del mandatario venezolano.

    Sin embargo, esa construcción empezó a derrumbarse desde adentro. En una acusación judicial revisada y difundida tras la captura de Maduro, el Departamento de Justicia de EE.UU. eliminó la afirmación de que el Cártel de los Soles sea una organización real, reconociendo de manera tácita lo que especialistas vienen señalando desde hace décadas.

    Un invento periodístico reciclado como causa judicial

    Según expertos en crimen organizado y narcotráfico en América Latina, el “Cártel de los Soles” nunca describió una organización concreta, sino que fue un término coloquial surgido en Venezuela en los años 90, utilizado por medios locales para aludir de manera genérica a funcionarios militares o civiles sospechados de corrupción vinculada al narcotráfico.

    La nueva acusación estadounidense abandona la idea de un cartel estructurado y pasa a definirlo como un “sistema de clientelismo” y una “cultura de corrupción”, sostenida por el dinero de las drogas. Ya no hay jefes, ni organigrama, ni comando criminal: solo una descripción política y difusa, muy lejos de la figura de organización terrorista que se vendió durante años.

    El contraste es brutal: donde antes el expediente mencionaba decenas de veces al Cártel de los Soles como entidad real, ahora apenas aparece como una referencia secundaria, sin entidad jurídica ni criminal autónoma.

    El silencio incómodo tras la detención de Maduro

    La rectificación llega después de la detención de Maduro, lo que expone la fragilidad del andamiaje legal con el que se justificó la operación. Aunque los fiscales estadounidenses mantienen acusaciones por narcotráfico y conspiración, el eje central que presentaba a Maduro como líder de una organización terrorista directamente se desmoronó.

    En otras palabras: primero capturaron al presidente venezolano y después admitieron que la organización terrorista que decían combatir no existía.

    Bullrich y el seguidismo automático

    En este contexto, el papel del Gobierno argentino roza el bochorno. En 2025, la Argentina incluyó al “Cártel de los Soles” en su registro oficial de organizaciones terroristas, siguiendo casi de manera calcada la línea discursiva de la administración Trump.

    La decisión fue impulsada por Patricia Bullrich, que se subió sin matices a la narrativa estadounidense y declaró terrorista a un “cartel” que hoy EE.UU. admite que nunca fue tal. No hubo investigación propia, ni evaluación independiente, ni fundamentos jurídicos sólidos: solo copia y obediencia.

    Con la admisión del Departamento de Justicia estadounidense, la designación argentina queda completamente vaciada de sustento, dejando expuesta una política exterior subordinada, más preocupada por agradar a Washington que por sostener criterios legales serios.

    Un precedente peligroso

    El episodio abre interrogantes graves. ¿Cuántas decisiones en materia de seguridad, terrorismo y política internacional se toman en la Argentina replicando construcciones ajenas sin verificación propia? ¿Qué valor tienen las listas de “organizaciones terroristas” si se basan en conceptos que ni siquiera el país que los impulsó sostiene?

    Mientras algunos funcionarios estadounidenses, como Marco Rubio, siguen repitiendo el libreto viejo, los propios documentos judiciales desmienten esa narrativa. La contradicción es evidente y deja al descubierto el uso político del derecho penal internacional.

    Cuando la realidad alcanza al relato

    La admisión de que el “Cártel de los Soles” no existe como organización real no limpia las acusaciones que EE.UU. mantiene contra dirigentes venezolanos, pero sí desnuda una construcción discursiva inflada, funcional a la geopolítica y carente de rigor.

    Para la Argentina, el saldo es claro: otro papelón internacional, otra muestra de alineamiento automático y otra decisión que hoy queda en ridículo por haber seguido, sin chistar, una ficción que ya ni sus propios autores sostienen.

     

  • Trump ya no considera una organización real al Cartel de los Soles y deja en ridícula a Patricia

     

    Tras la caída de Nicolás Maduro, el gobierno de Donald Trump ya no considera como un grupo real al denominado «Cartel de los Soles» que supuestamente lideraba el expresidente y manejaba el narcotráfico en Venezuela. La decisión deja en ridícula a Patricia Bullrich que los declaró «organización terrorista».

    El diario The New York Times reveló que el Departamento de Justicia de los Estados Unidos se retractó de la calificación sobre el llamado Cartel de los Soles, una de las excusas que utilizó Trump para atacar Venezuela y capturar a Maduro. El Departamento de Estado, que conduce Marco Rubio, lo había declarado el año pasado como una organización terrorista.

    Tras la detención de Maduro, Justicia publicó una acusación en la que deja de lado sus postulados anteriores sobre el Cartel de los Soles y ya no habla de una organización narcocriminal si no de un «sistema clientelar» y una «cultura de corrupción» alimentada por el dinero del narcotráfico.

    El medio destaca que en su anterior acusación Justicia se refiere 32 veces al Cartel de los Soles y describe a Maduro como su líder, pero ahora sólo lo menciona dos veces. Expertos en seguridad consultados por NYT dicen que Cartel de los Soles es un término coloquial inventado por los medios venezolanos.

    El giro de la negociación de Trump con el chavismo dejó en offside a Milei 

    Una experta en seguridad explicó al medio que el cambio en los términos utilizados por el Departamento de Justicia obedece a que la acusación no podría corroborarse en los tribunales, lo que no implica que puedan existir pruebas que vinculen a Maduro con el narcotráfico. Pero el Cartel de los Soles ni siquiera figuraba en los informes anuales de la DEA ni la ONU.

    Semanas atrás, el NYT ya había dado cuenta de la debilidad que tenían las referencias al Cartel de los Soles. «No es una organización en sentido literal», decían expertos en narcotráfico. «La organización no existe como tal», afirmaba un analista, y el medio agregaba que era una forma «peyorativa» y «burlona» de referirse a los militares venezolanos corrompidos por el narco y la corrupción.

    El Departamento de Justicia de los Estados Unidos se retractó de la calificación sobre el llamado Cartel de los Soles, una de las excusas que utilizó Trump para atacar Venezuela y capturar a Maduro

    El giro de Trump deja en ridículo al gobierno argentino que el año pasado se había apurado en declarar como organización terrorista al Cartel de los Soles, «a partir de un trabajo conjunto de los ministerios de Seguridad, Justicia y la Cancillería». La medida fue recordada el sábado por Patricia Bullrich, que destacó que Argentina se plegó a Estados Unidos.

    Lo que revela este episodio es la fragilidad de una política exterior basada en el seguidismo ciego de Trump, que tiene como una de sus principales características la imprevisibilidad. Milei ya había quedado en offside el fin de semana cuando salió a pedir que Venezuela quede en manos de Edmundo González Urrutia y María Corina Machado, pero a los pocos minutos Trump los ninguneó por completo.

    Milei ya había sufrido un revés similar cuando viajó a Oslo para participar de la entrega del Premio Nobel de la Paz a Machado y Trump no fue, molesto porque quería el galardón para él. El argentino ni siquiera sabía de eso. Tampoco la venezolana llegó a tiempo para la foto, por lo que el libertario tuvo que volverse de apuro a la Argentina, después de despilfarrar tiempo y dólares en un viaje en vano.

    Argentina, al igual que los Estados Unidos, declaró al Cártel de los Soles como organización terrorista, una estructura criminal liderada desde el poder por el propio régimen de Nicolás Maduro.Hoy es un día histórico. Está llegando la libertad y la paz a Latinoamérica. https://t.co/qz4sUZm2wp

    — Patricia Bullrich (@PatoBullrich) January 3, 2026

     

  • «Para salvar la relación con Trump, Machado guardó silencio sobre la persecución a migrantes venezolanos en EEUU»

     

    La decisión de Donald Trump de dejar fuera a María Corina Machado y Edmundo González de la transición en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro dejó a la oposición venezolana en un escenario de profundo reordenamiento. 

    Machado se quedó sin narrativa y el resto de los partidos de derecha salieron al cruce de la decisión de la Casa Blanca reafirmando que la etapa que viene debe incluir quienes ganaron la elección del 28 de julio. 

    Sin embargo, esos mismos referentes tienen diferencias históricas con Machado y construyeron en diferentes momentos vínculos con el régimen para negociar una salida política de la crisis y avanza en la liberación de presos políticos y construir una ruta electoral.

    En este marco, LPO dialogó en exclusivo con Jesús Chúo Torrealba, ex secretario general ejecutivo de la que en su momento fue la Mesa de Unidad Democrática entre 2014 y 2017 que articuló a todos los partidos de la oposición. En ese período, la MUD ganó las elecciones legislativas de 2015 que luego fue judicializada por el régimen. También fue importante en los diálogos de México. 

    Su salida de ese espacio de coordinación coincidió con la decisión de los partidos mayoritarios de no participar en la elección de 2018 y la estrategia de imponer a Juan Guaidó como presidente encargado.

    Torrealba ahora es parte del partido Unión y Cambio liderado por Henrique Capriles y Tomás Guanipa que acaba de juramentar 12 diputados en la nueva Asamblea Nacional. El dirigente es crítico de la captura de Maduro pero también por el camino elegido por Machado que, considera, no pudo capitalizar la mayoría social que se expresó en las urnas el 28 de julio de 2024 por no movilizar a la población y elegir la clandestinidad.

    -¿Cómo queda la oposición luego de la salida de Nicolás Maduro y la decisión de Donald Trump de iniciar una transición con el chavismo?

    En primer lugar, la situación de la oposición venezolana es compleja porque toda la situación en su conjunto lo es. Lo ocurrido el 3 de enero es un reto primero para la comunidad internacional en su conjunto porque  implica la vulneración de muchos principios, normas, tratados y el papel mismo de Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad. 

    En segundo lugar, es muy complejo para el hemisferio porque aquí estamos en presencia de la aplicación de la Doctrina Monroe resucitada y el llamado corolario Trump, o como también lo llaman algunos el corolario Mad Max, por los efectos últimos que esto pudiera tener. 

    Y por supuesto el tema venezolano, que aquí esto ha afectado a todo el mundo, pues en primer lugar es una conmoción para el actor más dinámico de toda situación política, que es el Estado. Nada más y nada menos se llevaron a la cabeza del régimen y dejaron al régimen en una condición evidente subalternidad, porque no es que dijeron vamos a interactuar con este gobierno así, vamos a conversar o vamos a negociar, sino la manera como se han expresado tanto Trump como el secretario de Estado, Marco Rubio, trasluce una situación de imposición. 

    -¿El desafío para la oposición es mayor al quedar fuera de la discusión María Corina Machado y Edmundo González?

    Para la oposición democrática es muy importante procesar todo este cambio que implica un reacomodo de toda la situación. La oposición venezolana es plural, hay diversidad de factores y hay uno muy relevante que es el que está expresado en el liderazgo de María Corina y en el rol que se supone debiera ejercer Edmundo González. 

    Este sector tiene que hacer una revisión importante pues, desde su óptica,  estrategia y su planteamiento no se trata simplemente de que a última hora «haya sido excluido» y en su lugar haya colocado a otro factor. No se puede analizar esto desde la perspectiva de las telenovelas, no es que quitaron a María Corina y pusieron a Delcy. 

    ¿Qué pasó acá? Yo creo que habría que remontarse entonces un poco a, 28 de julio y antes, aquí fueron muchos los factores que plantearon la necesidad de que hubiese algún tipo de proceso de diálogo y negociación entre los actores fundamentales del escenario político para aquel momento con el fin de darle a todos las garantías necesarias a fin de que quien ganara pudiera asumir el mando y que quien perdiera pudiera entregar el mando sin temer por ello su desaparición física o política.

     Tal negociación no se produjo. Llegamos al 28 de julio literalmente montando ese caballo en pelo, sin silla. Y quienes creían que estábamos en una elección como en Suiza y que bastaba con probar el resultado para que él mismo fuera reconocido, bueno, descubrieron amargamente que no era así. 

    Entonces, hay un primer elemento que asumir para aprender no simplemente para pasarle factura a nadie. Era necesario tener por un lado la disposición de negociar y por otro lado hacer la presión necesaria para que esa negociación se produjera, porque si no, el mismo evento del 28 de julio podía ser insuficiente, como la vida demostró que lo fue. Después se produce el resultado del 28 de julio. 

    -Pero quedó claro que el gobierno hizo fraude..

    Toda la oposición tiene en sus manos suficiente evidencia acerca de que la proclamación de Maduro no se produjo con base a resultados ofrecidos, además, como lo establece la legislación venezolana, con un nivel de desagregación a nivel de país, a nivel de estado, a nivel de municipio, a nivel de parroquia, a nivel de centro de votación, a nivel de mes de votación, que es lo único que hace auditable a nuestro proceso. 

    Más de una vez, la fallecida expresidenta del Consejo Nacional Electoral de Tibisay Lucena decía que creer en el sistema electoral venezolano no era un problema de fe, sino que nuestro sistema era absolutamente auditable. El Consejo Nacional Electoral, la mayoría oficialista, interrumpe el conteo, declara que hubo un hackeo, lo mismo dice el Gobierno Nacional, después anuncia un resultado sin dar los soportes del mismo, mientras que la oposición tenía actas en la mano como para afirmar, como en efecto se afirmó que el resultado era completamente diferente, el anunciado por el Consejo Nacional Electoral, cómo se defiende ese resultado. 

    -¿Qué otra forma tenían para demostrar? ¿Qué es lo que no se hizo bien? 

    Si no tienes los aparatos de coerción en tu poder, si no tienes el control de las instituciones y lo que tienes es una mayoría electoral, una mayoría social que se expresó electoralmente, lo que concernía entonces para defender ese resultado era movilizar esa mayoría social, que incluso se movilizó espontáneamente desde la misma noche del 28 de julio. 

    El liderazgo expresado entonces por la señora Machado y el señor González optaron por otra línea, no movilizaron al electorado, tuvieron una presencia pública cuatro días después cuando ya se habían producido para entonces 25 muertos y 2.000 presos. 

    Si no tienes los aparatos de coerción en tu poder, si no tienes el control de las instituciones y lo que tienes es una mayoría electoral, una mayoría social que se expresó electoralmente, lo que concernía entonces para defender ese resultado era movilizar esa mayoría social, que incluso se movilizó espontáneamente desde la misma noche del 28 de julio

    Luego hay otro largo lapsus hasta que reaparece nuevamente el 9 de enero diciendo que iba a aparecer en el país Edmundo González para su juramentación. No se produjo tampoco tal cosa. Mientras tanto, la señora Machado anuncia que se va la clandestinidad y que quienes le siguen se va la clandestinidad, cosa que a muchos también nos pareció desacertado, porque la lucha clandestina es una lucha de cuadros y cuando tu único capital político es social, si renuncias a movilizar tu único capital, entonces ese capital tiende a desaparecer o por lo menos a congelarse.

    -¿El error de Machado fue seguir en la clandestinidad?

     Dijimos en aquel momento que la clandestinidad no es un decreto, la clandestinidad es una cultura y una infraestructura. Si tú no tienes, ni la cultura ni la infraestructura para estar clandestino, tú vas a estar escondido, que es otra cosa. Y como efecto ocurrió 15 meses después de la supuesta clandestinidad, Machado sale subrepticiamente del país a recibir el premio Nobel, pero repito 15 meses después, no de lucha clandestina sino de estar escondidos y de una represión selectiva que hizo destrozos en amplios sectores de la oposición y sobre todo en la organización que directamente dirige Machado. 

    Entonces, ahí tienes un segundo elemento importante que explica que termina ocurriendo lo que ocurrió. Llegamos a la ceremonia del Nobel y luego al fin de año y a los primeros días de el 2026 pasa lo que pasa y durante todo este tiempo tanto en la clandestinidad como después de las ceremonias del Nobel,  todo el discurso del sector Machado era que Trump era un aliado insustituible en la lucha del pueblo venezolano por la democracia. Y para cuidar esa alianza se llegó a extremos tales como guardar silencio ante la persecución y criminalización de los migrantes venezolanos en Estados Unidos. 

    Se llegó a extremos tales como guardar silencio o incluso apoyar el secuestro de migrantes venezolanos inocentes en un campo de concentración en El Salvador o  incluso a justificar las ejecuciones extrajudiciales del Caribe a ciudadanos venezolanos en una operación donde no se respetó el derecho a la vida, ni el derecho a la legítima defensa, ni el derecho al debido proceso, lo que es una ejecución extrajudicial.  

    Todo el discurso del sector Machado era que Trump era un aliado insustituible en la lucha del pueblo venezolano por la democracia. Y para cuidar esa alianza, para preservar esa alianza, incluso se llegó a extremos tales como guardar silencio ante la persecución y criminalización de los migrantes venezolanos en Estados Unidos

    Todo eso se hizo para supuestamente salvaguardar la supuesta alianza con la administración Trump y resulta que llegamos el 3 de enero se produce la detención del señor Maduro y su salida del país y lo que dice de la manera ruda como se expresó tanto él como Rubio. 

     Machado y González ni fueron mencionados siquiera. Entonces, creo que tiene que haber un reencuadre de ese sector en relación a la valoración de lo que ha venido ocurriendo y a los próximos pasos que hay que dar. 

    Igualmente, otros sectores de la oposición que han intentado desarrollar un discurso que no ha sido comprado por la población, ni siquiera por el pueblo opositor. Ha tenido mucho peso aún desde la supuesta clandestinidad electrónica de la señora Machado, ha tenido mucho peso en el imaginario del opositor venezolano. 

    -Para entender. ¿Llegamos a esta situación por un error de estrategia de Machado luego del fraude electoral?

    El tema de la reivindicación del resultado electoral del 28 de julio, y el no asumir que estamos ante un momento distinto de la política y del proceso. Ese sector ha hecho planteamientos que, repito, no han terminado de ser asumidos por la mayoría del pueblo opositor. 

    Pero bueno, ese sector también tiene que hacer un replanteamiento de la situación porque no basta con tener un cálculo político acertado, no basta con tener un discurso político formalmente congruente. Además hay que tener conexión y empatía con quien aspira a representar, ahí también hay una necesidad de reencuadre y creo que esos dos sectores y todos los demás sectores del país que quieren un cambio democrático. 

    Lo digo y lo subrayo porque es que en Venezuela la oposición político-partidista es importante pero es claramente minoritaria en comparación con la oposición social, por así decirlo. 

    El país que quiere cambio es mucho más grande que lo que expresan las organizaciones partidistas y sus liderazgos. Todo ese sector tiene que hacer un reencuadre de lo que está pasando porque la situación de hoy además es extremadamente frágil. 

    María Corina Machado y Edmundo Gonzalez. 

    -¿Cómo analiza la transición dentro del chavismo?

    Hay gente que se desgarra las vestiduras por ejemplo porque Delcy Rodríguez y el actual aparataje gubernamental tenga un nivel de interlocución con la administración Trump y sean algo aí como gerentes responsables del actual momento político. Yo creo que eso ciertamente no se corresponde con las expectativas que muchos tenían o que muchos teníamos, pero tampoco es algo desusado. 

    Podemos recordar que diversos procesos de transición a la democracia son exactamente eso, transiciones, no es un golpe abrupto, son transiciones, son procesos en los cuales el bloque dominante va saliendo del poder y un poder emergente va ascendiendo, pero eso es un proceso complejo. 

    En España, el papel que jugó Adolfo Suárez y otros fue muy importante en Chile cuando Pinochet sale de la de la jefatura del Estado pero queda como comandante jefe del ejército y después como senador vitalicio por largos años. 

    Hay gente que se desgarra las vestiduras por ejemplo porque Delcy Rodríguez y el actual aparataje gubernamental tenga un nivel de interlocución con la administración Trump y sean algo aí como gerentes responsables del actual momento político. Yo creo que eso ciertamente no se corresponde con las expectativas que muchos tenían o que muchos teníamos, pero tampoco es algo desusado

    Con lo cual, la presencia de factores del actual elenco gubernamental no debiera ser simplemente un tema que genere escándalo, es una realidad política ahora. Lo que sí hay que tener con mucho cuidado es el hecho de que la gran diferencia entre esto que está pasando en Venezuela y lo que ocurrió en Chile o lo que ocurrió en España o en otros procesos por ejemplo en Europa del Este, es que todos esos procesos anteriores se dieron en el marco del mundo de la pos-segunda guerra mundial, un escenario donde con todas sus falencias y  limitaciones, pero existía el derecho internacional, existían unas reglas del juego, Naciones Unidas y eso todo hoy está en cuestión en medio de un proceso en el que está emergiendo una nueva situación internacional donde al parecer cada potencia puede hacer en su vecindario lo que quiera en tanto y en cuanto tenga la fuerza para hacerlo. 

    Tenemos el caso de Putin con Ucrania, China con Taiwán y el caso de la doctrina Monroe y el coronario Mad Max para todo lo que es el hemisferio occidental. Entonces, si bien la pervivencia del madurismo sin maduro es un dato de la realidad política que no tendría por qué generar mayor escándalo sino entender que esto es parte de un proceso que puede abrir camino a una transición a la democracia. 

    Es importante que entendamos también que las condiciones en el hemisferio y en el mundo son otras y que esto pudiera también dar lugar a una situación peor que la actual. Con todo lo complejo que es esto, hay que recordar que este escenario puede empeorar y que el factor que ha determinado los cambios abruptos a partir del 3 de enero para acá ha sido explícito al manifestar que el tema de la democracia, la libertad, los derechos humanos o los presos políticos son temas  para ellos (EEUU) de una importancia accesoria o lejana y que su prioridad tiene que ver con el tema energético y el posicionamiento geopolítico. 

    Entonces, repito, estamos en un momento de mucha fragilidad. Puede, eventualmente si se conduce con sabiduría y con pulso, abrir camino a una apertura política democrática pero también podría producirse aquí una transición regresiva, un empeoramiento de este escenario que ya es bastante precario.

     

  • Golpeada porque la dejó afuera de la transición, Corina ofrece regalarle el Nobel a Trump

     

     María Corina Machado rompió el silencio y habló con la cadena Fox News luego que Donald Trump la dejara fuera de la transición en Venezuela tras el secuestro de Nicolás Maduro. 

    La líder opositora agradeció al presidente de Estados Unidos por las «valientes acciones» que condujeron a la captura de Nicolás Maduro e intentó enviarle un guiño con el premio Nobel de la Paz tras la revelación del Washington Post que dijo que el líder republicano se ofendió porque no se lo dieron a él. 

    Trump suele sentir como una afrenta que la academia de Suecia haya entregado el Nobel de la paz a su antecesor demócrata Barack Obama y no lo considere para la misma distinción, dado sus esfuerzos por terminar con la guerra en Ucrania y Gaza.

    El Washington Post dice que Trump vetó a Corina, celoso porque le ganó el Nobel de la Paz

    Según el medio estadounidense, dos fuentes de la Casa Blanca aseguraron que el premio Nobel a Machado rompió sus puentes con el gobierno de Trump. Explican que el Nobel fue «codiciado abiertamente» por el presidente. «Aunque Machado finalmente dijo que dedicaba el premio a Trump, su aceptación fue un ‘pecado supremo'», dijo una de las personas consultadas por el diario.

    «Si lo hubiera rechazado y hubiera dicho: ‘No puedo aceptarlo porque es de Donald Trump’, hoy sería la presidenta de Venezuela», afirmó la fuente.

    Ahora, casi sin diálogo con Washington, dijo en la entrevista que «él (Trump)  se lo merecía: le demostró al mundo que cumple lo que dice», aseguró la líder opositora que sugirió regalarle el premio como gesto. 

    Él (Trump) se lo merecía: le demostró al mundo que cumple lo que dice

    Luego, Machado aseguró que planea regresar a Venezuela lo antes posible y precisó que no  con Trump desde la captura de Maduro por parte de Estados Unidos.

    Machado sostuvo que la oposición que encabeza convertiría a Venezuela en un centro energético para las Américas, restablecería el Estado de derecho para garantizar la seguridad de la inversión extranjera y facilitaría el regreso de los venezolanos que, dijo, huyeron del país durante el Gobierno de Maduro.

    También afirmó que su movimiento obtendría «más del 90 % de los votos» en unas elecciones libres y justas. Sin embargo, Trump niega públicamente a respaldarla, al afirmar durante el fin de semana que Machado no cuenta con el apoyo suficiente dentro de Venezuela para liderar el país.

    Rubio confirma la negociación con el chavismo: «¿Elecciones? Es un poco prematuro para eso»

    Machado informó que el lunes fueron detenidos 14 periodistas, evidenciando un cerco a la libertad de prensa y que los ciudadanos venezolanos que manifiestan su apoyo a Trump son objeto de castigos por parte del régimen.

    En este contexto, afirmó que Delcy Rodríguez como la «principal arquitecta de la tortura» contra la población venezolana. A pesar de este panorama de hostilidad y persecución, Machado reafirmó su firme intención de regresar a Venezuela lo más pronto posible.