Política

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    El ferrocarril en la Argentina y su rol en el modelo agroexportador

     

    El ferrocarril no fue simplemente un medio de transporte más. A lo largo del siglo XIX se convirtió en una de las transformaciones materiales más profundas del capitalismo industrial, capaz de modificar economías, territorios, ritmos de vida y relaciones sociales. Allí donde apareció, alteró de manera irreversible la forma de producir, de comerciar y de habitar el espacio. Como explican Teresa Eggers Brass y Marisa Gallego en su manual Historia mundial contemporánea, el tren fue una de las herramientas centrales mediante las cuales la Revolución Industrial logró integrar espacios distantes a la economía nacional e internacional.

    Por Walter Onorato para NLI

    En los países extensos y con escasas vías fluviales navegables, el ferrocarril cumplió una función decisiva: redujo distancias que antes parecían insalvables, integró regiones aisladas y permitió articular economías locales con mercados nacionales e internacionales. En Estados Unidos, la unión ferroviaria del Este con el Oeste en 1869 selló la expansión territorial y la consolidación de un mercado interno continental. En la Argentina, el ferrocarril posibilitó el abaratamiento de los fletes y transformó a los cereales y las carnes en pilares del modelo agroexportador, incorporando vastas zonas productivas al circuito del comercio mundial.

    Una infraestructura funcional a la especialización primaria de la economía

    El ferrocarril fue introducido formalmente en la Argentina en 1857, con la inauguración del Ferrocarril del Oeste, que unía la ciudad de Buenos Aires con la zona de Floresta. A diferencia de una idea muy difundida, este primer emprendimiento no fue financiado por capitales extranjeros, sino principalmente por capitales locales y estatales. El Estado de la provincia de Buenos Aires, junto con comerciantes y estancieros vinculados al comercio exterior, impulsó esta inversión como una forma de modernizar el transporte y reducir los costos logísticos.

    Sin embargo, esta etapa inicial dio paso rápidamente a una segunda fase. Desde la década de 1860 y, sobre todo, tras la consolidación del Estado nacional, la expansión ferroviaria quedó dominada por el capital británico. Bancos, empresas y fondos de inversión ingleses encontraron en la Argentina un destino rentable para el excedente de capital generado por la Revolución Industrial. El Estado argentino ofreció concesiones amplias, garantías de rentabilidad y beneficios fiscales, asegurando altas ganancias a los inversores extranjeros.

    El resultado fue una red ferroviaria diseñada principalmente para servir al modelo agroexportador. El trazado adoptó una forma radial, con centro en el puerto de Buenos Aires, orientada a transportar materias primas desde el interior hacia el mercado mundial. A diferencia de lo ocurrido en los países industrializados, el ferrocarril argentino no fue concebido como una herramienta para integrar un mercado interno industrial, sino como una infraestructura funcional a la especialización primaria de la economía.

    A todo vapor

    Como todo producto de la Revolución Industrial, el ferrocarril no surgió plenamente desarrollado. Su evolución fue lenta en los comienzos y explosiva en las décadas posteriores, acompañando el proceso de acumulación de capital y la expansión industrial. Ya en el siglo XVII existían sistemas primitivos de rieles de madera por los que circulaban vagonetas tiradas por caballos, utilizadas para transportar carbón desde las minas hasta los puertos. Aquellas soluciones técnicas anticipaban una lógica que luego se profundizaría: organizar el transporte masivo de mercancías de manera regular y eficiente.

    El verdadero salto tecnológico se produjo a comienzos del siglo XIX, cuando los rieles de madera fueron reemplazados por rieles de hierro y se diseñaron las primeras locomotoras a vapor capaces de arrastrar varios vagones al mismo tiempo. En un primer momento, el ferrocarril se utilizó casi exclusivamente para el transporte de cargas minerales en Inglaterra, ya que el traslado de pasajeros resultaba todavía demasiado costoso. Sin embargo, la reducción progresiva de los costos y las mejoras técnicas permitieron su rápida expansión como medio de transporte masivo.

    La inauguración de la línea Liverpool–Manchester en 1829 marcó un punto de inflexión histórico. Por primera vez, dos grandes centros industriales quedaron unidos de manera permanente, acelerando la circulación de mercancías, personas e información. Para mediados del siglo XIX, Gran Bretaña ya contaba con miles de kilómetros de vías férreas y, hacia fines de ese siglo, transportaba millones de pasajeros de distintas clases sociales, consolidando una nueva experiencia del tiempo, el espacio y la movilidad.

    La construcción de los ferrocarriles implicó una transformación profunda del territorio. No se trató solo de fabricar locomotoras, vagones y rieles, sino de levantar estaciones, talleres, depósitos y puentes, abrir túneles, cortar montañas y construir viaductos. El ferrocarril fue una obra integral de la modernidad industrial, una infraestructura que reconfiguró el paisaje y dejó marcas duraderas en la organización del espacio económico y social.

    Trenes eléctricos

    En las últimas décadas del siglo XIX, la incorporación de la electricidad abrió un nuevo capítulo en la historia ferroviaria. Primero aplicada a las señales y luego a la propulsión, la electricidad permitió ensayar alternativas al vapor. En 1842 se realizaron los primeros intentos de trenes eléctricos, aunque con resultados limitados. El perfeccionamiento del sistema llegó con la incorporación de un tercer riel conductor y, en 1881, esta tecnología fue aplicada con éxito en el ferrocarril de Berlín y presentada en la Exposición Internacional de Electricidad de París.

    A pesar de estos avances, la electrificación no se impuso de inmediato de manera masiva. Durante mucho tiempo, el vapor siguió siendo predominante, especialmente en los trayectos largos y en el transporte pesado. La electricidad, sin embargo, se volvió indispensable en los trenes subterráneos, donde era necesario evitar la contaminación del aire, y en los sistemas de transporte urbano, como tranvías y trolebuses. Más adelante, el desarrollo del motor diésel ofreció una nueva alternativa para las locomotoras, combinando eficiencia y menor dependencia de infraestructuras complejas.

    El caso argentino

    Pero el ferrocarril no solo reorganizó el espacio y aceleró los intercambios: también consolidó modelos económicos desiguales. En el caso argentino, la red ferroviaria no fue pensada como una herramienta para integrar un mercado interno diversificado ni para impulsar un proceso de industrialización autónoma. Por el contrario, los rieles fijaron un patrón de desarrollo dependiente, subordinado a las necesidades del comercio exterior y a los intereses del capital que lo financiaba.

    El trazado ferroviario respondió a una lógica clara: extraer y exportar. Las líneas se organizaron de manera radial, convergiendo en el puerto de Buenos Aires, desde donde partían las materias primas hacia Europa. Esta configuración no fue un accidente geográfico ni una simple elección técnica, sino la expresión material de un modelo económico basado en la especialización primaria y en la inserción subordinada en el mercado mundial.

    Mientras en los países industrializados el ferrocarril articuló regiones productivas, estimuló la industria y fortaleció el mercado interno, en la Argentina funcionó como un instrumento de integración externa antes que nacional. El interior quedó conectado al puerto, pero no entre sí; los flujos económicos se orientaron hacia afuera y no hacia la construcción de un sistema productivo equilibrado.

    Además, el predominio del capital extranjero en la expansión ferroviaria reforzó esta dinámica. Las decisiones sobre recorridos, tarifas y prioridades de inversión estuvieron guiadas por la rentabilidad de la exportación y no por las necesidades del desarrollo interno. El Estado argentino, lejos de corregir esta orientación, la consolidó mediante concesiones, garantías y beneficios que aseguraban la ganancia privada a costa de una planificación soberana del territorio.

    De este modo, el ferrocarril se convirtió en una infraestructura estratégica del modelo agroexportador, pero también en un factor de reproducción de las desigualdades regionales y sociales. Los rieles acercaron los campos al puerto, pero alejaron al país de un desarrollo industrial propio. No integraron una economía nacional compleja: fijaron una estructura dependiente cuyos efectos se proyectaron durante décadas.

    Así, la tecnología que prometía progreso y modernización terminó funcionando, en el caso argentino, como soporte material de una economía orientada hacia afuera, vulnerable a los vaivenes del mercado internacional y estructuralmente desigual.

     

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    Clubes de socios y fútbol global: tres de los cinco más valiosos del mundo son de los hinchas

     

    Mientras en la Argentina el gobierno de Milei insiste en empujar el modelo de las Sociedades Anónimas Deportivas como si fueran sinónimo de modernidad, los números del fútbol mundial cuentan una historia muy distinta. El ranking de los 50 clubes más valiosos del planeta deja un dato contundente: tres de los cinco primeros son entidades civiles, manejadas por sus socios y sin propietarios privados.

    Por Ignacio Elfratini para NLI

    El dato que incomoda al discurso pro SAD

    Según el ranking internacional de clubes más valiosos elaborado por Sportico, el podio y el top cinco están lejos de responder al modelo empresario que se intenta vender como inevitable. Real Madrid, FC Barcelona y Bayern Munich, tres gigantes absolutos del fútbol mundial, no son sociedades anónimas, no tienen accionistas mayoritarios ni fondos de inversión detrás. Son clubes de socios, asociaciones civiles sin fines de lucro, gobernadas por sus miembros.

    El contraste es evidente: Manchester United y Liverpool, los otros dos clubes que completan el top cinco, sí responden a esquemas privados, con dueños, holdings y decisiones concentradas en pocas manos. Sin embargo, el liderazgo económico y deportivo global sigue estando en manos de entidades civiles.

    Socios, democracia interna y poder real

    En el caso de Real Madrid y Barcelona, el modelo es claro y directo: los socios eligen autoridades, definen el rumbo institucional y mantienen la propiedad colectiva del club. No hay accionistas, no hay dueños, no hay posibilidad de venta del patrimonio social.

    Bayern Munich, por su parte, funciona bajo el esquema alemán del 50+1, que garantiza que el control del club permanezca siempre en manos de la asociación de socios, incluso cuando existen sociedades comerciales para la gestión profesional. El poder de decisión, político y estratégico, sigue siendo de los miembros.

    Este dato no es menor: el club más dominante de Alemania y uno de los más poderosos de Europa no solo no es una SAD, sino que tiene prohibido serlo.

    El mito del “sin SAD no hay competitividad”

    Uno de los principales argumentos del lobby pro SAD en la Argentina es que sin capital privado los clubes quedan condenados al atraso, la improvisación y la quiebra. El ranking mundial demuestra lo contrario. Los clubes más valiosos del planeta, los que más facturan y los que más títulos ganan, no necesariamente tienen dueños privados.

    Incluso dentro del top 50, las entidades civiles no son una rareza: Borussia Dortmund, Ajax y Eintracht Frankfurt también conservan estructuras asociativas con control de socios, mientras que la mayoría de los clubes privados dependen de magnates, estados extranjeros o fondos financieros.

    Argentina: el verdadero debate de fondo

    En este contexto, el intento de imponer las SAD en el fútbol argentino aparece menos como una modernización y más como una transferencia de poder. Pasar de clubes de socios a sociedades anónimas no significa eficiencia automática, sino pérdida de control democrático, riesgo de vaciamiento patrimonial y ruptura del lazo social y cultural que define a los clubes en la Argentina.

    Los números internacionales desarman el relato oficial: el éxito deportivo y económico no depende de tener dueño, sino de gestión, identidad, masa social y proyecto institucional.

    Un modelo que resiste

    Mientras Milei y su entorno insisten en importar un modelo que ya fracasó en varios países, el fútbol global muestra que las entidades civiles no solo sobreviven, sino que lideran. Tres de los cinco clubes más valiosos del mundo son prueba viviente de que el fútbol puede ser grande, rentable y competitivo sin dejar de ser de sus socios.

    El problema, entonces, no es el modelo asociativo. El problema es quién quiere quedarse con los clubes.

     

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    CUANDO YA NO QUEDA INDUSTRIA PARA PROTEGER: suspenden el antidumping en rulemanes

     

    Tras destruir la industria nacional, el gobierno de Milei establece la suspensión inmediata de los aranceles antidumping que desde hace más de dos décadas protegían la producción local.

    Por Celina Fraticiangi para NLI

    La política de apertura irrestricta y desprotección productiva impulsada por Milei empieza a mostrar consecuencias irreversibles. El Ministerio de Economía resolvió suspender provisoriamente el derecho antidumping que protegía a la industria nacional de rulemanes frente a las importaciones chinas, una decisión que no responde a una mejora estructural del mercado, sino al cierre de la única fábrica nacional del sector, consecuencia directa del modelo económico libertario.

    La medida quedó formalizada mediante la Resolución 30/2026, publicada hoy, que dispone la apertura de un examen por “cambio de circunstancias” y la suspensión inmediata de los aranceles antidumping que desde hace más de dos décadas protegían la producción local de rodamientos de bolas radiales originarios de China.

    Cuando ya no queda industria que proteger

    Durante más de veinte años, el Estado argentino sostuvo derechos antidumping sobre los rulemanes importados desde China para evitar la competencia desleal de productos ingresados a precios artificialmente bajos. Esa protección tuvo un fundamento claro: la existencia de producción nacional, representada casi exclusivamente por SKF Argentina, histórica fabricante instalada en el país desde hacía cerca de 90 años.

    Sin embargo, tal como informó NLI en octubre pasado, SKF cerró su planta de Tortuguitas y puso fin a la fabricación de rulemanes en la Argentina, en un contexto marcado por la apertura importadora, la ausencia de políticas industriales y el abandono deliberado del entramado productivo nacional por parte del Gobierno de Milei.

    El cierre de la planta no solo implicó la pérdida de puestos de trabajo y de capacidad productiva, sino también la desaparición de la única rama industrial que justificaba la vigencia del antidumping.

    El dictamen que desnuda el fracaso del modelo

    En su análisis técnico, la Comisión Nacional de Comercio Exterior fue contundente: SKF Argentina era la única productora nacional de rodamientos en los términos del Acuerdo Antidumping, y el cierre definitivo de su planta implica que ya no existe industria nacional a la cual proteger.

    El organismo advirtió además que mantener un derecho antidumping sin producción local activa se transforma en un costo injustificado para importadores, industrias usuarias y consumidores, dejando en evidencia que el propio Estado reconoce que el modelo económico vigente destruyó las condiciones que daban sentido a la protección comercial.

    Sobre esa base, el Ministerio de Economía no solo abrió el examen por cambio de circunstancias, sino que suspendió de inmediato la aplicación del antidumping, tanto para los rulemanes terminados como para sus partes y piezas.

    Apertura, desindustrialización y dependencia

    Lejos de tratarse de una decisión aislada o técnica, la suspensión del antidumping es la consecuencia lógica de un proyecto económico que promueve la primarización, la importación sin límites y la dependencia externa, incluso en sectores estratégicos para la industria metalmecánica, automotriz y de maquinaria.

    El caso de los rulemanes es paradigmático: primero se desprotege la industria, luego se la empuja al cierre y finalmente se elimina la barrera que la defendía, utilizando como excusa el daño previamente provocado. Un círculo perfecto de desindustrialización.

    Mientras tanto, la Argentina pasa a depender completamente de proveedores externos para un insumo clave, resignando soberanía productiva, empleo calificado y capacidad tecnológica.

    Un final anunciado

    El examen por cambio de circunstancias recién comienza, pero el desenlace aparece casi escrito. Sin industria nacional, el antidumping carece de sustento, y la suspensión transitoria podría transformarse en eliminación definitiva.

    El resultado es contundente: el modelo de Milei no solo destruye fábricas, sino también las herramientas que durante años intentaron defenderlas, dejando al país más vulnerable, más dependiente y con menos futuro productivo.

     

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    Majul y la pauta cordobesa: los millones que cobra del gobierno de Llaryora

     

    Otra vez el «periodista» queda expuesto tras una montaña de billetes.

    Por Roque Pérez para NLI

    Mientras se presenta como periodista “crítico” del poder, Luis Majul volvió a quedar en el centro de la polémica por el cobro de cuantiosas sumas de dinero provenientes, en esta ocasión, de la pauta oficial del gobierno de Córdoba. Una investigación periodística reveló los montos millonarios que recibió su productora durante años y expuso una relación incómoda entre medios, negocios y poder político.

    La trama quedó al descubierto a partir de una investigación de Data 24, que reconstruyó el flujo de fondos públicos que terminaron en manos de La Cornisa Producciones S.A., la empresa ligada a Luis Majul, a través de contratos de pauta oficial con la provincia de Córdoba. Los datos surgen de registros oficiales y muestran que el vínculo económico con el Estado provincial se sostuvo tanto durante la gestión de Juan Schiaretti como en la actual administración de Martín Llaryora.

    Según la investigación, entre 2020 y 2023 la productora de Majul facturó decenas de millones de pesos bajo el concepto de “publicidad y difusión de actos de gobierno”. Al actualizar esas cifras por inflación, el volumen real del dinero recibido resulta todavía más impactante: más de 60 millones de pesos en los primeros años, cerca de 59 millones en 2022 y más de 100 millones de pesos ajustados en 2023, un año atravesado por la campaña electoral.

    Pauta, relato y silencios convenientes

    Uno de los datos que más llama la atención es que, tras no percibir fondos durante 2024, en 2025 la pauta volvió a fluir: el gobierno de Llaryora habría destinado 12 millones de pesos adicionales a la empresa de Majul. La secuencia refuerza la sospecha de que la pauta oficial funciona como herramienta de disciplinamiento, premio o negociación política, incluso con periodistas que en pantalla construyen un discurso de confrontación permanente.

    La contradicción es evidente: Majul es una de las caras mediáticas más identificadas con el antiperonismo, con editoriales durísimas contra gobiernos nacionales populares, pero no tuvo reparos en cobrar durante años del peronismo cordobés. La grieta, una vez más, parece diluirse cuando se trata de negocios.

    El rol del gobierno de Llaryora

    La investigación también pone el foco en una decisión política concreta del oficialismo cordobés: la pauta oficial no se ajusta, incluso en contextos de recortes, crisis económica y deterioro social. Mientras se habla de austeridad, el presupuesto destinado a propaganda estatal se mantiene firme y beneficia a grandes actores mediáticos, muchos de ellos con llegada nacional.

    Este esquema no sólo distorsiona el sistema informativo, sino que erosiona la credibilidad del periodismo y refuerza la idea de que parte del discurso mediático está condicionado por intereses económicos antes que por convicciones editoriales reales.

    Cuando la crítica se paga con fondos públicos

    El caso Majul vuelve a poner sobre la mesa un debate de fondo: ¿qué independencia puede tener un periodista que cobra millones del Estado al que dice cuestionar? La investigación no sólo aporta cifras, sino que desnuda una práctica estructural donde la pauta oficial opera como moneda de cambio y donde la supuesta neutralidad periodística queda seriamente en entredicho.

    En tiempos donde Milei agita el ajuste brutal y la demonización del Estado, estos vínculos entre gobiernos provinciales y comunicadores “opositores” muestran que el problema no es el Estado en sí, sino quién se queda con sus recursos y para qué.

     

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    El último secreto del rinoceronte lanudo

     

    Una investigación paleogenómica de alto impacto logró reconstruir el genoma más completo jamás obtenido de un rinoceronte lanudo. El hallazgo derriba una de las hipótesis más repetidas sobre su desaparición: la especie no estaba genéticamente colapsada antes de extinguirse.

    Por Alina C. Galifante para NLI

    Durante décadas, la extinción del rinoceronte lanudo fue explicada como el resultado inevitable de poblaciones pequeñas, aisladas y genéticamente debilitadas. Sin embargo, un nuevo estudio científico acaba de poner en crisis esa narrativa. Gracias a técnicas de secuenciación de ADN antiguo de altísima precisión, investigadores lograron analizar el genoma completo de uno de los últimos ejemplares de esta especie icónica del Pleistoceno tardío, y los resultados son tan inesperados como reveladores.

    Un genoma rescatado del hielo… y del estómago de un lobo

    El material genético analizado proviene de un rinoceronte lanudo que vivió hace aproximadamente 14.400 años, en los momentos finales de la especie. El ADN se conservó de manera excepcional en el tejido blando hallado dentro del estómago de un lobo juvenil, también preservado en el permafrost siberiano. Esta circunstancia extraordinaria permitió obtener un genoma de alta cobertura, es decir, con un nivel de detalle poco común en estudios de ADN antiguo.

    La calidad del material permitió a los científicos reconstruir el genoma con una precisión comparable a la de especies actuales, superando las limitaciones habituales del ADN fósil, que suele estar fragmentado y degradado por el paso del tiempo.

    La última comida de este cachorro de lobo prehistórico se convirtió, miles de años después, en una inesperada cápsula del tiempo que hoy ayuda a explicar la desaparición del rinoceronte lanudo.

    ¿Había endogamia antes de la extinción?

    Uno de los objetivos centrales del estudio fue determinar si las poblaciones finales de rinocerontes lanudos sufrían endogamia, un fenómeno frecuente en especies en declive que reduce la diversidad genética y aumenta la vulnerabilidad biológica. Este tipo de deterioro deja huellas claras en el genoma: largos tramos de ADN idéntico heredados de ancestros comunes y una notable reducción de variabilidad genética.

    Sin embargo, el análisis comparativo con otros genomas antiguos de rinocerontes lanudos mostró algo sorprendente: no hay señales claras de endogamia reciente ni de colapso genético en los individuos cercanos al momento de la extinción. La diversidad genética se mantenía relativamente alta, incluso en las etapas finales de la existencia de la especie.

    Una extinción rápida, no un lento agotamiento

    Estos resultados sugieren que el rinoceronte lanudo no desapareció tras un largo proceso de decadencia biológica, sino probablemente como consecuencia de cambios ambientales abruptos. El período en el que vivió este último ejemplar coincide con fuertes fluctuaciones climáticas asociadas al final de la última glaciación, cuando el calentamiento rápido transformó los ecosistemas de estepa fría que sostenían a la megafauna.

    La evidencia genética respalda la idea de una extinción rápida, impulsada por alteraciones ambientales profundas, y no por una erosión genética prolongada. Esto cambia de manera significativa la forma en que se interpreta la desaparición de grandes mamíferos del pasado.

    Lecciones para la ciencia actual

    Más allá del caso del rinoceronte lanudo, el estudio aporta enseñanzas clave para la biología evolutiva y la conservación. Demuestra que no todas las extinciones dejan huellas genéticas previsibles y que una especie puede desaparecer aun conservando una diversidad genética saludable.

    También amplía el horizonte metodológico de la paleogenética, al mostrar que fuentes inusuales de ADN, como restos biológicos contenidos en otros animales, pueden convertirse en archivos genéticos de enorme valor cuando las condiciones de preservación son excepcionales.

    El pasado como advertencia

    Comprender cómo y por qué se extinguieron especies del pasado no es un ejercicio académico aislado. En un contexto de cambio climático acelerado y pérdida de biodiversidad, estos hallazgos funcionan como una advertencia: la resiliencia genética no siempre alcanza cuando el entorno cambia demasiado rápido.

    El rinoceronte lanudo no murió por ser débil. Murió porque el mundo que lo sostenía dejó de existir.

     

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    ATUCHA II: Julia Strada desenmascara al discurso libertario

     

    La diputada desenmascaró una vez más a las mentiras del oficialismo.

    Por Roque Pérez para NLI

    El Gobierno salió a festejar en redes sociales que Atucha II volvió a operar al 100% de su potencia, intentando presentarlo como un logro propio y como una muestra del supuesto “Plan Nuclear Argentino” que pregona La Libertad Avanza. Sin embargo, la diputada y economista de Unión por la Patria Julia Strada desarmó punto por punto el relato oficial y expuso lo que calificó directamente como humo libertario.

    La celebración oficial llegó de la mano de Demian Reidel, presidente de Nucleoeléctrica Argentina y hombre de extrema confianza de Milei, quien publicó una imagen de un tablero de control que marcaba 100,2% de potencia. Ante las críticas y las burlas, el funcionario salió a explicar que el 100% es un valor nominal y que el reactor puede operar dentro de un margen técnico de tolerancia sin violar ninguna ley de la física.

    Un “logro” que no es del gobierno actual

    Strada fue tajante: Atucha II no llegó al 100% por decisiones del actual gobierno. Según explicó, se trata de un proceso operativo normal del sector nuclear que estaba previsto desde hace años. La central había estado detenida por un desperfecto técnico grave, cuya reparación se resolvió en 2023, con una inversión significativa y el desarrollo de un sistema robótico específico para intervenir dentro del reactor en una zona inaccesible para personas.

    Una vez solucionado el problema, el protocolo indica un arranque con potencia gradual creciente. En ese marco, ya estaba previsto que Atucha II alcanzara el 100% de potencia en 2025, independientemente de quién gobernara. No hubo milagro libertario ni giro de timón: hubo continuidad técnica y trabajo previo.

    El Plan Nuclear que no existe

    Para la diputada, el llamado “Plan Nuclear Argentino” que promociona Reidel no existe como política real, sino como consigna propagandística. El funcionario anuncia inversiones que no son de su gestión, se apropia de resultados construidos durante años y los usa para legitimar un discurso que, en los hechos, va en sentido contrario.

    Porque mientras se sacan fotos con tableros y slogans sobre el “futuro nuclear”, el Gobierno avanzó formalmente en la privatización parcial de Nucleoeléctrica Argentina, la empresa estatal que opera Atucha I, Atucha II y Embalse.

    Privatizar lo que funciona

    Tal como ya había advertido NLI, el objetivo de Milei siempre fue avanzar sobre las empresas estratégicas del Estado, incluso aquellas que funcionan bien y son ejemplo a nivel internacional. Nucleoeléctrica es una de ellas.

    El Decreto 695/2025, firmado por Milei y Luis Caputo, habilita la venta del 44% de las acciones de la empresa mediante licitación nacional e internacional. El Estado conservaría el 51% y un 5% quedaría para los trabajadores, bajo el Programa de Propiedad Participada.

    El argumento es el mismo de los años noventa: supuesta ineficiencia estatal y necesidad de capital privado. Pero los datos desmienten el relato. En 2024, Nucleoeléctrica alcanzó un récord histórico de generación, con más de 10,4 millones de MWh netos y un factor de carga del 73,3%, un indicador de excelencia a nivel internacional.

    Soberanía energética en riesgo

    Strada subrayó un punto clave que el Gobierno evita mencionar: Nucleoeléctrica demostró que puede reparar y volver a poner en funcionamiento una central nuclear compleja con recursos propios. Eso es soberanía tecnológica, capacidad estatal y planificación a largo plazo. Exactamente lo que Milei quiere desarmar.

    La energía nuclear no es un negocio cualquiera. Involucra seguridad nacional, desarrollo científico, control de información sensible y una política energética que no puede quedar librada a la lógica del mercado ni a intereses privados, muchos de ellos extranjeros.

    El libreto noventista, otra vez

    La historia no es nueva. En los años ’90, bajo el menemismo, la generación nucleoeléctrica fue declarada sujeta a privatización. La resistencia política y social frenó ese avance. Con los gobiernos kirchneristas, el sector fue reimpulsado, se retomaron obras paralizadas y la energía nuclear volvió a ser una política de Estado.

    Hoy, Milei retoma ese libreto noventista, maquillado con discursos “tecnológicos” y posteos en redes. Se celebra lo que no hicieron, se oculta lo que quieren vender y se intenta convencer a la sociedad de que el problema es el Estado, incluso cuando los resultados muestran lo contrario.

    Mucho tablero, poco proyecto

    El caso Atucha II expone con claridad la contradicción central del gobierno libertario: se cuelga medallas ajenas mientras prepara la entrega de un sector estratégico. Julia Strada lo resumió sin vueltas: no hay plan, hay humo. Y detrás del humo, avanza la privatización.

    Atucha II volvió al 100%, sí. Pero no gracias a Milei ni a Reidel. Volvió por décadas de inversión pública, conocimiento acumulado y trabajadores altamente calificados. Justamente esos mismos pilares que hoy el Gobierno pone en riesgo.