Política

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    Los “círculos de piedra” del desierto africano que revelan una civilización anterior a los egipcios

     

    Tienen más de 6.000 años.

    Por Alcides Blanco para NLI

    Complejos de enterramientos en recinto, algunos recientemente saqueados, en el desierto oriental de Sudán.

    Durante décadas, el desierto del Atbai —la inmensa región árida ubicada entre el Nilo nubio y el Mar Rojo— fue considerado apenas un corredor marginal entre los grandes mundos del Egipto antiguo y Nubia. Pero una investigación arqueológica publicada recientemente acaba de sacudir esa mirada: miles de estructuras funerarias monumentales descubiertas mediante imágenes satelitales revelan la existencia de una cultura pastoril sofisticada, organizada y profundamente marcada por el culto al ganado.

    El estudio, publicado en la revista científica African Archaeological Review, identificó una enorme red de enterramientos circulares de piedra distribuidos desde el sur de Egipto hasta las fronteras actuales de Eritrea. Los investigadores bautizaron estas construcciones como “Atbai Enclosure Burials” (AEB), es decir, “sepulturas de recinto del Atbai”.

    Una cultura desaparecida bajo la arena

    Las estructuras tienen una característica repetida: enormes círculos de piedra con tumbas humanas y animales en su interior. Muchas de ellas poseen restos de vacas, ovejas y cabras enterradas junto a personas, una señal contundente de la centralidad económica y espiritual que tenía el ganado para aquellas sociedades del Holoceno medio.

    Los arqueólogos sostienen que esta tradición funeraria habría existido entre el 4500 y el 2500 antes de Cristo, en pleno proceso de desertificación del Sahara y del noreste africano. En otras palabras: mientras el llamado “Sahara Verde” comenzaba a secarse lentamente, estas comunidades intentaban sobrevivir adaptándose a un entorno cada vez más hostil.

    La investigación plantea que el surgimiento y posterior desaparición de estos monumentos estuvo íntimamente ligado al final del denominado Período Húmedo Africano, una etapa climática en la que amplias zonas hoy desérticas estaban cubiertas de vegetación, lagunas y pasturas aptas para la cría de ganado.

    A medida que las lluvias retrocedieron hacia el sur y el territorio comenzó a secarse, las comunidades pastoriles debieron modificar sus formas de vida. Primero cambiaron la composición de sus rebaños y luego migraron hacia regiones más fértiles. Finalmente, muchas de esas sociedades desaparecieron o se transformaron radicalmente.

    El hallazgo que cambia la historia del noreste africano

    Uno de los aspectos más impactantes del trabajo es la magnitud del descubrimiento. Gracias al uso de sensores remotos y plataformas como Google Earth, el proyecto arqueológico logró registrar más de 90 mil estructuras vinculadas al patrimonio histórico del desierto sudanés, entre ellas campamentos nómades, minas antiguas y cementerios monumentales.

    Los investigadores remarcan que la arqueología del Atbai estaba prácticamente “en pañales” debido a las enormes dificultades de acceso y al histórico abandono académico de la región. Mientras Egipto y Nubia concentraban la atención internacional, enormes sectores del desierto oriental africano permanecían sin estudiar.

    Ahora, esas tumbas de piedra revelan que allí existió una tradición cultural propia, distinta de las civilizaciones nilóticas clásicas. Las evidencias indican incluso que estos pueblos pudieron haber desarrollado vínculos comerciales y culturales con comunidades del valle del Nilo, aunque conservando rasgos funerarios muy particulares.

    Uno de los complejos mejor estudiados, ubicado en Wadi Khashab, contiene más de 25 enterramientos humanos y animales distribuidos alrededor de una tumba principal. Allí aparecieron restos de ganado vacuno enterrado ceremoniosamente, una práctica que los investigadores asocian con el fenómeno conocido como “comportamiento centrado en el ganado”, presente en distintas culturas pastoriles del Sahara y África oriental.

    Satélites, saqueos y guerra

    El trabajo también expone una realidad brutal: muchos de estos sitios están siendo destruidos por la minería ilegal y los saqueos arqueológicos. En Sudán, además, la guerra civil volvió prácticamente imposible realizar excavaciones de campo, obligando a los científicos a depender casi exclusivamente de imágenes satelitales.

    Paradójicamente, la tecnología espacial terminó permitiendo reconstruir parte de la historia de pueblos olvidados que vivieron hace más de seis mil años entre dunas, montañas secas y rutas pastoriles hoy invisibles.

    Lo que emerge de las arenas del Atbai no es apenas un conjunto de tumbas antiguas. Es la prueba de que, mucho antes de los grandes imperios faraónicos, existieron sociedades complejas capaces de construir monumentos, desarrollar rituales funerarios elaborados y adaptarse durante siglos a uno de los ambientes más extremos del planeta.

     

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    Más de la mitad de los argentinos tiene una imagen negativa de Milei

     

    La crisis económica, el deterioro del poder adquisitivo y el desgaste político empiezan a reflejarse con fuerza en las encuestas. Un nuevo relevamiento mostró que más de la mitad de los argentinos tiene una imagen negativa de Milei, mientras crece el malestar social y se profundiza el rechazo a la situación económica del país.

    Por Roque Pérez para NLI

    Los números confirman una tendencia que distintos estudios vienen marcando desde comienzos de año: el Gobierno pierde apoyo incluso entre sectores que acompañaron a Milei en el balotaje de 2023. Según distintos sondeos publicados en las últimas semanas, la desaprobación presidencial ya oscila entre el 55% y el 65%, en un contexto atravesado por inflación persistente, caída del consumo y salarios pulverizados.

    La encuesta de la consultora Giacobbe & Asociados reveló además que una parte importante de la población asegura que “ya no soporta” la situación económica actual. El dato expone un fenómeno que empieza a perforar el relato oficial sobre la supuesta recuperación: el ajuste impacta de lleno en la vida cotidiana y cada vez más familias llegan con dificultad a fin de mes.

    El deterioro no aparece solamente en la evaluación económica. También se observa una fuerte caída en la valoración personal de Milei. La consultora CEOP Latam detectó que la imagen positiva presidencial cayó hasta apenas superar el 34%, muy lejos de los niveles que había alcanzado luego de las legislativas de 2025. Incluso, cuatro de cada diez votantes que lo apoyaron en el balotaje afirman que hoy no volverían a elegirlo.

    Otro estudio, elaborado por Zuban Córdoba, mostró que el 65% de los encuestados desaprueba la gestión libertaria, el peor registro en varios meses. El informe vincula directamente la caída del Gobierno con los escándalos políticos, las denuncias de corrupción y el agravamiento de la crisis social.

    En paralelo, otras consultoras vienen detectando un patrón similar: caída de expectativas, descreimiento respecto del rumbo económico y creciente agotamiento frente al ajuste permanente. La combinación entre tarifazos, salarios deprimidos y recesión empieza a erosionar incluso al núcleo duro libertario.

    La situación también impacta en el plano regional. Un informe de CB Global Data ubicó a Milei entre los presidentes latinoamericanos con peor imagen del momento, tras registrar una fuerte baja en su valoración positiva.

    Mientras tanto, el oficialismo intenta sostener el discurso del “sacrificio necesario”, aunque los números muestran otra realidad: cada vez más argentinos consideran que el costo del modelo económico es demasiado alto y empiezan a expresar ese rechazo en las encuestas. La pregunta que empieza a recorrer la política argentina es si el Gobierno todavía tiene margen para sostener el ajuste sin que el deterioro social termine convirtiéndose en una crisis política más profunda.

     

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    El inesperado final de “Reloj de Arena”: silencio empresarial y despedida amarga para Liliana López Foresi

     

    El cierre de “Reloj de Arena”, el ciclo que Liliana López Foresi conducía desde hacía casi cinco años en Radio 10, dejó mucho más que nostalgia entre sus oyentes. La decisión, comunicada apenas días antes del último programa, abrió interrogantes sobre el rumbo de los medios de comunicación y sobre los límites que hoy parecen imponerse a las voces críticas en la radio argentina.

    Por Roque Pérez para NLI

    La propia periodista confirmó el final con un mensaje cargado de dignidad y melancolía. “Hoy navegaremos por última vez el navío de #RelojDeArena”, escribió en sus redes, en una despedida donde evitó cualquier tono victimista y eligió apoyarse en una frase de Silvio Rodríguez para describir el momento: “Soy mujer de buenos encuentros, y todavía mejores despedidas”. El mensaje contrastó con la brusquedad con la que, según contó al aire, le informaron el levantamiento del programa: apenas tres días antes y “cortita y al pie”.

    Lo llamativo del caso es que no se trataba de un ciclo marginal ni de bajo impacto. “Reloj de Arena” había conseguido consolidarse dentro de la programación dominical de Radio 10, acumulando reconocimientos y una audiencia fiel. Incluso había sido distinguido con el Premio Argentores en la categoría Editorial radial.

    Una voz incómoda en tiempos de uniformidad

    En su despedida, López Foresi dejó frases que sonaron tanto a balance profesional como a crítica velada hacia la lógica empresarial que domina gran parte de los medios. “No despreciamos al pueblo”, sostuvo, reivindicando un periodismo que apuesta a elevar la discusión pública en lugar de rebajarla para perseguir clics, escándalos o gritos televisivos. También recordó que detrás de los grandes grupos mediáticos existe una estructura de poder económico que condiciona contenidos, agendas y márgenes de libertad.

    No es un detalle menor. En una época donde la comunicación política parece reducida a operaciones permanentes, slogans y provocaciones diseñadas para redes sociales, “Reloj de Arena” conservaba una lógica distinta: editoriales largas, análisis históricos, referencias culturales y una mirada profundamente crítica sobre el deterioro democrático y social argentino. Su salida del aire no puede separarse del clima general que atraviesa hoy al periodismo.

    La propia trayectoria de López Foresi explica parte de esa incomodidad. La periodista arrastra décadas de enfrentamientos con estructuras de poder político y mediático. Desde los años noventa denunció censuras y presiones vinculadas a los grandes grupos de comunicación, y en los últimos años mantuvo una posición abiertamente crítica frente al modelo económico actual.

    El vaciamiento silencioso de los espacios críticos

    El final del programa también impacta por el contexto general de la radiofonía argentina. Mientras crecen formatos cada vez más veloces, superficiales y orientados al impacto inmediato, los espacios de reflexión política profunda empiezan a desaparecer de las grillas o quedan relegados a horarios marginales. El levantamiento de “Reloj de Arena” parece encajar en esa tendencia.

    Durante su último envío, López Foresi eligió no convertir la despedida en un escándalo. Habló de puertos, barcos y despedidas, utilizando metáforas para evitar una confrontación directa. Pero debajo de esa elegancia quedó flotando una pregunta inevitable: ¿por qué levantar un programa exitoso y reconocido sin explicaciones públicas claras?

    La ausencia de precisiones alimentó versiones y malestar entre oyentes y colegas. Más aún en un contexto donde muchas voces periodísticas críticas denuncian reducción de espacios, presiones económicas y creciente concentración mediática. La salida de López Foresi no parece un episodio aislado sino parte de un fenómeno más amplio: la dificultad creciente para sostener discursos que no encajen en la lógica dominante.

    El adiós de “Reloj de Arena” deja así una sensación extraña. No solo porque desaparece uno de los pocos programas radiales que todavía apostaban a la palabra pausada y al análisis complejo, sino porque ocurre en un momento político donde el debate público parece cada vez más condicionado por operaciones, algoritmos y obediencias empresariales. Y en ese paisaje, el silencio alrededor de la salida de Liliana López Foresi dice casi tanto como sus propias palabras de despedida.

     

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    “Años atrás renunciaban todos los implicados”: Villarruel volvió a golpear al Gobierno y expuso otra interna explosiva

     

    Otro round entre Milei y la Vice.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    La vicepresidenta Victoria Villarruel volvió a tensar la relación con Milei y abrió un nuevo frente de conflicto dentro del oficialismo. Esta vez apuntó directamente contra el Ministerio de Defensa por la compra de un avión “en mal estado” para la Fuerza Aérea y lanzó una frase demoledora: “Años atrás renunciaban todos los implicados”. La declaración no sólo dejó expuesta la gravedad de la denuncia, sino también el nivel de ruptura política dentro del propio gobierno libertario.

    La frase cayó como una bomba en un contexto donde la interna entre Milei y Villarruel ya dejó de ser un rumor de pasillos para convertirse en una guerra pública y permanente. Desde hace meses, la vicepresidenta viene marcando diferencias con el rumbo del gobierno, cuestionando decisiones presupuestarias, políticas de Defensa y hasta el funcionamiento del Senado bajo presión de la Casa Rosada.

    Según trascendió, el eje del nuevo conflicto es la adquisición de una aeronave para la Fuerza Aérea que habría presentado severos problemas técnicos. Villarruel no sólo cuestionó la operación sino también el silencio oficial frente al escándalo. En sus declaraciones dejó entrever que existe un nivel de irresponsabilidad institucional incompatible con la gravedad del hecho.

    La guerra interna ya es inocultable

    El vínculo entre Milei y Villarruel atraviesa uno de sus peores momentos desde que asumieron. La vicepresidenta pasó de ser una figura central del armado libertario a convertirse en una dirigente cada vez más aislada por el núcleo duro del oficialismo. En distintos episodios recientes, funcionarios cercanos a Milei la acusaron de “desalinearse” del Gobierno e incluso deslizaron operaciones para empujar su salida política.

    Villarruel, sin embargo, eligió responder públicamente y endurecer su postura. La crítica por el avión militar no fue un hecho aislado: también cuestionó la situación salarial de las Fuerzas Armadas y denunció el deterioro de la obra social militar. En otras palabras, expuso una crisis estructural en el área de Defensa mientras el Gobierno insiste con el ajuste sobre el Estado y los trabajadores.

    La escena es políticamente incómoda para Milei. Porque la crítica no proviene de la oposición ni de sectores sindicales o universitarios, sino de su propia vicepresidenta. Y porque Villarruel toca un tema especialmente sensible para el universo ideológico libertario: las Fuerzas Armadas y el aparato de Defensa.

    Un gobierno atravesado por las disputas de poder

    Detrás del episodio aparece también la pelea por el control político del oficialismo. Desde comienzos de 2026 la relación entre la Casa Rosada y Villarruel se degradó aceleradamente. Hubo cruces por el presupuesto del Senado, acusaciones cruzadas de “traición”, diferencias por proyectos legislativos y una creciente campaña de desgaste impulsada desde sectores cercanos al Presidente.

    La vicepresidenta intenta construir un perfil propio y diferenciarse de algunas decisiones de Milei, especialmente aquellas vinculadas al ajuste extremo y a la gestión interna del Estado. En paralelo, el mileísmo duro busca disciplinarla y reducir su margen de autonomía.

    La consecuencia es un oficialismo cada vez más fracturado, con ministros enfrentados, operaciones mediáticas cruzadas y funcionarios que se desautorizan públicamente. En cualquier otro gobierno, una denuncia de este tenor sobre equipamiento militar habría derivado en investigaciones internas inmediatas. Pero en la administración libertaria parece imponerse otra lógica: negar, minimizar o desplazar el foco hacia la pelea política.

    Mientras tanto, Villarruel eligió dejar una frase que resonó fuerte dentro y fuera del Gobierno: “Por mucho menos renunciaban todos los implicados”. Una definición que no sólo cuestiona una compra puntual, sino que instala la idea de un Estado manejado con improvisación, internas permanentes y ausencia total de responsabilidad política.

     

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    En la frontera entre tierra y agua: el hallazgo arqueológico que está cambiando la forma de estudiar el pasado

     

    Durante décadas, la arqueología tuvo un límite técnico casi infranqueable: la orilla. Allí donde terminaban los métodos terrestres y comenzaban las dificultades del trabajo subacuático, enormes fragmentos de la historia humana quedaban literalmente sumergidos en una “zona ciega”. Ahora, un equipo de investigadores británicos logró desarrollar una técnica capaz de reconstruir con precisión milimétrica esos espacios híbridos entre tierra y agua, abriendo una nueva etapa para la arqueología mundial.

    Por Alcides Blanco para NLI

    El avance fue publicado recientemente en la revista científica Advances in Archaeological Practice (Cambridge University Press) bajo el título At the Water’s Edge: Photogrammetry in Extreme Shallow-Water Environments, firmado por los investigadores Stephanie Blankshein, Felix Pedrotti, Fraser Sturt y Duncan Garrow. El trabajo se centra en un viejo problema arqueológico: cómo estudiar zonas de aguas extremadamente bajas donde ni los métodos terrestres ni las tecnologías marinas tradicionales funcionan correctamente.

    Los autores llaman a ese espacio la “white ribbon” o “franja blanca”: un territorio lleno de restos históricos, estructuras humanas y sedimentos culturales, pero difícil de registrar con exactitud. En lagos, costas y márgenes fluviales, esas áreas fueron fundamentales para las sociedades antiguas. Allí se construyeron aldeas, puertos, islas artificiales y sistemas de explotación económica. Sin embargo, durante años quedaron parcialmente fuera del alcance científico.

    El laboratorio arqueológico oculto bajo el agua

    La investigación tomó como caso de estudio los crannogs escoceses, antiguas islas artificiales construidas hace siglos en lagos de Escocia. Estos sitios arqueológicos presentan una complejidad particular: una parte de las estructuras permanece sobre el nivel del agua y otra continúa sumergida, obligando a combinar tecnologías aéreas, terrestres y submarinas.

    El equipo desarrolló una metodología basada en fotogrametría estereoscópica de alta resolución. En términos simples, utilizaron cámaras sincronizadas capaces de tomar miles de fotografías desde distintos ángulos para reconstruir modelos tridimensionales extremadamente precisos. Lo notable es que lograron hacerlo en condiciones consideradas muy difíciles: aguas turbias, vegetación acuática, sedimentos en suspensión y distorsiones ópticas provocadas por la luz sobre la superficie del agua.

    Lejos de recurrir a equipamiento inaccesible o multimillonario, los investigadores eligieron cámaras GoPro Hero 9 montadas sobre una estructura liviana de doble lente. Esa decisión no fue menor: demostraron que es posible alcanzar niveles de precisión comparables a los relevamientos terrestres profesionales utilizando herramientas relativamente económicas y adaptables.

    Los resultados sorprendieron incluso dentro del campo especializado. Según el artículo, el margen interno de error alcanzó apenas entre 1 y 5 milímetros, un estándar que cumple con los requisitos de precisión arqueológica de alta escala utilizados en relevamientos científicos avanzados.

    Una nueva manera de reconstruir la historia humana

    La importancia del hallazgo va mucho más allá de Escocia. Más de la mitad de la población mundial vive cerca de ambientes acuáticos y gran parte de las civilizaciones históricas se desarrollaron precisamente en esas fronteras entre tierra y agua. Eso significa que miles de sitios arqueológicos alrededor del planeta podrían beneficiarse de este nuevo sistema de documentación.

    La técnica permite integrar relevamientos submarinos con drones aéreos y sistemas GPS de alta precisión, generando modelos 3D continuos que unen lo emergido con lo sumergido. En otras palabras: por primera vez se puede estudiar un sitio arqueológico anfibio como una sola unidad espacial coherente y no como dos mundos separados.

    El artículo también destaca un aspecto político y económico pocas veces mencionado en la ciencia arqueológica: la accesibilidad tecnológica. Las soluciones tradicionales para estudiar ambientes subacuáticos suelen depender de equipamiento extremadamente costoso, reservado para universidades o centros de investigación con presupuestos millonarios. El método presentado por el equipo británico busca romper esa barrera mediante herramientas más baratas, reproducibles y fáciles de implementar.

    En tiempos donde el cambio climático y la erosión costera amenazan innumerables patrimonios históricos alrededor del mundo, la posibilidad de documentar rápidamente estas zonas vulnerables adquiere una relevancia enorme. La arqueología del futuro, parece, ya no tendrá que detenerse en la orilla.

     

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    El León de la Malaria

     

    El Tigre de la Malasia se ha reconvertido.

    Por Nilda Limones para NLI

    La noche caía espesa sobre las aguas pútridas del Golfo del Ajuste cuando el bergantín Anarcocapital apareció entre la bruma. Sus velas negras, remendadas con retazos de bonos impagos y decretos de necesidad, flameaban como alas de cuervo sobre el mar hambriento. En la proa, erguido como un profeta delirante, estaba el temido León de la Malaria.

    Nadie conocía ya su verdadero nombre. Algunos afirmaban que había sido un oscuro escribiente de mercados; otros, un iluminado surgido de las catacumbas televisivas. Pero en todos los puertos del continente se lo nombraba igual: el León. El hombre que juraba destruir el Estado mientras saqueaba hasta el último mendrugo de los pueblos costeros.

    Sus ojos ardían con un fulgor febril. La melena, azotada por el viento, parecía una llamarada enferma bajo la luna tropical.

    —¡La libertad avanza sobre los débiles! —rugió desde cubierta—. ¡Y el mercado elegirá quién merece comer!

    Detrás de él apareció su inseparable lugarteniente: Manuel de Adorno, llamado por la tripulación “el Vocero Negro”. Delgado, impecable y sonriente aun en medio de la peste, llevaba siempre bajo el brazo un pergamino donde escribía comunicados para justificar cada pillaje.

    —Capitán —dijo inclinándose—. El pueblo de Santísima Jubilación ha quedado sin medicinas, sin pan y sin energía. La operación fue un éxito.

    El León sonrió satisfecho.

    —Excelente. Ahora dirán que estaban mejor así.

    La tripulación celebró entre carcajadas. Eran los célebres Leones de Virgocem, corsarios fanáticos que se jactaban de una castidad heroica y de no haber conocido jamás abrazo humano fuera del de sus perros mastines y sus manuales de economía inglesa. Vestían chaquetas violetas, lucían ojeras profundas y repetían, como salmos religiosos, frases incomprensibles sobre el derrame de riquezas.

    Desde la popa descendió entonces Karinna de Hierro, la mujer más temida de todo el archipiélago financiero. Sus dedos largos sostenían cofres rebosantes de monedas arrancadas a hospitales, escuelas y ancianos.

    —Mi León —susurró acercándose—. Hemos capturado otro convoy de alimentos populares. ¿Qué hacemos con él?

    El capitán levantó lentamente el sable.

    —Arrojadlo al mar. Si el hambre aumenta, aprenderán a competir.

    Un trueno rasgó el horizonte.

    A lo lejos, en las aldeas miserables de la costa, las fogatas comenzaban a apagarse una por una. Los niños observaban desde los muelles cómo el Anarcocapital se alejaba cargado de riquezas mientras detrás quedaban fábricas vacías, puertos silenciosos y hospitales convertidos en ruinas.

    Pero sobre la cubierta del barco nadie parecía escuchar los llantos.

    Los Leones de Virgocem brindaban con champagne importado.

    Y en medio de ellos, contemplando el océano negro como si fuese el dueño del mundo, el León de la Malaria lanzó una carcajada salvaje que se perdió entre las tormentas del Caribe del Sur.