Política

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    EXCLUSIVO: Una Comisario ascendida por Bullrich entre las mujeres que le “prestaron” plata a Adorni

     

    El entramado de préstamos que rodea al vocero presidencial suma ahora un dato que complejiza aún más el cuadro: una de las mujeres que habría aportado dinero fue ascendida durante la gestión de Patricia Bullrich en Seguridad. Documentación oficial revela vínculos que abren interrogantes sobre relaciones, favores y circuitos de financiamiento poco transparentes.

    Por Ramiro C. Ferrante para NLI

    La trama financiera que involucra a Manuel Adorni continúa sumando capítulos incómodos. A partir dela Declaración Jurada del funcionario, donde se detalla que el actual vocero presidencial habría recibido 100.000 dólares en préstamos de al menos dos mujeres, ,adre e hija, ahora se agrega un elemento que tensiona aún más la situación: una de ellas cuenta con antecedentes dentro de la estructura de seguridad del Estado y fue beneficiada con un ascenso durante el gobierno de Mauricio Macri, bajo la órbita directa de Patricia Bullrich.

    El dato no es menor. Según surge del Decreto 1308/2016, firmado por Mauricio Macri y por entonces ministra de Seguridad Patricia Bullrich, Graciela Isabel Molina de Cancio —quien revestía como Comisario— fue ascendida al rango de Comisario Inspector dentro del Escalafón Seguridad. Se trata de un ascenso formal dentro de la Policía Federal Argentina, que la ubica en una posición jerárquica relevante dentro de la fuerza.

    La coincidencia entre ese nombre y el de una de las personas señaladas como prestamistas en la operatoria que rodea a Adorni abre preguntas inevitables. ¿Cuál es la naturaleza del vínculo entre el funcionario y una integrante de las fuerzas de seguridad con ascenso político-administrativo? ¿Se trata de una relación personal, profesional o de otro tipo? Hasta el momento, no hay explicaciones públicas que despejen estas dudas.

    Préstamos, hipotecas y relaciones

    La investigación periodística que tomó estado público describe un esquema en el cual Adorni habría recurrido a financiamiento privado para afrontar operaciones inmobiliarias, incluyendo la hipoteca de un departamento en Caballito. En ese contexto, aparecen dos mujeres como prestamistas de una suma considerable en dólares, lo que ya de por sí genera interrogantes sobre la trazabilidad de esos fondos y las condiciones en que se otorgaron.

    Sin embargo, la incorporación del dato sobre Molina de Cancio modifica el eje de análisis. Ya no se trata únicamente de préstamos entre particulares, sino de la posible participación de una figura con recorrido dentro de la estructura estatal y con un ascenso otorgado en un contexto político específico. La relación entre poder político, fuerzas de seguridad y financiamiento privado comienza a dibujar un mapa más complejo y difícil de justificar como una simple operatoria personal.

    El peso de los antecedentes

    El Decreto 1308/2016 no deja lugar a interpretaciones: el ascenso de Molina de Cancio fue parte de una serie de promociones dentro de la fuerza durante la gestión de Cambiemos. En aquel entonces, Patricia Bullrich consolidaba su influencia sobre el aparato de seguridad, promoviendo cuadros de confianza en puestos clave.

    En ese marco, la aparición de una de esas figuras en una operatoria financiera vinculada a un funcionario del actual gobierno libertario no puede leerse como un dato aislado. Por el contrario, sugiere la persistencia de vínculos y redes que atraviesan gestiones y espacios políticos, conectando a actores que, en apariencia, pertenecen a universos distintos pero que en los hechos podrían compartir circuitos de confianza.

    Silencio oficial y preguntas abiertas

    Hasta ahora, desde el entorno de Adorni no hubo aclaraciones sustantivas sobre estos vínculos ni sobre el origen preciso de los fondos recibidos. Tampoco se explicó por qué una funcionaria policial con trayectoria y ascenso formal habría decidido otorgar un préstamo de tal magnitud, ni bajo qué condiciones se habría realizado dicha operación.

    El silencio, en este contexto, lejos de despejar dudas, las amplifica. Porque lo que está en juego no es solo la situación patrimonial de un funcionario, sino la posible existencia de relaciones cruzadas entre política, seguridad y financiamiento privado que podrían comprometer la transparencia institucional.

    En un gobierno que llegó con la promesa de terminar con los privilegios y la “casta”, la aparición de este tipo de vínculos vuelve a poner en cuestión el discurso oficial. Y deja flotando una certeza incómoda: detrás de la retórica antiestablishment, los nombres, los contactos y los mecanismos parecen ser, muchas veces, los de siempre.

     

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    La «Sábana Santa de Turín» bajo la lupa del ADN: una investigación reabre el debate histórico sobre el manto que cubrió el cuerpo de Cristo

     

    Una reciente investigación publicada en bioRxiv analizó el ADN presente en la célebre reliquia conocida como el Sábana Santa de Turín, revelando un mosaico genético sorprendentemente diverso. Los resultados no sólo cuestionan certezas previas, sino que abren un campo de debate que cruza historia, arqueología y biología molecular.

    Por Alcides Blanco para NLI

    FOTO: World History Archive/picture alliance

    Una reliquia histórica bajo el microscopio moderno

    Desde hace siglos, la Sábana Santa de Turín ocupa un lugar central en el imaginario cristiano: se la considera, según la tradición, el sudario que habría envuelto el cuerpo de Jesucristo tras su crucifixión. Sin embargo, su autenticidad ha sido objeto de controversias constantes, especialmente desde que en el siglo XX comenzaron a aplicarse técnicas científicas para estudiar su origen.

    En este contexto, la nueva investigación —basada en muestras recolectadas en 1978— utiliza herramientas de metagenómica, una técnica que permite analizar el conjunto de ADN presente en una muestra sin necesidad de aislar organismos específicos.


    Lo que encontró el ADN: una historia de contaminación y contacto

    El hallazgo central del estudio es contundente: el ADN presente en la tela no corresponde a una única fuente, sino que constituye una mezcla compleja de material genético humano, vegetal, animal y microbiano acumulado a lo largo de siglos.

    Esto implica que la reliquia estuvo expuesta a múltiples entornos, manipulaciones y contextos históricos. Entre los rastros detectados aparecen señales genéticas vinculadas a distintas regiones del mundo, lo que algunos interpretaron apresuradamente como prueba de un origen exótico.

    Sin embargo, los propios análisis indican que esta diversidad no permite determinar el origen geográfico del objeto, precisamente porque el ADN refleja la historia de contactos posteriores y no necesariamente su punto de creación.


    El mito del “ADN indio” y las malas lecturas

    Uno de los aspectos más viralizados del estudio fue la supuesta presencia significativa de ADN del sur de Asia, lo que algunos interpretaron como evidencia de un origen en la región del Indo.

    No obstante, esta conclusión es considerada una lectura errónea o exagerada. El estudio detecta fragmentos genéticos compatibles con diversas poblaciones —incluidas asiáticas— pero dentro de un contexto de contaminación masiva acumulada durante siglos.

    De hecho, la investigación también identifica ADN vinculado a Europa, Medio Oriente e incluso especies introducidas en épocas posteriores a la Viajes de Cristóbal Colón, lo que refuerza la idea de que la tela actuó como un “archivo biológico” de su recorrido histórico más que como evidencia de su origen.


    Ciencia, historia y límites del conocimiento

    El estudio se inscribe en una larga tradición de análisis científicos sobre la reliquia, que incluye pruebas de datación por carbono realizadas en los años 80 —las cuales sugirieron un origen medieval—, así como investigaciones físicas y químicas sobre la imagen impresa en la tela.

    La diferencia clave es que la biología molecular introduce una dimensión nueva: la posibilidad de reconstruir trayectorias históricas a partir de rastros invisibles. Sin embargo, también deja en evidencia sus límites. Como señalan los investigadores, la contaminación genética impide identificar un ADN “original” del objeto, lo que vuelve imposible establecer conclusiones definitivas sobre su procedencia.


    Una reliquia que sigue generando preguntas

    Lejos de cerrar el debate, la investigación refuerza una idea central: la Sábana Santa de Turín es tanto un objeto religioso como un fenómeno histórico complejo, atravesado por siglos de circulación, devoción, manipulación y estudio.

    En ese cruce entre ciencia y creencia, el ADN no aporta certezas absolutas, pero sí algo quizás más valioso: una evidencia tangible de que la historia de la reliquia es, en sí misma, global, dinámica y profundamente humana.

     

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    Entre Escila y Caribdis

     

    Con morbo anticipatorio los analistas políticos ya nos hablan de un 2027 electoral tormentoso e incierto a más no poder.

    Por Silvina Belén para NLI ·

    “O te morfaba Escila o te reventaba con su remolino Caribdis; ¿se entiende, pibe?”, le explicaba un helenista de café al muchacho de barrio que iría esa tarde a votar por primera vez. Después, para que el imberbe no se fuera a creer que su sapiencia se limitaba a la tradición griega, remataba con un latinajo: incidit in Scyllam cupiens vitare Charybdim. Eran tiempos en los que la cultura clásica daba lustre hasta al hablador más canyengue.

    Y aunque la cultura clásica hoy sea cosa de fósiles con jubilación de hambre, nicho en algún camposanto o rinconcito en el Hades, persiste la sensación de que entrar al cuarto oscuro es como estar entre Escila y Caribdis. Una especie de viaje de displacer en el tiempo hacia el hoy llamado Estrecho de Mesina. No hay sufragio electrónico ni boleta única que derroten a esta constante.

    Con una historia de voto cantado, papeleta retenida por el patrón, elecciones abiertamente irregulares y radicales sin peluca luchando por comicios limpios, leyenda del Diario de Yrigoyen,  mujeres en la cocina imaginando  a los varones sufragar, partidos proscritos y urnas bien guardadas, la posterior marcha por casi medio siglo de democracia no nos ha quitado el regusto a zozobra frente a la boleta a ensobrar.

    Para colmo, creer que se ha atravesado indemne el estrecho podría ser, metafóricamente, como la mejoría que precede a la muerte. Una muerte lenta y agónica, con intermitentes espejismos de mejoría. Además, aunque poco filosófico, también conocemos el eterno retorno, que en nuestro caso no es ni cósmico, ni ético, ni mítico siquiera: es burdo, con amenazas de regreso de muertos vivos que aterrorizan mejor que los de  Dan O’Bannon.

    Todo esto se potencia si pertenecemos, o creemos pertenecer, a la controvertida clase media que tanta letra le dio a Oscar Masotta. Porque ahí cualquier ilusión de haber conjurado en doblete las seis cabezas voraces y el remolino será, más temprano que tarde, motivo de escarnio cuando nos llegue la hora de contar monedas y no falte el iluminado que nos conmine a aprender a votar.

    Otro tormento digno de ingenio inquisitorial será disimular que se mantiene la honra cuando en el fuero interno se alberga la afrentosa certeza de haber sido engañados como doncellas mientras, ufanos, los burladores se pavonean repitiendo el “tan largo me lo fiais” al tiempo que secamos al sol yerba de ayer y esperamos con ansia al convidado de piedra que nunca llega.

    Nuestro donjuanismo político es una espada de Damocles que pende en el cuarto oscuro mientras afuera se habla de fiesta de la democracia. Como si no bastara con Escila y Caribdis, también sufrimos con ocurrencias como las de Dionisio de Siracusa. Aunque los ignoremos, mitos, leyendas y tradiciones clásicas nos persiguen.

    Por todo esto y mucho más, a nadie debería extrañar que nos invada la indignación, como a Aquiles, y hagamos quita de colaboración en la batalla del sufragio. Tanto ausentismo de domingo electoral en los comicios parece de inspiración homérica también. Si el gran guerrero se puso trompa porque lo privaron de una esclava, nosotros estaríamos más que justificados si al final decidiéramos quedarnos en casa.

    Para contrarrestar este efecto que podría acercarnos a hacer realidad el premonitorio Ensayo sobre la lucidez de Saramago, los politiqueros preparan su vacuna con una dosis también sacada de la Ilíada: provocarnos una cólera igual a la de Aquiles para incentivarnos a volver a la arena electiva como indignados sufragantes. De un momento a otro sacrificarán al Patroclo de turno.

    Confiados en que las frustraciones enciendan nuestras broncas, se construirá alguna figura repleta de corrupción o ideología bastarda que genere tanto odio como secreta envidia. El politiquero, cual blanca paloma, denunciará. «Ninguna maldad mayor que vestirse de virtud para ejercitar mejor la malicia». Y la cólera, como la de Aquiles, nos devolverá a una Troya convertida en cuarto oscuro.

    En alucinación de venganza, tal vez creamos ver al Héctor de turno morder el polvo. O, por el contrario, como noble fantasma que inspirará en sueño patriótico al Eneas virgiliano que refundará nuestra nación. Todo, claro, a través de la urna que podría antojársenos espejo de Alicia, Aleph de calle Garay o ropero de Narnia.

    El asunto es que, entre las tropelías de “El Coloso” –que no es el de Rodas- y Toto el burlador– birlador, pelucas que van y vienen, glaciares en pugna, $Libra y Andis en la gatera, los hipotecados y adornados, ya nos hablan de un 2027 electoral a todo lo que arde.

    Y en vistas de la manera en que soplan los vientos políticos, vislumbramos que nuestras naves ciudadanas se encaminan inexorablemente hacia el estrecho que dominan Escila y Caribdis. Sí, otra vez. ¿Habrá que sacrificar a Ifigenia para que cambien esos vientos? ¿Nos aguardarán al regreso Clitemnestra y Egisto para inmolarnos o deambularemos veinte años por los mares del infortunio?

     

    ¿Habrá alguna diosa de nuestro lado para ayudarnos a terminar con los pretendientes que en su codicia e indolencia dilapidan y rifan nuestros bienes? Al menos el atuendo de mendigos ya lo tenemos, y a las regiones infernales descendimos más veces que Odiseo. En fin…

    Si usted, lector paciente, ha llegado hasta aquí y no le interesa recordar, releer o leer a Homero, Cicerón, Virgilio,Tirso, Alciato, Nietzsche, Eliade, Saramago y todos los demás, puede simplificar las cosas y hacer un paneo por la historia argentina. U olvidarse de monstruos y remolinos, cerrar esta pestaña virtual y comprar, si aún puede,  uno que otro verde baratito porque, como dice el dicho, los clásicos van y vienen pero lo importante es el dólar bajo el colchón. ¿O acaso no es verde la esperanza?


     

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    El Estado que ajusta a los de abajo y subsidia a los de arriba: quiénes ganan con el modelo que se impone

     

    Una investigación de El Cohete a la Luna desnuda con precisión incómoda un mecanismo que atraviesa la economía argentina: mientras se exige sacrificio a las mayorías, el Estado despliega políticas concretas que terminan beneficiando a empresas, desarrolladores e inversores específicos, consolidando un esquema regresivo donde las ganancias se concentran y los costos se socializan.

    Por Celina Fraticiangi para NLI

    La trama oculta del “subsidio a los ricos”

    El trabajo publicado en El Cohete a la Luna, firmado por María Eva Koutsovitis y Jonatan Baldiviezo, no se queda en generalidades. Por el contrario, pone nombres, operaciones y circuitos concretos que permiten entender cómo funciona este modelo.

    Lejos de la idea de un Estado ausente, lo que emerge es otra cosa: una presencia activa que orienta recursos, regula mercados y toma decisiones que impactan directamente en la distribución del ingreso, pero no en favor de quienes más lo necesitan. La clave está en mirar dónde se canalizan esas decisiones.


    Tierra pública, negocios privados: el caso de IRSA y la valorización estatal

    Uno de los ejemplos más elocuentes que desarrolla la investigación es el de las grandes operaciones inmobiliarias sobre tierras públicas o semi públicas, donde aparece con claridad el rol del Estado como generador de renta para actores privados.

    En ese esquema, empresas como IRSA —uno de los principales desarrolladores inmobiliarios del país— resultan beneficiadas por procesos donde el Estado habilita cambios de uso del suelo, inversiones en infraestructura o rezonificaciones que multiplican el valor de terrenos en manos privadas.

    El mecanismo es tan sencillo como contundente: el Estado invierte en urbanización, accesos, servicios y marcos normativos; el privado, que ya posee o adquiere esas tierras en condiciones ventajosas, captura la valorización extraordinaria sin asumir los costos equivalentes.

    La investigación remarca que estas operaciones no son excepcionales, sino parte de un patrón. En distintos puntos del país, desde desarrollos urbanos de alta gama hasta reconversiones de áreas estratégicas, la lógica se repite: lo público asume el riesgo y la inversión, lo privado se apropia de la renta.


    Energía y exportación: Techint, PAE y el dólar a medida

    Otro eje central del informe apunta a los sectores exportadores, particularmente energía y recursos naturales, donde aparecen actores de peso como Techint o Pan American Energy.

    En estos casos, el beneficio no siempre adopta la forma de un subsidio explícito. Muchas veces se expresa a través de regímenes cambiarios, incentivos fiscales o marcos regulatorios diseñados para garantizar rentabilidad en dólares, incluso en contextos de crisis interna.

    La investigación explica cómo, en escenarios de devaluación, estos sectores logran incrementar sus ingresos en moneda dura, mientras el resto de la economía sufre la pérdida de poder adquisitivo. A esto se suman esquemas de promoción y facilidades para la exportación que consolidan su posición.

    El resultado es una transferencia indirecta pero concreta: mientras el salario se ajusta, las ganancias de estos grupos se expanden.


    El negocio financiero y la arquitectura del privilegio

    El informe también pone el foco en el sistema financiero, donde entidades vinculadas a grandes grupos económicos operan en un contexto de desregulación relativa que les permite obtener rentabilidades elevadas con bajo riesgo productivo.

    En este terreno, los beneficios no pasan por subsidios tradicionales, sino por la propia arquitectura del sistema económico, que habilita mecanismos de valorización financiera desconectados de la economía real.

    Así, mientras el crédito productivo escasea y las tasas afectan a pymes y consumidores, los grandes jugadores financieros encuentran condiciones favorables para maximizar ganancias, muchas veces apalancados en decisiones de política económica.


    El Estado como garante de la desigualdad

    Lo que la investigación logra demostrar, con estos ejemplos concretos, es que el problema no es la existencia de intervención estatal, sino su orientación. Porque mientras se recortan programas sociales, se ajustan jubilaciones o se deteriora el salario real, persisten políticas activas que favorecen a sectores concentrados, desde la valorización inmobiliaria hasta los beneficios cambiarios o regulatorios.

    En ese sentido, el ajuste aparece como una decisión política selectiva: no todos pierden, algunos ganan —y mucho— en el mismo proceso.


    La ilusión del sacrificio compartido

    El discurso oficial suele presentar el ajuste como un esfuerzo colectivo, una especie de sacrificio necesario para ordenar la economía. Sin embargo, la evidencia que aporta el trabajo de El Cohete a la Luna muestra otra cosa: el sacrificio no es compartido, está claramente distribuido de manera desigual.

    Mientras amplios sectores de la sociedad ven deterioradas sus condiciones de vida, determinados actores económicos consolidan posiciones de privilegio gracias a políticas públicas concretas.


    Un modelo con beneficiarios definidos

    Lejos de la abstracción, el mapa que traza la investigación permite identificar con claridad a los ganadores del esquema: grandes desarrolladores inmobiliarios, corporaciones energéticas, grupos exportadores y actores financieros.

    Todos ellos, de una u otra manera, articulan su crecimiento con decisiones estatales que los favorecen, configurando un modelo donde la concentración de riqueza no es un efecto colateral, sino una consecuencia directa.


    La discusión de fondo

    La pregunta que queda planteada no es menor: ¿para quién gobierna el Estado?. Porque si la intervención pública termina sistemáticamente beneficiando a los sectores más concentrados, mientras se exige ajuste a las mayorías, entonces lo que está en juego no es solo un modelo económico, sino el propio sentido de la política.

    La investigación citada no hace más que poner en palabras y datos lo que muchos perciben en la vida cotidiana: el esfuerzo no se reparte, se impone siempre a los mismos.

     

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    “No hacemos política”: Rodrigo de Paul, la ilusión de la neutralidad y la política que no se nombra

     

    Las declaraciones del futbolista y una inocencia figurada.

    Por Alcides Blanco para NLI

    “Nosotros no hacemos política, nosotros no entendemos de esos lugares.” La frase de Rodrigo de Paul, pronunciada en medio de tensiones alrededor del fútbol argentino, no sólo busca desmarcar a la Selección de la coyuntura: también pone en escena una idea profundamente arraigada —y profundamente discutible— sobre el rol de las figuras públicas.

    Leída en superficie, la declaración parece un gesto de prudencia, una invitación a concentrarse en “lo deportivo”. Sin embargo, observada con mayor detenimiento —y a la luz de la teoría política— revela algo más complejo: una concepción empobrecida de lo político y, al mismo tiempo, una intervención política en sí misma.

    La política como lo que incomoda

    La afirmación de que “no entendemos de esos lugares” no sólo delimita un campo —el de “los políticos”— sino que también excluye a los propios jugadores de la posibilidad de pensar, opinar o intervenir en lo común. Allí aparece lo que el sociólogo Pierre Bourdieu llamaba una forma de violencia simbólica: una aceptación naturalizada de los límites impuestos sobre lo que cada uno “puede” o “debe” decir según su posición social.

    El futbolista, en esta lógica, queda reducido a su función técnica. Corre, juega, representa. Pero no piensa lo público. No opina. No interviene. Una división funcional que, lejos de ser neutral, es profundamente política.

    Arendt: aparecer en público es hacer política

    Desde la perspectiva de célebre filósofa e historiadora Hannah Arendt, esta separación no se sostiene. Para Arendt, la política no es un ámbito especializado reservado a dirigentes o funcionarios, sino el espacio donde los individuos aparecen ante otros, hablan y actúan en común.

    En ese sentido, la mera condición de figura pública ya implica una inscripción en lo político. No porque de Paul milite o aspire a un cargo, sino porque su palabra —como referente de la Selección— circula, impacta y construye sentido. Negar esa dimensión no lo coloca fuera de la política: simplemente lo ubica en una posición específica dentro de ella, la de quien intenta presentarse como neutral.

    Y ahí aparece una de las claves arendtianas: la neutralidad en el espacio público es, en sí misma, una forma de acción política, porque contribuye a definir qué temas se discuten y cuáles se silencian.

    El gesto que contradice la palabra

    El problema se vuelve todavía más evidente cuando se lo contrasta con hechos recientes. Hace apenas semanas, de Paul integró la delegación del Inter Miami CF que visitó la Casa Blanca y fue recibida por Donald Trump tras consagrarse campeón de la MLS.

    No se trató de un encuentro privado ni anecdótico: fue un acto institucional, cargado de simbolismo, en el corazón del poder político estadounidense. Hubo discursos, intercambios, regalos y gestos protocolares, en una ceremonia que forma parte de la tradición política de ese país.

    Allí, incluso, el propio Trump destacó la presencia de las figuras del plantel y compartió un espacio de reconocimiento público con ellas, en un contexto atravesado por tensiones internacionales.

    La pregunta es inevitable:
    ¿eso no es política?

    Si la política, como planteaba Arendt, es el espacio donde los individuos aparecen y actúan en lo común, entonces la visita a la Casa Blanca no puede ser leída como un hecho neutro. Es, en sí misma, una escena política.

    Entre el discurso y la práctica

    Lo que aparece entonces no es una ausencia de política, sino una tensión entre lo que se dice y lo que se hace. Por un lado, se afirma una distancia: “no hacemos política”. Por otro, se participa de actos institucionales, se interactúa con líderes mundiales y se forma parte de dispositivos simbólicos de poder global.

    Esta contradicción no es individual, sino estructural. Como señalaba Antonio Gramsci, toda figura con capacidad de influencia cumple —quiera o no— una función en la disputa por el sentido común. En ese marco, los deportistas de élite no son ajenos a la política: son actores dentro de ella, aunque muchas veces sin asumirlo explícitamente.

    El silencio como posición

    Volvamos entonces a la frase inicial: “No hacemos política”.

    Lejos de clausurar el debate, lo abre. Porque lo que allí se expresa no es una ausencia, sino una forma específica de intervención: la política del repliegue, de la neutralidad declarada, del “no me meto”. Pero, como advierten tanto Arendt como Bourdieu, ese gesto no está vacío. Tiene efectos. Ordena el campo. Define qué voces son legítimas y cuáles no.

    Y en ese punto, la cuestión deja de ser si los futbolistas “deben” o no hacer política. La cuestión es otra, más incómoda y más profunda: aunque no lo quieran, ya la están haciendo.

     

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    Nada de monoambientes

     

    EL CLUB DE LA PRIMERA MANSIÓN | La libertad de crédito es para los funcionarios que aspiran a su primer palacete y no se conforman con un departamentito de morondanga.

    Por Alfonsina Madry para NLI

    Un préstamo de cerca de $ 420 millones le costó a Leandro Massaccesi —hijo del exgobernador rionegrino Horacio Massaccesi— su conchabo en Capital humano: pasó a ser chivo expiatorio del club de la primera mansión que, lógicamente, rima con Banco Nación. Sandra lo eyectó y Leandro se defendió:

    A partir de las versiones públicas sobre mi salida del Gobierno, aclaro que no cometí ningún acto ajeno a la ley. No vine a la política a servirme de ella. Por el contrario, accedí a un crédito para la primera vivienda junto a mi pareja, cumpliendo con todos los requisitos […] la solicitud fue realizada de manera completamente transparente, vía web adjuntando toda la documentación requerida. Se trata de una línea de crédito impulsada por este Gobierno, a la que accedieron miles de argentinos y que representa una oportunidad concreta para la clase media”.

    Sea como fuere, el bueno de Leandro sabrá darle buen destino en ladrillos a los trescientos mil y pico de dolarcitos que embolsó. Llegar a la primera mansión o el primer palacete justifica cualquier tribulación o sombra de corrupción, incluso haber padecido la dura burocracia del Nación. Por eso insiste: la suya fue una buena acción y deberíamos darle la razón.

    En consonancia también, por ahora se estima que al menos nueve libertarianos, entre funcionarios y legisladores, accedieron a créditos hipotecarios del Banco Nación con techo cercano a los $ 400 millones. Es decir: Leandro no es el único con fobia al monoambiente o a ese tan estrecho dos ambientes al que solía aspirar la clase media antes de que los ajustes hicieran diana en ella.

    No fue por ostentación ni espíritu de corrupción: el oficialista Club de la primera mansión se enfrentó con noble decisión a la ardua burocracia del temido Banco Nación. ¡Merecen admiración! Cualquier sospecha sería mera presunción. ¿Por qué entonces Paulón pide acceso a la información?