Milei firmó esta semana un decreto que endurece las condiciones de empresas chinas para participar en licitaciones del Estados argentino, se supone un gesto a Donald Trump a quien el presidente argentino espera cruzarse en la cumbre de Davos. Pero el gobierno libertario podría terminar mordiéndose la cola por esta decisión.
A mitad de año se vence el swap por USD 18.000 millones que la Argentina tiene con China y que explican buena parte de las reservas del país. El swap por USD 20.00O con Estados Unidos que se anunció en la campaña, nunca se concretó.
Con un agravante: si China decide no renovar ese acuerdo, la Argentina debería pagar a mitad de año entre USD 2.750 millones y USD 5.000 millones, de un tramo que se activó. La diferencia responde a la opacidad de la actual gestión del Banco Central para mostrar sus números.
En el mercado saben que el BCRA tiene activado un tramo del swap por 35.000 millones de yuanes, equivalentes a USD 4.844 millones. Los vencimientos están concentrados entre junio y julio: 21.000 millones de yuanes en junio y 14.000 millones en julio. No hay dólares para enfrentar ese pago. Sin acuerdo, el escenario es default técnico con China.
El riesgo va más allá del vínculo bilateral. El swap con China tiene cláusula de cross default. Si la Argentina no paga, también cae el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. El país volvería a quedar marcado como defaulteador serial, justo cuando el Gobierno intenta vender normalidad financiera.
Este es el mismo swap que Xi Jinping decidió renovarle a Milei el 14 de junio de 2024, en un gesto de «paciencia oriental», porque hasta ese momento el libertario insultaba en cuanto foro internacional se cruzaba a la potencia asiática. China sabía que la Argentina no podía pagar y decidió prorrogar el vencimiento por dos años, hasta junio de 2026.
A mitad de año se vence el swap por USD 18.000 millones que la Argentina tiene con China y que explican buena parte de las reservas del país. El swap por USD 20.00O con Estados Unidos que se anunció en la campaña, nunca se concretó.
Milei acordó dejar de insultar a China y cumplió, pero no cumplió con otras cláusulas no escritas que se negociaron en ese momento. La más importante: encabezar una visita de Estado a China. El gobierno libertario fue pateando esa visita y luego la «canjeó» por una vista encabezada por Karina y buena parte del gabinete, que tampoco concretó.
En junio de este año Milei se vuelve a encontrar así el mismo desafío financiero y geopolítico. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, le reclamó públicamente al gobierno libertario que cancele el swap con China. Pero romper con la potencia asiáitica como acreedor estratégico cuesta los USD 20.000 millones que prometió Estados Unidos.
Cuando en 2024, Xi Jinping le concedió la primer prorroga a Milei pidió dos cosas concretas. La primera es política: una visita presidencial. Milei aceptó viajar y hasta lo contó públicamente. Después dijo que iría Karina Milei. Tampoco ocurrió. El viaje a China se suspendió y fue reemplazado por una gira a Miami, con el Presidente como figura central del America Business Forum y la C-PAC, bajo la mirada atenta de Donald Trump.
La segunda condición fue reactivar las represas de Santa Cruz, la obra de infraestructura más importante que China financia fuera de su territorio. Por una serie de incumplimientos hay que firmar la Addenda 12, un paso que se demora desde la gestión de Sergio Massa.
El Gobierno ofrece una salida mínima: reactivar sólo la represa Jorge Cepernic, la más chica. Pero hasta ese paso es jabonoso. El gobernador de Santa Cruz, Claudio Vidal anunció el ingreso de USD 136 millones desde China para reactivar la obra. Las empresas consideran que se trata de una cifra insuficiente incluso para reiniciar los trabajos. Pero lo más curioso es que ninguna autoridad del gobierno nacional ratificó el anuncio del gobernador.
Milei ofrece -supuestamente- como gesto a China, reactivar sólo la represa Jorge Cepernic, la más chica. El gobernador de Santa Cruz, Claudio Vidal, anunció el ingreso de USD 136 millones desde China para reactivar la obra, pero ninguna autoridad del gobierno nacional ratificó el anuncio del gobernador.
Durante este año la Argentina enfrenta un calendario de vencimientos desafiante. La economía argentina necesita unos 50.000 millones de dólares para atravesar 2026 de manera ordenada. Esta estimación surge de combinar las necesidades de financiamiento externo derivadas de la cuenta corriente, la cuenta capital y los vencimientos de deuda, junto con el objetivo de recomponer reservas, resume un informe de la consultora MAP Latam.
El principal acreedor en términos de pagos programados es el Fondo Monetario Internacional. Según el cronograma oficial del organismo, a lo largo de 2026 la Argentina debe afrontar compromisos por más de 4.400 millones de DEG, que incluyen cargos, recargos e intereses trimestrales, junto con amortizaciones de capital del programa EFF en septiembre y diciembre. Medidos en dólares, esos pagos representan una carga relevante y persistente, que se extiende durante todo el año y no se agota en una sola fecha.
El presidente de China, Xi Jinping.
A ese frente se suma la deuda con acreedores privados, producto de los bonos surgidos de la reestructuración de 2020 de Martín Guzmán. En enero el Tesoro transpiró fuerte para cumplir con un primer vencimiento de USD 4.300 millones, correspondiente a capital e intereses de Globales y Bonares. Luego, el calendario continúa con pagos semestrales de intereses y amortizaciones parciales en julio, que si bien están fragmentados por instrumento, que en conjunto rondan los USD 6.000.
Además de FMI y bonos, el Estado mantiene compromisos en dólares con organismos multilaterales como el BID, el Banco Mundial y la CAF. Aunque estos vencimientos no siempre aparecen desagregados en un solo cuadro público, forman parte del flujo total de pagos externos del año y se concentran también en moneda dura. Esos vencimientos suman USD 3.000 millones a lo largo del año.
Es sobre ese esquema exigente que se monta el capítulo adicional de China. El vencimiento del tramo activado del swap, equivalente a unos USD 5.000 millones, agrega casi un 25% extra sobre un calendario que ya es pesado por sí mismo.
El gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, recibió al ministro del Interior, Diego Santilli, y le reclamó que el gobierno de Javier Milei le mande los fondos para las obras de un convenio que firmaron el año pasado.
Sáenz planteó que Salta asumió la ejecución de obras que originalmente correspondían al Estado nacional y remarcó la necesidad de que los desembolsos se cumplan en tiempo y forma.
«La Provincia se hizo cargo de obras nacionales que se están haciendo. Si nosotros estamos cumpliendo, queremos que también Nación cumpla», expresó el gobernador al referirse a proyectos en marcha que incluyen rutas, escuelas, viviendas y obras de saneamiento.
Según informó el gobierno salteño, Sáenz le recordó que su provincia lidera a nivel país en cantidad de obra pública comprometida y firmada, aunque advirtió que necesita el acompañamiento efectivo de Nación para sostener los plazos de ejecución.
Por otro lado, Sáenz se mostró dispuesto a acompañar la reforma laboral que promueve Milei, aunque aclaró que el respaldo no implica un cheque en blanco. «Acompañamos cuando entendemos que es beneficioso, pero también nos hemos opuesto cuando consideramos que perjudica a la provincia», señaló.
Ya comenzaron las obras en el autódromo porteño Oscar y Juan Gálvez para adaptar el circuito a las exigencias de la Fórmula 1. El primer paso fue la demolición de los boxes que se habían construído para los grandes premios que se disputaron entre 1995 y 1998.
Como contó LPO, en medio de la fiebre por Franco Colapinto, el gobierno porteño invertirá 132 mil millones de pesos en refacciones del histórico circuito porteño. El primer paso será traer el Moto GP, la principal competencia de motociclismo que hace poco tiempo atrás fue adquirida por Liberty Media.
Ese mismo grupo tiene los derechos de la Fórmula 1, una especie de pequeño mundial que no pasa desapercibido en ningún país. Esponsoreo de marcas de lujo y espectadores de alto poder adquisitivo agotan reservas en hoteles y restaurantes durante la semana del gran premio son la principal característica del Gran Circo.
Para lograr una fecha en el calendario, el gobierno porteño necesita dos cosas: la primera es que las negociaciones entre el empresario Orly Terranova y Liberty Media lleguen a buen puerto. Para eso la Ciudad podría llegar a pagar hasta 57 millones de euros al Grupo OSD.
La otra cuestión que necesita una resolución urgente es adaptar el viejo circuito del autódromo a las exigencias de la F1. En una primera etapa se demolerán todos las estructuras que albergaban los boxes.
La nueva traza tendrá una extensión de 4,3 Km, 14 metros de ancho promedio y 14 curvas a lo largo del circuito. En la recta los coches podrían alcanzar una velocidad de 320 Km/h y habrá una velocidad promedio sería de 177 Km/h.
Las obras previstas incluirán la remodelación de los boxes y la construcción de un nuevo paddock con vista de casi 360 grados del circuito.
El ingeniero civil Hermann Tilke es quien tiene a cargo el proyecto del nuevo circuito. Se trata del diseñador más reconocido de la era moderna, que modeló las pistas de Shanghai, Singapur y Abu Dhabi.
El despido abrupto del director del Hospital del Bicentenario en Ituzaingó desató fuertes tensiones internas en La Libertad Avanza y acusaciones a la cúpula del Pami de mantener acuerdos con el municipio peronista a cargo de los Descalzo.
En los últimos días, mientras transcurría sus vacaciones, Santiago Cerneaz fue notificado de su desplazamiento como director de ese hospital bajo la órbita de la obra social de los jubilados.
El despido desató la furia del coordinador libertario local, el concejal Hugo Equiza, quien había sugerido a Cerneaz para ese cargo, en septiembre pasado, con el auspicio de generar un cambio en el funcionamiento del nosocomio.
«No se nota que haya una voluntad real de cambiar de manera estructural organismos atravesados por corrupción, falta de transparencia y clientelismo», dijo Equiza a elDiarioAR tras conocerse el desplazamiento de Cerneaz.
La situación que se vive en el hospital es preocupante. Hay prácticamente más guardias de seguridad que médicos y siguen agregando guardias «invisibles», las cuales el director echado no aceptó validar
Para el concejal y referente libertario de Ituzaingó la caída en desgracia de Cerneaz está ligada con el despido de «ñoquis» dentro del hospital, uno de los cuales fue reestablecido en el cargo por una resolución del propio titular del Pami, Esteban Leguizamo, a pocos días de registrarse el despido.
«La situación que se vive en el hospital es preocupante. Hay prácticamente más guardias de seguridad que médicos y siguen agregando guardias «invisibles», las cuales el director echado no aceptó validar», dijo Equiza a LPO.
En esa línea, denunció la persistencia «ñoquis» bancados «por el director Leguizamo y su gerente Roberto Armagno». Frente a eso, sostuvo que existe una estructura interna de mando en el hospital que incluye al municipio de Alberto y Pablo Descalzo.
«Evidentemente hay acuerdo entre las autoridades del Pami y el peronismo provincial y camporismo para seguir «trabajando» juntos en el Instituto, podemos nombrarlos como «los mismos de siempre» que siguen como siempre y mas empoderados aún por las autoridades libertarias», acusó Equiza.
Al defender al director desplazado, el concejal libertario dijo que en los últimos meses el hospital había sumado servicios y que se había inaugurado un ala que estaba cerrada. «Lo echan por querer hacer las cosas bien», sostuvo.
En lugar de Cerneaz, Leguizamo nombró a Christian Varela, un médico que los libertarios de Ituzaingó asocian al peronismo de los Descalzo y al que le endilgan una cercanía con el ex ministro de Salud bonaerense, Alejandro Collia.
Cerca de Equiza también asocian esta movida al viceministro de Salud Guido Giana, que llegó a ese cargo a través del ministro Mario Lugones, uno de los dueños del Sanatorio Guemes, donde Giana oficiaba de director administrativo.
De linaje PRO, Giana es cercano al referente amarillo en Ituzaingó, Gastón Di Castelnuovo, al que cerca de Equiza ven como un adversario directo en la pelea por la candidatura a la intendencia en 2027.
José Jerí quedó cerca de enfrentar un proceso de destitución en su país tras conocerse que realizó reuniones semiclandestinas con un cuestionado empresario chino llamado Zhihua Yang.
De acuerdo a lo que sostiene el diario La República, el Congreso de Perú está juntando firmas para interponer una Moción de Vacancia, figura legal con la que fueron destituidos recientemente otros presidentes del país. Otros parlamentarios, en tanto, buscarían llegar a una Moción de Censura contra la Mesa Directiva.
De acuerdo a lo revelado por medios locales, Jerí llegó encapuchado para no ser reconocido a un restaurant propiedad del empresario antes mencionado. La actitud del mandatario peruano de no querer ser descubierto llamó la atención, pese a arribar en un auto oficial e ir acompañado con escoltas.
En un primer momento, Jerí, que sustituyó en octubre pasado a la destituida presidenta Dina Boluarte por ser en ese momento el presidente del Congreso, aseguró que fue invitado para tratar preparativos del Día de la Amistad entre China y Perú; luego reconoció que en el encuentro también estuvo acompañado por su ministro del Interior, Vicente Tiburcio.
No obstante, reconoció que llegó al atardecer con lentes de sol a una tienda de productos chinos que el hombre de negocios posee en el centro de Lima, un local que horas antes había sido clausurado por las autoridades municipales.
#CuartoPoderSin agenda, sin registro y fuera de Palacio. Imágenes muestran al presidente José Jerí reuniéndose con un empresario chino en un local privado del centro de LimaEncuentra los reportajes y entrevistas del programa AQUÍ %u25BA https://t.co/T3blzG3s0Rpic.twitter.com/HdWBS721ag
De acuerdo a las imágenes de las cámaras de seguridad que han sido difundidas, al mandatario, vestido en este caso con la casaca de aviador de la Fuerza Aérea del Perú (FAP) que acostumbra a llevar en algunos actos con su apellido en el pecho, se le ve interactuar por teléfono ofuscado bajo la atenta mirada y sonrisa cómplice de Yang.
Jerí llegó encapuchado para no ser reconocido a un restaurant propiedad del empresario antes mencionado. La actitud del mandatario peruano de no querer ser descubierto llamó la atención, pese a arribar en un auto oficial e ir acompañado con escoltas
Al enterarse que el domingo saldrían a la luz sus imágenes en la tienda, Jerí lanzó en redes sociales, cerca a las 2.00 de la madrugada del domingo, un mensaje en vídeo para reconocer que en el local también estuvo con el ministro, admitir que no actuó correctamente y rechazar nuevamente que haya estado inmerso en algún negocio o acto ilícito.
De acuerdo a los medios peruanos, la reunión en el restaurante pudo haber sido para tratar un posible contrato para instalar cámaras de vigilancia en colectivos de transporte urbano, que supuestamente se adjudicaría sin concurso público por darse en una situación de emergencia contra la inseguridad causada por el crimen organizado.
El empresario chino, a quien los medios locales vinculan también con el procesado hermano de la expresidenta Boluarte, es gerente de una hidroeléctrica, una empresa de construcción y una importadora de productos chinos que tienen como domicilio fiscal el mismo lugar en el que funciona el chifa donde se produjo la reunión.
Este episodio protagonizado por Jerí ha sido comparado con las reuniones con empresarios que mantenía fuera de los focos y del registro oficial del detenido presidente Pedro Castillo en una vivienda cercana al Palacio de Gobierno y que llevaron a los partidos conservadores que ahora apoyan a Jerí a plantear una moción para destituir al entonces mandatario.
Natalia tiene 19 años. Está en una pelopincho sola, en su casa, que es la casa de su abuela. Es la hora de la siesta. Se masturba. En su piel, las marcas desprolijas de las tiritas de la malla hablan de una relación casual con el sol. Su respiración agitada se empieza a mezclar con el barullo de la calle. Afuera, un hombre que empuja un carrito cargado de cartones, bolsas, botellas, juguetes rotos, se acuclilla, se baja los pantalones y caga en el medio del pavimento que hierve. Un vecino reacciona: corre hasta el tipo, se le tira encima. Piña, piña, piña. El hombre del carrito no responde, se deja pegar. Un charco de sangre sale de su boca. Natalia y su abuela Rita espían detrás de la cortina. Natalia pregunta por el hombre tumbado.
—Un villero, es horroroso. A lo que puede llegar uno —contesta Rita.
La escena vuelve a la calle: si le sigue pegando, lo mata. Muy a su pesar, la abuela sale para evitar la catástrofe, gritándole que lo suelte. El vecino deja de golpear al del carrito, que se reincorpora lentamente. Natalia también sale a la puerta. Un zumbido de moscas retumba cada vez más fuerte cuando el hombre, chorreando sangre por la boca, levanta la cabeza y la mira fijo. Natalia siente miedo. La remera le gotea, mojada por la bikini.
El hombre ensangrentado se va. Pero deja en el medio de la calle el carrito mugriento con sus changas. Mientras se aleja, a cada paso deja el peso de una maldición que, de ahora en más, pesará sobre quienes lo vieron sufrir y no hicieron nada. A partir de ese día, de manera inexplicable, se quedarán sin luz ni agua. Les costará llegar a los insumos básicos. La vida se les volverá difícil.
Las crisis nos vuelven monstruos
“Es simplemente sentarse frente al monstruo que parece una mujer y observar hasta que manifieste toda su potencia”, propone Lucrecia Martel sobre la construcción de personajes. No trabajar con preconceptos ni estereotipos: detenerse a mirarlos, a descubrirlos. Parte de la hipótesis de que es necesario empezar a hacer otro cine, inaugurar otros caminos posibles para los cuales Latinoamérica será clave.
Esos monstruos, retoma Laura Casabé en el podcast Encuentros, se cuelan por la rendija que deja lo roto. En nuestra región, y en la Argentina, en particular, las crisis funcionan como rendijas o fracturas que corrompen lo establecido y desatan ese espacio vacío, liminal, silencioso, angustiante y falto de respuestas. Abono para el género de terror.
Casabé es directora de cine. Su última película es La Virgen de la Tosquera, basada en “El carrito” y “La Virgen de la Tosquera”, de Mariana Enríquez, ambos cuentos publicados en Los peligros de fumar en la cama. Para filmarla, volvió a mirar La niña santa. Observó en particular cómo contara un grupo de mujeres de manera oblicua.
No se sabe el año exacto en el que transcurre la historia de La Virgen de la Tosquera. Pero sabemos que la idea de “El Carrito” le surgió a Enriquez después de la hiperinflación de 1989. En uno de los pocos diálogos en el que Natalia habla de su madre, dice:
—Mi mamá se fue a España. Teníamos un kiosco en Liniers y nos fundimos. Se las picó y me quedé sola con Rita.
La escena es muy crisis de 2001, aunque el dato está omitido. Hay una crisis, lo dice el televisor y algunos personajes. ¿Importa cuál? Porque puede ser cualquiera de las crisis cíclicas y constantes que padece la Argentina: en La Virgen de la Tosquera a los jubilados les desaparecen las pensiones de los bancos, al carnicero le entran a robar y no hay plata en la caja, nadie tiene trabajo así que uno de los vecinos vende diccionarios Larousseen la fila para recolectar agua.
Entre escena y escena, vuelve a aparecer la toma del carrito, solo, en medio de la calle, con el zumbido de las moscas recordando que la maldición sigue ahí.
El primer cuento que Laura Casabé leyó de Mariana Enriquez fue “El Carrito”. La impactaron dos cosas: su literatura tan cinematográfica y la mirada certera para graficar el miedo. Pero no cualquier miedo, sino ese que produce la inestabilidad a la que estamos sumidos cuando las reglas del juego cambian, cuando la crisis funcionan como una maldición que recae sólo sobre algunos. Quedan desprovistas de los argumentos políticos que la excusan y es llevada a lo más íntimo: el miedo de quedarte en la calle escarbando la basura para poder comer.
Los fantasmas
Rita, Natalia y Quechu, un niño víctima de la maldición huérfano que vive con ellas, miran el programa de Susana Giménez por televisión. Alguien toca la puerta. Es un hombre que pide ayuda. Grita, golpea las ventanas, las empuja, parece que las va a romper. Natalia pregunta quién es y qué quiere. Él no responde. Grita más fuerte, ahora sabiendo que hay alguien adentro.
—¿Me podés abrir, nena?
Los tres se quedan callados. El hombre se va. ¿Pero volverá a molestarlos? ¿Estará en peligro? ¿Quiénes son los que están en la calle todo el día? No sabemos, pero él estaba afuera y ellos adentro.
Esta escena no está en ninguno de los dos cuentos que inspiran la película, pero pertenece al mundo Enríquez. Aparece en “Mis muertos tristes”, publicado en su último libro Un lugar soleado para gente sombría. En aquel relato, una médica retirada que vive en una casona junto al fantasma de su madre muerta, relata con detalles cómo el barrio comienza, progresivamente, a ser asediado por un grupo de fantasmas. “Pero esta historia importa solamente por un fantasma en particular, con el que actué diferente. Al que no pude o no quise ayudar”, dice la narradora. Este fantasma es “Matías de apellido italiano”, un chico que una noche tocó la puerta de todas las casas del barrio pidiendo ayuda porque se estaba escapando de un secuestro y, como ninguno de los vecinos le abrió, terminó asesinado de un disparo en la sien. Matías vuelve cada noche. “Se acercó a la ventana y en sus ojos, vivos, totalmente vivos, con algo de insecto, ese brillo zumbón de los escarabajos, vi la venganza y la furia”. Matías pasará su eternidad tocando las puertas del barrio que se le cerraron hasta exponerlo a la muerte. Así les recordará la injusticia, la culpa, la falta de empatía.
¿Habrá sido “Matías de apellido italiano” quien se apareció en la puerta de la abuela de Natalia? La vecindad, la ayuda y la cooperación tienen su reverso: los otros. Los fantasmas que emergen en esa fractura.
Los oasis mortales
“Una tosquera es una explotación minera abandonada (…) pero ellos la llaman ‘la pileta de los pobres’”, dijo un periodista de Telefé hace años. Las tosqueras, según Google, son grandes pozos que se realizan en zonas descampadas para extraer tosca. La tosca es un tipo de tierra color rojiza que se usa para rellenar construcciones, caminos, o como “suelo de alta resistencia” para grandes edificaciones. Se extrae de capas inferiores del suelo, por eso los pozos pueden alcanzar profundidades de hasta 25 metros. A simple vista, son hermosas, paradisíacas, con aguas transparentes, aves, paredes altas como acantilados.
Las tosqueras también son un lugar mortal, pero no por la extracción sino por el relleno: estos huecos en la tierra suelen quedar así, sin ningún tipo de tratamiento. Son tan profundos que, progresivamente, se llenan con el agua de las napas y pueden funcionar como arenas movedizas. El cambio de las corrientes de temperatura del agua por el suelo destrozado produce un efecto de abducción. Una vez que entrás, no podes salir. Las corrientes submarinas hacen remolinos en el fondo. Sólo en la provincia de Buenos Aires existen más de 36 oasis mortales perdidos en el medio del campo o, mejor dicho, a disposición de los barrios más pobres. Sin señalización ni tratamiento. Todos los veranos se conocen nuevos casos de ahogamientos o muertes en la zona. En la localidad de Florencia Varela, solamente, se contabilizaron más de 30 muertes hasta el año 2022. Las víctimas, por lo general, son jóvenes.
La tosquera se menciona en las primeras escenas de la película y sale de la boca de Silvia. Ella es la más grande y fue incorporada al grupo por Diego. Silvia y Diego se conocieron por ICQ, un servicio de mensajería por internet anterior a MSN y mucho más anterior a WhatsApp. Silvia, Diego, Nati, Jose y su melliza están saliendo de una pileta municipal. Viven una juventud con lo justo en un escenario donde todo se fractura. El impulso vital solo aparece cuando están juntos, en sus conversaciones, en la música que escuchan y las aventuras que emprenden. Todo lo demás está muerto, roto o amenazado.
Mientras toman una Quilmes en la vereda, Silvia se queja del olor a cloro que le quedó en el cuerpo. Una de las mellizas le pregunta si tiene una pileta mejor y ella responde:
—No, pero conozco una tosquera. Hay que tomar el 307 y después caminar bastante pero vale la pena (…). Es enorme, agua bien fría. Tenemos que ir.
En el cuento, las amigas dicen que meterse en la tosquera es “como sumergirse en un milagro”. En la película, la tosquera es enorme, profunda y cristalina. Silvia explica que esa zona se iba a llenar de barrios privados pero “cuando el país se fue a la mierda se fueron cancelando todos esos proyectos”.
Las brujas
Un detalle de la película que atrapa es la cantidad de tomas en las que Natalia aparece junto a Jose y su melliza. Siempre las tres. Juntas. A la misma altura. Tanto que sus cabezas parecen pegadas, un mismo organismo, perturbadoramente unidas. Laura Casabé habló sobre esta búsqueda casi sensorial en la que se intenta representar un “coro de brujas”. En varias escenas hablan muy bajo, en susurro. Como en la de la pileta, donde observan a Diego quien se está por tirar al agua desde la torre que funciona como plataforma de salto y llega Silvia. Apenas la ven comienzan a susurrar sobre lo fea que es y cuán chato tiene el culo.
Enriquez, y posteriormente Casabé, hacen un corrimiento de la imagen de las brujas. Si históricamente estuvieron vinculadas a mujeres viejas, demacradas, casi seniles, inútiles y sin hijos, las brujas de La Virgen de la Tosquera no son nada de eso. En lugar de narices como ganchos, verrugas otúnicas, tienen “muslos dorados, tobillos finos y vientres chatos”, como dice el cuento. Son hermosas, jóvenes, flacas y vírgenes. En la película a las mellizas nunca se les conoce exactamente el nombre, una es Jose, la otra no sabemos pero tampoco es necesario. Son una o son tres, son brujas. En el cuento las narradoras son muchas, en plural, nunca se sabe su número pero ellas cuentan la historia. El único nombre propio es Natalia.
—Nati, tenemos que debutar. Hasta Candela ya estuvo con alguien en el viaje de egresados —, le dice una de las mellizas en la orilla de la tosquera.
Natalia es virgen, y a lo largo de la película va reconociendo las facultades que eso le da. Sus poderes tienen el objetivo de solventar la angustia, el enojo o el rechazo. En la pantalla se puede ver una experiencia fatal y profundamente adolescente: ser sexy, estar buena, atraer a los hombres, coger pero no ser puta, elegir pero no ser histérica, andar calladita. Dady Brieva, quien interpreta a Gerardo el novio de Rita, le dice en una discusión a Natalia: “Para tener novio primero tenés que cambiar la onda. Los chicos de ahora quieren otro tipo de relación con chicas que no tengan tantos problemas y vos estás llena de problemas. Llena de problemas”. Después de eso Natalia le estruja el pito con la mente hasta hacerlo sangrar.
Hay pocas cosas materiales que poseemos en la juventud: por eso son tan importantes las amigas y los amores porque, un poco, nos definen como personas.
Cuando Rita le pregunta a Natalia por qué se puso tan mal después de una llamada de Diego, ella responde:
—Tenemos un problema con una persona.
—¿Una persona que es mala?
—Es una persona que se quiere quedar con algo que siempre fue nuestro.
Natalia y las mellizas escriben el nombre “Silvia” en un papel. Rita lo quema, le quita el aire dentro de un frasco con una cruz y después lo ahoga con agua.
En la adolescencia, no tener aquello que queremos o no ser correspondidas es, en sí mismo, el terror.
Las pibas
La Virgen de la Tosquera se estrenó en el Festival de Cine de Sundance en 2025, se proyectó en el BAFICI y también en el Festival de Sitges, especializado en cine fantástico. Siempre con excelente recepción y a sala llena.
Volviendo a Lucrecia Martel, ella reconoce dos problemáticas a las que nos expone la actualidad: la aceleración del tiempo y la contracción del espacio. Respecto al primero, porque el tiempo vital, de la sangre, no es el mismo que el de las pantallas. El tiempo de las pantallas nos expulsa, “estamos quedando biológicamente afuera”. Sobre la construcción del espacio, se pregunta “¿cuánto de la ciudad hemos dejado de ver por ir con el celular?”.
Para contrarrestar estos problemas, Martel propone dos claves, por un lado, alterar la percepción que tenemos de nosotros mismos. Modificar nuestra condición de observación, romper las categorías y armar monstruos que manifiesten su potencia. Y, por el otro, expandir el espacio, inventar el camino, ir hasta donde no se llegó todavía y narrarlo. Así, La Virgen de la Tosquera responde con aquellas brujas adolescentes, la crisis vista como una maldición y la tosquera como un nuevo espacio para imaginar otras metáforas.
La Virgen de la Tosquera se hilvana con otras producciones que generan nuevos atajos para las narrativas audiovisuales latinoamericanas. Como Belén, Cometierra, El tiempo de las moscas y Reas, entre otras, que saltan de la literatura o el teatro al cine, documentan lo colectivo, las formas de la belleza, la rabia y lo que está a un carrito de convertirse en marginal, en un tempo orgánico y con lenguajes, paisajes, monstruos, orgasmos, crisis y miedos que reconocemos propios.