Aún estoy aquí
Foto: Prensa PT
Afuá, el municipio que anticipó la tendencia
Afuá es un municipio de la isla de Marajó, en la desembocadura del Amazonas (estado de Pará). Tiene 37.765 habitantes según el Censo 2022, pero solo 12 mil viven en la ciudad (el resto vive en la ribera y se mueve en barco). Le dicen la Veneza Marajoara porque está construida sobre el agua, entre ríos e igarapés, con casas y calles de madera montadas sobre palafitos a un metro y pico del río, que sube y baja con la marea todos los días. Es también la ciudad con la flota de vehículos más chica de Brasil (14, según los registros del Senatran de este año), porque los autos y las motos están prohibidos en la zona urbana. La prohibición viene de comienzos de los 2000 y la razón fue práctica, porque las calles de madera no aguantaban el peso de las motos (desde 2022 la fija una ley municipal). Así que en Afuá todo se mueve a pedal. Hay bicitáxis (un invento local de 1995, cuando un vecino unió dos bicicletas para pasear a los chicos, y en los que hasta las novias van a la iglesia), la policía patrulla en bicicleta y hasta la ambulancia es una «bicilância», un cuadriciclo con camilla.


¿Y qué tiene que ver todo esto con la elección? A las 17:07, antes de que el conteo se congelara, el primer municipio con casi la mitad de sus secciones contadas (45%) fue Afuá. Ahí Lula sacaba 71,4% de los votos válidos, cuando en la primera vuelta había sacado 63,5% (y Flávio 31,6%). Lo adelantamos en redes y en la transmisión en vivo que hicimos en Cenital como una primera señal de que el viento venía a favor de Lula. Esas primeras urnas ya anticipaban parte de lo que se venía. Con todo contado, el corrimiento en Afuá fue menor del que sugerían a las 17:07 (Lula terminó con 67,3% y la diferencia se movió 2,7 puntos hacia él), pero la dirección que mostraban fue la que terminó dándose en casi todo Brasil.
Los números finales
Cada flecha en la imagen de abajo es un municipio. Las rojas apuntan a la izquierda y marcan dónde la diferencia se corrió hacia Lula respecto de la primera vuelta; las azules apuntan a la derecha y marcan corrimientos hacia Flávio Bolsonaro. El largo indica cuántos puntos cambió la diferencia entre los dos. En total, 5.389 municipios se movieron hacia Lula y 182 hacia Flávio.

Con el 100% escrutado, Lula obtuvo el 51,8% de los votos válidos y Flávio Bolsonaro el 48,2%. La diferencia es de 4,4 millones de votos sobre un total de 124 millones, el doble de los 2,1 millones con los que Lula le había ganado a Jair Bolsonaro en 2022. Así, Lula será presidente de Brasil por cuarta vez (gobernó entre 2003 y 2010 y desde 2023), y es el primero en ganar cuatro elecciones presidenciales. Hace tres semanas el panorama era el inverso. En la primera vuelta, Flávio había sacado 47,0% contra 45,2% de Lula, y escribimos acá que era la primera vez desde 1989 que Lula llegaba a un balotaje desde atrás (aquella vez perdió con Fernando Collor). Entre una vuelta y otra, Lula sumó 10,4 millones de votos y Flávio 3,7 millones.
Lo que pasó el domingo no tiene antecedentes en Brasil. Desde que existe el balotaje, en 1989, el que ganó la primera vuelta ganó siempre la segunda, incluso cuando el balotaje terminó muy parejo, como en 2014 (Dilma Rousseff le ganó a Aécio Neves por 3,3 puntos) o en 2022 (Lula a Jair Bolsonaro, por 1,8). Eso sí, ninguna primera vuelta había sido tan pareja como la de este año, porque la ventaja más chica hasta ahora había sido la de Lula en 2022, de 5,2 puntos. En el resto de América Latina, en cambio, la remontada ha sido bastante más común. En 22 de los 62 balotajes presidenciales desde 1990, el segundo de la primera vuelta terminó ganando, y entre los casos recientes están Mauricio Macri en 2015 y Javier Milei en 2023 en Argentina, Gabriel Boric en 2021 y José Antonio Kast en 2025 en Chile y Luis Lacalle Pou en 2019 en Uruguay. En este sentido, Brasil se volvió un poco más latinoamericano. La de Lula, además, fue una remontada de las más chicas en distancia de partida (casi todas las de la región arrancaron más de dos puntos atrás), aunque Flávio venía de sacar el mejor resultado de un rival del PT en primera vuelta desde 1998. El siguiente gráfico pone cada balotaje de la región según la ventaja con la que el primero salió de la primera vuelta y la que tuvo en la segunda (como todos los gráficos de El Atlas, es interactivo y descargable).

Casi todo Brasil se movió
En la primera vuelta, casi todo Brasil se había corrido hacia Flávio respecto de 2022. En el balotaje, el «swing» fue igual de extendido, pero en la dirección contraria. Respecto de hace tres semanas, la diferencia se movió hacia Lula en el 97% de los municipios, y Lula mejoró en los 27 estados. Para comparar parejo hay que mirar su porcentaje sobre los votos de los dos finalistas, porque en la primera vuelta había otros candidatos (sobre el total de votos válidos, Lula sube en todos lados casi por arrastre). Medido así, subió desde 1,2 puntos en Piauí (donde ya sacaba 75%) hasta 4,3 en Río de Janeiro, el estado donde más creció, y 3,8 en São Paulo. Flávio había ganado unos 2.900 municipios en la primera vuelta, y 211 de ellos pasaron a Lula en el balotaje. El camino inverso lo hizo uno solo. A escala de estado, el único que cambió de ganador fue Minas Gerais, que había votado a Flávio en la primera vuelta (48,2% contra 43,3%) y le dio a Lula el 50,4% en el balotaje.

Un crecimiento parejo
En la primera vuelta, el tamaño del municipio explicaba cerca del 40% de las diferencias en el cambio del voto frente a 2022 (Lula había caído mucho más en los pueblos chicos que en las grandes ciudades). En el balotaje, el cambio fue mucho más parejo. Si se agrupan los municipios por ingreso por persona, por la proporción de hogares que cobran el Bolsa Família (la transferencia mensual del Estado a las familias de menores ingresos) o por el peso de los evangélicos, la diferencia se corrió hacia Lula entre 4 y 6 puntos en casi todos los grupos, cerca del promedio de 5,3. Hay apenas dos matices. En el quintil de municipios más ricos el corrimiento fue algo menor (3,9 puntos), porque ahí Flávio también creció (3 puntos, contra una leve caída en los más pobres), y en los municipios de menos de 10.000 electores fue de 4 puntos, contra casi 6 en las ciudades de más de 200.000. Así, se consolidó lo que ya se veía en la primera vuelta, cuando Lula había resistido mucho mejor en las grandes ciudades que en los pequeños municipios (esto, como veremos luego, es uno de los cambios más grandes en la geografía del voto frente a 2022). Vale una advertencia: son comparaciones entre municipios, no entre personas, y para saber quién cambió su voto hacen falta encuestas.

Más gente, menos nulos
La remontada no se explica solo por los votantes de los demás candidatos. Entre una vuelta y otra cambió también quién votó y cómo. La participación subió de 79,1% a 81,0% del padrón (casi 3 millones de personas más), algo poco habitual en Brasil (en 2022 había pasado de 79,1% a 79,4%). El voto en blanco y nulo bajó de 4,8% a 3,2% de los que votaron, con 1,8 millones de votos menos. El aumento de la participación fue mayor en el Sudeste (2,4 puntos), el Sur (2,3) y el Nordeste (1,9). El Norte fue la excepción, con una caída de casi 2 puntos. El día de la elección, además, las dos campañas pidieron extender la votación, la de Lula por la falta de colectivos en Salvador y otras ciudades de Bahía y la de Flávio por las lluvias en municipios del Sur y de São Paulo, y el ministro Cristiano Zanin, del Supremo, la prorrogó hasta las 19 en las secciones que seguían abiertas. Cuánto de la mayor participación se debe a eso y cuánto a la movilización de cada campaña es algo que los datos agregados no permiten separar.

A dónde fueron los votos
La cuenta gruesa ya dice bastante. En la primera vuelta, los demás candidatos sumaron 9,3 millones de votos (Augusto Cury, 3,4 millones; Renan Santos, 2,7; Ronaldo Caiado, 2,6; Romeu Zema, 0,3). A eso hay que sumarle los 1,8 millones de votos en blanco y nulos que ya no estuvieron y los 3 millones de personas que se sumaron a votar. En total, unos 14 millones de votos nuevos para los dos finalistas, de los que Lula se quedó con 10,4 millones, casi tres de cada cuatro. Hace tres semanas calculábamos que a Lula le alcanzaba con el 62% de los votos de los demás si votaban las mismas personas. Sacó bastante más que eso, aunque esta cuenta no dice de dónde vino cada voto.
Para ir más allá hay que mirar urna por urna. Cada sección electoral vota en la misma urna en las dos vueltas, con casi los mismos electores, así que comparando cada sección consigo misma se puede estimar a dónde fue cada grupo. Lo hizo en vivo, durante la noche, el sitio e26.pm.radio.am, con 357 mil boletines de urna. Según esa estimación, los votantes de Cury se inclinaron por Lula (54% contra 34%), los de Renan Santos se repartieron casi por mitades y los de Caiado fueron algo más a Flávio (50% contra 46%), igual que los pocos de Zema. Sumados, los votantes de los demás candidatos le dejaron a Lula apenas 0,6 millones de votos de diferencia.
El grueso de la remontada vino de otro lado. Los que en la primera vuelta habían votado en blanco o anulado (6 millones) se volcaron a Lula (78% y 58%, respectivamente), y entre los que no habían ido a votar y esta vez fueron, Lula sacó el doble que Flávio. Esos tres grupos le dejaron a Lula 4,3 millones de diferencia. Buena parte del resto se explica por las diferencias en la fidelidad: según la misma estimación el 100% de los votantes de Lula lo volvió a votar, contra el 98% de los de Flávio. Estos datos deben tomarse en cuenta más como estimaciones que como un conteo fiel de lo que hizo cada votante.

En 2022, otro mapa
Comparado con el balotaje de 2022, el resultado nacional cambió poco (Lula pasó de 50,9% a 51,8%), pero la geografía cambió bastante más. Lula ganó en menos municipios que hace cuatro años (2.875 contra 3.123), porque 278 que lo habían votado en 2022 eligieron a Flávio, y solo 31 hicieron el camino inverso. Aun así, sacó más votos, porque mejoró donde vive más gente. En las ciudades de más de un millón de electores, su porcentaje subió 3,1 puntos respecto de 2022, mientras que en los municipios de menos de 10.000 cayó 2,9. Con la educación pasa algo parecido (subió 2,8 puntos en el quintil de municipios con más universitarios y cayó 1,6 en el de menos) y con el agro sucede lo contrario (cayó 2,5 puntos donde más pesa el campo). A escala de estado, Amapá pasó a Lula y Tocantins a Flávio. Las mejoras más grandes frente a 2022 estuvieron en el Distrito Federal (4,5 puntos), Amapá (4,3) y Río de Janeiro (3,4); las caídas, en Tocantins (2,8), Maranhão (1,6) y Rio Grande do Sul (1,5). Dicho de otro modo, el Lula de 2026 es más urbano y algo menos rural que el de 2022.

El Estado clave
Minas Gerais volvió a funcionar como termómetro. En el balotaje le dio a Lula el 50,4%, apenas por debajo del 51,8% nacional, y así se mantuvo una racha que ya es famosa en Brasil. Desde 1989, el candidato más votado en Minas fue el más votado en el país en los 18 turnos presidenciales, incluidas las dos vueltas de este año, en las que el estado cambió de ganador junto con el país. Minas tiene el 10% del padrón y una mezcla de regiones que se parece bastante a la del país (un norte pobre y cercano al Nordeste, un sur y un Triângulo más ricos y agropecuarios y una capital grande), lo que ayuda a entender por qué suele quedar tan cerca del promedio.

La región clave
En la primera vuelta escribimos que el Nordeste ya no alcanzaba. El balotaje lo desmintió. La ventaja de Lula en la región pasó de 11,1 a 13,7 millones de votos, más que en 2022 (12,6 millones), en buena medida porque ahí la participación subió a 83,5%, la más alta del país. Al mismo tiempo, la desventaja en el Sudeste se achicó a la mitad (de 5,7 a 2,8 millones), mientras que la del Sur y la del Centro-Oeste casi no cambiaron. El Norte terminó empatado (Lula ganó la región por 1.079 votos) y en el exterior Lula ganó por 29 mil. La suma da los 4,4 millones de diferencia nacional.

La noche del conteo
El conteo también fue distinto al de 2022. Aquella vez, Jair Bolsonaro estuvo adelante hasta que se contó el 68% de las secciones, y Lula recién lo pasó a las 18:43. Este domingo, en cambio, el TSE empezó a publicar a las 17:06, se frenó al minuto por la prórroga de la votación y recién retomó pasadas las 19. Lula arrancó arriba, Flávio pasó adelante cuando se llevaba contado el 14% (a las 19:45) y llegó a sacarle un punto, y Lula volvió a pasarlo con el 47% contado, a las 20:24. A partir de ahí, su ventaja creció con cada tanda de urnas hasta el 3,6 final, que se completó pasadas las 23.

Este texto es la última edición de El Atlas, el newsletter de Dani Schteingart.
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