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AGUS GARCÍA ES LA DEPORTISTA DESTACADA DEL 2023

La tenista Agustina García es la deportista destacada de los Premios Etapas 2023.

Terminaron los Premios eTapas 2023 con una nueva participación de 20 deportistas locales en etapa formativa que fueron destacadxs y elegidxs por sus propios profesores, siendo esta selección un premio en sí mismo. En los eTapas buscamos destacar el compromiso, el compañerismo, la dedicación constante; eso es lo que le pedimos a cada profe con el que nos comunicamos. Qué más valedero que la persona que te ve entrenar todo el año, te elija.

La deportista destacada del año es la tenista Agustina García (18) con más de 10mil votos en la etapa final, una instancia que superó los 40mil votos entre los 8 finalistas. Agus está rankeada entre las mejores 12 del país en la categoría damas sub18. La tenista fue parte de las 3 ediciones de los premios, accediendo a la final por primera vez y rompiendo el récord de votos de todas las ediciones finales.

Caterine Pino (19) futbolista de Círculo Italiano se subió al podio junto a Agustina Castro (14) karateca del Dojo Santa Rita con sede de entrenamiento en el polideportivo Cumelén. En ambos casos, tanto el fútbol granate como el Dojo mencionado fueron premiados el año pasado gracias a la participación de los deportistas Mateo Ventura y Facundo Valdez, respectivamente, por lo cual los eTapas vuelven a colaborar equipando los dos espacios deportivos.

En el total de las dos instancias fueron más de 50mil votos en total. Detrás de ese esfuerzo, la familia, lxs amigxs y las instituciones. Por eso agradecemos a todos y todas las que colaboraron apoyando a su deportista brindando un poquito de su tiempo. Como también a nuestros sponsors que son quienes hacen posible los Premios eTapas.

Accedieron a la final: Sofia Palacios (Telas), Sofía Fernetich Tulli (Basquet), Josefnia Lira (Patín), Juan Martin Amado (Arquería) y Nara Gonzalez (Gimnasia).

También fueron seleccionados para los eTapas 2023 los siguientes deportistas:

Ganadores Ediciones anteriores

Resta para cerrar los Premios Etapas 2023, la entrega de diplomas y de premios. Ya la estamos organizando.

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    Ciencia, tecnología y soberanía: cuando Perón pensó el desarrollo nacional desde el poder popular

     

    Juan Domingo Perón explicaba que sin ciencia y tecnología propias no hay soberanía, y sin soberanía no hay desarrollo posible. Exactamente a la inversa del proyecto libertario.

    Por Walter Onorato para NLI

    Hay textos que no envejecen: se actualizan. No porque el tiempo los haya tratado bien, sino porque las contradicciones que describen siguen vigentes —o incluso agravadas—. El capítulo dedicado a la ciencia y la tecnología en Modelo argentino para el proyecto nacional es uno de ellos. Allí, Juan Domingo Perón no sólo reflexiona sobre el desarrollo científico-tecnológico, sino que lo inscribe en una estrategia integral de liberación nacional, enfrentada de manera frontal al dogma liberal y a la dependencia estructural de los países periféricos.

    El planteo parte de una definición clave: la tecnología no es neutra. Es poder social cristalizado, acumulable, transferible, comerciable, y por lo tanto, objeto de disputa política. Perón la define como una forma particular de “mercadería” inmaterial que entra en la producción, genera dependencia y condiciona las decisiones soberanas de un país cuando es controlada desde el exterior. Esta caracterización desmonta de raíz la visión tecnocrática que separa ciencia de política: para el peronismo, no hay desarrollo técnico sin proyecto nacional.

    Perón escribe con claridad que los países de menor desarrollo relativo no pueden aceptar pasivamente la división internacional del conocimiento. La llamada “internacionalización del saber” —presentada muchas veces como cooperación desinteresada— encubre, en realidad, relaciones asimétricas de dominación. La dependencia tecnológica, advierte, es incluso más difícil de revertir que la financiera o la comercial, porque requiere largos procesos de acumulación, inversión sostenida y planificación estratégica. No se cambia de proveedor como se cambia de banco: se construye capacidad nacional o se profundiza la subordinación.

    Este punto es central: sin base científico-tecnológica propia no hay liberación posible. La afirmación no es retórica ni abstracta. Perón la vincula directamente con la capacidad de decidir qué producir, cómo producir y para quién producir. La tecnología importada sin control nacional impone modelos productivos, ritmos de crecimiento y prioridades ajenas al interés popular. Por eso insiste en que toda incorporación tecnológica —sea externa o incluso nacional— debe estar gobernada por criterios políticos claros, orientados al modelo de sociedad que se busca construir.

    En este marco, Perón rechaza explícitamente una política científico-tecnológica de tipo liberal. No hay aquí concesiones: la conducción del sistema científico debe estar en manos del Estado, con centralización estratégica y ejecución descentralizada. La ciencia no puede quedar librada al mercado ni a intereses extranjeros, porque su orientación define el perfil productivo del país. No se trata de acumular conocimiento por el conocimiento mismo, sino de identificar aquel saber indispensable para fortalecer el poder nacional de decisión.

    El rol del científico y del tecnólogo ocupa un lugar destacado en el texto. Perón exige condiciones materiales y simbólicas para su desarrollo: estabilidad, reconocimiento social, remuneración digna, equipamiento adecuado y, sobre todo, utilidad social del conocimiento producido. Resulta especialmente contundente cuando señala la incoherencia de formar especialistas para luego expulsarlos —por falta de oportunidades— al exilio intelectual. La famosa “fuga de cerebros” no es un fenómeno natural: es una consecuencia directa de modelos dependientes que desprecian el conocimiento propio.

    Hay, además, una dimensión ética profundamente peronista en esta concepción. Perón sostiene que el científico debe tener la capacidad de negarse a producir conocimientos que resulten perjudiciales para el país. Esta afirmación rompe con la idea liberal de neutralidad científica y plantea una responsabilidad social del saber, anticipando debates contemporáneos sobre tecnología, ambiente y desarrollo sustentable.

    Finalmente, el texto propone incluso la constitucionalización de ciertos principios científico-tecnológicos, entendiendo que el desarrollo nacional no puede quedar sujeto a vaivenes coyunturales ni a gobiernos entreguistas. La ciencia y la tecnología, para Perón, son pilares estructurales del proyecto nacional, al mismo nivel que la industria, el trabajo y la justicia social.

    Leído desde el presente, este capítulo funciona como una interpelación directa a las políticas de desfinanciamiento, extranjerización y mercantilización del sistema científico argentino. Frente al ajuste, la precarización y la subordinación tecnológica, Perón ofrece una hoja de ruta clara: planificación, soberanía y poder popular aplicado al conocimiento. No es nostalgia: es vigencia política.

     

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