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A DOS MESES DEL ACCIDENTE AMBIENTAL EN CATAMARCA SE DESCONOCE SI HUBO SANCIONES PARA LA EMPRESA

La minera Livent S.A volcó ácido clorhídrico en Catamarca y todavía se desconoce si hubo sanciones para la empresa, o las consecuencias a largo plazo de la contaminación.

Tras el derrame en el Salar del Hombre Muerto, en el departamento Antofagasta de la Sierra, Catamarca/12 accedió a un informe que detalla que se derramaron 1032 litros de ácido clorhídrico. Hasta el momento no se conocían las características del material derramado, ni su cantidad.

Según el informe realizado por Livent, se derramaron 1032 de 1732 litros que transportaba el camión. Con la ayuda de «bandejas», y una bomba, se pudieron recuperar 700 litros del total que transportaba la cisterna. Y acá está uno de los grandes problemas, los informes son realizados por las empresas sin ninguna participación ni auditoria de los estados provinciales o nacionales

El ácido clorhídrico es uno de los líquidos más peligrosos que se utilizan para la disolución de metales. El accidente fue protagonizado por un camión proveedor de la empresa Minera del Altiplano SA-Livent.

Oficialmente se dijo que la investigación por las responsabilidades de la empresa en la contaminación ambiental «continúa». Y que constataron que la empresa realizó las «remediaciones solicitadas por el Estado, siguiendo los protocolos que establece el organismo minero». Afirman que se «determinó y constató que el PH del lugar está en los parámetros normales, y que la remediación general cumple con las condiciones que se exigen”.

El accidente se registró el sábado 4 de febrero de 2023 a las 19.45, cuando un camión cisterna de la empresa FMF que trasportaba ácido clorhídrico al 30% con destino a la Minera, volcó. Se produjo a 2 km del control policial en el límite del Salar del Hombre Muerto con la provincia de Salta. Las causas del siniestro habrían sido que las condiciones de circulación «estaban más complicadas de lo habitual», debido a que la calzada se encontraba con barro, y la banquina estaba blanda por efecto de las lluvias de ese día, más una maniobra inadecuada del chofer.

El informe no establece consecuencias a largo plazo de la contaminación en el lugar, o si las tareas de remediación fueron suficientes y adecuadas. Oficialmente tampoco se informó al respecto.

Según la empresa minera, el derrame se produjo en el mismo Salar, en la zona conocida como rugoso, por su morfología exterior de mezcla de sal y arcillas. «Es un lugar de muy baja actividad biológica y de pH mayores a 8, por lo que tienen también una capacidad buffer natural (la resistencia que tiene el suelo a cambiar el pH cuando se le adicionan sustancias ácidas o básicas)”, asegura la empresa.

Además, afirman que no es un lugar con vegetación ni cursos de agua asociados a la misma, y que en el momento de los trabajos que demoraron más de 3 días, “no se avistaron ejemplares de fauna”. Sin embargo, el análisis determinó que el primer derrame fue más profundo, tomó contacto con el nivel freático salino y que por las intensas lluvias penetró aún más.

Las tareas de remediación del suelo contaminado que estaba obligada la empresa a realizar, consistieron en cavar y quitar el suelo impactado con ácido y se lo dispuso en contenedores de 1m3 para su almacenamiento temporal y posterior disposición final, que fueron colocados en envases plásticos a la orilla del camino. Hubo zonas que fueron neutralizadas con cal.

Fuente, Catamarca12.

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    Un reptil olvidado durante décadas cambia la historia de la Patagonia

     

    Un equipo del CONICET logró identificar una nueva especie que vivió hace unos 70 millones de años en el sur argentino. El hallazgo no solo completa un vacío científico, sino que revela cómo era la vida en el final de la era de los dinosaurios.

    Por Alina C. Galifante para NLI

    Reconstrucción del cráneo dePaleoteius por el técnico Santiago Miner.

    En la inmensidad de la Patagonia, donde el viento parece arrastrar ecos de otro tiempo, un grupo de científicos argentinos acaba de reescribir una parte clave de la historia natural. A partir de restos fósiles dispersos y estudiados durante décadas, investigadores del CONICET lograron identificar una nueva especie de reptil prehistórico que habitó la región hace unos 70 millones de años, en el tramo final del período Cretácico.

    Lo que durante años fueron piezas sueltas —huesos aislados, fragmentos de armadura, registros incompletos— hoy se convirtió en una historia coherente: la de un animal único que ayuda a entender cómo evolucionaban las especies en el extremo sur del planeta justo antes de la gran extinción.

    Un rompecabezas armado con décadas de ciencia

    El descubrimiento no fue producto de un hallazgo repentino, sino de algo mucho más profundo: la reinterpretación de material acumulado desde la década del ’80.

    Los restos provenían de la zona de Salitral Moreno, en Río Negro, y habían sido recolectados por distintos equipos a lo largo de los años. Sin embargo, recién ahora, gracias a nuevas técnicas y comparaciones, los especialistas pudieron determinar que pertenecían a una especie completamente nueva.

    Ese proceso revela algo clave sobre la ciencia: no siempre avanza con explosiones espectaculares, sino muchas veces con paciencia, revisión crítica y acumulación de conocimiento.

    Un animal pequeño en un mundo de gigantes

    La nueva especie —un reptil acorazado emparentado con los dinosaurios— presentaba una característica llamativa: su tamaño era inusualmente reducido.

    Mientras otros animales similares alcanzaban entre cuatro y cinco metros de largo, este ejemplar medía apenas entre dos y tres metros. Ese dato no es menor. Para los investigadores, podría tratarse de un caso de “enanismo insular”, un fenómeno evolutivo que ocurre cuando los recursos son escasos y favorecen a individuos más pequeños.

    En aquel entonces, gran parte de la Patagonia estaba fragmentada por brazos del mar, lo que generaba ecosistemas aislados, casi como islas, donde las especies debían adaptarse para sobrevivir.

    En otras palabras, no era un animal “pequeño” por casualidad: era el resultado de un ambiente hostil que moldeaba la vida a su medida.

    La Patagonia, un laboratorio del pasado

    Este descubrimiento también confirma algo que la paleontología viene señalando hace años: la Patagonia no es solo un territorio rico en fósiles, sino un verdadero laboratorio natural para entender la evolución global.

    Durante el Cretácico tardío, los continentes aún estaban conectados de formas diferentes a las actuales. Eso permitió intercambios biológicos entre el norte y el sur, con especies que migraban y se adaptaban a nuevos ambientes.

    Así, animales que evolucionaron originalmente en el hemisferio norte terminaron llegando a Sudamérica, donde desarrollaron características propias. El nuevo reptil identificado es, precisamente, una pieza clave en ese rompecabezas biogeográfico.

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    El valor del hallazgo no se limita a sumar una especie nueva al catálogo científico. Lo verdaderamente relevante es que permite reconstruir cómo eran los ecosistemas poco antes del evento que cambió la historia del planeta: la extinción masiva que acabó con los dinosaurios.

    Cada hueso, cada fragmento de armadura, cada detalle anatómico aporta información sobre cómo vivían, se alimentaban y sobrevivían estos animales en un mundo que estaba a punto de desaparecer.

    En ese sentido, el descubrimiento funciona como una advertencia silenciosa: la vida en la Tierra siempre está en transformación, y las condiciones ambientales pueden redefinirla por completo.

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    En un contexto donde la ciencia suele ser blanco de recortes y cuestionamientos, este tipo de hallazgos pone en evidencia algo difícil de negar: la investigación sostenida en el tiempo genera conocimiento estratégico, incluso décadas después de iniciado un trabajo.

    El propio estudio demuestra que sin inversión constante, sin equipos formados y sin continuidad institucional, muchos de estos descubrimientos simplemente no existirían.

    Porque lo que hoy aparece como un “nuevo reptil” no es solo un fósil: es el resultado de años de trabajo silencioso, muchas veces invisibilizado, pero fundamental para comprender nuestro lugar en la historia del planeta.

     

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