PorLuis E. Sabini Fernández


La empresa finlandesa UPM comenzó este año la construcción de la segunda planta de pasta de celulosa (luego de la ya polémica Botnia en Gualeguaychú) con capacidad de 2,1 millones de toneladas en el departamento de Durazno, así como una terminal especializada en celulosa en el puerto de Montevideo. El acuerdo entre el gobierno uruguayo y UPM2, fue desde un inicio ampliamente criticado por el terrible impacto ambiental que supone en el territorio vecino: mayor producción de monocultivos, erosión de suelos, contaminación de los principales ríos del país, y pérdida de biodiversidad, entre otros efectos.

Los filántropos y la
caridad están de más en la sociedad humana; paso a la justicia.
                                              Piotr
Kropotkin, 1898

UPM anuncia que va a ‘potabilizar el agua para una población de 600 habitantes’. En rigor, nos cuenta que con un proyecto de potabilización mediante ósmosis inversa, UPM va a ampliar la disponibilidad de agua potable en Carlos Reyles, en el dpto. de Durazno, a pocos km de Pueblo Centenario, lo cual  le permitirá a aquella población albergar -se estima- que algunos cientos de trabajadores de la planta de UPM, que se está levantando en Pueblo Centenario.

Tal es el anuncio. Uno de los tantos que publicita
UPM en su tarea asistencial, educacional, con los cuales procura demostrar los
enormes beneficios de su presencia en el país.

Ahora lo nuestro: ¿qué estructura mental
tenemos para que una empresa tenga éxito con operaciones del tipo ‘potabilizar agua
para 600 habitantes’ siendo la misma empresa la que contaminará el agua para una
cantidad incalculablemente mayor de habitantes?

La demanda de UPM para su plan de producir
2 millones de toneladas de celulosa anual en el corazón territorial del Uruguay
exige, según las estimaciones presentadas, unos 135 millones diarios de litros
diarios, que volverán no totalmente (unos 110 millones) en forma de efluentes
de la planta procesadora, es decir como agua contaminada y recalentada, y que
como tal, alterará aguas abajo todos los factores bióticos; flora, fauna.

¿A cuántos altera este resultado
industrial? Incomparablemente a muchos más que a 600. La diferencia es que
aquellos 600 reciben claramente una potabilización del agua y quienes van a
convivir, y sufrir, con los efluentes de UPM, serán muchos más, pero recibirán
un daño más difuso, algo menos determinado.

Se podría argüir incluso que el agua del
río Negro luego del paso por UPM no tiene por qué ser usada (al menos de
inmediato). Tal vez eso podría tener una cuota de verdad para emplazamientos
industriales en zonas despobladas, donde el agua recupere lentamente, lo haría
muy lentamente, sus atributos naturales, pero eso es manifiestamente falso en
el caso que nos ocupa, donde el río Negro presta una serie de servicios bañando
sus costas, albergando la fauna y flora respectiva; como generador de agua para
el ganado, asiento de pesca y hasta lugar de esparcimiento. Todo eso se altera
con el uso industrial del agua como enfriador y vehiculizador de los efluentes
tóxicos de la planta.

No nos chupamos el dedo. Esos “servicios”
de nuestro principal río interior ya estaban en entredicho por la agroindustria
y su empleo discrecional de agrotóxicos, por los cuales ya se han registrado
denuncias de ganaderos que han visto morir sus reses por tomar agua
directamente del río Negro.

UPM, entonces, no creará los problemas de
contaminación; pero los agravará de un modo decisivo, introduciéndonos en una
problemática de deterioro ambiental sin precedentes.

Y sin embargo, persuadiéndose y persuadiéndonos de que nos ayuda…  la crudeza de los hechos va a mostrar los verdaderos móviles de UPM  −la renta por despojo− pero para nosotros, los que aquí vivimos, llegará un poco tarde. ♣♣♣

#PA.

viernes 4 de septiembre de 2020

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