Si te vas, traé garotos

Si te vas, traé garotos

 

En febrero de 2025, una noticia del medio brasilero Exame contaba que, el mes anterior, la sucursal de Decathlon de Florianópolis había conseguido un récord mundial de ventas de la marca de artículos deportivos entre sus más de 5 mil tiendas en 76 países. Junto a fotos de góndolas devastadas y filas con carritos desbordados, la nota daba una explicación muy clara: la causa del súbito incremento de ventas era el aluvión de turistas argentinos que había llegado a Florianópolis, y que conformaron el 90 por ciento de la clientela del mes. Así, la tienda recibió entre 4 y 5 mil clientes por día. La diferencia en el tipo de cambio existente entre el real brasileño y el peso argentino era el motivo central que planteaban los directivos de la marca.

El “saqueo” al Decathlon de Florianópolis fue sólo una muestra de una temporada récord en viajes a Brasil. En enero de 2025, 632.100 argentinos y argentinas cruzaron al país vecino, un 83,8 por ciento más que el mismo mes del año anterior. Brasil representó más del 30 por ciento de los egresos fuera del país, seguido por Chile y Uruguay. Sumando todos los destinos internacionales, sólo en enero, casi dos millones de argentinos viajaron al exterior, y hacia octubre, el INDEC contabilizaba casi diez millones de salidas, un récord histórico. ¿Desde cuándo y en qué condiciones se volvió algo recurrente que una marea de argentinos inunde las playas de Brasil?

De la Bristol a Canasvieiras

Para hablar de los viajes de argentinos al exterior, primero tenemos que recuperar la historia del turismo en Argentina, que tiene una larga tradición. Desde los años treinta, cuando se pavimentaron las principales rutas argentinas, y luego con el impulso de las políticas del peronismo a fines de los cuarenta, el turismo interno dio un salto. A partir de esas décadas, Mar del Plata se convirtió, como señala el libro de Elisa Pastoriza y Juan Carlos Torre, en un sueño de los argentinos1. A la vez, aquella autora, junto a Melina Piglia, expusieron cómo la clase media fue, en gran medida, la principal beneficiaria de las políticas de turismo social del peronismo, tanto por hallarse en mejores condiciones para aprovechar sus ventajas como por políticas específicas orientadas a ese sector, más allá de la significación política del turismo obrero2. Las décadas del sesenta y setenta marcaron el auge del turismo de clase media en la costa atlántica, en un contexto en el que, a pesar de la inestabilidad política, Argentina llegó casi a tener pleno empleo. Las vacaciones en la playa de Mafalda y su familia, un clásico de la historieta de Quino publicada entre 1964 y 1973, son una expresión de aquel fenómeno.

Sumando todos los destinos internacionales, sólo en enero de 2025, casi dos millones de argentinos viajaron al exterior; hacia octubre, el INDEC contabilizó casi diez millones de salidas, un récord histórico.

En esos años, algunos empezaban a viajar a Brasil. Pero la conectividad y los precios no eran los actuales. En auto, por ejemplo, era muy difícil. Mi viejo siempre cuenta la epopeya que hizo con un amigo en 1970, manejando un Torino hasta Río de Janeiro. Cruzando el Chuy uruguayo, en la frontera con Brasil, una parte del camino era directamente por la playa. Poco después se inició una serie de obras de infraestructura que cambiarían para siempre los viajes a Uruguay y Brasil. En los setenta se inauguraron, entre otros, los puentes Chaco-Corrientes (1973), Colón-Paysandú (1975), Gualeguaychú-Fray Bentos (1976) y Zárate-Brazo Largo (1977). Del lado brasilero también se hicieron obras como la “Freeway”, primera autopista de Brasil inaugurada en 1975, que conectó Porto Alegre con Osorio y facilitó el acceso al litoral norte de Rio Grande do Sul y a las playas de Santa Catarina. La conectividad aérea también mejoró y, a principios de los noventa, una serie de transformaciones a escala global redujeron los costos de los pasajes.

Puestas a competir, las playas brasileñas exhibieron pronto una serie de factores ventajosos frente a las argentinas. En los países o regiones de clima templado como el nuestro, las personas suelen alejarse del polo para ir a la playa, pero por las características geográficas de nuestro país, la mayor parte hace al revés: para ir a la costa hay que viajar hacia el sur, que es lógicamente más frío. En Brasil, por su parte, no hace falta irse muy al norte: las playas de Santa Catarina, accesibles desde la frontera argentina, son reconocidas internacionalmente. A la vez, de las principales quince aglomeraciones urbanas de la Argentina, solo Buenos Aires y La Plata (y la propia Mar del Plata) se encuentran relativamente cerca de la playa. Para una familia cordobesa, ir a la costa atlántica implica un viaje de más de 1000 kilómetros. A Posadas y Resistencia les queda más cerca el litoral brasilero que Mar del Plata, mientras que las ciudades del NOA tienen a la misma distancia las playas bonaerenses y las de Santa Catarina. Chile y Uruguay son otras opciones vecinas que disputan con la costa atlántica. Y Brasil es Brasil: sus playas, su cultura, su música. Un lugar increíble.

La competencia entre turismo local y turismo afuera del país en las últimas décadas pasó a tener un determinante fundamental: el tipo de cambio.

Planteada así la situación, la competencia entre turismo local y turismo afuera del país en las últimas décadas pasó a tener un determinante fundamental: el tipo de cambio. Como señala un estudio3 de Schteingart, Trombetta y Bertín, el aumento del turismo emisivo (el que sale del país) es inversamente proporcional al precio del dólar. El período de la “plata dulce”, entre 1979 y 1981, marcó un primer crecimiento del turismo al exterior. Pero fue sobre todo en los noventa, con la Convertibilidad y el dólar barato sostenido durante una década, que el fenómeno del turismo al extranjero se consolidó definitivamente: entre 1990 y 2000, la salida anual4 de argentinos al exterior creció un 106,5%. Y ese último año, Brasil representó el 35 por ciento de los casi 5 millones de egresos fuera del país.

La prensa de la época, que primero cubrió el tema con sorpresa, comenzó a dedicarle pronto suplementos y secciones especiales. En 1993, a la tradicional cobertura veraniega de Clarín sobre los balnearios argentinos, se sumaron crónicas sobre lo que pasaba en Florianópolis. Una nota de enero de ese año titulaba, por ejemplo: Canasvieiras,“la Bristol brasileña”, invadida por la clase media argentina5. La crónica se apoyaba en una referencia turística conocida para el lector argentino, la Bristol marplatense, para introducir el nuevo destino de moda. A la vez, a diferencia de Miami, otro destino clásico de los noventa, las playas del sur de Brasil presentaban un costado más popular, al ser accesibles no sólo en avión, sino por vía terrestre. En 2004, la mitad de los ingresos al país vecino se hicieron en auto6.

La cultura de viajar afuera

El boom del turismo al extranjero en los noventa tuvo varias consecuencias. Primero, la industria del turismo local entró en crisis. En los primeros años, pudo seguir creciendo a tasas más bajas, pero la recesión económica, sumada al mantenimiento del 1 a 1, la llevaron a una caída hacia fines de la década.

En 1993, a la cobertura veraniega de Clarín sobre los balnearios argentinos, se le sumaron crónicas sobre lo que pasaba en Florianópolis. Una nota de enero de ese año titulaba, por ejemplo: Canasvieiras,“la Bristol brasileña”, invadida por la clase media argentina5

Por otra parte, el turismo afuera también fue una de las pautas de consumo que dividieron a la clase media entre “ganadores” y “perdedores”, es decir, aquellos que pudieron acceder a las vacaciones afuera, los productos importados y otros consumos de época y aquellos más afectados por la crisis económica. Ambos sectores, no obstante, se fueron permeando y entrecruzando. De hecho, vacaciones en el exterior y vivencia de la crisis se fueron complementando y solapando en las experiencias de los sectores medios. El “saqueo” al Decathlón al que nos referimos al inicio, sólo puede entenderse en la combinación de ambas variables: una clase media acostumbrada a vivir de crisis en crisis, y que, cuando el cambio es favorable, compra todo lo que puede porque después nadie sabe qué pasa.

Como un niño que creció en los noventa, también me tocó ese boom y esa montaña rusa. En el 94 nos fuimos a Disney, después mi viejo estuvo mal económicamente dos años por el efecto tequila, pero ya en el 97 nos fuimos por primera vez a Florianópolis y en el 99 repetimos la travesía en un Renault 19. Algo me quedó de esos viajes, y hace cuatro años agarramos la ruta en auto por primera vez con mi familia.

Los noventa cambiaron la forma de pensar las vacaciones de amplios sectores de la clase media. Viajar afuera se volvió casi una necesidad. Y de allí se desprendió un sorprendente reclamo: el histórico derecho a las vacaciones transmutó en la idea de que existe un derecho a vacacionar afuera.

Es que los noventa cambiaron la forma de pensar las vacaciones de amplios sectores de la clase media argentina. Las vacaciones fuera del país, particularmente en Brasil, se transformaron de una posibilidad esporádica en un deseo de consumo sostenido. Tanto que, para una parte de la clase media, viajar afuera se volvió casi una necesidad (si no todos los años, al menos de forma recurrente). Y de esa casi necesidad se desprendió un sorprendente reclamo de derechos: el histórico derecho a las vacaciones de los argentinos y argentinas, transmutó en la idea de que existe un derecho a vacacionar afuera.

Me tocó vivirlo hace algunos años en el cruce internacional de Paso de los Libres, en Corrientes. Muchos argentinos y argentinas que allí esperaban, estaban indignados con que no hubiera más personal de Migraciones para agilizar el cruce fronterizo a Brasil. Es verdad que ese cruce, en enero y con calor, puede ser agobiante. Pero era más que eso. Estas personas se organizaban para protestar, se acercaban a una y otra ventanilla, pedían hablar con alguna autoridad a cargo. No era una simple queja, era el tipo de reclamo de quien siente un derecho vulnerado.

¿Y esta fiesta quién la paga?

Además de más personal de Migraciones en la frontera, una parte de la clase media reclama acceder al factor que define la posibilidad de ejercer su “derecho” a las vacaciones en el exterior: el dólar. Como señalaron varios analistas, la hipótesis de un dólar sin techo el día después de los comicios fue uno de los factores que definieron las últimas elecciones legislativas a favor de La Libertad Avanza. El dólar barato se volvió una gran ilusión argentina8. Un amigo vivió en carne propia las filas de argentinos queriendo comprarse todo en los supermercados de Florianópolis en enero pasado. Así me describió lo que vio: “No es sólo que está barato, hay un componente emocional. La sensación de salir del país y llevarte puesto a un país vecino con tu propia moneda es droga”.

Más que dólar barato quizá deberíamos llamarlo dólar subsidiado. Un subsidio que el Estado otorga, como un plan social indirecto, a quienes decidimos pasar nuestras vacaciones en el extranjero.

Pero la continuidad de este tipo de cambio y la salida de miles de compatriotas al extranjero tienen un costo. En 2025, la salida de divisas por turismo de argentinos al exterior rondó los 13 mil millones de dólares, la mayor de la historia. Una publicación reciente del sitio Argendata de Fundar resalta el inusual peso que tiene el turismo dentro de las importaciones totales de Argentina, superior al de todos los países vecinos9. Si se descuentan los 4 mil millones de ingresos por turismo receptivo, el déficit por turismo en 2025 fue de unos 9 mil millones de dólares, lo que ubica a Argentina entre los países con mayor déficit turístico del mundo, medido sobre su PBI10. En comparación, el superávit energético del país hacia septiembre de 2025, rondaba los 5 mil millones. Dicho de otro modo, los dólares de Vaca Muerta se fueron, casi íntegros, en sostener el turismo de argentinos en el exterior. Por eso, más que dólar barato quizá deberíamos llamarlo dólar subsidiado. Un subsidio que el Estado otorga, como un plan social indirecto, a quienes decidimos pasar nuestras vacaciones en el extranjero.

Así las cosas, la temporada 2026 empezó nuevamente con decenas de miles de argentinos en Brasil y otros países. Leer este fenómeno socio-cultural en clave histórica seguramente nos ayude a entender por qué, cuando las condiciones están dadas —básicamente cuando se sostiene una política cambiaria como la actual— el turismo argentino en el exterior explota hasta transformarse en un problema para las finanzas del país. El histórico derecho a las vacaciones de los argentinos y argentinas, que se consolidó en el segundo tercio del siglo XX, hizo clic en los noventa con la posibilidad y el deseo de irse afuera. Esa combinación, sostenida por una década, dio como resultado la percepción de que no sólo las vacaciones, sino las vacaciones en el exterior, son un derecho. Arraigada en una parte importante de la clase media argentina hasta la actualidad, esta idea se transformó en una verdadera paradoja de un país en crisis permanente.

  1. Pastoriza, Elisa y Torre, Juan Carlos (2019). Mar del Plata: un sueño de los argentinos. Buenos Aires: Edhasa ↩
  2. Pastoriza, Elisa y Piglia, Melina (2017). “La construcción de políticas turísticas orientadas a los sectores medios durante el Primer Peronismo. Argentina 1946-1955”. En Licere, Vol. 20, 411-452. ↩
  3. Schteingart, D; Trombetta, M y Bertin, P.; Flujos turísticos internacionales en Argentina. Documentos de Trabajo del CEP XXI N° 3, febrero de 2021, Centro de Estudios para la Producción XXI – Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación. ↩
  4. Anuario Estadístico de Turismo de la República Argentina 2006. Secretaría de Turismo de la Nación. Argentina ↩
  5. Clarín, 19 de enero de 1993, p. 40-41 ↩
  6. Anuario Embratur Anuário Estatístico EMBRATUR – 2005. Brasília: Ministério do Turismo/Instituto Brasileiro de Turismo/Diretoria de Estudos e Pesquisas, 2004.V.32 236p. Dados de 2004. ↩
  7. Clarín, 19 de enero de 1993, p. 40-41 ↩
  8. Al respecto, ver el trabajo de Ariel Wilkis y Mariana Luzzi, El Dólar: historia de una moneda argentina (la última edición es la de Siglo XXI de 2025). ↩
  9. Schteingart, D., Della Paolera, C. y Vezzato, J. M. (2025). Turismo. Argendata. Fundar. Entre 2016 y 2024, el turismo emisivo representó el 9% del total de importaciones de Argentina, por encima de todos los países limítrofes -Uruguay (6,3%), Bolivia (6%), Brasil (5%), Paraguay (4,4%) y Chile (2,3%)- . En 2025, el dato posiblemente sobrepasó las dos cifras. ↩
  10. Ídem. Entre 2016 y 2024, Argentina se ubicó en el puesto 150 en cuanto al déficit turístico medido sobre su PBI, de un total de 186 países. Y esto fue con un déficit turístico promedio de USS 3.000 millones. En 2025, con cerca del triple, Argentina debe haber caído más cerca aún del fondo de la tabla en este particular ranking global. ↩

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  • El gobierno de Kicillof licitó un tramo clave de las obras del río Salado con fondos propios

     

    El gobierno de Axel Kicillof inició la licitación de las obras de ensanche y profundización del cauce del río Salado. Se trata de las etapas 1 y 2 del tramo V del Plan Maestro Integral, que todavía no se habían intervenido.

    Esas etapas atraviesan distritos del noroeste de la provincia, puntualmente Alberti, Bragado y Chacabuco, y permitirá recuperar unas 400 mil hectáreas productivas.

    Las obras suponen una inversión de unos USD 138 millones y recibirán financiamiento mixto, a través de un préstamo internacional del Banco Europeo de Inversión (BEI) por USD 110 millones, y del Tesoro Provincial. El viernes se realizó el llamado a licitación y la fecha de apertura de sobres se efectuará el 26 de febrero.

    Los trabajos en las etapas 1 y 2 se extienden desde Bragado hasta aguas debajo de la laguna Rocha, sobre una longitud total de 60 kilómetros.

    Además de la obra sobre el río, incluye la intervención en infraestructura complementaria, como la reconstrucción de siete puentes (cinco viales y dos de ferrocarril).

    Viaje al dragado del Río Salado, la obra de movimiento de suelo más importante del país

    El Tramo V es el segmento final con el que se completará el Plan Maestro, y que se extiende sobre 95 kilómetros desde el distrito de Lezama, sobre la Autovía 2, hasta Junín, en el noroeste de la provincia.

    El Plan Maestro de la cuenca del Salado es la obra de movimiento de suelo más importante del país y una vez finalizada permitirá mitigar los efectos de las sequías e inundaciones en una superficie que abarca 170.000 kilómetros cuadrados y posee 17 millones de hectáreas (que equivalen a toda la provincia de Córdoba).

    Las obras consisten en la adecuación, ensanche y profundización del cauce del río, a través de tareas de dragado y relleno que permitirán el escurrimiento encauzado ante crecidas, teniendo en cuenta los caudales máximos estimados.

    Con ese fin, se amplía la sección primaria del río y se ejecutan nuevas secciones a cada lado, llamadas recintos, que son rellenadas con el material recuperado mediante el dragado para absorber las crecidas. Esto, a su vez, posibilitará que las áreas alrededor del Salado, que suelen quedar anegadas, puedan ser utilizadas para la producción.

    En el marco de este Plan, ya se finalizó el estudio para la elaboración de un proyecto licitatorio de obras de infraestructura en el «Nodo de Bragado», que permitirá manejar de forma más eficiente las excedencias hídricas y la protección del territorio de este municipio. El proyecto contempla intervenciones en la Laguna del Parque y arroyo Saladillo; y el canal vinculación y defensa Bragado.

    Las 20 grandes obras que proyecta Kicillof para los dos últimos años de gobierno en la provincia

    El Nodo Bragado permite el drenaje y tránsito de los excedentes hídricos de 2,8 millones de hectáreas y se ubica en una zona crítica de la Región Hídrica Área Pampeana Central, que involucra a los partidos de 9 de Julio, Bragado, Carlos Casares, Carlos Tejedor, Daireaux, Florentino Ameghino, General Viamonte, General Villegas, Hipólito Irigoyen, Junín, Lincoln, Pehuajó, Trenque Lauquen, en el noroeste de la Provincia.

    Javier Rodríguez y Gabriel Katopodis.

    El Plan Maestro Integral de la Cuenca del río Salado surgió en 1997 como una forma de dar respuesta a las inundaciones en la provincia. Para planificar los trabajos, el curso del río fue dividido en cinco tramos: el I, II y III están finalizados; el IV se encuentra finalizado en sus etapas 1, 3 y 4 y paralizado en la etapa 2 por parte del actual Gobierno Nacional.

    La paralización de las obras de la etapa 2 preocupa en el gobierno de Kicillof. Se trata de una extensión de 33 kilómetros que atraviesan los municipios Roque Pérez y Lobos.

    Esta obra permite mitigar los efectos de las inundaciones, amplía la frontera agropecuaria de toda la cuenca y mejora la calidad de vida de más de 1,5 millones de bonaerenses.

    «Logramos el financiamiento internacional del Tramo V a pesar de que el Gobierno Nacional paralizó el Tramo IV, una decisión que complicó y retrasó esta etapa clave», dijo el ministro de Infraestructura, Gabriel Katopodis. «Esta obra permite mitigar los efectos de las inundaciones, amplía la frontera agropecuaria de toda la cuenca y mejora la calidad de vida de más de 1,5 millones de bonaerenses», agregó.

    El financiamiento y la ejecución de ese tramo está a cargo del Gobierno Nacional, a excepción de la etapa 1B (que fue ejecutada y finalizada por la PBA a partir de un préstamo del Banco Mundial)

    El Gobierno Nacional financia estas obras a través del Fideicomiso de Infraestructura Hídrica, conformado por un porcentaje de la recaudación del Impuesto a los Combustibles.

    Katopoidis junto a intendentes de los municipios que pertenecen a la cuenca del Salado.

    La Ley N° 23.966 establece que el 4,31% de lo recaudado debe destinarse específicamente al desarrollo de los proyectos de infraestructura de obras hídricas para la prevención y mitigación de los daños provocado por inundaciones, así como a la recuperación de tierras productivas, y la protección de la infraestructura vial y ferroviaria en zonas rurales y periurbanas.

    Ese fideicomiso recibió $271.743 millones para destinar a obras de infraestructura hídrica. En conclusión, las obras de los subtramos A, B y C de la etapa 2 del tramo IV del Plan Maestro Integral de la cuenca del río Salado podrían ser ejecutadas y finalizadas a través ese fondo.

    Desde La Plata sostienen que la paralización de los trabajos ya lleva casi dos años y produce consecuencias totalmente negativas para la provincia afectando aproximadamente 10.000 hectáreas del río que bordean la zona. De haberse mantenido el ritmo de ejecución previo, la obra del tramo 4 podría haberse finalizado durante 2024.

    Katopodis estuvo acompañado durante la licitación por su par de Desarrollo Agrario, Javier Rodríguez. También estuvieron el representante de CARBAP en el Consejo Auditor del Salado, Alberto Larrañaga; Aníbal Chiramberro de la Federación Agraria Argentina; el secretario Mario Raiteri y la asesora Patricia Luke, ambos de CONINAGRO; y el presidente de la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), Francisco Farras.

     

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  • Llaryora lanza obras claves en barrios ricos para evitar que LLA gane Córdoba Capital

     

    Martín Llaryora y Daniel Passerini entran en 2026 con una certeza incómoda: si el peronismo no logra mostrar gestión, el proyecto provincial podría empezar a crujir en el año previo a la elección de 2027. Por su fragilidad financiera, en parte por la herencia que recibió Passerini al suceder a Llaryora, y por «funcionarios que no funcionan», la capital cordobesa aparece como el eslabón más frágil del esquema cordobesista, aunque claro que no es el único.

    Para revertir esta situación, confiaron en el peronismo provincial, habrá tres grandes apuestas durante este año: se habilitarán tres majestuosas obras viales en la ciudad; se apostará al mantenimiento de alumbrado, bacheo y plazas (varias de ellas cerradas) y aparecerá como gran objetivo erradicar a los «naranjitas» (trapitos), algo que Llaryora intentó en diciembre aunque finalmente clavó los frenos a último momento por las críticas de la Iglesia.

    Por ahora, en la agenda del gobernador aparecen programadas para este año las habilitaciones del altonivel de Valle Escondido, que beneficia principalmente a los vecinos del mega country homónimo y otros barrios ABC1 de la zona de la ciudad donde La Libertad Avanza arrasa; del altonivel de avenida Vélez Sársfield, uno de los ingresos más importantes desde el sur provincial; y del acceso sobre la ruta 19, a la altura de Malvinas Argentinas, una obra clave para la logística y el transporte regional.

    A Passerini, por su parte, le toca el complejo día a día, con cuentas en crisis por los pagos de la deuda y la caída de la recaudación. La sistematización de los bulevares San Juan (en el Centro) y Ambrosio Olmos (Nueva Córdoba), cuya finalización está prevista para el primer semestre, le permitirá al jefe comunal mostrar obra vial propia.

    Daniel Passerini

    Ambas obras son un símbolo ambivalente: para la gestión, es modernización urbana, ordenamiento del tránsito y recuperación del espacio público; pero para comerciantes y vecinos, sinónimo de cortes, caída de ventas y una planificación que no termina de convencer, sobre todo por el lento avance producto de la situación financiera, pero también de la burocracia municipal.

    Como contrapeso, Passerini tiene que lidiar con la gestión diario de bacheo, mantenimiento de alumbrado y el espacio público, con varias plazas emblemáticas de la ciudad cerradas porque las empresas abandonaron las obras de refuncionamiento iniciadas durante la gestión de Llaryora, una descoordinación que horada la expectativa electoral.

    Llaryora cede a la presión de la Iglesia y posterga la prohibición de los trapitos 

    Sin embargo, el capítulo más sensible es el de los «naranjitas» (cuidacoches). Llaryora pasó de largo en diciembre cuando amagó con prohibir esa actividad y reculó por la presión de la iglesia católica. Es un tema de doble filo: avanzar implica confrontar con denuncias de criminalización de la pobreza y un conflicto social latente. No hacerlo implica pagar el costo del hartazgo ciudadano frente a prácticas extorsivas cada vez más visibles. Como dato objetivo: durante 2025, la Policía detuvo en la ciudad de Córdoba más de 350 cuidacoches por ejercer violencia hacia automovilistas.

    «Si se logra sacar a los naranjitas ilegales y a los limpiavidrios, los libertarios se quedan sin una de sus principales banderas en la ciudad. Y con las obras viales deberíamos representar a nuestro electorado tradicional», dice un funcionario que confía en el plan para que el peronismo recupere la iniciativa de gestión.

     

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