Por Sebastiao Moreira

Expertos en salud de todo el mundo han elaborado un plan para decidir quién debe recibir primero la vacuna contra la COVID-19, pese a que aún se ignora cuándo podrá haber una inmunización segura y eficaz contra el coronavirus, según un artículo publicado el pasado jueves en la revista Science.

“Cuando se desarrollen vacunas efectivas para la
COVID-19, el suministro será inevitablemente escaso”, señalaron los
autores, que indicaron que la Organización Mundial de la Salud (OMS),
autoridades en todo el mundo y los propios fabricantes “ya encaran la
cuestión de cómo se asignarán esas vacunas en todos los países”.

El artículo lo dirigió Ezekiel Emanuel, subdirector de
Iniciativas Globales y director de Ética Medica y Políticas de Salud en la
facultad de Medicina de la Universidad de Pensilvania.

“La idea de distribuir las vacunas sobre la base de las
poblaciones parece una estrategia equitativa”, señaló Emanuel, pero el
hecho es que, agregó, “normalmente distribuimos las cosas sobre la base de
cuán grave es el sufrimiento en un sitio dado y, en este caso, argumentamos que
la medida primordial de sufrimiento debería ser el número de muertes prematuras
que la vacuna evitaría”.

Si bien no se ha avanzado mucho en el diseño de un marco
único y global para la distribución de las vacunas de COVID-19, cuando las
haya, ya se han planteado dos problemas, señaló el artículo.

Por un lado, algunos expertos sostienen que el personal que
trabaja en la salud y las poblaciones con riesgos más altos, como los mayores
de 65 años, deberían recibir primero la inmunización, y la OMS indica que los
países deben recibir dosis proporcionadas a su población.

Desde una perspectiva de ética médica, ambas estrategias
tienen “fallas graves”, sostuvo Emanuel.

Diecinueve expertos en salud global de todo el mundo han
propuesto un plan de distribución de vacunas en tres fases, denominado Modelo
de Prioridad Equitativo (MPE), que busca reducir las muertes prematuras y otras
consecuencias irreversibles en la salud de los infectados por el coronavirus.

***

Tres valores fundamentales

Estos expertos señalan que se deberían tener en cuenta tres
valores fundamentales cuando llegue el momento de distribuir la vacuna de
COVID-19 entre los países.

Estos valores son beneficiar a la gente limitando el daño;
dar prioridad a las poblaciones con desventajas, y asignar una preocupación
moral igualitaria para todos los individuos.

El modelo toma en consideración esos principios enfocándose
en limitar los daños causados por COVID-19, como las muertes, los daños
permanentes en los órganos, consecuencias indirectas como las presiones sobre
los sistemas de salud y la destrucción económica.

Según el equipo de Emanuel, “de estas tres dimensiones
la prevención de muertes, especialmente las muertes prematuras, es
particularmente urgente”, y es lo que enfoca la primera fase del MEP. El
criterio de muertes prematuras por COVID-19 se determina en cada país
calculando “los años de vida perdidos”.

Para la segunda fase, los autores proponen que se tome en
cuenta la mejoría económica en general y la medida en la cual se puede evitar
que la población caiga en la pobreza.

En la tercera fase del MEP, se daría prioridad a los países
con las tasas más altas de contagio “pero todos los países deberían,
eventualmente, recibir vacunas suficientes para evitar los contagios, para lo
cual se calcula que del 60 % al 70 % de la población debería ser inmune”.

El plan de la OMS, en cambio, comienza con la administración
de la vacuna al 3 por ciento de la población, y continúa con una distribución
proporcional a la población hasta que en todos los países esté vacunado el 20 %
de los habitantes.

Emanuel y sus colegas argumentan que, si bien este plan
puede sostenerse políticamente, “presupone, erróneamente, que la igualdad
requiere el trato idéntico a países situados de manera diferente, más que
responder equitativamente a sus necesidades, que son diferentes”.

Los autores también objetan la idea que da prioridad a los
países según el número de su personal de salud en primera línea del combate a
la COVID-19, la proporción de población mayor de 65 años y el número de
personas con enfermedades simultáneas en cada país.

“Terminaríamos dando un montón de vacunas a los países ricos, lo cual no parece ser la meta de una distribución equitativa”, señaló Emanuel.

#PA. EFE, Washington.

Sábado 5 de septiembre de 2020.

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