Por Adrián Machado


El máximo Tribunal español consideró que existe una relación laboral tradicional entre la empresa Glovo y sus trabajadores.

Los trabajadores de empresas de reparto fueron reconocidos como asalariados por el Tribunal Supremo español. Al igual que en todo el mundo, en la península ibérica las empresas de plataformas se anuncian como simples “intermediarios” y sus empleados son catalogados como “colaboradores”. Específicamente, en España a esta modalidad de contratación se la conoce como “falsos autónomos”.

Los jueces del alto Tribunal fallaron sobre el caso de un ex trabajador de Glovo, la compañía de delivery más popular de aquel país, junto a Deliveroo. La nota informativa emitida por el Supremo reconoce por primera vez la existencia de una relación laboral: “La relación existente entre un repartidor de la empresa Glovo tiene naturaleza laboral”. El texto, de manera clara, se opone al núcleo del negocio de este tipo de compañías: “Glovo no es una mera intermediaria en la contratación de servicios entre comercios y repartidores. Es una empresa que presta servicios de recadería y mensajería fijando condiciones esenciales para la prestación de dicho servicio”. Además, explicita la propiedad de las herramientas de trabajo, algo que excede la categoría de un mero intermediario: “La empresa es titular de los activos esenciales para la realización de la actividad”. Uno de esos activos es la aplicación, indispensable para poder llevar a cabo el trabajo.

Esta sentencia pone fin a una extensa batalla judicial en la que tribunales inferiores han fallado en distintos sentidos -asalariados y autónomos-. La sanción ocurrió a raíz de un recurso de casación presentado por un ex trabajador de Glovo tras un fallo en su contra del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Los demás actores de peso involucrados en la problemática también se expresaron luego de conocida la decisión del Tribunal Superior: el gobierno pretende presentar una regulación para las distintas plataformas digitales que disipe todas las dudas y las diferentes interpretaciones existentes. Glovo, por su parte, indicó su respeto por la sentencia y afirmó que “espera la definición de un marco regulatorio adecuado por parte del Gobierno y Europa”. Además, agregó que “en los tribunales, el debate se encuentra abierto, ya que hay varias sentencias que validan el modelo, como la última del Tribunal de Justicia de la Unión Europa -TJUE-, y otras contrarias, como en España”.

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El testimonio de quien denunció esta situación es elocuente para comprender el tenor del fallo y su larga batalla. Isaac Cuende nació en Santander hace 55 años y trabajó un par de años para la empresa de delivery Glovo: “Hemos celebrado la sentencia con mucha alegría para los derechos de los trabajadores y las generaciones futuras. Y también porque significa que a veces la justicia escucha a las personas anónimas”. Isaac fue uno de los primeros en ponerse la mochila amarilla al hombro cuando la empresa catalana desembarcó en Madrid.

En principio el acuerdo laboral incluía que Cuende debía darse de alta como autónomo y contratar un seguro, ya que realizaba sus repartos en moto. Como contraparte, la empresa estableció que podría trabajar cuando quisiera. Un trato beneficioso para ambos: Isaac obtendría una ganancia extra que le permitiría seguir con su actividad principal -la interpretación- y Glovo se ahorraría tenerlo fichado como asalariado y pagarle a la Seguridad Social.

Esa situación cambió rápidamente con el crecimiento de la actividad. Cuando este tipo de aplicaciones tuvo una mayor demanda la empresa le exigió dos cosas, que duplicara sus turnos y luego una obligación velada: estar siempre pendiente de la aplicación. “En realidad no puedes decidir: si no te conectas te baja la puntación, y si no tienes más de un cuatro y pico no te entran pedidos. Es muy tiránico, no eres realmente libre”, explica Cuende. Claro que también dejó de ser autónomo, aunque han pasado varios años para que ese status fuera reconocido oficialmente.

La precariedad laboral que trajo aparejada la irrupción de las plataformas tiene como elemento clave al algoritmo: en el caso de las empresas de delivery, según como estén programados asignan los repartos. “Te puntúa que trabajes los fines de semana, en las horas punta. La satisfacción del cliente no es lo más importante”, relata Cuende. Desde sus inicios la aplicación ha ido mutando, pero continúa calificando a los trabajadores: “Si tienes una buena puntuación puedes escoger las horas, pero solo si trabajas como un burro alcanzas los cinco puntos; si no, te quedas con las migajas. Ni llegas a pagar la cuota de autónomos. Daban trabajo a quien más esclavo fuera”.

El hecho que le hizo dar por cerrada su etapa en Glovo fue un accidente sufrido mientras realizaba una entrega: “Me fisuré el radio y lo único que les interesaba era el pedido. Vino un compañero y lo recogió. Una deshumanización total”. Acto seguido, mientras se recuperaba, vio descender su puntuación drásticamente: “Es la máquina: si no trabajas te baja y remontar no es fácil”. Antes de este suceso Cuende se había quejado ante los responsables de la empresa acerca de la opacidad de la aplicación, previsiblemente sus quejas no fueron tomadas en cuenta. Tras el accidente, “renunció”. Es un decir, pues ni siquiera figuraba como miembro de la compañía: “Simplemente borré la aplicación”, detalló.

A partir de ese momento comenzó la intrincada y prolongada odisea judicial. En un primer momento, Cuende no encontró mucho respaldo de sus compañeros: “La gente tenía miedo, había topos, y de esto las empresas se aprovechan. Si el 70% de los trabajadores se hubiera parado, igual no hubiera ni hecho falta denunciar. Me sostenía que vengo de una familia muy guerrera y es parte de mi educación”.

En primera instancia el triunfo fue de Glovo, la sentencia fue recurrida por su abogado defensor y el resultado fue el mismo ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Finalmente, de manera unánime, la Sala de lo Social del Tribunal Superior se manifestó a favor de la posición de Cuende al reconocer la existencia de una relación laboral ordinaria. El fallo le permitirá reclamar las cuotas pagadas como autónomo.

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Cuende tiene la esperanza que con esta sentencia se termine ese modo de contratación -que no ocurre únicamente en las plataformas de delivery- y que “Glovo contrate a sus trabajadores sin trampillas”. Cuestión sobre la que expresa dudas: “Según las primeras palabras del fundador de Glovo, se acoplarían si la ley les obligase a contratar. Entonces sí parece que las plataformas pueden ser sostenibles sin falsos autónomos. Y me parece bien que creen trabajo, pero que sea digno”.

Este fallo, y sus derivaciones, debe ser observado y analizado desde estas latitudes, donde persiste una absoluta desprotección sobre los trabajadores de plataformas. ♣♣♣

#PA.

Domingo 4 de octubre de 2020.

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