Por Lu­cía Sa­bi­ni Fra­ga


La pandemia del coronavirus ubicó al gobierno chileno en una situación contradictoria: por un lado la falta de rapidez en instalar una cuarentena ordenada y eficaz, dio como resultado altas subas de contagios durante los últimos cuatro meses, que hasta ayer ascendían a más de 321.000 casos. Pero por el otro, las movilizaciones y acciones de protesta impulsadas desde octubre pasado tuvieron un freno inesperado. Mientras, el gobierno busca tomar la delantera con medidas reparatorias.

Sebastián Piñera sabe que no la tiene fácil. Debe recuperar su imagen positiva, que llegó a los límites de lo bajo en noviembre del año pasado con tan sólo un 7% de aprobación social. La llegada del COVID-19 invadió la escena política y social, constituyéndose como un tema no solo ineludible sino complejo.

Chile se configuró como uno de los países más afectados del mundo, con más de 321.000 contagios desde el comienzo del brote en el mes de marzo y 7.069 muertos (confirmadas por test PCR, siendo igualmente una tasa de mortalidad más bien baja). A su vez, ocupa en América Latina, un lugar preocupante junto a Ecuador, Perú y por supuesto, Brasil.

Pese a ello, las últimas noticias sanitarias le dan un respiro al gobierno local: el Ministerio de Salud de Chile informó 1835 nuevos casos el martes y 1712 durante las últimas 24 horas, lo que supone una disminución del 15 % de los contagios en la última semana y un 37 % durante los últimos catorce días. Desde las altas esferas entienden esta novedad como el comienzo del fin: “La mejoría continúa, la confirmación viene desde las propias cifras”, expresó satisfecho el ministro de Salud, Enrique París, el pasado martes.

La nueva etapa de “desconfinamiento parcial” que iniciaron este lunes algunas regiones del sur, implica en los hechos una flexibilidad mayor, aunque no el levantamiento de la cuarentena impuesta.  “Hay una enorme diferencia entre salir de cuarentena y el desconfinamiento. Para llegar al desconfinamiento primero hay que salir de cuarentena, son pasos diferentes y es un paso muy lento y largo”, dijo Paris, tratando de no adelantarse corriendo el riesgo de nuevos focos a futuro.

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Medidas para la clase media

Para paliar la crisis y bajar los ánimos ya caldeados hace tiempo, Piñera intenta tomar la delantera con medidas que tapen los agujeros más visibles. Este martes, desde el gobierno central anunciaron un nuevo paquete de ayudas para las clases medias chilenas que vienen particularmente golpeadas. Según explicó la agencia EFE, la principal medida propuesta es un bono de 500.000 pesos (634 dólares) para todos aquellos trabajadores asalariados o independientes que cobraban al mes entre 500.000 y 1,5 millones de pesos (1.900 dólares) y que hayan sufrido caídas de más del 30 % en sus ingresos por la pandemia.

“La
clase media es el orgullo de nuestro país, ha progresado en base a su propio
mérito y esfuerzo. Y hoy, debido a los tiempos de adversidad, está enfrentando
grandes amenazas y temores”, aseguró el presidente en un discurso
motivacional y meritocrático sin matices.

Como
parte del paquete de medidas, también se lanzaron créditos estatales blandos,
subsidios para alquiler y la postergación de pagos hipotecarios; que si bien ya
habían sido anunciadas hace diez días, fueron todas propuestas blanco de
críticas por no modificar la matriz de endeudamiento de la ciudadanía. Según el
Banco Central de Chile, la deuda total de los hogares alcanzó el 75,4 % de sus
ingresos disponibles durante el primer trimestre del año, una cifra histórica
en el país.

Piñera es consciente que las movilizaciones y el descontento popular que estalló en octubre y todavía tiene serias posibilidades de revivir; no proviene solo de las clases populares, sino también de importantes sectores medios que debido a los altos costos de vida y las necesidades de endeudamiento permanente (para costear salud y educación por ejemplo) chocan en primera persona con los límites del sistema.  Es por eso que el gobierno nacional prometió inversiones y ayudas por un valor del 12% del PBI, buscando reorientar medidas que por ahora estaban enfocadas principalmente en las clases más vulnerables.

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Ley de retiro anticipado

Una
de las apuestas más fuertes del presidente era contrarrestar con estas medidas
paliativas, la votación en el Congreso de la Ley de retiro anticipado de los
fondos de pensiones, que posibilitaría a los ciudadanos retirar hasta el 10% de
sus fondos de pensiones antes de lo estipulado.

Pero
la jugada no salió del todo bien ni logró convencer a los diputados, que en la
tarde del miércoles, votaron por mayoría la modificación. El proyecto
(presentado en abril por la bancada de la Federación Regionalista Verde Social,
de perfil izquierdista) y cuyo texto fue aprobado en general el 8 de julio,
obtuvo 95 votos a favor (dos más que los estrictamente necesarios), 36 en
contra y 22 abstenciones.

Luego de esta aprobación parcial del día de ayer en la Cámara de Diputados, el proyecto será enviado al Senado para su aprobación definitiva. El resultado fue festejado por amplios sectores de la oposición, y aplaudido con cacerolazos en las calles como forma de respaldo a la medida, en distintas ciudades del país. Un claro revés para el presidente.

El modelo previsional chileno fue ideado por José Piñera (hermano del actual mandatario) e instaurado en 1980 -durante la dictadura de Augusto Pinochet-, y se basa en el ahorro individual obligatorio, puesto que las pensiones que entrega son particularmente bajas. El plan implica que cada trabajador o trabajadora aporte un 10% mensual de su sueldo bruto a un fondo del que puede disponer cuando se jubila y que es gestionado por las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), empresas privadas que obtienen beneficios millonarios tras invertir los fondos en los mercados. Un negocio redondo, para ellos; para la población en general, el sistema representa una de las tantas deudas pendientes de la democracia.

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Manifestaciones y plebiscito

El
fuego sigue prendido en el país cordillerano. Tras las jornadas del voto en el
Congreso, se realizaron varios saqueos, incendios de comisarías y barricadas en
la ciudad capital de Santiago para mostrar el rechazo a las ayudas económicas
propuestas por el Ejecutivo y el apoyo a la modificación de la mencionada ley
de retiro anticipado.

El
gobierno intentó correr a los manifestantes por el lado de la salud: “Los
que producen desórdenes públicos afectan a la estrategia actual de salud, no
cumplen las normas sanitarias, salen de noche y atentan contra su propia salud
y contra la de toda la población y la de sus familiares”, alertó el
ministro de Salud, Enrique Paris, en una rueda de prensa el día posterior a los
sucesos.

Pero
la realidad es que nada, ni siquiera la pandemia, calma las aguas revueltas. El
3 de julio, durante una manifestación convocada por distintos grupos opositores,
murió otro joven de 21 años en Melipilla, comuna ubicada a unos 70 kilómetros
de la capital. Durante los primeros días de este mes también se realizaron
numerosas detenciones por parte de Carabineros: el jueves 2, fueron informadas
1706 detenciones con la carátula de “incumplimiento de la cuarentena”.

Respecto
al plebiscito para reformar la Constitución de la dictadura, la fecha sigue
clavada en el 25 de octubre; día que a su vez fue el resultante de modificar el
original mes de abril, a causa de la pandemia.

El actual estado de situación es por un lado, y sin buscarlo, bastante funcional al gobierno de Sebastián Piñera; pero por el otro, también expone con mayor vehemencia que hay cosas que tienen que cambiar, y que el descontento popular no se tapa con una mano, ni con dos, ni con mil. ♣♣♣

#PA. 

jueves 16 de julio de 2020

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