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Descubren la evidencia más antigua de fabricación deliberada de fuego por homínidos
Un equipo internacional de científicos reveló en el sitio paleolítico de Barnham, en el Reino Unido, la evidencia más antigua conocida de que grupos humanos del Pleistoceno Medio fabricaban fuego de manera deliberada, adelantando en cientos de miles de años la aparición de esta tecnología clave en la evolución humana.
Por Alcides Blanco para NLI

Yacimiento arqueológico en Barnham, Suffolk, Inglaterra.
Imagen: Jordan Mansfield/APUn hallazgo que reescribe la historia del fuego
La identificación del fuego como herramienta humana ha sido un desafío constante para la arqueología. Durante décadas existieron pruebas de uso y mantenimiento del fuego en tiempos remotos, pero la fabricación deliberada —la capacidad de producirlo a voluntad, no solo aprovecharlo cuando ocurría de manera natural— seguía envuelta en interrogantes.
La investigación reciente en Barnham, un yacimiento del Pleistoceno Medio en Suffolk, aporta una respuesta contundente: allí se preservan señales claras de que los homínidos no solo utilizaban fuego, sino que sabían producirlo.
Entre los materiales analizados, señalan en Nature, se hallaron sedimentos quemados, instrumentos líticos fracturados por exposición directa al calor y, especialmente, fragmentos de pirita. La presencia de pirita es fundamental porque este mineral permite generar chispas al golpearlo con pedernal. Además, no se encuentra de manera natural en la zona, lo que indica que fue transportado al sitio de forma deliberada como parte de un método tecnológico.
Indicadores directos de tecnología incendiaria
La coexistencia de restos quemados, herramientas expuestas a altas temperaturas y minerales capaces de producir chispas conforma un conjunto coherente de evidencias. Para los especialistas, esto demuestra que los habitantes de Barnham dominaban un procedimiento para encender fuego, no solo para mantener brasas procedentes de incendios naturales.
El contexto estratigráfico ubica el hallazgo en torno a los 400.000 años antes del presente, dentro del periodo climático conocido como Marine Isotope Stage 11. Esta datación desplaza muy hacia atrás la aparición comprobada de tecnologías de ignición y obliga a reconsiderar la complejidad técnica de los homínidos europeos del Pleistoceno Medio.
Qué se sabe de los homínidos de Barnham
Aunque el sitio no conserva restos humanos en el mismo estrato, los fósiles de la región corresponden a poblaciones afines a Homo heidelbergensis o a formas tempranas de neandertales. Estos grupos son considerados los protagonistas más probables de la fabricación de fuego registrada en Barnham.
La sofisticación del comportamiento inferido —transporte de materiales específicos, selección de minerales adecuados, control térmico del entorno— sugiere capacidades cognitivas avanzadas y una organización social que permitía transmitir conocimientos técnicos entre generaciones.
Implicancias evolutivas profundas
El dominio del fuego es uno de los hitos culturales más influyentes en la evolución humana. Cocinar alimentos mejoró la digestibilidad y multiplicó la energía disponible para el organismo, un proceso esencial para el desarrollo cerebral. Además, el fuego permitió expandir territorios habitables, defenderse de depredadores, iluminar los campamentos y crear espacios de socialización que transformaron la vida comunitaria.
Al demostrar que la fabricación deliberada de fuego existía hace 400.000 años, el hallazgo de Barnham obliga a repensar la línea temporal de estas transformaciones. Las capacidades técnicas y cognitivas necesarias para producir fuego habrían surgido mucho antes de lo que la ciencia asumía.
Un punto de partida para nuevas investigaciones
Aunque la evidencia es contundente, quedan preguntas abiertas sobre los métodos exactos utilizados por los homínidos de Barnham. Determinar la técnica, la frecuencia del encendido y el rol cultural del fuego en estos grupos será el próximo desafío de la comunidad científica.
Lo cierto es que Barnham ya ocupa un lugar central en la historia humana: es el testimonio más antiguo de que nuestros antepasados no esperaban al fuego, sino que sabían crearlo.
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Cuando un chatbot te convence: cómo la IA ya puede influir en tu intención de voto
Un nuevo estudio de la revista Nature revela que una simple conversación con inteligencia artificial puede modificar la preferencia electoral de miles de personas. Qué implica esto para la democracia y por qué urge regularlo.
Por Roque Pérez para NLI

Una persona conversa con un asistente virtual. Pregunta, recibe datos, escucha argumentos. Nada fuera de lo común. Pero un estudio publicado recientemente en Nature demostró que ese intercambio aparentemente inocente puede alterar algo fundamental: la intención de voto. Y no de forma marginal, sino más que los tradicionales avisos políticos que inundan redes y campañas.
Una charla, un cambio de opinión
El trabajo examinó qué ocurre cuando ciudadanos de Estados Unidos, Canadá y Polonia interactúan con chatbots diseñados para respaldar a uno de los candidatos principales en elecciones reales o recientes. Los resultados fueron contundentes: una sola conversación breve con la IA alcanzó para generar cambios estadísticamente significativos en la intención de voto.
En los comicios de Estados Unidos el efecto fue moderado, pero en Canadá y en Polonia los cambios rondaron el 10%, un impacto enorme en el mundo electoral. Incluso en un referéndum en Massachusetts sobre la legalización de psicodélicos, una charla de pocos minutos influyó en las posiciones a favor o en contra de la medida.
Por qué funciona: la persuasión “racional” de la IA
El estudio mostró que los chatbots no necesitaban apelar al miedo, a la polarización ni a las tácticas emocionales típicas de las campañas. Su poder de persuasión se basó en presentar hechos, argumentos supuestamente racionales y datos relevantes.
Esa apariencia de razonabilidad, muchas veces confundida con objetividad, fue el factor más persuasivo. Cuando los investigadores limitaron el acceso del chatbot a información factual, su capacidad de influir cayó de forma abrupta.
Pero el estudio también reveló un riesgo: no todas las afirmaciones eran precisas. Los bots programados para apoyar a candidatos de derecha emitieron más afirmaciones inexactas que los inclinados hacia candidatos de izquierda, un hallazgo que agrega un componente de desinformación desigual según la orientación política del mensaje.
Un riesgo creciente para la democracia
El trabajo concluye que la inteligencia artificial ya tiene capacidad para alterar preferencias electorales de manera directa, rápida, económica y, sobre todo, poco visible.
Las implicancias son serias:
- Persuasión individualizada y silenciosa, imposible de auditar.
- Segmentación extrema, con argumentos diferentes para cada perfil.
- Asimetría total de información, porque el votante no siempre sabe que habla con un algoritmo.
- Alta capacidad de escala, con miles de conversaciones simultáneas sin costo adicional.
Los autores advierten que este mecanismo podría modificar el desarrollo de campañas electorales e incluso resultados finales.
La urgencia de establecer reglas
El estudio no propone prohibir el uso político de la IA, pero sí reclama regulaciones claras y urgentes:
- Transparencia total respecto de cuándo un ciudadano interactúa con un bot.
- Consentimiento explícito antes de recibir mensajes políticos automatizados.
- Auditorías sobre la veracidad de la información utilizada.
- Obligación de informar públicamente quién utiliza IA y con qué objetivos.
En un escenario donde las decisiones colectivas se forman cada vez más en espacios digitales, la conversación con un algoritmo puede convertirse en un actor político tan influyente como un partido.
Conclusión
La investigación publicada en Nature no solo describe un fenómeno tecnológico: alerta sobre un cambio de época. Las inteligencias artificiales, lejos de ser asistentes neutros, ya son capaces de moldear percepciones políticas a una velocidad y escala inéditas.
Regular, transparentar y educar se vuelven tareas indispensables para que la democracia siga siendo una construcción humana, incluso en tiempos en los que muchas conversaciones ya no lo son.

