No es un río es un libro con identidad propia, construido a partir de lugares únicos y con personajes regurgitados por estos espacios. Un pequeño cosmos geográfico regido por normas sociales elaboradas desde el respeto por la naturaleza. En este caso la idea de respeto debe entenderse como miedo a lo natural.

El río, la isla y el monte funcionan como escenario ficcional. No sólo aportan el color litoraleño, sino que cobran una fuerza incontenible para convertirse en hilos sólidos del entramado narrativo.

Selva Almada confiesa que en plena escritura de este libro supo que estaba cerrando una trilogía temática. Junto a las novelas El viento que arrasa (2012) y Ladrilleros (2013), No es un río (2020) desarrolla el universo de la masculinidad y las consecuencias que pueden llegar a refractarse en el entorno como producto de las fuerzas emanadas por este coto, muchas veces egoísta.

Las tapas de esta trilogía están ilustradas con óleos de la joven artista plástica Ornella Pocetti

La novela es un solo texto, no se estructura en capítulos y los saltos temporales son recurrentes. Estas condiciones demandan una lectura alerta y continuada, es un libro breve y se puede leer de un tirón.

Otro elemento para destacar es la elección de la voz narradora. Al narrador omnisciente Almada le incorpora el sentido de pertenencia de quien observa y relata la historia.

En algún lugar de la provincia de Entre Ríos, tres amigos salen de pesca con la idea de llegar a la isla y disfrutar unos días de campamento.

En una de sus primeras salidas al río el más joven del grupo, Tilo, entabla una lucha a caña doblada contra una raya de unos 90 kg mientras Enero Rey y el Negro lo secundan con funciones complementarias en la captura. Luego de varios minutos de pelea la raya deja de resistir y se entrega a los pescadores. El sacrilegio contra el entorno natural se inicia cuando Enero Rey, entonado por el vino, remata al pez con tres balazos.

La pieza cazada es colgada en un árbol para regodeo de estos amigos y la sorpresa de la gente de la isla. Los primeros ojos curiosos pertenecen a unos chicos que se aproximan para observar con asombro las dimensiones del animal. Un rato más tarde, llega un grupo de isleños adultos a confirmar los rumores que ya empezaron a correr por el lugar.

La presentación entre los bandos carece de cordialidad, de a poco el diálogo se tensa y las tesituras quedan enfrentadas:

«-¿Tres tiros? Tres tiros le pegaron. Con uno es suficiente.

-Me engolosiné.

-Hay que tener cuidado…. con engolosinrse.»

Un poco más de vino y algo de tabaco sirvió para apaciguar este primer cruce entre hombres de conductas opuestas. Los visitantes continuaron con su acampe y los isleños pegaron la vuelta para retornar a sus hogares.

En pleno sueño de la primera noche, Enero se levanta abrumado por el calor y con una urgencia fisiológica, camina hasta la orilla del río, se descarga y a la vuelta percibe que la raya empezó a descomponerse. La descuelga, la carga en el bote y se mete río adentro. Luego la deja caer en las profundidades.

Cuando los lugareños descubren el fin que tuvo la raya se ofuscan y deciden organizar un correctivo que eduque a los forasteros.

Los libros de Almada han sido traducidos al inglés, francés, alemán, holandés, portugués, turco y sueco

Almada realiza un trabajo fino con la caracterización de los personajes. Las descripciones físicas y psicológicas no se ofrecen en una entrada, sino que se construyen a través de dosis suministradas en los cambios de época:

«Enero soltó una carcajada. Se rió con la boca abierta, todavía llena de dientes.»

Este fragmento se corresponde con los recuerdos de uno de los protagonistas, si realizamos una decodificación óptima vamos a poder reponer que en la actualidad a este personaje se le agregó una sombra a su sonrisa.

Para empezar a cerrar dejo una puerta abierta en relación al componente fantástico. En esta novela la autora desarrolla lo fantástico con ingenio y originalidad. El instrumento empleado en la construcción de este concepto es la figura de las almas en pena. Intentar descubrir cómo lo consigue termina siendo una cita obligada de relectura.

Selva Almada nació en Entre Ríos en 1973, es una escritora reconocida y ha incursionado en la poesía, el cuento y la novela. Exploró la no ficción en 2014, con su libro de crónicas, Chicas muertas.

No es un río

Selva Almada

Random House

1ra ed., Bs As 2020

Narrativa argentina, 142 páginas

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