Jorge Geffner es uno de los principales investigadores sobre covid-19 de la Argentina. Destaca que nuestro país está buscando obtener la mayor cantidad de dosis que se están experimentando en el mundo.

La Argentina se anotó en todas las carreras científicas para llegar lo antes posible a producir la vacuna contra la covid-19 que, anunció el Gobierno, estará incluida en el calendario obligatorio nacional. Jorge Geffner, profesor titular de Inmunología de la Facultad de Medicina de la UBA, destaca que el país “está jugando a varias puntas” para poder cubrir a toda la población con las distintas vacunas que se están produciendo en todo el mundo.

El investigador superior del Conicet, que trabaja en el Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y Sida (Inbirs), de la Facultad de Medicina, destaca que “la ciencia es cara”, pero que a largo plazo es más caro en vidas y también en dinero no tener ministerio ni inversión científica.

–Siempre se habla de “la vacuna”, pero ¿son varias y distintas entre sí?

–En primera instancia, hay seis o siete que son las que apuntan mejor en el mundo que ya terminaron las fases uno y dos, y ahora se está llevando a cabo la fase tres. En fase uno se examina en un centenar de personas que la vacuna sea segura, es decir que a la gente vacunada no le pase algo secundario, y han demostrado ser seguras. En la fase dos, probaron ser inmunogénicas, es decir que las personas vacunadas producen buenos niveles de respuesta inmune medidos por la alta producción de anticuerpos, que es lo que nosotros necesitamos para prevenir la infección. Varias de estas vacunas han comenzado la fase tres, entre ellas la de Oxford. Las que apuntan mejor hoy son la de Oxford, que elabora junto con AstraZeneca; la de Pfizer, que empezó la fase tres en la Argentina; la de Moderna, otra compañía estadounidense, y las tres de compañías chinas importantes, que son CanSino, Sinovac y Sinopharm. Oxford usa una estrategia por la que se inocula un adenovirus, otro virus de chimpancé que no replica, así que no causa ningún efecto deletéreo, pero que tiene en tanto un gen que codifica para la proteína F. Al tomar contacto con ese gen, no fabrica la proteína, sino anticuerpos contra esa proteína. El problema es saber si va a andar bien o no. Va a haber que esperar que pase la fase tres, donde se mida eficacia. Eso significa que se vacuna a 20 mil personas en un estudio internacional, se le pincha el bracito a otras 20 mil pero sin meterle nada relevante, y lo que se espera es que los vacunados tengan niveles de protección muy altos en relación al otro grupo. Por lo ya hecho en animales en fases uno y dos, creemos que estas vacunas tienen altísimas chances de andar bien y entonces conseguir una inflexión en la pandemia. En tanto, el instituto que fabrica la vacuna rusa tiene trayectoria, sabe hacer las cosas bien, lo que molesta un poco al mundo médico y científico es que todas las otras vacunas han publicado los resultados obtenidos en las fases uno y dos, y la vacuna rusa no ha publicado nada. Puede ser que sea muy buena o no, pero no lo podemos contrastar con datos publicados, y esto es lo que nos hirió un poco. Las otras son vacunas confiables porque han publicado los resultados, y por la predicción que hay en este campo, los resultados son los esperados. Se publican hechos porque se los ha obtenido, hay comité de ética, comité de expertos… Es decir, esto es lo que nos hace ruido con la vacuna de Rusia.

–¿Y para cuándo la población podrá acceder a vacunarse?

–Una primera camada de lotes de vacunas de aproximadamente dos millones de dosis estaría disponible en enero de 2021, y con eso se cubriría a dos grupos de riesgo: primero al personal de salud, y después, en forma creciente, a personas mayores de 65, 70 años. En última instancia, esta vacuna va a tener que incorporarse al calendario de vacunas obligatorio de la Argentina, que realmente es muy bueno. En tanto, Pfizer está haciendo una muy distinta a Oxford porque subyacen estrategias diferentes de la construcción de la vacuna. Pfizer está haciendo la fase tres con cuatro mil o cinco mil personas en la Argentina, y es una vacuna distinta. Por los resultados de fases uno y dos creemos que también va a andar bien. Hace poco se anunció que una vacuna de origen estatal chino, que es Sinopharm, también va a hacer un estudio de fase tres coordinado por Pedro Cahn y la Fundación Huésped. Yo creo que las tres van a ser exitosas. Eso significaría una producción de más del 90 por ciento de los individuos vacunados. Se juega a varias puntas, y eso es importante porque tenemos más posibilidades de llegar al conjunto de la población con dosis de vacunas y no tener que esperar a fines de 2021.

–¿En algún momento la comunidad científica se va a tener que poner a investigar los orígenes de estos virus tan masivos, tan letales, tan cambiantes y desconcertantes?

–Dentro de las grandes amenazas que tiene la humanidad, claramente un virus emergente es una que tenemos planteada. Los coronavirus salen todos de los murciélagos, es decir, el virus original estuvo en un murciélago, después pasa por un huésped intermediario, que es un animal, adquiere ciertos cambios y esos cambios después les permiten ser infectivos al humano. En el 80, 90 por ciento de los casos es leve o asintomática, solamente en un dos o tres por ciento es grave, es cuando va asociada a gente muy mayor, arriba de los 65, 70 años, gente obesa, realmente obesa, entre personas hipertensas, con cardiopatías, inmunosuprimidos. Se está investigando, y hay que investigarlo mucho más, porque los murciélagos tienen centenares de coronavirus distintos, el asunto es que esto tiene que servir como una alerta en muchos sentidos. A nivel mundial, tenemos que estar mejor preparados. A ocho meses del primer caso denunciado, estamos probando la vacuna en fase tres. Algo que antes demoraba diez años, con esta vacuna lo estamos haciendo en menos de un año. Tiene que haber grandes plataformas, estudios colaborativos, y no tiene que pasar lo que pasó en nuestro país en el gobierno anterior, que desapareció el Ministerio de Salud, el Ministerio de Ciencia y Tecnología, se recortaron los subsidios. Es decir, la ciencia a veces sale un poquito cara, porque es verdad, a veces hay que invertir, pero no tener ciencia en última instancia resulta muchísimo más caro, más caro en el sentido del dinero propiamente y, lo más importante, más caro en las vidas que puede costar.

Fuente: carasycaretas.org.ar

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