Por Quique Pérez ♣ Desde la increíble protesta policial y la posterior solución del conflicto mediante la quita de un punto de coparticipación a CABA, se desató una disputa gigantesca entre los dos lados de la abismal grieta que nos desangra. Lo que no se escucha son soluciones que permitan las reglas claras en la relación del Gobierno nacional y las provincias, que permitan construir un país verdaderamente federal. La solución no es compleja, con utilizar matemáticas básicas como la […]

Por Quique Pérez

Desde la increíble protesta policial y la posterior solución del conflicto mediante la quita de un punto de coparticipación a CABA, se desató una disputa gigantesca entre los dos lados de la abismal grieta que nos desangra. Lo que no se escucha son soluciones que permitan las reglas claras en la relación del Gobierno nacional y las provincias, que permitan construir un país verdaderamente federal.

La solución no es compleja, con utilizar matemáticas básicas como la suma y la división estaríamos en condiciones de lograr una Argentina más justa y soberana. El problema que como siempre complica la salida justa al laberinto son los políticos, desde ningún punto de vista querrán perder el poder intimidatorio de asignar recursos indiscriminadamente, beneficiando a amigos y socios políticos.

Cada diez años, si las pandemias y las crisis lo permiten, nuestro país realiza un censo poblacional exhaustivo. El mismo arroja los porcentajes exactos de cantidad de ciudadanos por provincia, si tomamos en cuenta que todos los habitantes somos iguales ante la ley, también deberíamos ser similares en el reparto de los impuestos aportados entre todos. Una ley que distribuya los fondos federales proporcionalmente con el total de la población sería la solución a todos los problemas.

Seguramente algunos lectores se estarán acordando de mi santa madre esgrimiendo el razonamiento que se perjudicarían provincias pobres con escasos habitantes, muchas de estas regiones expulsan a su población al gran Buenos Aires para beneficiar grandes zonas de cultivo con establecimientos gigantescos y ya es el momento de repoblar el país. El COVID-19 nos enseñó que estas mega urbes son inviables y más temprano que tarde algún evento natural producirá un genocidio poblacional. Existen para socorrer las zonas con problemas estructurales los famosos aportes del tesoro nacional que manejados por el parlamento acudirían en salvataje a las provincias menos beneficiadas por la naturaleza.

Es absolutamente entendible los argumentos gubernamentales de la Ciudad Autónoma, sosteniendo el alto costo que infringen a sus arcas el gasto sanitario de los miles de bonaerense que se atienden en los hospitales porteños, pero tampoco es menos cierto los beneficios de la fuerza laboral del conurbano, que trabajando y aportando en CABA vive en las profundidades de los cordones pobres de la provincia, esta tiene que mantener escuelas para sus hijos y seguridad en los extensos barrios. No conozco la ecuación exacta, pero calculo que los beneficios de la ex Capital Federal son inmensamente más sustanciosos que sus gastos en medicina.

Seguramente puede haber soluciones al conflicto de la coparticipación y es de esperar que se puedan debatir, lo que no es más sustentable es tener ciudadanos de primera conviviendo con ciudadanos de tercera, cuyo ingreso per cápita por fondos federales representan un quinto de los afortunados porteños. Estos experimentos de dividir al pueblo por color de piel o por su lugar de nacimiento solo conlleva resentimientos y los países que quisieron ponerlo en práctica fracasaron rotundamente, siendo los finales de estos experimentos teñidos de conflictos y de sangre.   ♣♣♣

#PA.

Domingo 20 de septiembre de 2020.

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