Por Rodrigo Cruz

Entre los mineros de La Rinconada la esperanza de vida es de 40 años, pues en sus extenuantes jornadas de trabajo están expuestos a derrumbes, intoxicación por gases y metales pesados o explosiones de dinamita.

En La Rinconada viven miles de mineros, campesinos y obreros que llegaron hasta allí, el lugar habitado más alto del mundo, con la ilusión de enriquecerse encontrando oro bajo algún glaciar en los Andes peruanos. La ciudad se encuentra a más de 5 000 metros sobre el nivel del mar. Vivir y trabajar ahí es realmente difícil y peligroso, y las condiciones de vida son deplorables. El simple hecho de respirar es complicado debido a la altura. El frío es intenso y llega hasta los huesos. La temperatura desciende a -23 °C por la noche y en el día no supera los 10 °C.

Al acercarse a La Rinconada, el paisaje comienza a brillar con el reflejo del sol sobre las láminas de zinc que sirven de refugios, viviendas, o lugares de trabajo. Las montañas de basura también dan la bienvenida.

Retrato de un minero con ropa de trabajo y equipo de protección en la entrada de un socavón en la mina La Rinconada.

Adrián Machaca trabaja en la mina desde hace 35 años y le ha sido muy difícil salir adelante. Desde que llegó, vive en un pequeño cuarto de lámina que es, al mismo tiempo, dormitorio y cocina. Vive ahí con sus dos hijos y su esposa. La familia sale todos los días a recoger oro de los botaderos de la mina, pero hay ocasiones en que no encuentran nada.

Un camión repartidor de gas se abre paso entre los mineros que caminan por una de las calles principales de La Rinconada. En estas calles puedes encontrar tiendas donde compran y venden oro, restaurantes y baños públicos.

El trabajo en la mina La Rinconada es informal. Los mineros no reciben un salario fijo por su trabajo. Adrián Machaca me cuenta:

“Aquí usted trabaja treinta días; al final de esos treinta días, le dan su recompensa de cuatro días con derecho a laborar en el interior del socavón para sacar su mineral. Entramos en grupos de 20 o 30 personas y si sacamos, digamos, 20 mil soles ($118 000 pesos mexicanos), lo dividimos entre los 20 obreros. Nos tocan mil soles por cabeza ($5 900 pesos mexicanos) y ése es el promedio mensual. Pero si no se halló mineral o si se cortó la veta (lamentablemente, esto es de suerte), usted no saca ni un centavo”.

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Al acercarse a La Rinconada, el paisaje comienza a brillar con el reflejo del sol sobre las láminas de zinc que sirven de refugios, viviendas o lugares de trabajo.

Vista del pequeño pueblo Lunar de Oro con una laguna artificial formada de sedimentos tóxicos y mercurio.

La escasez de oxígeno y la extrema humedad en La Rinconada hacen que las jornadas de trabajo sean extenuantes; además, las vidas de los mineros están en peligro en todo momento por el riesgo de derrumbes, intoxicación por gases o metales pesados, y explosiones de dinamita.

Adrián Machaca calcula que ahí los hombres viven solamente hasta los 40 años de edad. A muchos de ellos los afectan enfermedades como la silicosis y la pulmonía. Además, cada vez se utiliza más maquinaria para trabajar y eso también impacta su salud drásticamente.

Un grupo de mineros arrastra grandes piezas de maquinaria que se utiliza para separar el oro de las rocas en la mina de La Rinconada.

Otro gran problema es el mercurio que se utiliza para separar el oro de la roca durante el proceso de extracción. En un inicio, el mercurio líquido se mezcla con las rocas para extraer el oro. Esto provoca que el mercurio se filtre en la tierra y llegue hasta ríos y lagos. Al final del proceso, se hace una amalgama de mercurio y oro calentándolos con un soplete hasta que el primero se evapora y deja tras de sí el oro puro. El mercurio evaporado permanece en el aire, de modo que los mineros lo inhalan. El envenenamiento por este metal pesado les causa fuertes dolores de cabeza y náuseas.

La Rinconada está ubicada a 5 400 metros sobre el nivel del mar en los Andes peruanos. La gente ha instalado un sistema de mangueras para tomar agua del glaciar en la cima de la montaña.

El dinero que ganan los mineros en La Rinconada es muy poco, por lo que llevan a sus hijos a trabajar para que ayuden a sostener la economía familiar. Muchas madres de familia son solteras o viudas y sus hijos son quienes las mantienen, porque las mujeres tienen prohibido entrar a los socavones. Los mineros tienen la creencia de que el oro se oculta si ellas entran. Pero la necesidad ha hecho que cientos de ellas trabajen agachadas en las laderas de los cerros buscando oro entre el material de desecho de los socavones. Estas mujeres llenan varios costales con piedras que luego, martillo en mano, parten a golpes con la esperanza de encontrar destellos dorados.

Las mujeres y niñas trabajan en el exterior de la mina buscando oro entre los fragmentos de roca que son arrojados del interior del socavón, en La Rinconada, Perú, 2012.

La Rinconada es una ciudad sin ley; sólo unos cuantos policías se encargan de mantener el orden entre miles de habitantes. Todas las noches, el personal médico de un pequeño centro de salud atiende a varias personas heridas, muchas veces tras ser despojadas de sus pertenencias o por peleas en los bares, que a veces resultan letales. El consumo de alcohol en la zona es excesivamente alto. Además de cantinas, hay prostíbulos iluminados con luces rojas donde trabajan mujeres, muchas de ellas, menores de edad y provenientes de distintos puntos de Perú.

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La escasez de oxígeno y la extrema humedad en La Rinconada hacen que las jornadas de trabajo sean extenuantes. Además, las vidas de los mineros están en peligro en todo momento.

En La Rinconada, la escasez de oxígeno y la extrema humedad hacen que las jornadas de trabajo sean extenuantes.

Muchos niños sufren diarrea crónica por falta de agua potable y servicios higiénicos básicos. En las calles de la ciudad corren aguas negras con las heces de la población, pues la ciudad no cuenta con drenaje y el hedor es permanente. Los servicios que no fallan son la telefonía móvil y la televisión satelital, gracias a la cual los mineros siguen los torneos europeos de fútbol.

Hay algunos hoteles para los recién llegados, habitaciones con una o dos camas pequeñas, sin calefacción ni ventanas, con una bacinica y un lavabo compartido. En esta ciudad, todos los baños son públicos. Y, a pesar de todo, la gente sigue llegando.

Para los mineros, la esperanza de encontrar oro es el hechizo distante para soportarlo todo. ♣♣♣

#PA. GATOPARDO.

Fotografía de Rodrigo Cruz

Lunes 12 de octubre de 2020.



Fuente: Puente Aereo

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