Por Julieta Barrera

La pandemia reveló “la importancia absolutamente esencial de
la conectividad” como derecho humano, afirma Antonio Battro, uno de los
pioneros en el empleo de la informática aplicada a la educación y experto en el
estudio del cerebro, quien asegura que “hay que animarse a hacer las cosas, no
hay límites, es una decisión política”.

Miembro de la Pontificia Academia de las Ciencias y de la
Academia Nacional de Educación argentina, este científico de 84 años se animó
siempre a estar en la frontera de la ciencia, como rememora en una entrevista.

“Muchas veces uno se equivoca, siempre se equivoca, pero
aparece otra persona que le da una vuelta y salimos adelante. Eso es lo más
divertido y lo más interesante de la ciencia”, señala el doctor en medicina y
psicología desde su casa en Los Cardales, una pequeña localidad cercana a la
capital argentina.

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Conectividad como derecho humano

En 2017, Battro, junto a otros destacados académicos
miembros de la Pontificia Academia de las Ciencias, emitieron una declaración
en la que se insta a la comunidad internacional a la incorporación de la
conectividad por Internet como derecho humano y a garantizar su gratuidad para
todo aquel que la necesite.

“Esa reunión (en el Vaticano) fue premonitoria porque nadie
tenía la menor idea de que iba a venir este desastre mundial que es la
pandemia, y revela ahora en la práctica la importancia absolutamente esencial
de la conectividad”, agrega.

El riesgo sanitario mundial y la crisis económica por la
pandemia de coronavirus están acelerando los tiempos hacia una conectividad
efectiva entre individuos, instituciones, empresas y gobiernos. Pero la
diversidad de situaciones es enorme, y aún dentro de los países avanzados
continúan las diferencias, señala Battro.

En cuanto a la educación escolar, para el científico “el
paradigma educativo ha cambiado, no se puede volver atrás, la educación es
híbrida: presencial y a distancia”.

“Ya millones de personas están conectadas en el mundo. Y si
no hubiera sido por esta conectividad, que no es total, pero es muy importante,
hubiera sido mucho más difícil combatir la pandemia con éxito. Es una ayuda
importantísima estar conectados”, afirma.

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Una computadora por niño

Tras décadas dedicadas al vínculo entre las tecnologías
informáticas, el cerebro y la educación en niños, en 2005 Battro fue convocado
por Nicholas Negroponte -fundador del MIT Media Lab- como Jefe de Educación del
programa “One laptop per child” (Una Computadora Por Niño), con un proyecto que
el científico argentino califica como “extraordinario”: darle a cada chico
del mundo una computadora.

“Logramos en algunos lugares un éxito rotundo, el mayor fue
en Uruguay”. Allí el Estado, a través del “Plan Ceibal,” del que Battro es
consultor, dotó a cada alumno y docente de escuelas públicas con una
computadora y acceso gratuito a Internet.

A ello se sumó más tarde el programa “Ibirapitá”, que provee
a jubilados con tablets y conectividad. Una iniciativa que el científico define
como “muy original”, ya que siempre se vincula la educación con los primeros
años pero “la educación es para toda la vida”.

“Es un ejemplo para el mundo entero, un país totalmente
igualitario en el estado de la conectividad”, señala el científico.

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Su travesía

Ya recibido de médico en la Universidad de Buenos Aires
(UBA), Battro estudió psicología en La Sorbona y, tras doctorarse en París,
Jean Piaget, padre de la epistemología genética, lo invitó a trabajar en su
Centro de Ginebra.

Fue durante su desempeño en el laboratorio del científico
suizo cuando el neurocientista argentino conoció a Seymour Papert, pionero en
inteligencia artificial y fundador -junto al matemático Marvin Minsky- del
laboratorio de Inteligencia Artificial del Instituto Tecnológico de
Massachusetts (MIT).

“Entré a trabajar con ellos en el MIT, a ver cómo se podía
hacer algo con los niños. Ninguna escuela del mundo tenía una computadora,
además eran carísimas y ninguna estaba conectada, no existía Internet”, explica
Battro.

Por su formación en medicina, el científico orientó su
trabajo a la aplicación de la informática en niñas y niños con discapacidades.

Una de esas experiencias se narra en su libro Half a Brain is Enough, the story of Nico.
La publicación describe el caso de Nico, un niño al que a los 3 años debieron
extirparle el hemisferio cerebral derecho, y que mediante la informática pudo
desarrollarse cognitivamente a la par de cualquier individuo de su edad.

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El cerebro no se jubila

“El cerebro no se jubila”, es una frase que expresó a sus
casi 100 años la neuróloga italiana, galardonada con el nobel de Medicina, Rita
Levi Montalcini, y que Battro reproduce en palabras y acciones.

Hoy el científico es co-director de la Escuela Internacional
“Mente, Cerebro y Educación”, del Centro Ettore Majorana de Cultura Científica.

Situada en la población italiana de Erice, la academia reúne
una vez al año a renombrados científicos para trabajar sobre diversas temáticas
vinculadas al cerebro.

Sobre su vasto recorrido en el mundo de las ciencias, Battro
resalta la amistad: “Lo que más me impresionó de todo lo que he hecho es la
amistad que me ha traído el trabajo (…) la esencia es compartir una idea,
trabajarla en conjunto y corregirse unos a otros”.

“La ciencia es amistad, tal vez se llame así el libro que estoy escribiendo”, uno de los tantos que ya lleva escritos, y que no sabe si alguna vez finalizará. Ese libro es infinito, asegura. ♣♣♣

#PA. EFE, Buenos Aires.

Domingo 23 de agosto de 2020.

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