Por Fernando Oz


La crisis económica no solo transforma las prioridades de la agenda internacional del Gobierno, sino generó revuelo en el oficialismo. El aumento del contrabando y descontrol en las fronteras, la DEA y la nueva ruta de la cocaína boliviana.

Esta semana el Gobierno de Alberto Fernández cerró los ojos, respiró profundo y plantó bandera contra el presidente venezolano Nicolás Maduro. La Cancillería argentina se mantuvo inflexible frente a los reclamos de ala izquierda del kirchnerismo. Las voces y los silencios en contra acusaron al mandatario de haber dado un giro de la política exterior hacia la derecha, tras apoyar el informe de la ONU que denunciaba al Estado de Venezuela por violar los derechos humanos.

Ni las quejas de la exembajadora Alicia Castro, de la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, del dirigente social Luis D`Elía, del referente de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular, Juan Grabois, y del propio representante argentino ante la Organización de Estados Americanos, Carlos Raimundi, hicieron tanto ruido como el silencio de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, indiscutible líder del Frente de Todos y de buenas relaciones con el régimen bolivariano.

La postura de Fernández se circunscribe en un escenario complejo marcado por una galopante crisis económica que afecta principalmente a cuatro de cada diez argentinos que viven en la pobreza. Por un lado, el Gobierno apuesta al eje Buenos Aires-Beijing y logra millonarios acuerdos con el jefe del Estado Chino, Xi Jinping. Por el otro, busca tener la venia del presidente en campaña Donald Trump para que haga valer su peso dentro del Fondo Monetario Internacional (FMI) en favor de Argentina, que busca la renegociación de la deuda y analiza un nuevo préstamo bajo el paraguas del Covid-19.

Fernández no tiene muchas opciones más que hacer equilibrio desde una posición incómoda. La señal que envió el Parlamento Europeo al rechazar el acuerdo comercial entre el Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Unión Europea (UE) no fue una buena, aunque en los papeles el pacto nunca se había concretado. La relación con Brasil no está en su mejor momento, esta semana Jair Bolsonaro dijo que la devaluación del peso argentino pone en una situación de inviabilidad al Mercosur. En este contexto las relaciones que teje Fernández con el mejicano Andrés López Obrador tampoco servirían de mucho a corto plazo. En sus previsiones, el Banco Mundial espera que las tres economías más grandes de la región, México, Brasil y Argentina, registren también descensos significativos en sus economías este año, del 10 %, 5,4 % y 12,3 %, respectivamente.

El lunes pasado la agencia Moody’s escribió en un informe que las recientes medidas anunciadas por el Gobierno para aumentar las reservas en moneda extranjera en el país “no tendrían suficiente impulso para cambiar el actual humor del mercado” y seguirán cayendo los depósitos en dólares “dada la falta de confianza existente en el mercado“.

Ducho en el arte del pragmatismo político, el canciller Felipe Solá justificó la postura del país apelando a la “coherencia” en su tradición en defensa de los derechos humanos. Destacó que el informe sobre Venezuela elaborado por la Alta Comisionada para los derechos humanos de la ONU, Michelle Bachelet, fue “imparcial y transparente“. Pero también reconoció que la “situación de grave crisis económica y social” del país, por lo que Venezuela “no es el tema central” y sí lo es para el Frente de Todos “gobernar y sacar adelante a este país”. 

Para Solá “lo importante es que la Cancillería ayude a exportar, que ayude a que entren más divisas al Banco Central; la reconstrucción nos exige eso y que salga bien el acuerdo con el FMI“. Sus declaraciones se dieron justo cuando el organismo multilateral de crédito tenía una misión en el país para juntar información y avanzar sobre un programa para refinanciar el préstamo de 44.000 millones de dólares aprobado en 2018. El ministro tuvo una salida diplomática para ponerle punto final a la polémica por el tema de Venezuela: “Argentina seguirá sosteniendo la no injerencia en temas políticos internos de otros países, pero los derechos humanos no son un tema de cada país. Es un tema global, es un problema de conciencia general”.

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El otro detonante 

La situación económica y las restricciones -especialmente para la compra de dólares- incrementaron el contrabando de todo tipo, especialmente en zonas de frontera. Es verdad que creció el decomiso de drogas, pero también aumentó el tráfico y con ello la narco-criminalidad. En el Gobierno prefieren evitar hablar del tema

En plena pandemia, rodó la cabeza de toda la cúpula de un escuadrón de Gendarmería con asiento en la frontera seca entre Argentina y Brasil, se los acusó de proteger a contrabandistas. Diez días después una comisión de la AFI encabezada por un importante director de la central de espías, se reunió con autoridades de la provincia de Misiones. Los agentes hablaron sobre el incremento del narcotráfico y de las presuntas operaciones en la región del nuevo “Comando de Frontera”, una organización que depende del Primer Comando Capital (PCC), uno de los principales grupos delictivos de Brasil con ramificaciones en Paraguay que controla gran parte del tráfico de drogas y armas en la región.

Esta semana una avioneta que partió de Bolivia realizó un aterrizaje forzoso al intentar escapar de tres aviones de la Fuerza Aérea paraguaya. El piloto fue detenido en tierra con 400 kilos de cocaína, poco más de 3 millones de dólares. Según los detalles de la operación de inteligencia la avioneta partió de Santa Cruz de la Sierra y cuando fue detectada en la zona del Chaco paraguayo se la persiguió hasta el Alto Paraná, en el área de la Triple Frontera. La operación fue articulada por la DEA, la fuerza antinarcóticos de Estados Unidos que comenzó a tener una mayor presencia en la región desde que Mario Abdo Benítez asumió como presidente de Paraguay. Algunos especialistas no descartan que la hidrovía y el puerto de Buenos Aires se hayan convertido en una de las principales vías de salida de la coca boliviana a Europa desde que Bolsonaro reforzó las fronteras de su país.

El pasado jueves la Fiscalía de Paraguay allanó un hangar en la ciudad de Areguá, a unos 30 kilómetros de Asunción, donde había ocho avionetas y un helicóptero, este último con inscripciones de la Policía del Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires. El allanamiento se produjo en el marco de la investigación por la liberación y fuga del narcotraficante Jorge Samudio, alías “Samura”, jefe local del grupo criminal brasileño Comando Vermelho, ocurrida en Asunción hace un año.

Al parecer las bandas delictivas no sólo están con mayor presencia en las zonas de frontera. Una empresa de seguridad privada de capitales extranjeros envió a sus clientes un paper en el que se advierte sobre el aumento de la inseguridad y recomienda incrementar la seguridad del traslado de los ejecutivos. El informe, que incluye un mapa de las zonas más inseguras, se envió después que circulara por los medios de prensa un video en el que un grupo de delincuentes ingresan a unos bares del conurbano Bonaerense con fusiles y ametralladoras.

Mientras tanto, la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, y su par bonaerense, Sergio Berni, se enfrentan inútiles reyertas mediáticas. “Le pedí a la ministra Frederic que me dé todas las pistolas Taser que compró y no va a usar”, dijo Berni en declaraciones periodísticas. La respuesta de Frederic llegó de la misma manera: “Si la provincia de Buenos Aires quiere tener Taser, las puede comprar”. ♣♣♣

#PA. negocios.com.ar

Lunes 12 de octubre de 2020.

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