Por Lu­cía Sa­bi­ni Fra­ga


Este miércoles apareció sin vida Cristina Vázquez, la misionera que estuvo presa 11 años tras ser acusada por la Justicia de Misiones del crimen de su vecina. El proceso judicial estuvo repleto de irregularidades y después de años de dar pelea, la Corte Suprema de la Nación la absolvió a fines del año pasado de la pena de prisión perpetua, ante la falta de pruebas en su contra.

Todos los sitios de derechos humanos, de defensa de las mujeres y colectivos feministas replicaron durante el día de ayer la triste noticia. El proceso de Cristina Vázquez fue un terrible caso testigo de la injusticia en la Provincia de Misiones, a cargo de la propia institución judicial; que la condenó en reiteradas instancias sin haber nunca pruebas contundentes, más que prejuicios o rumores. Su caso resonó en todo el país, y puso en evidencia la necesidad de aplicar una perspectiva de género transversal en el ámbito judicial, uno de los más retrógrados en ese sentido.

Cristina era apenas una joven cuando fue acusada de asesinato, condenada a prisión perpetua, y obligada a pasar 11 años presa en el penal de Villa Lanús, en Misiones. En diciembre del año pasado, la Corte Suprema la absolvió y dejó sin efecto la condena.

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Entre
la tristeza y la indignación

El cuerpo sin vida de Cristina fue hallado en horas del mediodía del miércoles en su domicilio de la ciudad de Posadas, por la policía de la provincia y la propia hermana de Cristina, quién acudió a la dependencia policial preocupada por no recibir respuesta a los mensajes y llamados telefónicos desde hacía días. Cristina tenía 38 años e intentaba reconstruir su vida; trabajaba en Cáritas y estaba postulada para el Programa Potenciar Trabajo.

Incluso la ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta, tuiteó en la tarde de ayer al respecto: “Cristina Vásquez pasó once años presa por un crimen que no cometió y fue absuelta por la Corte SJN recién en diciembre del año pasado. Víctima de un sistema patriarcal, condenada por ser mujer y pobre. Lo seguimos diciendo: necesitamos una reforma judicial con perspectiva de género”.

Desde Misiones, se organizó una convocatoria a la Plaza 9 de Julio para este jueves, pidiendo el esclarecimiento urgente de las causas de su muerte, así como la realización de una autopsia “de la que no participe la policía de Misiones, ni las instituciones que fueron responsables de su condena.”

Como replicó durante la tarde de ayer el portal nacional Feminacida: “En la sentencia de 2010, los jueces Marcela Leiva, Selva Zuetta y Fernando Verón habían hecho un despliegue de prejuicios en su contra: aseguraban que llevaba “un estilo de vida promiscuo” y que “cometía delitos contra la propiedad privada con el fin de adquirir estupefacientes y satisfacer adicciones”.

Como parte de las actuales demandas, en las declaraciones provinciales de las organizaciones que acompañaron desde siempre el reclamo por su libertad, se exige que “de forma urgente se aparte de sus funciones a todos los jueces que tuvieron intervención en su condena en primera instancia y en los que la confirmaron y reconfirmaron: Dra. Marcela Leiva, Dr. Fernando Verón, Dra. Selva Raquel Zuetta (Tribunal Oral), Dra. Liliana Picazo; Dr. Francisco Aguirre, Dra. Amalia L. Avendaño, Dr.  José P. Rivero, Dra. Cecilia W. de Guirland, Dr. Martín R. Pancallo D’Agostino, Dr. Ernesto C. Cabral, Dr. Cristian Marcelo Benítez; Dra. Rosanna Pía Venchiarutti Sartori, Dr. Luis Alberto Diblasi, Dra. María Luisa Avelli de Lojko, Dr. José Pablo Rivero.”

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La
historia de Cristina

Cristina pasó 11 años presa, acusada del crimen de Ercélides Dávalos, jubilada del Poder Judicial de la provincia, de 79 años de edad y vecina de Cristina, en julio del año 2001. La mujer fue encontrada brutalmente golpeada en su casa del barrio El Palomar en la ciudad capital de Posadas. A los dos días del hecho, la policía provincial se apersonó en la casa de Vázquez y la acusó sin pruebas; ella tenía apenas 19 años. El Poder Judicial dictó sentencia en su contra pese a que nunca se encontraron huellas ni rastros que la incriminaran: sólo la versión rebuscada de una testigo que no volvió a declarar ni se presentó posteriormente en el juicio oral.

En 2002 fue presa junto a su amiga Cecilia Rojas, luego liberadas y detenidas otra vez en 2008. Dos años después, en 2010, recibieron finalmente una condena de prisión perpetua por “homicidio calificado criminis causa”. El fallo fue confirmado incluso por el Superior Tribunal de Justicia de Misiones, instancia que fue apelada y derivada a la Corte Suprema, que en 2016 ordenó revisar el fallo integralmente, lo cual no se hizo y por eso volvió al máximo tribunal nuevamente en 2019.

En su decisión final, la Corte Suprema remarcó que la revisión del fallo fue “deficitaria, en tanto se había apartado de las constancias de la causa, desatendiendo prueba producida al no ponderarla ni confrontarla desde la perspectiva del principio de culpabilidad y de la garantía de presunción de inocencia”. El Tribunal Superior de Misiones ni siquiera se había tomado la molestia de hacer su trabajo.  

Indiana Guereño, abogada y presidenta de la Asociación Pensamiento Penal, afirmaba en una entrevista del año pasado al diario Tiempo Argentino –tras analizar a fondo la causa y las distintas sentencias-, que “en la escena del crimen no hay rastros ni huellas de Cristina Vázquez. El examen de ADN dio negativo y no hay personas que acrediten su culpabilidad. La propia sentencia condenatoria lo admite cuando afirma que no hay pruebas suficientes sobre su participación en el hecho. A pesar de ello, el tribunal construye la culpabilidad de Cristina Vázquez en base rumores, cargados de prejuicios de género y de clase”.

La propia Cristina sostenía no solo su inocencia, sino la convicción de que su encierro (así como el de Cecilia Rojas, un año mayor, también acusada y encarcelada) se debía a su condición de mujer y pobre: “Por ser mujeres, por no tener recursos y ser pobres, por no poder pagar un abogado. Era solo acusarnos las dos y no mirar otras hipótesis sobre el crimen.”

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Cuando fue dejada en libertad, poco días antes de fin de año, Cristina Vázquez habló con varios medios nacionales y contó su larga pesadilla. En una entrevista con Télam en diciembre pasado, Cristina aseguraba estar “muy contenta y muy feliz, disfrutando de la libertad” y rodeada de la familia y amigos.

Un mes antes, en noviembre, se había presentado en la Facultad de Humanidades de la UNaM, el documental que cuenta su historia llamada “Fragmentos de una amiga desconocida”, dirigida por la periodista Magda Hernández. La exposición fue acompañada por la co-fundadora de Madres de Plaza de Mayo, Nora Cortiñas, quien viajó exclusivamente a las tierras coloradas para acompañar el reclamo por la liberación de Cristina, a quien había visitado en la cárcel en reiteradas oportunidades desde que conoció su injusta situación.

“Que estos 11 años que pasé presa
sirvan para que la Justicia cambie, para que los jueces de Misiones y de todo
el país cambien”, y “cumplan con la ley y la Constitución” decía
Cristina Vázquez pocos días después de haber sido absuelta por la Corte Suprema
el jueves 26 de diciembre de 2019.

Sin tener plena claridad aún sobre las causas de su muerte –aunque se sospecha fuertemente de un suicidio- , lo que queda en evidencia es la ceguera de la justicia y la ausencia del Estado; a Cristina Vázquez ya la habían matado mucho antes. ♣♣♣

#PA. Foto: Marcos Otaño.   

jueves 27 de agosto de 2020

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