Por Fernando Oz

El parlamentarismo de la Tierra Sin Mal no es el de Borgen

En la Tierra Sin Mal un grupo de políticos viene llevando adelante una revolución silenciosa. Algunos de sus efectos ya se pueden ver, otros podrán notarse en diez o quince años más.

Podrá gustar más, menos o nada, pero nadie puede negar que Carlos Rovira genera acciones y logra resultados. No vamos a enumerar cada uno de sus logros, porque para esos ya hay otros columnistas en la nómina.

Desde un sistema semi parlamentario —desde lo simbólico tengamos en cuenta que el Ejecutivo provincial está integrado por miembros de distintas fuerzas políticas y que en la mayoría de los despachos oficiales hay más cuadros del presidente del Parlamento que del gobernador en ejercicio—, Rovira volvió a aplastar a la oposición sin la necesidad de enfrentarla. Sun Tzu decía que el mejor estratega era el que ganaba la guerra sin la necesidad de combatir.

A fines de 2015, hinchados de gloria, los referentes de Cambiemos en Misiones creían que el futuro de la provincia se encontraba en sus manos. El jefe de la renovación no hizo más que sentarse a esperar y a los pocos meses no había ningún funcionario macrista que no pidiera la venia del presidente del Parlamento misionero para poder ingresar a la Tierra Sin Mal. El rol del Primer Ministro, Hugo Passalacqua fue meritorio.

Ahora pasa exactamente lo mismo con el gobierno del Frente de Todos, aunque el Primer Ministro es otro. La imagen de la diputada nacional Cristina Brítez, principal referente del Kirchnerismo en la provincia, entregándole como obsequio, el viernes último, un par de zapatillas al presidente Alberto Fernández, resulta enternecedora.

Queda a las claras que Rovira no necesita estar mostrándose o sacándose selfies en actos de ocasión. El trato preferencial que tiene Fernández al dirigirse al jefe del Parlamento sobresale sin necesidad de tanta pompa.

Con visión de ajedrecista, Rovira apuesta a futuro y cruza miradas de risueña complicidad con el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Sergio Massa. No es el único, lo mismo hace el establishment nacional y quienes ejercitan el arte de la supervivencia política. Los dos líderes de la renovación (¿podemos decirlo así?) no sólo comparten la misma visión de país, también son pragmáticos e instrumentalistas.

***

El rápido posicionamiento de la renovación tiene varias explicaciones. Una de ellas es la ausencia de oposición. Frente a la insípida ineficacia del PRO y la abúlica paquetería radical, es lógico que en menos de 48 horas el fugaz Lalo Stellato figure en el cuadro de honor bajo el rótulo de hacedor.

En la Tierra Sin Mal al Frente de Todos le falta absolutamente todo. No hay liderazgo, no hay conducción, sobra apatía. No son ni chicha ni limonada, y hacen cola detrás de la renovación cada vez que llega un funcionario nacional. Lo mismo hacían los chiques de Cambiemos hace menos de un año.

Frente a esa situación es lógico entender los gestos de Fernández y Massa hacia Le Conducteur. Pobre Cristina Fernández de Kirchner, a quien le encantaría arrebatarle la provincia a la renovación. El problema es que no tiene con quién hacerlo. Y las diferentes células que integran el frente en la provincia se matan entre sí por un sándwich de mortadela. Quien mejor entiende esa falencia es el asesor en las sombras y ad honorem de la Entidad Binacional Yacyretá, Oscar Thomas, que con paciencia budista espera en sus aposentos de Candelaria volver a las arenas. El arquitecto, está tranquilo, sabe que la vicepresidenta espera el momento adecuado para premiar su lealtad.

El pelotón perdido del PAYS siempre merece un párrafo aparte. La única fuerza política progresista y de carácter social de la provincia —con la que siempre dije que más me sentía identificado— corre el riesgo de implosionar. Su caudal electoral no logra salir de la zona centro, y sus errantes nuevas alianzas amenazan con erosionar su espíritu. Canjear el vil metal por la mística, no es un buen negocio, y son varios los interesados en que pisen el palito.

En definitiva, al Frente de Todos le falta unidad, coherencia, liderazgo, y sobre todas las cosas debate interno. Cada uno juega la suya. Como se lo dije días atrás al diputado provincial Martín Sereno: No se mueven, no generan empatía, no se organizan, no convocan, no forman una oposición inteligente, no hacen ruido.

***

Párrafos arriba sostuve que el ingeniero del futuro genera acciones y logra resultados. Maquiavelo diría que es un formador de “verdad efectiva”.

El político que es capaz de crear una práctica sostenible en el tiempo, que es capaz de transformar una idea en acción, y de institucionalizar esa idea, es en definitiva quien tiene la verdad de su lado. Rovira consiguió que la renovación tenga la verdad de su lado y eso se plasma en sus obras. Después se podrá debatir el cómo lo consiguió, pero ahora es algo secundario.

Seamos claros: Con el tiempo, en la Tierra Sin Mal, los hechos superaron la construcción del relato renovador. Tienen el monopolio de la verdad, y es la verdad la que permanece en la memoria, mientras que el fracaso está condenado a morir, a transitar por la desgastada alfombra del fiasco y la vergüenza.

El compendio de logros que garantizó el misionerismo, con sus más y sus menos, durante la gestión de Mauricio Macri y ahora durante el gobierno de Alberto Fernández, se lo puede leer en cualquier medio provincial. La provincia gasta millones para hacerlo. De todos modos, son hechos inapelables que superan al relato que diariamente dibuja la renovación como parte de su estrategia política.

Después podremos discutir la distribución, el alcance real, el grado de eficiencia del Estado, la transparencia en los actos de gobierno, la institucionalidad, la inacción de los organismos de control y especialmente el verdadero estado de derecho en una provincia donde el Poder Judicial deja mucho que desear.

El problema central no se encuentra en el oficialismo, el misionerismo sigue ganando en los hechos. El problema está en la apática y perezosa oposición. Siempre digo que es una lástima que Rovira no tenga con quién debatir en la Legislatura, se debe sentir aburrido.

El parlamentarismo en la Tierra Sin Mal no es el de Borgen. No es difícil generar una verdadera opción para que el sistema de poder en Misiones esté realmente balanceado como en las democracias modernas, simplemente es cuestión de intentarlo. Mientras tanto sigo deseando que la renovación tenga la oposición que se merece, para que la provincia crezca más rápido y en democracia. ♣♣♣

#PA.

Domingo 10 de octubre de 2020.



Fuente: Puente Aereo

Deja un comentario