Por Lu­cía Sa­bi­ni Fra­ga


Chile vivirá este domingo un referéndum histórico: modificar la Constitución heredada del gobierno dictatorial de Augusto Pinochet, origen -en términos institucionales-de gran parte de la estructura neoliberal que se montó posteriormente sobre la economía y la vida política de ese país.

Respecto al plebiscito del domingo 25 de octubre existen al menos dos incertidumbres: en primer lugar, el porcentaje de asistencia a las urnas por parte de la ciudadanía. Desde 2012, bajo el gobierno de Sebastián Piñera, se habilitó la modificación para que el voto sea voluntario y desde entonces el índice de votantes ha decaído fuertemente. Mientras que en las elecciones presidenciales del 2013 el porcentaje de participación fue del 49,3%, en el 2017 bajó a 46,7%, el nivel más bajo de su historia. Si lo comparamos con las elecciones del 2010 (87%) o del 2005 (87.6%) se entiende cómo creció el desencanto ciudadano al sistema política; ni hablar del histórico nivel de participación que alcanzó el Plebiscito Nacional de 1988 para terminar con la dictadura, que hizo participar al 97,5% de la población habilitada.

En relación a esta contienda, se espera revertir la tendencia de los últimos tiempos y mientras  los optimistas plantean una participación cercana al 70%; los más realistas, hablan de un 55 o 60%. Una de las mayores apuestas es el voto juvenil (habilitados a partir de los 18 años) por haberse configurado desde el año pasado como el sujeto social por excelencia del descontento; arrancando con aquellas jornadas estudiantiles contra la suba del boleto de los subterráneos. Por el contrario, el voto de la gente mayor podría ser un elemento en descenso debido a las restricciones por la pandemia del Coronavirus.

La segunda incógnita refiere a cuál de las papeletas podría resultar mayoritaria, incluso ganando el “Apruebo”. Si bien son dos opciones troncales –acepto modificar o no acepto- la primera elección tiene dos opciones: la llamada Convención constituyente y la denominada Convención mixta. Esta última incluye la incorporación de miembros de las cámaras legislativas actualmente en funciones, al cuerpo de representantes; entre otras varias diferencias. Los sondeos indican que el “Apruebo” logrará una buena adhesión superando el 70%; pero en cuento al segundo punto, es posible que sea más parejo y que la Convención Constituyente no supere el 55%.

El día domingo se extenderán las mesas de votación durante 12 horas (de 8 a 20) y con estrictos protocolos sanitarios: uso de mascarillas obligatorias, distancia entre quienes voten y hasta la necesidad de llevar el propio lápiz de pasta azul para marcar el voto. Lo insólito es que el toque de queda (que contempla el horario nocturno) seguirá vigente aunque con un contexto de “excepción” que comenzará a las 4 de la mañana y terminara a la 1 de la mañana del lunes. Se prevé, de hecho, movilizaciones o distintas actividades nocturnas acompañando la jornada de conteo y aprovechando la suspensión del toque de queda.

Como bien explica el periodista chileno y colaborador de la sociedad civil Ahora Nos Toca Participar, Alex Daniel Barril, este referéndum y el proceso institucional que se abre camino, “tiene que ver con una salida política a este estallido y revuelta social que se genera el 18 de octubre del año pasado. Salida política que tiene muchos vacíos, que genera muchas incertidumbres; pero que es leída como una puerta que se abrió, que nadie pensaba que se iba a abrir, y que ahora nos permite enfrentar esta realidad de una manera más real y concreta.”

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El jueves fue el cierre de campaña de ambos bandos; hubo banderazos en autos y bicicleteadas en varios puntos, pero no grandes concentraciones ni movilizaciones. La campaña propiamente fue muy digna de la época: poca presencia en las calle (sobre todo en un comienzo) y mucha campaña mediática o virtual. Desde el gobierno se han habilitado bloques de 15 minutos diarios en la televisión, dividido entre las dos posiciones. “Es bien anacrónico el formato de campaña televisiva y la batalla comunicacional se da fundamentalmente por las redes sociales donde ha sido muy fuerte”, explica Barril.

De todos modos, con el correr del tiempo la batalla de la calle comenzó a hacerse notar. Las movilizaciones -frenadas por la pandemia del Coronavirus y los consiguientes Estado de excepción y cuarentenas por distrito- comenzaron a reflotar el 11 de septiembre al cumplirse un año más del golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende en 1973. El 3 de octubre, la represión de Carabineros sobre el puente del Río Mapocho, dejó a un joven gravemente herido tras ser empujado por un miembro de esas fuerzas. El hecho conmocionó a la opinión pública no solo por la edad del joven –16 años- sino por el intento de ocultamiento en la responsabilidad de la propia institución y por la posterior respuesta gubernamental, casi tan desastrosa como el suceso mismo. “Junto con lamentar lo ocurrido quiero expresar nuestro profundo respaldo a la institución de Carabineros de Chile que por mandato constitucional tiene la función fundamental de proteger el orden público y la seguridad ciudadana” expresó el primer mandatario dos días después del hecho.

La escalada de descontento social continuó de cara al 18 de octubre, día que se conmemora un año del estallido y donde varios hechos sacudieron la olvidada normalidad: se registró la movilización de mayor volumen desde que comenzó la pandemia en la Plaza de la Dignidad (ex Plaza Italia) albergando, según los participantes, alrededor de 200.000 personas. Ese día también asesinaron de un disparo en el pecho a Aníbal Villarroel, de 26 años, que se encontraba manifestándose. Varios testigos de los hechos atribuyen los disparos a un vehículo táctico de Carabineros que persiguió a los jóvenes que se retiraban del lugar, mientras que la versión oficial habla de “enfrentamiento”.

Por último, dentro de un 18 cargado, otro evento  (quizás el que más prensa tuvo) fue la quema de dos Iglesia históricas, de alta valor patrimonial, como lo son la parroquia La Asunción y la Iglesia San Borja –perteneciente a Carabineros-.  Si bien la quema fue rápidamente atribuida a grupos anarquistas y de extrema izquierda, hay ciertas suspicacias sobre quienes podrían ser los beneficiarios de dichos actos vandálicos. De hecho, a partir de estos sucesos fue que el actual Ministro de Defensa Mario Desbordes (ex carabinero y militante de Renovación Nacional, mismo partido que el presidente Piñera) declaró el pasado lunes que “es probable que se intente atentar contra algunos locales de votación, por lo que policías y FF.AA. tenemos que estar preparados”; sembrando un poco más de temor a la población que acude a votar.

Con las cartas ya echadas, todos esperan ansiosos los resultados del domingo, donde Chile puede cambiar una vez más su historia. ♣♣♣

#PA.

sábado 24 de octubre de 2020



Fuente: Puente Aereo

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