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miércoles, octubre 21, 2020
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El crowlending no entró en los ICO del Gobierno: así han superado el bache

Con unos inicios de 2020 que prometían el éxito para el sector de la financiación alternativa, la llegada del coronavirus ha supuesto un impacto en las cuentas de las empresas.

La incertidumbre y el virus se instalaron en el día a día. Las fintech crowlending, y otras vías de financiación alternativa, vieron que la mayor parte de sus inversores –hombres con patrimonio principalmente– esperaban a ver qué pasaba. De forma simultánea, el Gobierno accionaba los créditos ICO para dar liquidez a las empresas que vieron paralizada su actividad de la noche a la mañana. Era una línea de financiación extraordinaria dedicada a la supervivencia del tejido empresarial del país.

Sin dudarlo, las empresas se fueron a la banca que antaño habían dejado en segundo plano: préstamos a 5 años, y 12 meses de carencia con intereses muy bajos. Era una forma de lograr liquidez de una forma fácil y rápida. Las sociedades crowlending no entraron en la lista de financiadores con ayuda del Estado, solo los bancos estaban admitidos para otorgarlos. “Luego se ha visto que los préstamos ICO eran para cubrir los riesgos del banco y no de las empresas; estas igualmente han tenido que buscar fuentes de financiación adicionales”, explica Mireia Badia, fundadora de Grow.ly, una plataforma crowlending fundada den 2013.

Del sector financiero, y las líneas ICO de corte extraordinario, se ha dicho de todo: unos intereses abusivos –que venían de la mano de productos obligados–, avales por encima de lo exigido, rechazo al perfil de cliente modelo para el que estaba pensado ese crédito ICO o el abuso de una financiación semipública para resolver cuentas pasadas de las entidades. La realidad es que las críticas iban en los dos bandos, una normativa difusa y unas entidades financieras que se enfrentaban a su realidad interna y externa.

La segunda ronda de créditos ICO sí añadía a este tipo de sociedades en el listado, una opción que se diluyó con el tiempo, el Consejo de Ministros decidía en última instancia que serían los primeros financiadores –los bancos– los que darían los nuevos fondos; las vías alternativas volvían a quedarse fuera. “Eso no tiene ningún sentido, porque se está protegiendo a la banca, pero no están protegiendo a inversores que se están jugando el dinero”, explica Mireia.

Con este panorama, el ecosistema crowlending ha tenido que reinventarse a sí mismo. En el caso del Grow.ly han recurrido a las SGR –sociedades de garantía–, para mitigar el impacto del riesgo en sus inversores. Aunque perciben menos beneficios por las operaciones realizadas, pueden garantizar el retorno a sus financiadores y abren la puerta a un tipo de empresa que antes no pasaba el corte pero que ahora necesitan ayuda.

Se aseguran, además de mantener el perfil que vienen gestionando desde su creación, una nueva línea de inversores menos amantes del riesgo pero con patrimonio como para aportar capital a terceros. Una forma de adaptarse a las necesidades del momento. Porque cuando la incertidumbre entra por la puerta, el riesgo sale por la ventana. Y si hay algo ahora mismo que tenemos es incertidumbre.

Crowlending: luchando contra los bancos desde tiempos pasados

La banca ya no es lo que era. Donde antes podías encontrar una larga lista de bancos, dispuestos a ofrecer dinero a cualquier perfil de cliente, ahora la guillotina ha dejado las opciones en su versión más reducida. La última de ellas, la fusión de Bankia con CaixaBank. Y mientras las opciones bancarias tradicionales se reducen, las alternativas empiezan a vivir su mejor momento.

Crowfunding o financiación sindicada en una versión mejorada para Startupxplore –enfocadas a la financiación de startups– y el crowlending –dirigido a empresas y autónomos, pero no necesariamente del ecosistema tecnológico–. En esta última, la lista ha crecido durante los últimos años: Lendix, Bandora, Twino o Grow.ly conforman una nueva forma de buscar y aportar financiación. Todos en el gremio de las tan mencionadas fintech.

Su funcionamiento es simple. “Nosotros financiamos economía real y no somos un crowfunding”, explica Mireia, “igual que el banco coge sus depósitos de los ahorradores y se lo presta a terceros, pues aquí la gente mete sus ahorros en lo que quieren para dárselo a pequeños empresarios”.

¿Su diferencia con los bancos? Las comisiones que vienen implícitas en el préstamo. “No somos usura, pero tenemos que lograr el beneficio”, apunta Mireia. Con un 6% de comisión, frente al 4% que ha estado dando el banco, su ventaja competitiva es que han salido ganado con el concepto de que la dependencia de la banca –cada vez menos competitiva– trae más de un quebradero de cabeza. La realidad es para las empresas, entender las nuevas vías de financiación no es complicado. Es el sector del inversor el que ha tenido más reparos a la hora de encontrarse en esa posición.

Regulados por la normativa 2005-2015, el sector mira de reojo lo que Europa tenga que decir al respecto del sector. Desde hace más de dos años, el Eurogrupo intenta cristalizar una normativa comunitaria –que sigue adelante pese a perder a su mejor valedor Reino Unido–. Todo apunta a que 2020 será el año de su culminación, aunque para el caso particular de Grow.ly el texto europeo tiene más contras que pros.

“En algunas cosas nos perjudica bastante y la verdad es que nos queremos quedar con la española [pueden elegir la que más les convenga]. La europea no te deja invertir a la empresa en los proyecto que promociona; dicen que por conflicto de interés, ‘no te metas donde se meten los inversores’. Nosotros damos prestamos, de los que participamos al 10%, por lo que si no podemos hacerlo quita confianza especialmente en grandes inversores”. Y los grandes patrimonios, que son los que invierten en operaciones más grandes, son los que más gustan al sector.

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