No hace falta comulgar con las ideas de Antonio Negri ni simpatizar con ellas para denunciar en su detención y en la mayor parte de las que la han acompañado un escándalo judicial, pero también, y lo que es aún más importante, una nueva y muy grave manifestación de la corrosión continua de los derechos fundamentales en los países occidentales.

La detención de Negri se ha “fundamentado” única y exclusivamente en sus escritos. Se trata de unos escritos muy conocidos, que llevan mucho tiempo publicados; si realmente constituían una incitación al asesinato, ¿qué ha estado haciendo entonces durante todo este tiempo la magistratura italiana? ¿No ha quedado lo suficientemente claro que no ha reparado en estos escritos más que en el momento en que, en su desconcierto y descomposición, ha necesitado a cualquier precio un “culpable”? Y, en cuanto a la fabricación de “sospechosos” y “culpables” por parte de las autoridades, ¿no está ya la gente en Italia curada de espanto? ¿Se ha olvidado el asunto Valpreda?[1]

Negri, mucho tiempo antes de su detención, se ha expresado inequívocamente sobre los actos terroristas, de palabra y por escrito; ha desaprobado específicamente la actividad de las Brigadas Rojas, el secuestro de Moro, la violencia individual. Pero se pretende “fundamentar” su detención en sus escritos teóricos.

Si un autor está convencido de que un cambio de la forma de la sociedad es necesario y deseable; si extrae, a partir de la experiencia histórica y del análisis de la situación, la conclusión de que tal cambio no podrá hacerse más que por una revolución, una acción de la mayoría que rompa el marco institucional establecido (el cual, por lo general, es a su vez resultado de una tal revolución, de la que extrae su propia “legitimidad”); si constata –otra obviedad histórica– que una acción de ese tipo se topará probablemente con la oposición violenta de los defensores del desorden establecido, en tal caso, ¿podemos decir que ese autor es penalmente responsable de actos de terrorismo individual –que, por lo demás, ha condenado de forma explícita–? De ser así, habría habido que perseguirlo inmediatamente, confiscar sus libros, inculpar a los editores que los publicaron y a las librerías que los pusieron a la venta. Además, el Estado cristiano-comunista debería perseguir, ya que no a Marx, Engels, Lenin, Trotski, Rosa Luxemburg, Gramsci, etc., a sus editores actuales. Por todos los robos cometidos en Italia, que se inculpe a los editores de Proudhon: “la propiedad es un robo”. Y que no se olvide prohibir El príncipe de Maquiavelo: una incitación al asesinato en cada capítulo.

Una de dos: o bien los intelectuales y los ciudadanos, tanto en Italia como en Francia y en todas partes, defienden encarnizadamente la libertad de pensamiento, de investigación y de expresión teórica y política, o bien dejarán al poder la posibilidad de definir de forma cada vez más estrecha aquello que tienen derecho a pensar y a expresar, hasta que muy pronto no puedan siquiera pensar ya otra cosa que aquello que el poder querría que pensaran.

                                                                                                              11 de junio de 1979

CARTA A TONI NEGRI*

26 de enero de 1982

Querido Toni Negri:

Recibí tu carta del 18 de enero. Me alegré de tener noticias tuyas, y de nuevo me indigné y enfurecí al saber que nada parece poder interrumpir tu detención sin proceso y sin perspectiva de proceso, con acusaciones inverosímiles y, de hecho, ridículas.

                Las explicaciones que das de esta farsa político-judicial me parecen del todo convincentes. Evidentemente, como conozco un poco tus escritos, nunca he creído en tu participación, ni de lejos ni de cerca, en acciones absurdas y criminales como las de las B.R. [Brigadas Rojas].

                Me encantaría hacer cuanto estuviera en mi mano para poner fin a este escándalo (aunque, personalmente, apenas disponga de medios). He contactado con Christian Bourgois y Yann Moulier1, quienes, como sabes, ya se están moviendo bastante aquí. Con mucho gusto me encontraría con tus amigos parisinos –no tienen más que hacerme una llamada–.

                Creo entender que tienes la posibilidad de leer –aunque, lo entiendo muy bien, no haya siempre humor para ello. Dime si hay libros que podría enviarte. Asimismo, supongo que no sabrás del último que he publicado hace algunos meses, Devant la guerre. ¿Te interesaría?

                En cuanto a las indicaciones de trabajo que me pides[2], creo que nos vienen dictadas, a todos, por el formidable colapso teórico e intelectual que nos rodea, y por la demostración cotidiana de la inadecuación de todas las categorías del pensamiento heredado a la realidad contemporánea.

Saludos muy cordiales.

[1] El anarquista italiano Pietro Valpreda, detenido al día siguiente del atentado de la Piazza Fontana en Milán (12 de diciembre de 1969), que marcó el comienzo de los “años de plomo”, estuvo durante tres años en prisión preventiva (16 años más tarde sería finalmente declarado inocente por “falta de pruebas”).

** A partir de la copia dactilografiada de los Archivos Castoriadis. En aquel momento Toni Negri se encontraba en la prisión de Rebibbia, en Roma.

1 Yann Moulier Boutang, desde el 2000 miembro fundador de la revista Multitudes.

[2] En su carta del 18-1-1982, donde se presentaba como un suo lettore di sempre, Negri preguntaba a Castoriadis si este quería darle qualche indicazione di lavoro.

Traductor: Álvaro García-Ormaechea

Fuente: Quelle Démocratie. Tome 2. Cornelius Castoriadis (Éditions du Sandre)

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