Por Lu­cía Sa­bi­ni Fra­ga

“La política, es la política internacional” decía Juan Domingo Perón, el padre de la doctrina justicialista y a quien aún hoy, miles le rinden su militancia y pertenencia política. Analizar lo sucedido en la ONU este martes tiene, como suele suceder en política internacional, dimensiones múltiples. El Gobierno argentino respaldó con su voto el informe presentado por la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela y desató la polémica.

El informe de 21 hojas en cuestión, se trata de un recuento y enumeración de violaciones a la integridad y ataques a la ciudadanía, varios de ellos en contexto de movilizaciones y levantamientos ciudadanos, así como detenciones arbitrarias y torturas. El periodo señalado concluye en septiembre del 2020, pero las entrevistas utilizadas se realizaron mayormente “a la distancia” debido a la pandemia del coronavirus. Entre las conclusiones de la ONU, se propone una prórroga por dos años de mandato a la existencia de una “misión internacional independiente” constituida por tres personas del Reino Unido, Portugal y Chile sin más representación internacional que ser designados por el grupo de Lima mismo; del cual toma sus informes y opiniones como vinculantes.

En la jornada del martes en la ONU había, de hecho, dos resoluciones. Una presentada por el gobierno venezolano de Nicolás Maduro sobre la situación de DD.HH, el cual fue aprobado por 14 votos (entre ellos, López Obrador de México) y tuvo 7 rechazos. Hubo una mayoría de 25 países que se abstuvieron y Argentina fue uno de ellos. Según la ex diputada y ex embajadora en Reino Unido y Venezuela, Alicia Castro, esta resolución era “más respetuosa de Venezuela, no propone injerencia sobre ese país y alentaba una solución democrática”. Esta resolución, llamada 55, “entendía que podía haber violaciones de DDHH en Venezuela y tomaba varios puntos en consideración, y proponía que se reafirmara la presencia de Michelle Bachelet en el país.” Es decir, tampoco ignoraba la actual crisis que sobreviene al país. La otra propuesta, votada por la Argentina, fue promovida por el grupo Lima y varios países europeos que no reconocen al gobierno de Nicolás Maduro y sí al autoproclamado presidente Juan Guaidó.

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Washington contento

En medio de la visita del FMI por el país (al cual le garantizaremos un plan de pagos de una bochornosa deuda que incluso muchos economistas coinciden en que debería ser investigada y discutida por ilegitima) Argentina votó según las necesidades del país del norte.

Si bien en el discurso, el representante argentino también hizo mención a los bloqueos y las sanciones económicas impuestas al país caribeño, lo cierto es que el voto fue compartido con otros 21 países, entre los que se encuentran Brasil, Chile, o Colombia.

La votación incluyó otras 22 abstenciones (entre los que se ubicó México por ejemplo) y 3 votos en contra por parte de Eritrea, Filipinas, y la propia Venezuela. La abstención quizás hubiese sido la opción más esperada, pero Cancillería volvió a sorprender: el respaldo al informe es un respaldo también al grupo de Lima, quien ha tenido como principal posicionamiento la salida del chavismo de Venezuela y no la resolución de los conflictos del país de manera interna.

El Grupo de Lima, inaugurado en agosto del 2017, es una instancia multilateral que se creó únicamente con el fin de idear un seguimiento y planificar estrategias para la resolución de la crisis venezolana en sus distintos planos. Aunque en las distintas presentaciones siempre se indica que sus objetivos son una salida “pacifica”, varios de los gobiernos que presiden los países miembros han abogado por salidas que impliquen lo intromisión internacional y militar directa. La reunión del GL en febrero del 2019 en Bogotá (país donde desde la asunción de Iván Duque lleva el triste récord de 632 líderes sociales e indígenas asesinados, según datos de INDEPAZ) contó con la presencia del vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence; un claro gesto hacia la política intervencionista de EE.UU. En paralelo a esa reunión, desde la Casa Blanca el secretario de Estado, Mike Pompeo anunciaba por la cadena Fox que “todas las opciones están sobre la mesa” cuando le consultaron la posibilidad de una intervención militar en Venezuela. “Los días de Maduro están contados”, aseguró el funcionario con verdadero “espíritu democrático”.

Si bien Argentina ingresó a este grupo de 12 miembros (junto a Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Bolivia -quien se unió luego del golpe cívico militar contra Evo Morales-) durante el gobierno de Mauricio Macri; lo llamativo es que, justamente, siga alineado. Pese al cambio de gestión en diciembre del 2019, Argentina no se retiró de este espacio, aunque sí había evitado firmar declaraciones conjuntas durante los primeros meses de este 2020, que tildaban de “régimen dictatorial” al gobierno de Maduro y reconocían únicamente a Guaidó como interlocutor válido. Eso fue lo que cambió en la jornada de este martes, donde Argentina voto de manera alineada con el Grupo de Lima.

Atentos a los resquemores internos del Frente de Todos, desde el principal partido opositor (PRO) salieron a celebrar la medida con una declaración propia: “Celebramos que el Gobierno de la Argentina haya rectificado su posición y reconocido las violaciones a los DD.HH. en Venezuela (como lo venimos sosteniendo desde hace más de una década), acompañando a nuestros socios del Grupo Lima y las democracias del mundo en la votación del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en el día de hoy”, sostuvieron.

Desde el entorno del canciller Felipe Solá, y según informó la agencia Télam, la postura del gobierno argentino en Ginebra “no se modificó en nada” y el respaldo al informe tampoco indica un giro en relación a la situación venezolana ni a su primer mandatario Nicolás Maduro. Al mismo tiempo, también trascendió que la decisión del voto fue por instrucción expresa del presidente Alberto Fernández; quien finalmente decidió no comunicarse directamente con el mandatario venezolano.

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Ante la votación, Alicia Castro (conocida referente en el ámbito diplomático y del riñón más cercano a CFK), presentó su carta de renuncia por diferencias con la política exterior expresada por el gobierno nacional. Castro forma parte del armado del Frente de Todos, y además era la elegida para ocupar la embajada argentina en Rusia, nada más ni nada menos. Aunque Alberto Fernández intentó persuadirla telefónicamente de su renuncia, Alicia se mantuvo firme en su postura.

En el programa “Siempre es hoy” que conduce Daniel Tognetti por AM530 del miércoles de mañana, aseguró que le resultaba “muy, muy grave” haber apoyado esta resolución por parte de Argentina. La ex embajadora hizo un raconto sobre las escaladas de violencia en Medio Oriente y el peligro de perder de vista la construcción de un bloque regional que respete los intereses propios y no los exigidos por la potencia estadounidense:  “El que no entienda eso no está mirando ni la historia, ni el presente ni el futuro” aseguró Castro. Una de las tantas preguntas que quedan en el aire es, entonces, ¿a qué escenario le beneficia el voto argentino en la ONU? ♣♣♣

#PA.

jueves 8 de octubre de 2020

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